Oración de agradecimiento a los padres

Querida mamá: Tomo de ti la vida, toda, entera. Con lo bueno y con lo malo, y la tomo al precio entero que a ti te costó y a mí me cuesta. La aprovecharé para alegría tuya. No habrá sido en vano. La sujeto firmemente y le doy la honra, y, si puedo, la pasaré como tú hiciste. Te tomo como mi madre y tú puedes tenerme como tu hijo. Tú eres la verdadera para mí, y yo soy tu verdadero hijo. Tú eres la grande, yo el pequeño. Tú das, yo tomo. Querida mamá: Me alegro de que hayas elegido a papá. Ustedes dos son los únicos para mí. ¡Sólo Ustedes!

Y después lo mismo también con el padre:

Querido papá: Tomo de ti la vida, toda, entera. Con lo bueno y con lo malo, y la tomo al precio entero que a ti te costó y a mí me cuesta. La aprovecharé para alegría tuya. No habrá sido en vano. La sujeto firmemente y le doy la honra, y, si puedo, la pasaré como tú hiciste. Te tomo como mi padre, y tú puedes tenerme como tu hijo. Tú eres el verdadero para mí, y yo soy tu verdadero hijo. Tú eres el grande, yo el pequeño. Tú das, yo tomo. Querido papá: Me alegro de que hayas elegido a mamá. Ustedes dos son los únicos para mi ¡Sólo Ustedes! Quien logra realizar este acto interior se encuentra en paz consigo mismo y se sabe bueno y completo.

De “Cuentos de Vida” de Bert Hellinger

Carta para mi madre

Madre, necesito sanar contigo para poder vivir mi propia vida en armonía. Eres el canal que elegí para vivir esta experiencia física. Te escogí porque eras perfecta para mí. Gracias mamá, lo hiciste estupendo.

Mi niña herida ha estado muy resentida contigo durante todos estos años. Te cerré mi corazón desde hace mucho. Pero eso me ha mantenido atada al dolor, a un dolor que ya no quiero en mi corazón.

No soy tu víctima por que sé que hiciste lo mejor que podías con lo que tenías y sabías. Ahora estoy libre para crecer, evolucionar y reconciliarme contigo. Reconozco a la niña herida que hay en mí y aprendo a darle todo el amor y aceptación que no recibió de la forma que ella esperaba.

Me alejé de ti creyendo que con eso iba a evitar el dolor, pero el dolor de no sentirme amada tal y como soy, de no sentirme suficiente; me ha hecho ir por el mundo buscando un amor y aprobación que nadie podrá nunca darme y ello me ha hecho sufrir mucho.

He vivido demandando amor constantemente a través de “ser buena”, “ponerme hasta el final”, “dar de más”, buscar aprobación, permitir abusos, querer permanecer, lograr reconocimiento profesional, sufrir por lo que los demás digan o piensen de mÍ, etc, etc…

Hoy estoy decidida a consolar y sanar a mi niña herida. Necesito reconectarme contigo porque a través de ti es que me reconecto con la vida y con toda mi fuerza interior.

Pido al gran espíritu poder ver a la mujer que eres sin juicios, poder ver todas tus decisiones sin juicios y poder aceptarte tal y como eres sin que me duela. En la medida que te acepto, me reconcilio conmigo misma, porque tú eres la semilla de donde parto y la que me permite desplegar todo mi potencial.

‘Mamá tu y yo somos una” ‘Mamá tu y yo somos una” ‘Mamá tu y yo somos una” Yo no soy más grande que tú, no debo sentenciarte. Tú eres el mar y yo el río que nace de ti.

La vida y la madre son más grande que uno y ante ello sólo queda aceptar y rendirse con la mejor disposición. Y así lo hago ahora.

Esto es un trabajo interno en el cual cada día te acepto en mi corazón con todos tus defectos y virtudes. Sin expectativas. Sin esperar que tú cambies, ni que lo veas, ni me lo reconozcas. Lo hago por mí y por toda mi descendencia.

Te honro y te respeto tal y como eres. Gracias por darme la vida. Honro tu vida tal y como ha sido. Honro mi vida tal y como es. No me quedo atascada en resolver tus problemas, te dejo con tu propias cargas porque sé que tú puedes con todas las circunstancias que has elegido en tu vida.

Me libero de todas las cargas tuyas que no me corresponden y quedo liberada para enfocarme en mi vida, en mis proyectos, en mis anhelos. Veo más allá, mi niña interior empieza a calmarse, ya no estoy sedienta de amor, cariño, reconocimiento, aprobación y atención.

Desarrollo mi amor propio y mi corazón se llena de júbilo. Sano cuando dejo de querer cambiarte. Mi energía ya no está en eso, estoy enfocada en vivir mi vida. La vida que me pertenece.

Puedo alejarte de mi vida, pero no de mi corazón. La madre y la vida van unidas, no existen la una sin la otra, tomar a la madre es tomar a la vida sin juicios y sin tapujos, es un Sí a la vida, es un Sí al cuidado, a la nutrición, ternura, amabilidad ; es un Sí hacia un amor más grande por mí misma.

Te prometo que voy a ser una persona feliz; que voy a amarme más que a nada en este mundo y voy a disfrutar mi vida al máximo. Que siempre voy a rodearme de personas que me amen, me respeten, me valoren y me den mi lugar. Que creeré en mí y seré consciente de lo hermosa, talentosa y maravillosa que soy. Que voy a hacer mis sueños realidad desde mi más grande gozo, libertad , pasión y aprecio. Que viviré en abundancia, conectada con mi guía interior, tomando las mejores decisiones para mí.

Tomo la Vida. Te honro y te bendigo madre. Tú eres la grande y y soy la pequeña. Te pido permiso para hacerlo diferente. Estoy lista para cambiar la historia de todo nuestro linaje y descendencia.

Madre me siento feliz de ser quien soy, me amo con todo mi corazón y disfruto inmensamente estar viva.  Gracias por traerme a este mundo.

Honro mi vida y la tuya tal como fue, tal como es. Hago no reverencia ante tu ser de luz, que es quien Yo Soy.

Gracias, gracias, gracias.

Carta para mi padre

Papá: Siempre creí que yo no tenía nada que sanar contigo, hasta que me casé. Y empecé a repetir a mi madre, a sentirme exhausta, cansada, ignorada, no apreciada, enojada, sin ganas de vivir. Un día me di cuenta de que mi esposo me trataba como tú tratabas a mamá.

Por eso mamá estaba tan triste, por eso descargo tanta veces en mí toda su furia, rabia y frustración. Se obligó a sí misma a quedarse en una relación donde no era feliz, tenía el corazón roto y no veía salida.

Pero no te culpo papá, sé que tus padres tampoco se llevaban bien y que tu padre tampoco te mostró con su ejemplo la dignidad con la que debe ser tratada una mujer. Y también sé que mamá tampoco tuvo ese ejemplo en casa. Y veo con tristeza cómo las historias se repiten, y ¿sabes qué papá?, ha llegado la hora de sanar nuestro linaje familiar.

Los perdono a los dos, ambos hicieron lo mejor que pudieron con lo que recibieron de sus propios padres. Sé que ahora, si pudieran, lo harían diferentes. Ambos son inocentes, los miro con compasión y los abrazo en mi corazón con toda gratitud.

Hoy tengo la certeza de que soy digna (o) de amor y que mi felicidad proviene de mí y de nadie más. Gracias papá, te amo tal y como eres.

Atte,

Tu hijo.

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