Mujer ESCORPIÓN Hombre SAGITARIO

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Escorpión es fijo. Sagitario es mutable, y fijo y mutable son palabras con acepciones totalmente distintas. A Escorpión lo rige el planeta Plutón, a Sagitario lo rige Júpiter. Plutón es reservado y sutil. Júpiter es franco y expansivo. Escorpión es un signo de Agua. Sagitario es un signo de Fuego y el agua y el fuego no se mezclan fácilmente sin la ayuda de algún tipo de catalizador, como una buena dosis de paciencia o tolerancia. ¿Creen que alguna de estas dificultades preocupa al Arquero enamorado de una chica Escorpión? Claro que no. Éstos no son más que desafíos astrológicos y Sagitario se desayuna con desafíos. Cuanto mayor es el desafío, tanto más brilla el fuego que inflama su mirada de Júpiter. El desafío de una mujer Escorpión con su magnitud, sus complicaciones, su enigma, su misterio recóndito o su peligro, no desalentará por cierto al Arquero. Lo fascinará. Como todo hombre Sagitario, en un período dado de su vida, está entusiasmado con un perro, un caballo, una carrera, un hobby, un ensueño, un plan de viaje o un programa de estudio (desde la filosofía religiosa hasta la homeopatía o la numerología), tendrá muchos temas de conversación que le servirán para romper el hielo en la etapa inicial de su relación con cualquier Escorpión. A diferencia de muchos hombres, no se sentirá rechazado ni desalentado por la actitud bastante fría de ella respecto de los extraños. No se sentirá rechazado, porque lo excita la posibilidad de emplear su simpatía y su persuasión y su lógica y su jovialidad para producir un aumento de unos grados en la fría temperatura de ella… y no se sentirá desalentado porque es casi imposible que los Sagitario sufran el dolor de un rechazo. Sobre todo porque no interpretan los insultos como tales. Piensan que su interlocutor se limita a ser sincero, como a ellos les gusta ser, ¿y quiénes son ellos para objetar que los demás hagan el mismo tipo de observaciones y comentarios francos que ellos también formulan? Lo cual es inusitadamente honrado de su parte, y yo diría que se trata de un argumento muy correcto, ¿no les parece?

Es difícil pinchar los globos jupiterianos de Sagitario, hinchados con el helio del optimismo, benditos sean sus corazones radiantes (y condenada sea su franqueza brutal). A menos que sufra los efectos de una Luna o ascendente Escorpión, Capricornio, Tauro, Cáncer o Virgo, no es frecuente que Sagitario cavile durante mucho tiempo acerca de una desilusión o una crítica. Normalmente, el Arquero se limitará a hacer un ademán de indiferencia, a arrojar el problema por encima del hombro y a esperar que las cosas mejoren. Es posible que el pronóstico meteorológico anuncie lluvia, nieve y vendavales para hoy, pero seguramente el día de mañana será soleado, hermoso y cálido. Cada amanecer le suministra una nueva aurora de ensueños imposibles y una solución inesperada a viejos problemas. Admitamos que ésta es una filosofía que la mujer Escorpión podría imitar con gran provecho. Cambiemos el «admitamos» por un «categóricamente». Si ella escucha un pronóstico meteorológico de buen tiempo, tiende a sospechar secretamente que el meteorólogo intenta engatusarla deliberadamente para hacerla salir de picnic, con el solo fin de poder reírse de ella cuando la pille un diluvio y se le empape la ensalada. Así es la naturaleza humana, se dice en silencio cómo puedes pecar por exceso de precaución. No siempre puedes fiarte de que la gente es lo que parece ser, o de que cumplirá las promesas que formula. Ya ven cómo su talante prudente y mundano y su naturaleza recelosa pueden chocar periódicamente con los colores aurales de la ingenuidad y la confianza ciega del Arquero.

