La relación PISCIS-PISCIS

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Se reunieron alrededor de él. Todos los ojos eludieron lo que estaba subiendo a bordo. No habían pensado en combatirlo. Era el Destino. Cuando cuatro Peces están implicados en cualquier tipo de asociación conjunta (cada persona Piscis representa, verán, a dos Peces, que nadan en direcciones opuestas), pueden optar entre varias formas de comportamiento. Ambos pueden perderse en la evasión eufórica… pueden hacerse exquisitamente creativos en muchos tipos de actividad recíproca, que van desde las artes hasta la arquitectura… pueden explorar lugares como Oz y el País de las Maravillas… pueden asociarse para educar, paciente y sensiblemente, a cardúmenes de pequeños alevines… o sencillamente pueden nadar y confraternizar, eludiendo las algas, trabando amistad con los tiburones, conversando con los delfines, saludando alegremente a las gaviotas que los sobrevuelan, retozando entre las olas, y jugando al escondite entre ellos. Las alternativas son más o menos las mismas que cuando los otros dos signos de Agua están implicados en este tipo de influencia de la configuración de signos solares 1-1, aunque normalmente ésta no es tan intensa como la doble vibración de Escorpión… ni tan materialista ni posesiva como la doble vibración de Cáncer. El signo solar Piscis lleva implícitas ciertas dosis de suavidad y placidez que pueden mitigar, en diversa medida, la vitalidad de su motivación y de su acción consiguiente. En general, los Piscis son extraordinariamente sensibles o «telepáticos», aunque a menudo esta cualidad se manifiesta en forma pasiva: el (o la) Pez depende de los sueños, la intuición y las impresiones instantáneas en su vida cotidiana, personal.

A veces les faltan el empuje y la energía que crea a los místicos que son también grandes líderes. Piscis prefiere irradiar su luz silenciosamente, entre bastidores. Albert Einstein y Rudolph Steiner, ambos Piscis, tenían presentes en sus natividades otras poderosas configuraciones planetarias que diluyeron considerablemente la naturaleza soñadora, remolona, de su signo solar, y los convirtieron en visionarios prácticos. Dos Piscis siempre deben tener conciencia de los diversos aspectos del polo negativo del legado telepático que les dejó Neptuno: desvaríos, falsas ilusiones, quimeras ociosas y el autoengaño, así como la sutil tentación de descarriar de alguna manera a los demás. El destino individual y la suerte de su asociación 1-1 dependerá mucho de los signos lunares de los dos Peces. Si el intercambio Sol-Luna entre sus natividades es favorable, les resultará fácil convivir armónicamente. Si no lo es, deberán estar muy alertas, para no ahogar recíprocamente su espíritu de iniciativa y su ambición. Hay muchas probabilidades de que de cuando en cuando pasen por trances de reyertas mezquinas, enfado e irritabilidad, pero en general no tendrán el tipo de dificultades que experimentan con otros signos solares, como Géminis y Sagitario, por ejemplo, para comprender sus respectivas naturalezas básicas. Los regidos por Neptuno no sólo comprenden fácilmente sus respectivos secretos y sus personalidades esquivas, sino que tam-bién manifiestan una compasión instintiva por sus respectivas penas y aflicciones. Es raro que dos Peces que se encuentran no capten casi inmediatamente esta empatía, cualesquiera sean las otras posiciones planetarias de sus cartas natales. Todas las asociaciones 1-1 experimentan la misma familiaridad mutua, pero ninguna de ellas la capta tan rápida y profundamente como Piscis y Piscis (con la posible excepción de una pareja de Escorpiones).

