Mujer ESCORPIÓN Hombre CAPRICORNIO

Este hombre es más imaginativo de lo que osarían sospechar. El solo hecho de que no cuente historias de hadas en público, ni escriba poemas para enmarcarlos luego y colgarlos de la pared de su hogar, no significa que no sea capaz de sentirse interiormente refrescado y bañado por la lluvia cuando aspira el perfume de las flores. No es inmune a la atracción de los sentidos: el aroma de la hierba o de la tierra de primavera recién removida le hacen palpitar el corazón más deprisa, y en su infancia incluso le pidió un deseo a las estrellas… cuando estaba seguro de que nadie lo miraba. También disfruta de la música y el arte. Por supuesto, debe tratarse de una música sensata y del arte clásico. No perderá su tiempo con cosas de mal gusto. Pero pónganlo a prueba con el «Clair de Lune» o la «Rhapsody in Blue», muéstrale una escultura auténticamente hermosa o una turquesa bellamente tallada, y verán aflorar esa sonrisa parsimoniosa, tímida. La sonrisa de Capricornio es incomparable: el solo verla te reconforta por dentro. Tal vez ello se debe a que la exhibe muy raramente, y por tanto cuando la obsequia saben que es genuina, y no sólo una sonrisa hueca generada por la formalidad social. El hombre Cabra sonríe cuando se siente feliz o divertido o cuando hay algo de lo cual sonreír. Para los capricornianos, el hecho de lucir continuamente un «talante dichoso» y de sonreír por pura cortesía, es un acto hipócrita. Quizá lo es, hasta cierto punto. Pero también es más abierto, e invita experimentalmente a entablar amistad. Capricornio no lo hace a la ligera.

Este hombre casi nunca monopoliza la conversación. No habla a menudo, pero cuando lo hace, el ingenio de Capricornio brilla mezclado con la sabiduría de Capricornio, y sus raros comentarios agudos son casi siempre de esos que nos gustaría anotar para poder recordarlos y repetirlos más tarde. La sabiduría adusta y el humor inteligente forman una aleación fascinante. No es extraño que el aura de Saturno magnetice a la dama Águila. El hombre Cabra se parece mucho a ella, y por esto se siente curiosamente segura cuando él se encuentra cerca… aunque sea en el otro extremo de la habitación, antes de que se conozcan realmente. Ella no le revelará enseguida sus sentimientos. En verdad, es posible que la Escorpión despliegue todo su considerable autocontrol para simular que ni siquiera sabe que él existe. Tal vez él intuya que lo está observando, pero apenas gire la cabeza, los ojos de ella estarán mirando en otra dirección, y el capricorniano pensará que sólo imaginó que lo miraba a él. No lo imaginó. Ella lo miraba cuando le pareció que él no la miraba. Más tarde, cuando decida que ya lo ha atormentado bastante, no sólo lo mirará, sino que lo escudriñará con una fijeza que le hará perder el aplomo, y no es poco tener la propiedad de hacerle perder el aplomo a un capricorniano. Ella la tiene. Él se siente intrigado. ¿Quién es esta mujer misteriosa que ejerce tanto poder sobre sus emociones rígidamente controladas? Curiosamente, a muchos hombres les resulta difícil imaginar a esta hembra como una «chica», aún en su adolescencia. Hay en ella algo que es más compatible con una «mujer» que con una «chica». Sus ojos ya contenían secretos susurrados desde el día en que los abrió por primera vez después de nacer, y su profundidad aumentaba con cada año de su vida. Lo imponderable. Lo insondable. Es fácil comprender por qué él se emociona y se estremece en su presencia. No son necesariamente estremecimientos de miedo, ni de curiosidad. Son sólo… estremecimientos.

