Mujer ESCORPIÓN Hombre PISCIS

Qué pregunta tan tonta. Claro que ella lo escucha. Si la mujer Escorpión, y el hombre Piscis de los que nos ocupamos son amantes o consortes, y no sólo amigos, ella escuchó su llamada muchos años atrás, muy probablemente cuando aún era una niña pequeña, que soñaba con su alma gemela… con la certeza de que esta alma se hallaba en algún lugar de la Tierra… soñando a su vez con ella. ¿Dónde se encontrarían? ¿Cuándo se encontrarían? ¿Cómo se encontrarían? Todos estos interrogantes la preocupaban, pero nunca el que giraba en torno de saber si se encontrarían. Esto lo sabía, como siempre ha sabido muchas cosas relacionadas con el corazón, el espíritu y el futuro. Aunque el eco haya sido quizá muy débil, Neptuno también susurró en el oído interno del hombre Piscis cuando éste era jovencito, que algún día, en algún lugar, de alguna manera… se encontraría con alguien que entendería su manera de abordar las cosas, y que vería estas cosas no como son en realidad, sino como podrían ser y deberían ser… como él recordaba que habían sido en un mundo semiolvidado, brumoso, de antaño, quizás en un sueño. Entonces él conoció a todas esas chicas fascinantes, las decorosas, las indecorosas, las rectas y las tortuosas, las tímidas y las audaces… pero todas le parecían superficiales cuando las comparaba con la chica de sus sueños. Justo cuando creía haberla encontrado, ella decía o hacía algo para recordarle que no era en absoluto la auténtica. Pueden imaginar, entonces, cómo debió de sentir él ese crepúsculo tenuemente purpúreo cuando sus ojos se posaron por primera vez sobre esta extraña criatura, que parecía tan callada y afable, y sin embargo de alguna manera tan fuerte, pero sobre todo… tan profunda, y nada superficial. Ella lo miró fijamente, no con expresión seductora ni coqueta, como todas las otras, sino transparentemente… y sin miedo… hasta que él se sintió perdido en el agua fresca, verde. Le devolvió la mirada, y algo sucedió. Más tarde, ninguno de los dos supo con certeza qué había sido. Lo único que sabían era que había sucedido. Se estaban enamorando, desde luego, en la típica forma Piscis-Escorpión como les sucede a la mayoría de las personas del elemento Agua. No con fuerza sideral y estallidos de estrellas, como las parejas de signo de Fuego de la vibración 5-9; ni flotando en las nubes como lo experimentan los elementos Aire de esta influencia 5-9; ni con el trueno retumbante de dos 5-9 del elemento Tierra… sino sumergiéndose en el misterio, como lo hacen con tanta naturalidad el Pez y el Escorpión.

Una vez que estos dos se han enamorado formal y oficialmente, la vida nunca volverá a ser como antes. Tendrá más profundidad, más sentido, más emoción y espectacularidad de lo que ellos jamás juzgaron posible en sus sueños, y esto es mucho decir, dado que se podría afirmar que tanto Piscis como Escorpión son expertos en soñar. Pero la vida también les reservará algunas aflicciones, irritaciones y frustraciones. Ni siquiera la configuración de signos solares 5-9 garantiza una armonía absoluta en todo momento… a menos que tengan una conjunción, un sextil o un trígono Sol-Luna simple o doble entre sus natividades, porque entonces podrían alcanzar algo próximo a la perfección. De lo contrario, no obstante su considerable compatibilidad —y es considerable—deberán pasar por un proceso de aprendizaje. Él deberá aprender, para empezar, por las malas, que el hábito que cultivó durante los años transcurridos antes de conocerla, a saber, el de utilizar la imaginación para colorear los hechos, o el de eludir evasivamente las preguntas directas, es sinónimo de problemas. En primer término, es inútil decirle a esta mujer la menor mentira inocente por razones de conveniencia o cortesía. Ella es capaz de captar el embuste más insignificante… a muchos kilómetros de distancia. A años luz de distancia. En segundo término, nada la enfurece más, aunque intente disimularlo, que el intuir que el hombre que ama le oculta algo, tiene un secreto, aunque sea minúsculo y trivial. Y esto es muy frustrante porque ella pretenderá poder guardar sus propios secretos cuando se le antoje. Ella tiene derecho a esconder una parte de sí, pero si él procede de igual manera, está cometiendo uno de los siete pecados mortales. Si cuando ella nació la Luna estaba en Libra, o Libra se estaba elevando sobre el horizonte oriental, tal vez será más equitativa. De lo contrario, no lo será. Como el hombre Piscis típico prefiere reservarse sus asuntos privados, y ser un poco circunspecto respecto de sus planes hasta que está en condiciones de ejecutarlos, el problema salta a la vista. ¿Qué clase de planes podría ocultarle un hombre a la mujer que ama? Tal vez se propone cambiar de trabajo. o dejar su empleo fijo para seguir una carrera soñada, pero aún no está seguro. O quizá piensa hacerse vegetariano, pero no sabe muy bien si esto es lo que realmente desea, o medita si debe ponerse o no a dieta… si debe arrancar las malezas o debe plantar lilas… o se pregunta si debe inscribirse en un curso de yoga.