Estos dos gravitan el uno hacia el otro de manera natural y fácil. Se conocerán a menudo en la playa, o en torno de una bebida, ya se trate de un vaso de Perrier o de algo más fuerte. Por supuesto, también pueden encontrarse en una sala de conciertos, en el parque. en un hospital, en la oficina de un periódico, en el teatro, en un convento, en un monasterio, o en un laboratorio científico… consagrados a cualquier tipo de ocupación o carrera que le permita suministrar a Piscis alguna forma de «servicio» creativo a los demás (aunque sólo se trate de entretenerlos) con la mínima autoridad necesaria… y la máxima libertad posible. Por lo general, los Piscis son exteriormente afables, suaves en el hablar y complacientes. No son perfectos, y tienen sus malos momentos, pero habitualmente los Peces no son propensos a convertir un agravio menor en un casus belli. Soportan sus problemas con bastante jovialidad y despreocupación, y cuando la carga se hace demasiado pesada, los Peces tienden a dejar caer el problema y a alejarse sencillamente de él, en lugar de encarnizarse inútilmente, luchando contra el destino… o contra lo que interpretan como inevitable. El manso Piscis medio espera ser el último, tener menos, recibir el trozo más pequeño de pastel, y ser el único de la multitud cuya cabeza es la más favorecida por una bandada de palomas que vuelan a baja altura. Recuerdan la advertencia bíblica de que los «primeros serán postreros, y postreros, primeros». ¿Y cuál era la otra apología de Piscis incluida en el Nuevo Testamento? «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.»

Los hombres, mujeres y niños Piscis son descuidados a menudo por sus amigos, vecinos, parientes y socios… y a veces incluso por sus amantes y consortes. Pero realmente no tienen por qué compadecerlos. En verdad, prefieren disfrutar de lo que sucede alrededor de ellos, mientras pasan inadvertidos. Piscis es deliberadamente modesto. Estos dos no acostumbran a enarbolar grandes pancartas con la leyenda ¡AQUÍ ESTOY! escrita en llamativas letras rojas y amarillas (odian usar tarjetas de identificación en las convenciones), y por tanto es fácil que una pareja de Piscis pase casi totalmente inadvertida en una habitación atestada de gente… excepto, claro está, cuando uno de ellos se embriaga con un exceso de tequila y derriba el acuario o los helechos plantados en tiestos. Entonces el infortunado Pez se ruboriza, y sufre un acceso de vergüenza aguda, no por su borrachera o su torpeza, sino porque ha atraído demasiada atención indeseada. Hay bastantes Piscis que están en primer plano, por la profesión que han elegido, pero nunca disfrutan realmente de ello, y nunca conocí a un Pez que se quejara porque no estaba en primer plano. Siempre deben pensar en el símbolo del signo, que en el caso de Piscis es el pez de la Naturaleza. ¿Les parece posible que la trucha, el salmón o cualquier otro tipo de pez salte fuera del agua, sólo para llamar la atención? No es extraño que se escondan, cuando hay unos pescadores dispuestos a clavarles un doloroso anzuelo en la boca, para luego dejarlos morir lentamente en un cesto, boqueando, mientras nos dicen que eso no importa, porque el pez es «un animal de sangre fría». Cualquiera que haya visto cómo un pescado se retuerce al agonizar, se preguntará qué clase de mentalidad tienen quienes argumentan que esta criatura no experimenta sufrimientos ni terror. El animal de sangre fría es el pescador, aunque tal vez no sea deliberadamente cruel. En la naturaleza no todos los sistemas nerviosos son idénticos, pero la voluntad de vivir sí es común a todos, merced a un tipo de conciencia que los seres humanos desconocen… aunque quizás es muy afín por su grado de percepción, ¿quién sabe? Ciertamente no los científicos, cazadores o pescadores insensibles.