El capricorniano no le teme a nada, exceptuando a la pobreza. Y como no es curioso, en el sentido normal de la palabra, si tropieza con un misterio o un secreto, no le seguirá la pista. Esperará que se elucide solo, a su hora. De modo que los estremecimientos tienen otro origen. Provienen, sobre todo, de la inesperada revelación de que es posible que alguien esté a punto de descubrir sus secretos, la personalidad interior que él oculta tan bien detrás de su escrupulosa compostura. Intuye que ella puede comprender que su frialdad y su ‘adustez superficiales cubren una naturaleza afectuosa, y un corazón que sufre tanto como cualquier otro cuando lo hieren. Quizás aún más, aunque nunca lo demuestre. Su intuición no está errada. Ella comprende esto. La primera reacción de él puede consistir en comportarse con ella aún más impasiblemente que de costumbre. Es posible que su timidez innata se exacerbe, que su apocamiento tiemble, y que su actitud formal se haga más formal aún. Pero gradual, mansa e inevitablemente, él se relajará lentamente durante sus plácidas conversaciones compartidas, y finalmente se arriesgará a obsequiarle aquella sonrisa especial. Sus ojos refulgirán, y le dirán a ella mucho más que sus palabras articuladas… y el corazón de la Escorpión experimentará un vuelco súbito. No es fácil producirle un vuelco, especialmente súbito, al corazón de una Escorpión. Pero los ojos tiernos y la sonrisa tímida de este hombre pueden conseguirlo. También ayuda la serena sabiduría oculta detrás de su aplomo. Y así es como se enamoran la Cabra y el Escorpión. Nunca ostensiblemente, casi en silencio. Sus amigos y familiares necesitan algún tiempo para comprender lo que sucede. Los tres amigos íntimos, no más, de él, que son la asignación normal de Saturno. Y sus familiares. Los de ella también, pero los que cuentan son los de él. El no hará nada que pueda disgustar o afligir a sus parientes… o que lo obligue a pasar mucho menos tiempo con ellos sólo porque se enamoró. Quiero decir, ellos están acostumbrados a tenerlo cerca, o cuando menos a recibir noticias de él por teléfono o por correo más o menos una vez por semana. Y si necesitaran su ayuda económica de cuando en cuando, bueno…

Sí, éste podría ser uno de los problemas de la pareja. La mujer Escorpión encontrará la forma de solucionarlo. Tiemblo al pensar en las posibilidades, pero ella encontrará la forma. Creo que no deberíamos agregar nada más al respecto, ahora que hemos señalado el área potencial de conflicto. Dejemos que ellos se apañen, ¿no les parece? Ella será dulce y paciente durante un tiempo, pero… El hombre Cabra es, por naturaleza, innegablemente posesivo una vez que han concertado un compromiso que simboliza su intención de convertir la relación en algo permanente. Esto no hará feliz a la mujer Escorpión, porque siempre ha pensado más o menos que ella es la única que tiene derecho a ser posesiva. Podría ser interesante observar lo que sucederá cuando descubra que lo que vale para ella también vale para él. Sin embargo, probablemente será ella quien deberá acomodarse a las transacciones necesarias, porque el capricorniano que esté realmente enamorado de su mujer o su esposa rara vez reclamará tanta libertad o tanto tiempo para pasar fuera de casa como para despertar el espíritu posesivo de alguien que no sea una mujer anormalmente poseída por éste… y no pretendí armar un juego de palabras, sino que salió así espontáneamente. A menos que tenga un signo lunar o ascendente de Fuego o Aire, o un Marte o Venus negativo en su natividad, el hombre Cabra típico no se alejará mucho del hogar. Una velada apacible en compañía del ser amado le produce más placer que cualquier otra actividad… excepto el trabajo. Cuando un capricorniano dice que se queda a trabajar hasta tarde en la oficina, es muy probable que sea esto lo que haga. Si es un fanático del deporte, milita en política, y es comerciante o viaja en representación de una gran empresa, es posible que se separe de ella con suficiente frecuencia como para causarle fastidio. Pero el hombre Cabra medio no se lo causará. Podría haber más motivos para que él se preocupe por el paradero de ella.

