Hombre A R I E S Mujer LIBRA

Generalmente a la chica Libra no le resulta difícil persuadir al Carnero para que le quite la traba a la puerta o a su corazón y la deje entrar. Él es como masilla entre sus manos hermosas, salpicadas de hoyuelos, y como saben, normalmente los Carneros no son masilla en las manos de nadie. Los hombres Aries no están hechos de masilla maleable. Están hechos de hierro y acero (los metales asociados con el signo solar Aries). Pero ante la dama Libra, se derretirá como un muñeco de nieve en verano. No puede resistir su encanto, la forma en que ella elogia todas las maravillosas cualidades que él tiene perfecta conciencia de poseer pero que (según le parece) los demás siempre pasan por alto… no puede resistir la innegable química sexual que los une, y la dulzura femenina de ella. (Éste es el comienzo. Más adelante, él experimentará unas cuantas sorpresas respecto de su «dulzura femenina».) Además, probablemente es muy bella (la mayoría de las mujeres Libra lo son), con una sonrisa empalagosa como la algarroba, y a todo ariano le gusta tener una amante o esposa que despierte la envidia de los otros hombres.

Necesita estar orgulloso de la mujer que ama, poder exhibirla y jactarse de ella. Quiere que siempre luzca más atractiva y espabilada que las otras mujeres para que sea obvio que él ganó el primer premio en la feria del amor. (Los Carneros, verán, tienen esta obsesión innata por el triunfo.) Puesto que probablemente ella es superior a muchas otras mujeres —superinteligente- y prodigiosamente hermosa, curvilínea y así sucesivamente— llenará todos los requisitos marcianos, y al comenzar la relación todo será miel sobre hojuelas. Pero es posible que la mujer Libra enamorada de un hombre Aries sienta, más adelante, que la desequilibran con frecuencia. Dada la forma casi neurótica en que reacciona cuando la obligan a actuar instantáneamente, antes de que ella esté totalmente segura acerca de lo que desea hacer, el hecho de tener un amante impaciente que le grita: «Vamos, qué es lo que deseas, ¿sorbete de piña o pastel de piña? Al camarero le crece la barba mientras espera que te decidas», puede ser causa suficiente para que su relación sufra algunas crisis tempestuosas. Este hombre pretende que ella haga las cosas ahora, inmediatamente, aun antes si es posible, aunque a menudo él pida a último momento aquello que desea. «¿Quieres que lo haga hoy, cariño —preguntará ella—, o puedo dejarlo para mañana?». Nunca debe dejarlo para mañana.

En verdad, a la mayoría de los Carneros les gustaría que todo lo que «solicitan» se hiciese ayer. Este tipo de razonamiento marciano, ilógico e impaciente, puede ofuscar la delicada psiquis venusina de ella. Podría preguntar: «¿No te parece más sensato planear con anticipación y tratar de hacerlo mañana?». Y entonces lo oiría vociferar: «¡No discutas conmigo! Limítate a hacer lo que te digo… por favor». Si él tiene un signo lunar o ascendente más afable, agregará el «por favor»… si no, se conformará con espetar las órdenes alegremente, desconsideradamente, sin sospechar siquiera que su comportamiento es irrazonable y un poco semejante al de un niño malcriado. Conozco a una esposa Libra que le hizo a su pareja Aries un regalo de cumpleaños confeccionado por ella misma. Un tapiz de terciopelo y raso, con una gama de rojos tipo camión de bomberos, propios de Marte, en el cual había bordado la frase: «Dios mío, concédeme el don de la paciencia… pero deprisa». Él quedó encantado. Ésta es una de las virtudes del ariano típico: sabe reírse de sí mismo y casi nunca se molesta cuando le señalan sus defectos (amablemente, y no hoscamente o con actitud severa y crítica). Pero es necesario señalárselos de cuando en cuando.

