La Relación SAGITARIO-CAPRICORNIO

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Los Sagitario son seres extravagantes, unas veces chistosos y divertidos, otras veces tristes y melancólicos. Las Cabras son sensatas y de pie firme, o sea que tienen dos virtudes que los Arqueros anhelan adquirir, porque son todos un poco desmañados y tropiezan frecuentemente, con sus pies y sus palabras, lo cual le arranca a Capricornio una risita afectuosa. Es innegable que aquí existe una peculiar atracción. Las Cabras saben con exactitud a dónde van, y a Sagitario le parece que éste es otro rasgo envidiable (aunque un poco irritante), porque a los Arqueros les encantaría tener una vaga idea del lugar hacia el que se encaminan… aunque, incluso si la tuvieran, no tardarían mucho en echarse a trotar en otra dirección después de haber llegado allí. Dado que la configuración de signos solares 2-12 rige su relación, pasarán mucho tiempo aprendiendo el uno del otro y enseñándose recíprocamente. Capricornio será quien más enseñará y Sagitario quien más aprenderá… a regañadientes. Cada uno de ellos tiene una serie de cualidades que fascinan al otro. Sagitario, por ejemplo, admira reverentemente el estoico control de sí misma que tiene la Cabra en el sillón del dentista. Capricornio envidia secretamente el coraje con que el Arquero hace apuestas temerarias en el juego de la vida, aunque la Cabra refunfuñe y gruña contra semejante impetuosidad (a menos que el Sagitario en cuestión sea uno de esos Centauros anormalmente circunspectos, que siempre viajan y hacen apuestas mentalmente, pero que en razón de haber estado sujetos a una disciplina excesiva durante su infancia nunca se deciden a dar el gran paso… sino que se limitan a soñar con él). Sin embargo, hay otras cualidades que les resultan más repelentes que atractivas. No siempre, sólo cuando las exageran. Por ejemplo; los viajes podrían generar algunos choques entre ellos. En tanto que a la mayoría de los Arqueros les gusta merodear físicamente, explorando el mundo, y vagabundear intelectualmente, explorando la filosofía y la religión (todos ellos adoran sencillamente a Don Quijote), a las Cabras las pone nerviosas el solo hecho de pensar en estos ajetreos y trajines desmedidos. La idea de vivir en la terminal de una línea aérea, con las maletas preparadas, siempre listas, las pone histéricas.

Tampoco son partidarias de coquetear con la filosofía y la religión. Lo que era bueno para papá (y mamá) también lo es para Capricornio. Con raras excepciones, el himno favorito de la Cabra es «Dadme aquella religión de los viejos tiempos». La iglesia de la infancia es sólida y estable, ¿así que por qué cuestionar su dogma? En cuanto a la filosofía, Platón era práctico y Sócrates era sensato, ¿así que por qué experimentar con lo nuevo e indemostrado? «Quizá si te movieras más —comenta el Arquero mordazmente—, verías cuán excitante puede ser el mundo de las ideas. Yo busco la verdad. ¿Acaso tú la has buscado alguna vez?» La Cabra bosteza. «Buscar, buscar, buscar… ¿y qué podrías encontrar?» «Correr de un lado a otro —continúa la Cabra implacablemente—, buscando algo que ni siquiera puedes identificar, es un derroche pecaminoso de tiempo. Con todas esas energías podrías estar haciendo algo digno de mérito. Yo puedo aprender más cosas realmente valiosas si me ciño a un plan concreto que si hago girar mis engranajes como tú, sin sentido de la orientación. No soy aburrido. Ni insípido. En verdad, pienso viajar a Europa el año próximo para estudiar arte. Pero sé por qué voy, a dónde voy, cuánto me costará… y no me hago ilusiones acerca de lo que me aguarda allí. No me detendré en Roma para arrojar tres monedas en la fuente de Trevi y formular un deseo.» No todos los capricornianos, pero sí la mayoría, tienen los pies firmemente plantados en la Tierra, simbólicamente, y a veces parece que incluso literalmente. Algunos de ellos los tienen tan firmemente plantados que producen la impresión de que si se quedaran demasiado tiempo en un mismo lugar, echarían raíces y se transformarían en hiedra, enroscando sus fuertes zarcillos durante siglos en torno de sus hogares ancestrales.

