Mujer PISCIS Hombre PISCIS

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En la atmósfera a veces serena y plácida, a veces agitada y tumultuosa de un lugar cualquiera, flota apaciblemente la más amada, simpática, vivaz, sabia y paciente chica Pez de este o de cualquier otro océano. Cualquier mujer Piscis que imite los modales cautivantes de esta mujer, puede contar con que atraerá a su chico Pez a la red del romance sin la menor dificultad. Ella es el paradigma de la gracia, el humor y el encanto femenino de Piscis… y el asesoramiento astrológico suministrado en estas páginas a las damas Piscis refleja su instinto personal, inequívoco, para entretejer delicadamente esas sutiles gamas de Neptuno que convierten a la mujer Piscis en el ideal secreto de todo Pez macho del mundo. Además, es una cocinera deliciosa y deleitable. ¿Qué más podría pedir un soñador hombre Piscis? ¿Poesía? Ella también es poética… y bella como un geranio rosado. En realidad, toda chica Pez posee una dosis satisfactoria de las cualidades, rasgos y talentos de esta chica, así que no es raro que el hombre Piscis enamorado de una dama de Neptuno sienta que por fin ha logrado dejar atrás todos los peligrosos anzuelos acechantes de las mujeres agresivas que pretenden arrastrarlo a tierra… y que ha llegado nadando a las aguas frescas y transparentes del tipo de amor que busca desde que lo desovaron cerca de la hermosa cascada de lágrimas que rememora inconscientemente. Recuerda haber pensado, cuando era un minúsculo alevín, que las lágrimas son elementos bellos, con prismas de cristal y tonos irisados, cuando el Sol brilla a través de ellas. Después creció, y en una refulgente, milagrosa y multifacética mañana descubrió, con un estremecimiento de alegría, la respuesta a su tierno enigma de alevín. De pronto, comprendió que el amor era el rayo de sol que podía brillar a través de las lágrimas de su pena silenciosa… y transmutarlas en rutilantes espectros de luz.

Los recuerdos que la chica Pez tiene de la cascada son idénticos a los de él. Ella también rememora la ansiedad de su propia génesis, cuando un sueño indescriptiblemente bello flotaba mansamente sobre su corazón como una bruma… prometiendo vagamente un mañana tan libre y hechizado como el Edén olvidado de ayer. Durante toda su vida se ha preguntado, secreta y silenciosamente, si ese sueño fue real… o sólo un fragmento imaginario de dicha y serenidad. Esperó callada y pacientemente que reapareciera, que se
manifestara del seno de la memoria… y las ocasiones en que se desilusionó, precisamente cuando pensaba que volvería a embargarle el corazón, fueron incontables. Entonces miró al fondo de los ojos de él… y maravilla de maravillas. Vio reflejado allí su sueño, como en el sereno estanque de un bosque verde perfumado de pino… sonriéndole con una deliciosa demostración de que la reconocía. Ella se vio en los ojos de él. Así como él se vio en los de ella. Sería divino poder poner punto final aquí, con la habitual conclusión de los cuentos de hadas: «y-vivieron- eternamente-felices». Pero eso no está permitido. Antes hay que atravesar la Selva Negra y combatir con todos esos dragones, brujas, feos escuerzos y los increíbles Hulk que acechan y se agazapan en las lagunas, esperando el momento de capturar a estos amantes Piscis, para luego separarlos y dejarlos caer en el pozo terrible de la soledad: iSPLASH! Aborrezco pasar de lo poético a lo prosaico (como lo aborrecen todos los Peces del mundo) pero debemos abordar los aspectos más mundanos de la compatibilidad de Neptuno antes de poder disfrutar de la satisfacción de resolver el enigma del tierno alevín.