Apenas el Carnero se dé cuenta de que se está comportando de manera egoísta, pedirá disculpas y prometerá no reincidir, después de lo cual volverá a las andadas una vez… y otra… y otra. Al hombre medio regido por Marte no le resulta difícil disculparse. Éste es uno de sus rasgos más admirables. Aries se apresura a confesar una falta y a cargar con la culpa, pero no se apresura tanto a desistir de la mala costumbre por la que se disculpó con tanta franqueza y generosidad. Igualmente, el hecho de poder admitir los propios errores y empezar de nuevo es una auténtica virtud. Él lo intenta. No siempre lo consigue, pero Dios sabe que lo intenta Ella también se disculpa dulcemente. Libra, como Aries, rara vez se resiste a confesar sus faltas y a manifestar de buen grado su arrepentimiento. En verdad, quizá sea demasiado propensa a confesar sus errores… o tal vez sería más apropiado decir que puede estar demasiado dispuesta y pronta a decidir que lo que ha pensado (o hecho) puede haber sido incorrecto. Si lo ha ofendido de palabra o de hecho, se preocupará y tratará de encontrar la forma de expiar amablemente su culpa. En su relación con este hombre será un fenómeno muy frecuente. Me refiero al de la expiación: se disculpará y expiará la culpa de haber herido sus sentimientos, porque este hombre es ultrasensible. Quiere que todos lo estimen, e incluso que lo amen: su familia, sus amigos, los extraños… y naturalmente la mujer de su propiedad. (Ésta es más o menos su forma de pensar: ella es de su propiedad, como si se tratara de un regalo especial, excitante, precioso, largamente esperado y largamente anhelado, que encontró por la mañana al pie de su árbol de Navidad.)

Los hombres Aries pueden ser desmedidamente egocéntricos, sin proponérselo. Ella asimilará gradualmente esta idea, pero en el interín, su delicadísima sensibilidad venusina recibirá más de un disgusto. Ella intentará desplegar todos los poderes de la lógica y la persuasión de Libra para hacerle entender que no todo el mundo puede amarlo. Pero sus argumentos harán poca mella en el Carnero. Éste no entenderá por qué sus peores enemigos no lo estiman y lo admiran, sin que importe lo que él dijo o hizo para encolerizarlos. Deberían comprender que él tenía razón, al fin y al cabo… y que no alimentaba ninguna mala intención. Se limitaba a defenderse de algo malo que ellos le habían hecho a él. ¿Por qué no son más cordiales? ¿Por qué no se dan cuenta de que él está arrepentido de haber hablado irreflexivamente y de que ya ha olvidado su ira? El Carnero pretende que la gente olvide los agravios tan rápidamente como los olvida él. Siempre se siente muy dolorido cuando los demás se enfurruñan o le guardan rencor por algo que él considera pasado y olvidado.

Sus enemigos de hoy son sus camaradas de mañana. Llegará a casa, furioso con alguien, y pretenderá que su dama Libra comparta su furia respecto de la persona que lo ha ofendido. Si ella se niega a seguirle la corriente, si intenta analizar equitativamente el punto de vista de la otra parte, y si trata de hacerle notar a su amante o marido Aries cuál pudo haber sido su propio error, él se volverá contra ella, a veces exasperado, a veces incluso lloroso, y la acusará de deslealtad. Ella no lo ama. Si lo amara, estaría de parte de él, y no defendería a sus enemigos. No le interesa la equidad de Libra. El único punto de vista correcto es el de él… y si ella lo quisiera realmente así lo entendería. Mientras el Carnero está encolerizado, no puede valorar otra versión del conflicto que no sea la suya propia, y aspira a que la mujer que ama lo apoye vehemente y consecuentemente. Es posible que al día siguiente se sienta un poco abochornado, y que se comporte como un perfecto «corderito» a la hora de confesar su imprudencia y de expiar su falta. Entonces, ya verán, le parecerá bien que ella le reproche su error… porque él también ha tomado conciencia de éste. Pero no antes de que él tome conciencia por sus propios medios. Nunca antes. Naturalmente, una mujer regida por Venus está en mejores condiciones que cualquier otra para equilibrar la delicada situación generada por los súbitos arranques de furia del hombre que ama, y por sus reconciliaciones aún más rápidas. Es tierna, femenina, lógica, inteligente y prudente. Pero ha nacido bajo un signo masculino, y es probable que ella se subleve esporádicamente cuando le parezca que él es totalmente injusto. Sin embargo, es difícil que consiga cambiarlo.