Ella se equivoca al sospechar que este hombre no es lo que aparenta ser. Oh, es posible que se disfrace, de cuando en cuando, que se coloque una nariz de masilla, o que imagine que está interpretando un papel, pero éstas no son más que simulaciones inocentes en las que incurre porque lleva una dosis de histrionismo en la sangre. Generalmente, disfruta como un niño cuando alguien adivina el papel que representa, como en el juego de las veinte preguntas. Cualquiera con una sensibilidad normal, y sobre todo una mujer Escorpión con su tipo de perspicacia, identifica fácilmente la efímera y temporal máscara de tragicomedia que el Arquero usa fugazmente. No, este hombre no la engañará deliberadamente. Dios sabe que no le mentirá (en verdad, es posible que ella desee que él sí le mienta periódicamente, para atemperar un poco los golpes y embotar los filos). Probablemente los defectos de él que puedan causarle aflicción o preocupaciones a la dama Escorpión estarán pintados en su rostro con vivos colores cuando lo conozca, o, en el peor de los casos, estarán transparentemente ocultos apenas por debajo de su alegre sonrisa, de modo que ella podrá verlos claramente con su mirada de rayos X. Los defectos y puntos débiles del hombre Sagitario, lo mismo que sus virtudes y puntos fuertes, casi parecen hacerte señas, después de unas pocas horas de conversación diciendo: «¡Hola! ¿Me reconoces?», sin ningún temor de que alguien pueda desaprobarlos. ¿Cómo es posible que alguien desapruebe unos pocos defectos insignificantes? ¿Acaso no los tienen todos, hasta cierto punto? Sí, todos los tienen, hasta cierto punto. Gracias a Sagitario, siempre comprendemos esta gran verdad. Si la humanidad no hubiera sido agraciada (¿agraciada?) con la presencia de los Sagitario (y los Virgo), la mayoría de nosotros seguiríamos ignorando beatíficamente que, de cuando en cuando, no estamos a la altura de los ángeles. Uno de los defectos del Arquero que tal vez gritará «¡Hola!» a la mujer Escorpión cuando ésta lo vea por primera vez, consiste en que es gregario con las chicas. Le gustan las mujeres. (También le gustan los hombres.) Le gusta la gente. Le gusta jugar con los demás al tenis, al fútbol, al baloncesto (cualquiera que sea el sexo de sus adversarios: no es exigente ni practica discriminaciones)… le gusta intercambiar ideas con los demás… ir con ellos al teatro y al cine… discutir con ellos… interrogarlos sobre todo tipo de asuntos… y sencillamente confraternizar y coexistir con ellos.

Es posible que a ella le fastidie el componente femenino, y que tampoco la ponga eufórica el componente masculino, porque lo mantiene alejado durante un lapso más prolongado que el que ella juzga ideal. Esta mujer es más que un poco celosa y posesiva (y desconfiada), pero no podrá alimentar la esperanza de retener el amor de su hombre Sagitario si no lo autoriza alegre y confiadamente a retozar con libertad cuando se le antoje. Debe darle mucha cuerda, aunque puede conformarse con tener la certeza de que al fin es seguro que él la usará para colgarse. Si alguna vez este hombre siente la tentación de ser infiel, es difícil que lo sea a hurtadillas. Vendrá y se lo dirá a ella, si es un Sagitario típico, y le dará la oportunidad de reconquistarlo antes de que se vaya a otra parte. Así, por lo menos ella tendrá el consuelo de saber que «ojos que no ven, corazón que no siente». Mientras él vuelva todas las noches a casa, la bese todas las mañanas en la nariz, y no le haga confesiones, ella podrá confiar en que su corazón aún le pertenece… así como todas las otras partes de él, incluida la más importante: su espíritu. Generalmente, él le pedirá de todos modos que lo acompañe. Prefiere con creces compartir sus expediciones con una acompañante conocida, en lugar de tener que tomarse el trabajo de buscar a viejos amigos o de deambular con extraños. Si ella se adapta de buen grado a sus tiendas de campaña, a sus mapas de carreteras y a sus horarios de vuelo, a él le gustará mucho más tenerla a ella a su lado, y no a cualquier otra persona.

Por supuesto, el compromiso no puede ser totalmente unilateral. No es así como funcionan los compromisos. Él también tendrá que ceder unos palmos, si quiere ser el orgulloso poseedor de la profunda devoción y el emocionante misterio de una mujer Escorpión. Ella admira inmensamente su franqueza, pero es super-ultra- sensible, y sus comentarios descuidados, desconsiderados, herirán su corazón inesperadamente vulnerable más de lo que él jamás podrá imaginar, porque esta mujer calla su dolor más hondo, lo guarda dentro de sí, donde no se ve. Soportará su martirio en silencio durante mucho, mucho tiempo. Ésta es la primera etapa de Plutón. Le sigue la segunda etapa, cuando él puede esperar (pero el problema consiste en que no la espera) la picadura lacerante de la represalia de Escorpión. Es imposible prever qué forma asumirá, pero cualquiera que sea la forma, él puede estar seguro de que le hará errar algunas flechas, y tal vez descubra que su arco de verdades ha quedado maltrecho durante un tiempo. La etapa final, si él no despierta y aprende a valorar el raro amor de esta mujer, que no crece en todos los árboles, y si no aprende a apreciar su lealtad y sus estímulos emocionales multidimensionales… consiste en que ella lo abandonará. Y no volverá. Una vez que Escorpión toma una decisión, no se retracta casi nunca, si es que se retracta alguna vez.