Como les sucede a los otros amantes de la duplicada configuración de signos solares 1-1, dos personas regidas por el mismo planeta (en este caso, claro está, Neptuno) deben enfrentar el aumento y la intensificación seguros de los aspectos positivos y negativos de sus propias personalidades. En el caso de la pareja Piscis- Piscis, las cualidades positivas que comparte, y que por tanto les resultará fácil multiplicar juntos, son: la dulzura, la sensibilidad, la imaginación, la creatividad, la compasión, la percepción, y mucha sagacidad e ingenio… más el sentido común necesario para no cruzarse el uno en la luz… o en la sombra, del otro. Las malezas negativas de Piscis que deberán recortar (y quizás incluso triturar) para que no sofoquen y estrangulen las bellas flores de su romance, son: la exagerada tendencia a soñar despiertos, la desidia, la pereza, la confusión, el desorden y el caos, la remolonería, los temores, las fobias y diversas formas de neurosis, la tentación de mentir… y el extraño hábito de convertirse el uno en el felpudo del otro, hábito éste en el que pueden caer. Ciertamente estos dos tienen que combatir a una cantidad apreciable de dragones, renacuajos, brujas y entes por el estilo mientras atraviesan temblando el bosque oscuro, ¿no les parece? No importa. Disponen de toda clase de sortilegios para alejar a los trasgos que amenazan su dicha. Y como todos saben (o deberían saber), incluso los duendes más TERRIBLES le tienen pánico a la magia. Las angustias particulares de Piscis también se duplican (incluso se cuadruplican, dado que entre los dos suman «cuatro» Peces) cuando estos dos se zambullen en una relación emocional. Si uno de ellos tiene un fuerte signo lunar o ascendente, preferentemente en el elemento Tierra, él o ella puede ser un verdadero puntal de estabilidad para el otro. (Un signo lunar o ascendente en el elemento Agua es excelente para la armonía, pero ahora hablamos de la estabilidad protectora.) Sin este apoyo de sus respectivas luminarias y ascendentes a la hora del nacimiento, estos dos corren peligro de alarmarse con temores quiméricos… o de deslizarse despreocupadamente por un amorío o un matrimonio que es demasiado frágil para ser perdurable.

Hay Piscis que le temen a su propia sombra. Hay otros (llamados «Ballenas») que no temen a nadie, sea hombre o bestia. Por lo menos, esto es lo que alegan. Siempre es bueno recordar que no en todos los casos lo que Piscis dice es necesariamente lo que Piscis piensa. Algunos Peces se temen a sí mismos, en lugar de temer a las circunstancias o las personas ajenas. Por eso nunca toman la iniciativa y pierden oportunidades para todo lo que realmente desean hacer. También tenemos a los Peces tipo Delfín, juguetones, sensibles y absolutamente brillantes. La naturaleza peculiarmente comprensiva de la mujer Piscis y del hombre Piscis puede determinar que sean hipersensibles para captar impresiones, a veces engañosas. Si la carta natal de uno de ellos contiene más planetas en Tierra que la del otro, es posible que el Piscis más «terrenal» acuse al menos práctico de negarse a enfrentar los hechos, y de mirar las cosas a través de cristales muy rosados, que no le permiten reconocer los peligros, porque toda situación potencialmente amenazadora parece estar bañada por un velo luminoso de hermosura, que no es más que una ilusión seductora. Éste es en verdad el germen de todos los temores y fobias de Neptuno: el recuerdo de haber visto cómo esa aureola se trocaba demasiado a menudo en una lúgubre nube de bruma gris. Sin embargo, uno de los dos Piscis que integran esta relación podría aferrarse a la «ilusión», convencido de que es más auténtica que lo que parece ser la verdad… y con sorprendente frecuencia incluso probará que lo es, merced a la pura tenacidad de su fe. Esto, cuando sucede, recibe el nombre de milagro. No es casual que tantos santos hayan nacido bajo el signo del Pez. Es posible que él o ella sea un Pez que nada en dirección equivocada, comportándose como si la vida misma fuera un sueño, y éste es un exceso de ficción neptuniana para el otro. O es posible que uno de ellos sea un Piscis tipo Ballena, que se burla de lo esotérico, que se desentiende de toda verdad espiritual, y que es bullicioso, locuaz, autoritario y agresivo. Cuando dichos Piscis Ballena se comportan de esta manera, diametralmente opuesta a las cualidades naturales de su signo solar, nos encontramos, como he dicho en otros pasajes de este libro, ante el síntoma de una forma de neurosis del corazón, la mente o el alma.