El pondrá mala cara o saldrá coléricamente de la habitación (dando un sonoro portazo), o se quedará en un rincón, convencido de que ella lo odia. No sería prudente que la mujer Libra utilizase demasiado a menudo su «puño de hierro enfundado en un guante de terciopelo», en su relación con este hombre. Después de un tiempo, él intuye cuándo lo están manejando. Es posible que al principio lo acepte inocentemente (Aries carece casi por completo de picardía, y casi nunca es exageradamente receloso), pero apenas se dé cuenta de que ella está tratando de acomodarlo a determinada pauta de conducta, se empecinará o se indignará… o hará lo uno y lo otro. Nadie le impone lo que debe hacer. El se gobierna a sí mismo. Incluso cuando desee hacer algo específico, probablemente se niegue a hacerlo si piensa que esto es lo que ella quiere, no porque desconfíe de sus motivaciones, sino porque le espanta hacer lo que sugiere otra persona… sobre todo lo que otra persona le pide abiertamente que haga. Al ariano típico no le fastidia que a ella le guste discutir (discutir, debatir o lo que sea) cualquier decisión o situación de poca o mucha magnitud. ¡Esto lo interpreta como una controversia, un desafío, una emoción! Lloraría de aburrimiento en compañía de una mujer que nunca lo contradijera.

El presagio de una contienda llena de júbilo a su naturaleza marciana, ya se trate de una mansa disputa verbal acerca de la película que irán a ver o del auto que habrán de comprar, o de una polémica acerca de temas públicos o más generales, como los que conciernen a lo que se debe hacer respecto de la pornografía, la calefacción solar, la energía nuclear, la corrupción política u otros problemas candentes del día. Pero a él le gustará ganar todas estas discusiones. No cederá ni un ápice… hasta que gane (o hasta que su astuta dama Libra le deje creer que ha ganado). Entonces se sentirá orgulloso. La imagen sexual que este hombre tiene de sí mismo está estrechamente ligada a su aptitud para tener siempre razón y para salir victorioso a los ojos de la mujer que ama. Debe ser respetado, estimado, aprobado y admirado para poder proyectar su considerable virilidad marciana, como amante. Si se siente rechazado en el plano intelectual, o en cualquier otro, se transformará en un bloque de hielo ariano (siempre más peligroso y perdurable que el fuego ariano… o que sus arranques de cólera fogosa). Normalmente, la relación sexual de la pareja será inusitadamente feliz y sana. La feminidad de ella y la masculinidad de él armonizarán bella y apaciblemente, con la mayor naturalidad. Siempre que ella no permita que el lado masculino de la esencia de su signo solar se inmiscuya en su intimidad (demostrando, por ejemplo, que las aptitudes de ella en todos los terrenos que alumbra el Sol son idénticas a las de él, como probablemente lo son), y después pretenda que él se sienta, en el plano físico, como si fuera el macho conquistador.