Los esquemas de conversación de las Cabras y los Arqueros no siempre son compatibles y armónicos. Los escasos Sagitario callados, introvertidos, más propensos a la contemplación, se entienden bastante bien con los capricornianos en una plática común, pero a la mayoría de los Sagitario les gusta hablar con más locuacidad. Formulan preguntas constantemente, como cachorros afectuosos, y siempre quieren saber el cómo, el dónde y el porqué de todo. Al principio, a Capricornio no le molestará contestar las preguntas. A estas almas sosegadas les gusta impartir sabiduría a los demás, pero cuando al cabo de un tiempo resulta obvio que el independiente Sagitario hace caso omiso de toda la sabiduría de Saturno que le ha sido inculcada, la Cabra llegará a la conclusión de que todo es un juego… y a los capricornianos no les agrada derrochar el tiempo valioso en juegos. Es posible que Sagitario se queje de que Capricornio es demasiado silencioso, y de que nunca se franquea. Es posible que Capricornio se queje de que el Arquero nunca se queda quieto, y de que no escucha. Esto es lo que sucede de tiempo en tiempo, cuando el idealismo y la búsqueda chocan con la sabiduría y la cautela. Sin embargo, ¿qué sería del idealismo si no lo atemperara la sabiduría… o qué sería de la búsqueda si no la guiara la cautela? «Se dispersarían», gruñe la Cabra. «¡Serían más emocionantes!», responde el Arquero. Y así sucesivamente. Si las Cabras bajaran del alto acantilado de la omnisapiencia, y si los Arqueros controlaran su temeridad y sazonaran su salsa con un poco de experiencia, ambos descubrirían que están en condiciones de lograr un éxito prodigioso, siempre que combinen sus opiniones antagónicas en lugar de deformarlas mediante discusiones constantes. Lo que los dos necesitan es un León que les dé una buena filípica, un Carnero que les ordene suspender sus reyertas, un Libra que escuche comprensiva y equitativamente las dos facetas de sus quejas, y quizás un Piscis que les dé a ambos unas indispensables lecciones de humildad. Ninguno de los dos cataloga la humildad como una gran virtud. Sagitario apenas entiende la palabra, y Capricornio sólo parece ser humilde. Debajo de la aparente modestia de Saturno se oculta una certidumbre acendrada respecto de todo… menos, quizá, respecto de sus méritos personales. En este contexto, la Cabra puede sentirse a veces conmovedoramente insegura.

En la columna del haber del inexorable libro de caja donde Saturno lleva la contabilidad de las relaciones humanas, la Cabra admirará y respetará tímida, aunque silenciosamente, la fe insaciable del Arquero… y Sagitario sabrá, en el fondo del corazón, que Capricornio procede correctamente cuando mira antes de remontarse por los aires. El buen Señor sabe que el Arquero ha volado espontáneamente a las nubes y después ha caído estrepitosamente al suelo en muchas ocasiones, y que en razón de ello ya puede valorar el consejo prudente de la Cabra que lo exhorta a tener la paciencia necesaria para verificar una idea o un impulso antes de apuntar con el arco y la flecha. Generalmente estos dos sustentan ideas muy distintas acerca del dinero. Siempre estoy dispuesta a encontrar la excepción que confirma la regla, pero hasta ahora, por lo menos, no he tropezado con un Capricornio que no tenga una cuenta de ahorros, incluidos los niños. Muchas Cabras tienen más de una, en varios bancos. Sagitario prefiere una cuenta corriente personal para ingresar su dinero, y pocas veces le queda una suma suficiente para economizar. Si conocen a un contador público o un banquero Sagitario, es porque fue adoptado o porque tiene su signo lunar o ascendente en un signo de Tierra. Ciertamente, los Arqueros son espabilados, y pueden ser rápidos con los números, pero más para gastar que para ahorrar. Tal vez haya algunos Sagitario atípicos que tienen cuentas de ahorro, pero incluso en estos casos los reintegros superan a las imposiciones. Los Arqueros con la Luna o el ascendente en Tauro, Virgo o Capricornio, tendrán vibraciones financieras más armoniosas con las Cabras. De lo contrario, el dinero podría convertirse en «la raíz de todos los males» en sus relaciones mutuas.