Un Carnero tímido, un Toro impulsivo, un Cangrejo negligente y despreocupado, así como una Ballena impetuosa, marcadamente extrovertida, son todos seres interiormente desdichados, que reniegan de su propia esencia. Entre paréntesis, cuando suprimís de la palabra «esencia» la letra «c» de Cristo, os queda la palabra «esenia»… nombre de la secta metafísica que educó a Jesús, el hombre, en lo alto de las montañas, durante sus «años perdidos» (que fueron dieciocho), años en los que realizó actividades que las escrituras no mencionan. Estos son los juegos de palabras que se complacen en practicar los Piscis. Pero volviendo apaciblemente al tema, es natural que un capricorniano sea juicioso y estable, pero no que lo sea un Piscis. Cada signo debe hacer lo que le aflora naturalmente, en general, pira lograr la armonía en cada encarnación, mediante el correcto aprendizaje de las lecciones del signo bajo el cual nació. La mitad masculina o femenina de este equipo de Neptuno puede ser una Ballena dominante o un Pez amargado, que ha visto demasiados elementos desagradables de la vida, y que se ha refugiado en la promiscuidad romántica o en los comentarios cáusticos, para ocultar un corazón destrozado, producto de su fe pulverizada. En estos casos, el Piscis más fuerte deberá tratar al otro con mucha compasión. Se necesita infinita paciencia para rescatar a esta Ballena —o a este Pez— que se revuelca en las aguas tenebrosas del desencanto, y que nada aguas arriba, contra la verdadera corriente de la experiencia de Piscis. La mujer Piscis posee los requisitos necesarios para atraer a un Pez macho a la red del amor y retenerlo allí. Capta intuitivamente que a él no le gusta que hurguen en sus pensamientos íntimos. Una consorte autoritaria nunca podría conservar a este hombre, y la chica Pez, si es una Piscis típica, es sumisa sin ser masoquista. Es inteligente, incluso sabia, pero al mismo tiempo suficientemente vulnerable como para activar el sentimiento protector masculino que él lleva encerrado dentro, y que tanto necesita cultivar.

A la inversa, ella necesita un compañero que sea suficientemente tierno como para tratar con consideración sus propios sentimientos hipersensibles, y esto es algo que nadie puede hacer mejor que un hombre Piscis. Pocas veces su unión física será exageradamente apasionada y perentoria, pero tampoco todos necesitan las emociones salvajes de la jungla noche tras noche. En verdad, la experiencia sexual entre dos Piscis puede ser profundamente íntima, en el auténtico sentido de la intimidad. Pueden refugiarse en su amor masculino- femenino huyendo de la sordidez tenebrosa, tétrica y terrenal del mundo material que los rodea, así como los peces de la Naturaleza huyen de las ensenadas y bahías estancadas hacia el océano fresco y verde, que centellea a la luz del sol, y que acarició la playa con olas suaves, espumosas, bajo la luz de la luna. La sexualidad entre estos dos puede ser precisamente así: limpia, fresca, libre… y continuamente rebosante de la poesía mística del romance. Los caballeros de la época medieval y sus bellas damas debieron de conocer una parecida expresión física de su amor. Si una mujer Piscis observa que el hombre Pez se siente un poco insatisfecho y desdichado con su trabajo, que está abatido en el hogar, y que parece cada vez más reservado, retraído y frío… es posible que procure escuchar más atentamente su canción de soledad. Si lo intenta, es la mujer más indicada para explicarle a él la letra, porque rara vez los Piscis son autoanalíticos, no obstante su capacidad intuitiva para captar los sentimientos ajenos. Él nació bajo las vibraciones de Neptuno, y por tanto sabe instintivamente que el hombre es un espíritu, que tiene un alma… y esto es lo que anhela reconquistar: ¡su alma! Su ensueño secreto consiste en escalar montañas, nadar por los ríos, trepar a los árboles, corretear por la hierba bajo la lluvia, descalzo, sin zapatos, y en vivir sus noches y sus días libre de la carga de los bienes materiales, libre de las restricciones que imponen las normas hipócritas de la sociedad. El hombre Piscis es en el fondo del alma, como Francesco de Bernardone, de Asís, un mendigo espiritual, que anhela interiormente poder seguir el canto luminoso de la alondra de los prados, cualquiera sea el lugar a donde lo lleve. Pero el mundo materialista de hoy no le permite confesar ni expresar sus deseos íntimos.