No tiene por qué ser algo tenebroso o siniestro, ni algo que amenace sus relaciones. Pero a menudo el Pez puede crear la impresión de que sí lo es, con sus indirectas y evasivas. La mujer Escorpión sabe lo que quiere y a dónde le gustaría ir, aunque no lo anuncie en público ni hable constantemente del tema. Lo sabe. Y tiene el ímpetu necesario para llegar allí… o para ayudarlo a él a llegar allí. Puede desplegar una energía asombrosa a la hora de alcanzar una determinada meta, y sus esfuerzos pueden ser incansables. No se trata de una cuestión de paciencia y fe. Éstas no son las palabras apropiadas para describir lo que la moviliza. Es más correcto describirlo como una especie de pasión interior que la hace perseverar con una fuerza de voluntad descarnada para imponer el desenlace específico que ella anhela. Los obstáculos no significan nada para Escorpión. El Pez no está tan vehementemente resuelto a llegar a ninguna parte. Disfruta tanto del viaje que no se preocupa excesivamente por el lugar de destino. No está muy seguro de que en la vida haya algo digno de ese tipo de esfuerzo que agota todas las energías mentales, físicas y psíquicas del individuo. Y por consiguiente, hay circunstancias en las que remolonea o se mueve con demasiada lentitud, para el gusto de ella. No estaría de más activarle un poco la adrenalina, de vez en cuando. Y a ella no le vendría mal que la indujeran afablemente a reducir un poco su apasionamiento interior. Éste genera úlceras, incluso en las mujeres. (Sí, ya sé que por fuera ella parece el paradigma de la serenidad… y éste es el problema.) Su tumulto interno, aunque esté controlado en la superficie, también puede ser tremendamente extenuante para el hombre que la ama. ¿Qué es preferible: un volcán que arroja lava hirviente, y que por lo menos puedes ver y eludir hasta que se apacigua… o un volcán que está en ebullición por dentro, y que no les da ningún indicio de que puede entrar en erupción? Los volcanes latentes ponen nervioso al Pez. Si pudiera elegir, él preferiría eludir cualquier tipo de situación desagradable, tanto si ésta se insinúa para el futuro, como si ya está presente. Quizá no pueda elegir. Aunque a veces ella lo presione silenciosamente, aunque a veces sea muy posesiva cuando se siente amenazada, aunque su carácter sea explosivo cuando está realmente enfadada… él la ama.

Cuando amas realmente a alguien, no huyes de lo que te lastima. Buscas la forma de llegar a una transacción, de resolver el problema como sea. Porque sabes que el dolor de la soledad es aún mayor, que el vacío que experimentarás cuando te falte esa persona será aterrador. Nada podría ser peor que esto. Nada. Así que haces un intento. Y otro. Y sigues perseverando. Piscis es muy paciente. Pero es posible que al final ni siquiera el Pez pueda seguir nadando eternamente aguas arriba, contra la corriente, y es posible que entonces este hombre se zambulla y desaparezca sin aviso previo. Su desaparición (o la de ella) sólo servirá para hacerlos desdichados a ambos, así que será mejor que se esfuercen un poco más. Muchos amores y matrimonios no pueden sobrevivir a las tormentas, pero Escorpión está resuelta a mantener intacta su relación, mediante su increíble fuerza de voluntad. Piscis despliega la misma tenacidad cuando ama, pero ésta es menos vehemente, más tierna y reconfortante, y a él se le pueden ocurrir métodos más imaginativos para estabilizar el barco contra las olas. Curiosa y desgraciadamente, aunque estos dos tienen un sentido del humor sano y cuerdo, ninguno de los dos se ríe mucho tiempo ni muy sonoramente cuando el chiste recae sobre él… o sobre ella. La modestia y la humildad proverbiales de Neptuno parecen flaquear un poco en este contexto, de tiempo en tiempo. En cuanto a Escorpión ¿cuándo una dama Escorpión se rió a carcajadas de un chiste que la tenía por destinataria a ella? Nunca. El Pez tiene ideas muy personales e individuales acerca de la forma de conquistar la seguridad para él y su dama. Es posible que a ella le procupe que él mariposee con demasiada frecuencia de una cosa a la otra… o que carezca de suficiente ambición.