Esta mujer se obstinará generalmente en vivir una vida independiente. No se someterá a la autoridad de nadie. Esto no significa que no lo ame o que haya encontrado otro hombre. Sólo se trata de que necesita libertad para hacer lo que se le antoja, cuando se le antoja, sin tener que rendir cuentas de cada minuto, ni pedir permiso para visitar a una amiga, para salir de compras, para ir a la biblioteca o para ver una película a solas, como cuando iba a la escuela y debía levantar la mano y preguntar: «¿Puedo, señorita maestra?». Esto es restrictivo. Ella debería entender que todos necesitan este tipo de libertad, en mayor o menor grado, cualquiera sea su signo solar, y que la forma de entenderse con una persona posesiva consiste en hacerle saber a dicha persona, sin una pizca de duda, que es cabalmente amada… y en hacérselo saber con frecuencia. Cuanto mayor sea la frecuencia, tanto mejor será. Realmente no es tan difícil curar el espíritu posesivo y ese otro sentimiento hermano: los «celos». El remedio infalible consiste en suministrar una dosis muy abundante de seguridad adicional. Quien le niega esta seguridad al torturado (y el espíritu posesivo y los celos son una tortura cruel para la persona que sufre de ellos) tiene una veta sádica oculta en alguna parte. Es muy fácil curar el miedo excesivo, que es precisamente el componente de los celos y el espíritu posesivo: el miedo de perder lo que uno tanto necesita, el miedo de perder el amor. Si aman realmente a alguien, ¿por qué negarle a esa persona lo que le aliviará tan espantoso temor? Con suficientes palabras sinceras, cariñosas y afectuosas, y contactos físicos, la persona «poseída» comprobará que su «libertad» anhelada es sorprendentemente fácil de obtener. Esto vale el tiempo y el esfuerzo adicionales que requiere… y si no los vale, las dos personas no están hechas la una para la otra.

Quien posee el secreto de la alquimia mágica que puede trasmutar la pena en alegría, y no lo usa, no es muy listo… ni muy bondadoso. Y la bondad es la clave del verdadero amor. Desde el punto de vista sexual, la mujer Escorpión enriquecerá el espectro emocional de su amante capricorniano. La magnitud de la necesidad física de dar —y recibir— que experimenta ella, despertará en él sentimientos que nunca había conocido antes. Y ella se sentirá cómoda junto a él, en una atmósfera agradable. La silenciosa fortaleza y la gentileza sosegante de él aplacan los temores innominados que la obsesionan y que se ocultan detrás de todo su misterio. Es posible que ella desee a veces que sea más imaginativo, más locuaz en su manera de hacer el amor… y es posible que él intuya a veces que ella le exige demasiado, lo cual puede producirle una depresión que no logra traducir en palabras. Como sobre ellos influye la configuración de signos solares 3-11, este hombre y esta mujer son amigos, además de amantes, y por tanto deberían discutir sus problemas más a menudo, con sinceridad. Esto despeja la atmósfera, y les permite mostrarse tal como son, el uno respecto del otro. Ambos tienden a ocultar sus auténticas personalidades de los curiosos y los despreocupados, pero en el trance de la unidad sólo se puede ser auténtico. Es el momento de confiar sin reservas, de hacer —y decir—aquello que sea veraz. Estos dos son expertos en autodisciplina, en autocontrol, y quizá necesiten aprender que la pasión controlada no es el medio para descubrir la realización en el acoplamiento con el ser amado. Un cambio de escena, ya consista en el traslado a un nuevo lugar de residencia o en un viaje, es a menudo el milagro que estos enamorados necesitan para refrescar sus energías emocionales.

La mujer Escorpión y el hombre capricorniano reciben la influencia de Plutón y Saturno durante todo el lapso de su amor recíproco, y es seguro que en algún momento éste les hará evocar un lejano acorde musical, asociado con la muerte, con viejos recuerdos… con parientes o niños… para estremecer sus corazones con una tristeza rememorada que profundiza el amor. Casi siempre comparten un secreto que intensifica su devoción. Forja en torno de ellos un círculo de fuerza, los ayuda a ser más pacientes el uno con el otro… y la paciencia es uno de los mejores amigos del amor.

Adaptación de Linda Goodman

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