Como Piscis, junto con Escorpión y Sagitario, está inseparablemente ligado, desde el punto de vista astrológico, a la «religión» (o, para decirlo con más precisión, a la verdad espiritual), este capítulo dedicado a Piscis es el lugar ideal para recordarle al lector que Jesús no era, como algunos creen erróneamente, un pescador. Jesús era carpintero, como su padre. En la realidad, no en la ficción, alejó a la mayoría de sus discípulos de la pesca, y les prometió convertirlos, en cambio, en «pescadores de hombres» (y también de mujeres, por supuesto, pero la Biblia está impregnada de machismo). El Nazareno no era ni remotamente machista, pero carecía de control sobre quienes escribían acerca de él (especialmente sobre aquellos que alteraron las diversas crónicas de su apostolado en los siglos posteriores). Tal como lo confirman los asertos de los profetas —y los Rollos del Mar Muerto descubiertos y traducidos en época más reciente— Jesús no sólo estaba muy versado en astrología, sino que dijo: «No busquéis la ley en vuestras escrituras, porque la ley es vida, en tanto que la escritura está muerta. En verdad os digo, Moisés no recibió sus leyes de Dios por escrito, sino a través de la palabra viva». Algunos manuscritos poco conocidos del Nuevo Testamento que descansan en la biblioteca del Vaticano, en Roma, también contienen textos que se remontan a los primeros siglos del cristianismo, con escritos que se refieren a palabras por lo demás inaccesibles de Jesús, como éstas: «Porque en verdad os digo, todo lo que vive sobre la tierra procede de una madre. Por tanto, quien mata, mata a su hermano. Y a ése le volverá la espalda la Madre Terrenal, y lo apartará de sus pechos vivificantes… no matéis, ni comáis la carne de vuestra presa inocente… pues éste es el camino del sufrimiento, que conduce a la muerte. Pero respetad la voluntad de Dios, para que Sus ángeles os sirvan en el camino de la vida. Obedeced, pues, las palabras de Dios: ¡Mirad! Os he dado toda hierba portadora de semilla en la cual está el fruto de un árbol, productor de semilla; a vosotros os servirá en lugar de carne».

Llama la atención el cúmulo de verdades y sabiduría que está encerrado en la biblioteca del Vaticano, y que sin embargo no se esparce entre las multitudes cuyo espíritu está hambriento y sediento. Pero debemos agradecer que, por lo menos, se permita que los estudiosos inquietos tengan acceso a la verdad. Por esto la Iglesia Católica se merece una refulgente estrella de oro. Parece paradójico que enseñe falacias (entretejidas con verdades) al mismo tiempo que permite investigar la verdad silenciada. Pero en lugar de cuestionarla agradezcámosle estas bienaventuranzas, para que no nos las niegue. La presunción de que Jesús —el mismo que inauguró la era de Piscis, la era del Pez—compartió banquetes de carne, incluida carne de pez, no es menos que una blasfemia cuando se la coteja con sus auténticas enseñanzas de amor y vida. Las historias falsas divulgadas a lo largo de los siglos por los «correctores» del Evangelio han profanado durante demasiado tiempo el mensaje del sencillo carpintero. Ciertamente la ética del Galileo no era menos virtuosa y compasiva que la de sus compañeros esenios, precisamente los mismos que «lo prepararon para su misión» (y cuyos propios documentos escritos no han sido tan manipulados y profanados), esenios estos que respetaban y practicaban patentemente la astrología… y que se oponían implacablemente al sacrificio y la ingestión de corderos, así como de peces y de toda carne. En el Edén no se derramaba sangre. El hombre sólo se convirtió en carnívoro más tarde… «y el temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra… y en todos los peces del mar». Y el temor de vosotras. De las mujeres carnívoras. Esta verdad tonante aún repercute en las voces débiles y afligidas de las ballenas, los delfines, las crías de foca, los zorros y los venados… si uno las escucha con el corazón guiado por Neptuno. El carpintero vino (y volverá, inesperadamente pronto) a enseñarnos la manera de reconquistar nuestra humanidad perdida, la manera de volver a aquella Edad de Oro en que… «no afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte»… y esta vez, nuevamente, mansamente… y quizá como antes, casi desapercibido, intentará despertar otra vez, en la nueva Edad de Oro de Acuario, la conciencia de que «hágase tu voluntad, como en el Cielo, así también en la Tierra».