Si el hombre Pez no encuentra la forma de marchar agresivamente en pos de su auténtica meta, es posible que se ahogue en la frustración, y que a veces busque tristemente, con silenciosa desesperación la forma de desahogar su desencanto, evadiéndose mediante la deambulación sin rumbo… Necesita una mujer comprensiva, que no lo inmovilice con la cadena de sus temores… ni lo condene por la pasión de su espíritu. En cuanto a la chica Pez, sus humores cambiantes y sus llantos esporádicos, así como sus largos períodos de silencio… significan casi siempre que ella también desea poder abandonar, junto con él, el acuario restrictivo de su existencia para nadar hacia ámbitos más vastos de portentos y emociones… para descansar un rato en mansos y serenos lagos de placidez… y para seguir viajando luego hacia los misterios que los convocan desde allende los horizontes lejanos. Aunque es paciente, la mujer Piscis se harta de leer las aventuras de quienes se han atrevido a desprenderse de la responsabilidad y a correr en pos de los vientos más huracanados que soplan allá lejos… se harta tanto que, después de un tiempo, incluso su voz, como la de la gaélica «Kathleen», está «triste cada vez que habla». Lo único que ella busca es un ligero contacto con su mano, alguna señal, un brillo de respuesta en los ojos de su amante Piscis, que le diga que él sabe… ¡oh, vaya si sabe!… con cuánta melancolía, y al mismo tiempo con cuánta urgencia, ella desea trocar la seguridad por libertad.

Entonces podrán partir juntos, sea o no época de vacaciones. El insistente despertador de Neptuno está sonando, y les advierte a los dos que es hora de marchar en pos de sus sueños… ahora o nunca. Ese es el momento en que deben salir corriendo y comprar un par de billetes rumbo a Irlanda, Escocia, Gales, Suiza o Tíbet. ¿El dinero? Bastará que tengan fondos suficientes para el transporte. La Providencia les suministrará alimentos y albergue en las más diversas formas misteriosas e inesperadas, y es tan seguro que los ayudará como que ayuda a las aves del cielo y a los lirios del campo. Este hombre y esta mujer obsesionados por Neptuno lo saben mejor que nadie, pero tienden a olvidarlo de tiempo en tiempo, cuando dejan que la preocupación por el mañana los domine y los sofoque. Porque, cuando un hombre o una mujer Piscis se ajetrea en algo de lo que disfruta, los canales que conducen a la seguridad material se abren de par en par… como una ventana al futuro. Cuando dos Peces se dan el gusto de vivir y amar libremente, pueden convertirse en dos Delfines, que retozan juntos, dichosa y sabiamente, en un clima de paz y satisfacción perfectas. Y habrá menos posibilidades de que los pescadores del mundo frío y duro, que agitan sus afilados anzuelos en el agua para coger desprevenidos a los Peces, tengan éxito. Podrán alertarse recíprocamente para eludir el señuelo tentador. Pero si caen en hábitos rutinarios, y dejan pasar de largo todas sus doradas oportunidades… al cabo de un tiempo empezarán a engañarse mutuamente, a mezquinar la energía y el compromiso de la confrontación emocional, a replegarse cada vez más dentro de ellos mismos. ¿Saben lo que es esto? Esto es desidia. Y es un final muy triste para una historia de hadas. ¿Por qué dejar que triunfen los trasgos y los duendes? No es así como se resuelve el enigma del tierno alevín… ni como se aprende la letra de las canciones de amor de las ranas.

Adaptación de Linda Goodman

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