El hombre Piscis puede zafarse de casi todos los aprietos mediante su elocuencia. Menos de la desaprobación de una dama Águila. Así que con ella ensayará otra fantasía de Neptuno. La halagará, explicará dulcemente su punto de vista y le dirá cuánto valora la opinión de ella. Pero esto tampoco dará resultado. Finalmente, el Pez aprenderá que la única forma de tratar con su mujer regida por Plutón consiste en franquearse siempre con ella… sí, en tener el coraje de defender sus convicciones, y en no tratar nunca de eludir el problema con zalamerías, ni con ninguna de las otras armas de Piscis. El Piscis pertenece a la categoría de hombres a los que les ofrecen un empleo de acomodador durante una serie de conciertos al aire libre, con una remuneración de cien dólares por cada noche en la que no llueve. Y entonces diluvia durante veintitrés días seguidos. Ésta es la suerte del Pez. Así que el hombre Piscis no debe abusar demasiado de su suerte con un Escorpión de sexo femenino. No está en condiciones de derrocharla. Es posible que a veces la mujer Escorpión llore en plena unión física con su hombre Piscis. Esto se explica porque intuye que nunca podrán remontarse realmente hasta la manifestación cabal de su personalidad, si no es durante sus momentos de intimidad. Cuando no están abrazados el uno al otro, actúan toda clase de inhibiciones e influencias exteriores; pero cuando experimentan la fusión, ésta parece ser la respuesta a todo en el mundo… en su mundo, por lo menos. Cuando están a solas, juntos, ella sabe cuánto la necesita él, sabe cuánto lo apacigua… y esto la regocija. Es bueno que un hombre y una mujer sepan que se brindan mutuamente paz y alegría. Él cree que la persigue. en su relación física, pero ella lo persigue a él con la misma frecuencia, aunque el Pez rara vez lo note. Incluso cuando ella finge indiferencia, lo hace para que él la desee más.

A estos dos amantes les resulta difícil ser sinceros hasta el fin, el uno con el otro. Pero no importa. Enseguida adivinarán sus respectivos juegos, y luego simularán no haberlos adivinado. El hecho de dejar algo tácito suministra una cualidad mística a su acto amoroso. En la expresión sexual de Piscis y Escorpión aflora a menudo un silencio que les permite decirse más que si hubieran pronunciado mil y una palabras. El agua es plácida y profunda… cuándo nada la perturba. Así es el amor físico entre estos dos seres del elemento Agua. Quizá se trate de esta cualidad, o de algo más inexplicable, pero fuera lo que fuere, es muy especial… una pasión silenciosa, con un trasfondo de vehemencia que espera el momento de desarrollarse… a medida que se desarrolla su amor. Una vez oí cómo un médico describía la delicada operación de una mano herida, que había presenciado. Comentó que el paciente no tendría que preocuparse por la cicatriz, porque el cirujano había sido muy minucioso, se había tomado su tiempo y había cuidado que la cicatriz coincidiera con uno de los surcos naturales de la muñeca, donde nunca la verían. Al hombre Piscis y la mujer Escorpión les sucede más o menos lo mismo, cuando se trata de las heridas normales de cualquier relación entre un hombre y una mujer. Tal vez haya algunas cicatrices en su memoria, pero coincidirán con los surcos naturales. Estos dos saben amar hasta el final, y ésta es la mejor forma de amar. Pero ella debe aprender a perdonar, inspirándose en la sabiduría neptuniana de él. Él perdona muy fácilmente, casi con naturalidad. Ella perdona a costa de un gran sacrificio para su espíritu orgulloso. Igualmente, él debe aprender de ella a capear temporales, con la convicción —no la esperanza— de que la nave llegará sana y salva a la costa. Ella puede enseñarle a confiar en sí mismo, un arte que él necesita dominar. Él puede enseñarle lo que son la fe y la confianza, inculcándole afablemente que el recelo no rima con la serenidad, sino con la desdicha. Porque ya sea que gane o no el premio Pulitzer, él es un poeta. Si ella cree en él, incluso es posible que lo gane. O quizá ganará el premio Nobel, como el Piscis Albert Einstein. O, mejor aún, el premio más valioso que otorga la vida: la felicidad.

Adaptación de Linda Goodman

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