Una norma bastante sencilla de veracidad y bondad para aquellos Piscis que deseen atenerse a las auténticas enseñanzas del carpintero —y no a las deformaciones de su mensaje— en razón de lo cual esta vez él los reconocerá, agradecido, es la siguiente: evitad comer la carne de vuestros hermanos y hermanas animales, que engendran sus propias crías… o de cualquier criatura que tenga ojos para miraros. No sé si la precedente disertación fiel-a-la-esencia-del-signo-solar-Piscis ha plantado o no de alguna manera las semillas para en que un día cercano se mitigue el triste Karma del pez símbolo de Piscis y de todas las criaturas que viven en nuestros mares… aunque espero que haya proyectado un pequeño rayo de luz. Pero sé que indudablemente está destinada a fastidiar a muchos pescadores, algunos de los cuales son parientes muy próximos, en tanto que otros son queridos amigos míos, y seres humanos realmente maravillosos. En vista de la creciente matanza generalizada de nuestros amigos animales de los bosques, los mares y el aire, incluso mediante la tortura y los horrores de la vivisección, ya- no queda tiempo para ser amables. Es hora de enfrentar el hecho de que la compasión se está degenerando, en todos los niveles. Si el hombre y la mujer no escuchan pronto la música de sus propias almas, y si no vuelven los ojos hacia la recordada Luz del Edén, habrá en la Tierra una época en que toda la música se estancará en pozos de silencio absoluto, y en que no se verá nada más que la oscuridad total. Las sombras se estiran, y esa época se aproxima tanto que el tiempo disponible hay que medirlo ya no en siglos, sino en años. Esta es la hora en que debemos ser honestos con nosotros mismos y enfrentar la verdad, en lugar de evadirnos… en que debemos elevarnos, en lugar de seguir hundiéndonos en las sombras, espesadas por la crueldad. Los asesinos son asesinos, lo comprendan o no en su estado actual de conciencia… y el hecho de que se autodenominen «deportistas» no cambia la Ley Universal.

A veces se puede susurrar la verdad afablemente, y otras veces es necesario proclamarla en un tono más estentóreo. Pero nunca se la puede ocultar. Es antinatural que se oculte la verdad eternamente, sobre todo cuando un «Carnero destinado al sacrificio» escribe sobre los «Peces perseguidos». Gracias a la herencia mística de los peces de la Naturaleza, que simbolizan la naturaleza interior de los Piscis (así como la naturaleza interior de los doce signos solares se puede encontrar dentro de sus respectivos símbolos), los regidos por Neptuno no se sienten impulsados a buscar agresivamente su propia gloria. Si, por así decir, la gloria resuelve posarse espontáneamente sobre ellos, se resignarán a lucir su manto, incómodamente, en el mejor de los casos. El Piscis típico nunca correrá entusiasmado en pos de la fama. Simplemente la soportará, como si fuera otra de las muchas cargas de la vida. Esta humildad es un delicado rasgo espiritual, pero como en todas las vibraciones de la configuración 1-1 las cualidades del signo solar se intensifican y a veces se desequilibran, los miembros de la doble asociación Piscis deben cuidar que esta virtud normalmente admirable, exagerada cuando coexisten al unísono bajo la influencia de Neptuno, no los induzca a perder toda iniciativa para participar activamente en el curso de la vida. Este mundo degradado, colmado, necesita urgentemente sus aportes creativos y de otro tipo. Cualesquiera que sean las otras posiciones planetarias de sus cartas natales, dos Piscis colocados en estrecho contacto nunca dejarán de captar la asombrosa profundidad del canal de percepción extrasensorial que los une.