Es el producto de tantos padecimientos del alma, que ya no puede desecharla a la ligera. El hombre Sagitario es, por naturaleza, un poco impulsivo y descuidado, pero perder lo que podría haber sido un amor perdurable implica una negligencia imperdonable. Basta un poco más de ternura, un poco más de consideración para con los sentimientos de ella… y lo perdido se puede hallar. Sus actitudes sexuales son muy diferentes, pero no incompatibles. Él hace el amor de una manera apasionada, pero con igual frecuencia conmovedora y extrañamente ingenua e idealista. Ella lo hace de una manera devoradora, concentrada… y en ciertos momentos mágicos y memorables, recónditamente profunda. No es necesaria la astrología para interpretar esto como una oportunidad muy concreta para que dos personas encuentren la forma de amalgamar sus necesidades físicas en una experiencia conjunta profundamente satisfactoria. Un área posible de tensión puede residir en la tendencia de ella a venerar el acto amoroso como algo sagrado, silencioso. Como un tácito éxtasis compartido. Es posible que él aproveche a veces el trance de intimidad para decir algo que estaba en su mente, y no se le ocurre pensar que ese podría ser un mal momento para decirlo. Aunque él comete, tal desliz raramente, esto ya es demasiado. Entonces es posible que ella utilice la contigüidad del acto amoroso para tomarse la revancha por algo ofensivo que él ha dicho o hecho antes, con una frialdad e indiferencia deliberadas respecto de sus abrazos, con un comportamiento pasivo que extingue completamente el deseo fogoso de él, mediante la aptitud del elemento

Agua de ella para sofocar los sentimientos de él y ahogar sus emociones. Este peligro existe siempre cuando se trata de un signo de Fuego y ambos un signo de Agua, en todas las áreas de adaptación y no sólo en la sexual… pero ambos deberían sentirse particularmente avergonzados de tratarse el uno al otro con algo que no sea ternura, cuando sus corazones v sus cuerpos tratan de manifestar el milagro de la unidad que es el amor. Como este hombre y esta mujer, lo comprendan o no, están influidos por la configuración de signos solares 2- 12, la Escorpión intuirá que él sabe cosas que ella necesita aprender, y el Arquero será más tolerante de lo que cabría esperar con la personalidad distinta de ella, en razón de sus recuerdos kármicos de la esencia de Escorpión. Si él utiliza esta tolerancia, que está a la expectativa para aflorar de su inconsciente cuando él la convoque… y si ella acepta de buen grado que él tiene algo que enseñarle (por ejemplo, que el miedo y el recelo son absurdos, que estas emociones estimulan la manifestación de la desdicha… y que la emoción, el entusiasmo y el optimismo son afirmaciones poderosas capaces de -materializar los sueños trocándolos en realidad)… conseguirán que su relación se desarrolle mansa y armoniosamente: Mucho dependerá del aspecto favorable o desfavorable de las luminarias de sus horóscopos. Deberán ponerse de acuerdo desde el principio en que huirán del tema del dinero como de la peste medieval. Afortunadamente, si él es un Sagitario típico, no le importará en absoluto que ella quiera seguir una carrera para salvaguardar su independencia. Éste es uno de sus rasgos más atractivos: su buena predisposición para conceder libertad de expresión a la mujer que ama, sin ahogar su individualidad, que fue la que inicialmente lo hizo enamorarse de ella. Pero como él es propenso al despilfarro, y ella a la economía, deberán tener cuentas corrientes separadas, y no deberán formularse preguntas el uno al otro respecto de sus entradas y salidas.

Si él valora el amor de ella, nunca se despreocupará de sus sentimientos. No obstante toda su dulzura, su aplomo y serenidad aparentes, a veces, cuando ella está más callada, el volcán que lleva dentro está más activo. Sus emociones secretas son poderosas. Pueden inducirla a la furia arrolladora o a la venganza fría y premeditada… pero también le suministran la capacidad de experimentar una lealtad perdurable que lo proyectará a él hacia los cielos más sublimes que sueña alcanzar, siempre que tenga la consideración suficiente para tratar su corazón con ternura y para «no decir nada malo», como el mono sabio. En cuanto a ella, deberá atesorar su amor sincero, veraz, y no deberá sofocarlo con sospechas y acusaciones. Nunca deberá quebrantar su espíritu, porque es en éste donde nacen primero, y se nutren después, sus ensueños celestiales, su optimismo dorado y su rutilante idealismo jupiteriano. Cuando su espíritu está quebrantado, ya no puede enfilar correctamente sus flechas, y se convierte en un Robin Hood extraviado, infeliz, que deambula por el bosque de Sherwood sin una visión a su hombre. Qué pensamiento triste. ¿Acaso la Doncella Marian habría tratado con tanta crueldad a su Arquero valeroso y anhelante? Claro que no.

Adaptación de Linda Goodman

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