Él debe tomar la iniciativa en su fusión sexual, como en todo lo demás. Si ella se lo permite, y entiende las necesidades que lo mueven, él será el amante más sensible, romántico, sentimental, afectuoso y apasionado que pueda imaginar. Pero si ella destruye la confianza en sí mismo que él tanto necesita, puede convertirse en un tirano exigente. Esto es muy poco probable, a menos que ella tenga la Luna o el ascendente en Virgo, Sagitario, Cáncer o Capricornio… o muchos planetas en los signos de Tierra, en su carta natal. Su instinto básico es el tacto y la consideración, que generalmente se fusionan agradablemente y por partes iguales con su propia naturaleza bien estructurada y controlada, emprendedora y agresiva. Aunque sus naturalezas son netamente bipolares, el hombre regido por Marte y la mujer regida por Venus armonizan exquisitamente. Al fin y al cabo los mismos Marte y Venus se enamoraron vehemente y definitivamente… a pesar de que Venus estaba casada con Júpiter. Los atraparon, por supuesto, en una red sigilosamente urdida por Neptuno… pero la cólera de Júpiter no mitigó en absoluto la pasión de los dos amantes.

El estudio de la mitología griega es inmensamente útil para entender todos los signos solares. Si tomamos en consideración que al Carnero le gusta retozar sobre las laderas rocosas y que la dama de Venus vive en el mundo precario de los platillos oscilantes de su balanza, donde el más ligero soplo de viento puede alterar su armonía interior y su sosiego exterior, resulta sorprendente el éxito con que estos dos consiguen unir a menudo sus naturalezas divergentes. La mujer Libra puede hallar gracias a este hombre la libertad embriagante y la excitante actividad mental que busca… y al Carnero le encantará transitar por los frescos bosques de Libra, bajando por senderos sinuosos donde proliferan las campanillas y las mariposas. La dama Libra es toda una mujer. Muy pocos hombres pueden coexistir con su poderosa combinación de tenacidad masculina- y deliciosa exquisitez. Pero nadie como el Aries para enfrentar desafíos portentosos y superarlos… y el desafío de ella le promete recompensas fabulosas al vencedor. Todos los hombres son niños, en el fondo del alma, y el Carnero más que la mayoría de sus congéneres. Exteriormente, no tiene nada de infantil. Es robusto y enérgico… un hombre de pelo en pecho, como se dice. Los que le confieren su aire juvenil son el aura de sueños imposibles y deseos anhelantes que flota como una bruma alrededor de sus hombros… y el hechizo que está latente detrás de sus ojos y que lo hace tan vulnerable. Si ella utiliza su seducción y paciencia venusinas para encauzar las ambiciones vehementes y las energías increíbles de él hacia una meta digna, puede convertirse en el cruzado de todo tipo de virtudes y glorias. (Ambos alimentan un fuerte sentimiento de compasión para con los débiles y pueden indignarse ante las injusticias).

Ella rara vez o nunca ahogará la entusiasta espontaneidad de él con críticas implacables, sarcasmos, enfurruñamientos mudos, largos silencios melancólicos o retracciones… y esto lo complacerá. Rara vez o nunca él se negará a mostrarse sinceramente interesado y fascinado por la necesidad que ella tiene de discutir y debatir las cosas… y esto la reconfortará. La causa primigenia de cualquier conflicto que surja entre ellos residirá en la compartida esencia cardinal de sus nacimientos. Porque Aries y Libra son signos cardinales de liderazgo. Nunca prosperará la relación cuando lidien continuamente para resolver quién es el general y quién el recluta, quién galopa a la cabeza y quién se queda a la zaga. Deberán aprender a cabalgar a la par, como iguales, no como superior y subordinado. Sólo así encontrarán el camino de regreso a sus respectivos corazones, después de haber reñido y de haberse agraviado recíprocamente. De lo contrario, se perderán como Hansel y Gretel, y ya saben cuán felices se sintieron ellos de poder volver a casa juntos, al concluir sus aventuras. La única seguridad concreta es la de sentirte amado por alguien que te acepta como eres, con todos tus defectos. Por alguien que no te cambiaría por otro u otra… nunca. Por alguien que te lo hace saber así, aun cuando te comportes mal. Ésta es la seguridad. Ésta es la seguridad emocional. Éste es el hogar… donde reside el amor.

Adaptación de Linda Goodman

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