Hay que señalar que no todo es dulzura y serenidad entre dos personas regidas por Neptuno. Si una tiene un signo lunar adverso, como Géminis o Sagitario, puede abrirse un abismo difícil de salvar. Esta incompatibilidad luminaria entre sus respectivos soles y lunas puede envolverlos en sus remolinos y hacer que se enfríen ocasionalmente en una atmósfera de acusaciones silenciosas (las peores), hosca indiferencia o respuestas engañosas. Pero cuando la Luna de uno de ellos se deposita en un signo del elemento Agua o del elemento Tierra, la armonía de su relación será generalmente notable y extraordinaria… lo mismo que su telepatía mutua. Ambos Peces comprenden las cruces que los regidos por Neptuno están condenados a cargar, como por ejemplo la actitud injusta de las personas con otras motivaciones, que están exageradamente ansiosas por acusar al Pez de ser taimado o de mentir. Esto es producto del contraste a veces extremo entre las intenciones idealistas y altruistas de Piscis… y los medios tortuosos y embrollados que emplea ocasionalmente para alcanzar la meta anhelada. No todos los Piscis, pero sí muchos, son culpables de tener un hábito frustrante en virtud del cual eluden la verdad total, en mayor o menor medida, pero la razón subyacente es la misma que se oculta detrás de todas las actitudes y de todos los actos de Piscis: el deseo de evitar los enfrentamientos lacerantes, que no sirven para nada y que sólo hieren innecesariamente. Los Peces evitan las escenas emocionales tempestuosas y las vendettas personales desagradables. Prefieren mentir por omisión con tal de no lastimar… o ser lastimados. Sin embargo, normalmente es probable que un Pez sea más veraz con otro Pez que con cualquiera de los restantes signos solares, quizá porque ambos comprenden que sería inútil que intentaran engañarse el uno al otro. Por consiguiente, dos Peces dirán a menudo la verdad cabal, por muy desagradable que ésta sea, cuando la discusión se desarrolla entre ellos dos solos.

Verán, ambos pueden confiar en que ninguno de los dos provocará una escena vociferante, lacerante, chocante. No obstante sus virtudes de humildad, paciencia y generosidad, dos Piscis no son exageradamente demostrativos a la hora de manifestarse recíprocamente su respeto, su consideración o su afecto. Es posible que la comprensión y la compenetración fluyan libremente entre ellos, pero no siempre se expresan por medios visibles, tangibles, de modo que ambos deberán controlar esta característica de ser «fríos como pescados», que cada uno proyecta y reconoce fácilmente en el otro… pero rara vez en sí mismo. La naturaleza de Piscis contiene un rasgo hermoso que dos Peces pueden ampliar cuando están juntos, en beneficio de ellos mismos y de todos nosotros, que tanto necesitamos de su apacible sosiego y de su oído comprensivo y atento. Tienen el raro don de aceptar a las personas y las situaciones negativas o engorrosas — incluidos sus propios problemas mutuos— con una especie de mansa resignación. Ambos comprenden que sus debilidades humanas (y las de los demás) siempre están entrelazadas, de alguna manera, con la buena intención… y Neptuno les susurra suavemente que el mal se robustece cuando le opones resistencia. La aptitud de Piscis para encogerse complacientemente de hombros cuando las cosas salen mal, para no hacer una montaña de un grano de arena, para no provocar una tormenta en un vaso de agua, o para no cortar el tallo de la planta de alubias sin ningún motivo… de manera tal que el sastrecillo se estrelle contra el suelo… es algo estupendo. ¿Así que en lo alto de la planta de alubias a la que se refiere el cuento infantil hay un gigante? ¿Y qué? Un gigante no tiene ningún poder sobre «cuatro» Peces que pueden, los dos juntos, hechizarlo y convertirlo en una dócil criatura que los invitará a su castillo para que lo oigan interpretar y cantar alegres melodías de titanes.

Ésta es la fórmula mágica de Piscis. Amor y misericordia. Siempre da buenos resultados… y mucho más cuando los Peces se la derraman el uno sobre el otro, junto con unas pocas rociaduras del maravilloso humor de Neptuno que permite que los Peces típicos se rían de sí mismos, sin que el lastre del falso orgullo reprima sus risas. Éste es un talento que pocos poseen, y que forma parte del gran tesoro áureo de quienes tal vez parecen ser «los últimos con lo menos»… aunque nacieron con una plétora de sabiduría y generosamente dotados con la fabulosa fortuna del instinto que les permite hallar riquezas sin buscarlas. ¡El mismísimo rey Midas habría envidiado esta suerte!

Adaptación de Linda Goodman

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