Un aspecto dichoso de su compatibilidad consiste en que la franqueza brutal de Sagitario —esas lacerantes flechas de sinceridad— rebotará más fácilmente en la piel de la Cabra que en la de otros signos solares que la tienen menos gruesa. Casi siempre, cuando un amigo, amante, consorte, hijo, pariente o socio Sagitario dispara un comentario espinoso y dolorosamente veraz contra un capricorniano, la Cabra se limita a encogerse de hombros. « ¿Y qué?», comenta Capricornio. No es fácil asustar a estos sujetos. Sin embargo, Sagitario deberá obrar con tacto. Si formulara demasiadas observaciones insolentes, la Cabra machacará al Arquero con la verdad contundente de Saturno, que podría dejar arrinconado y taciturno durante meses al despreocupado Sagitario. Los capricornianos regidos por Saturno se especializan en impartir las lecciones necesarias a los impulsivos y deslenguados de este mundo. A primera vista, los Sagitario parecen llevarse por delante a los capricornianos. Por lo menos, ésta es la impresión que reciben los espectadores. Pero mientras los Arqueros apremian y mandan, la Cabra continúa haciendo silenciosa y tenazmente lo que se le antoja, y a la larga a Sagitario le tocará generalmente la peor parte. Como todos los signos de Tierra, Capricornio sólo cede temporalmente, para evitar las discusiones. Después, cuando la Cabra se harta, observen cómo clava los pies en la tierra firme, y se queda hoscamente plantada, convertida en un ascua de resentimiento latente, mirando con sus duros ojillos a Sagitario y desafiándolo a empujar un poco más. Vamos, empuja. Verás lo que sucede. La mayoría de los Arqueros tienen el sentido común necesario para saber cuándo deben dejar de empujar a Capricornio. (Antes de que Capricornio se enfade de veras. Ése es el momento indicado para dejar de empujarlo.) Los Sagitario son, de alma, actores que pedalean por un circo de tres pistas, con una actitud generalmente frívola respecto de los problemas de la vida. Las desazones y preocupaciones excesivas los ofuscan.

Su naturaleza básica es radiante y valerosamente optimista, y por esto sufren espantosamente cuando descubren el lado oscuro del arco iris. La naturaleza de Capricornio es más sombría y restrictiva (una restricción autoimpuesta), porque las Cabras nacen con una señal interior que las alerta contra los excesos y con un instinto que… bueno, que les sirve para conservar sólidamente el equilibrio en los acantilados rocosos de la vida. En última instancia, Sagitario es optimista y Capricornio es pesimista. El optimismo de Sagitario inquieta a la Cabra cautelosa. El pesimismo de Capricornio deprime el espíritu rampante del Arquero. Sin embargo, en aquellas circunstancias en que el feliz payaso de Sagitario se siente desolado por la crueldad de las almas indiferentes que no han compartido su colosal fe y generosidad jupiterinas, Capricornio está allí para curar la herida con cariñosa ternura y sabiduría… más o menos como Sagitario recuerda que unos abuelos adorados se comportaron en la época de su infancia. Es posible que la Cabra lo regañe y reprenda malhumoradamente, pero nadie puede ser más afable, más afectuoso, cuando el negligente Arquero ha desoído los consejos saturninos de Capricornio, en razón de lo cual se han desplomado sobre su cabeza idealista toda clase de infortunios. «Calma, calma —lo apacigua Capricornio—. No estés triste y mustio. Todo se arreglará, más temprano o más tarde. El Sol siempre asoma después de la lluvia. ¿No es esto lo que tú mismo me has enseñado?» Sí. Esto es precisamente lo que Sagitario le enseñó a Capricornio. Y la lección ha hecho mucho más sabia a la Cabra.

Adaptación de Linda Goodman

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