Mujer LIBRA Hombre PISCIS

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Lo mejor será que abordemos desde el principio la dolorosa dificultad que experimenta la mujer Libra para tomar decisiones rápidamente, ¿no les parece? Como el hombre Pez no se destaca por sus actitudes enérgicas, agresivas, para resolver los problemas, le brindaremos una fórmula infalible para lidiar con las indecisiones de la dama Libra que lo ha atraído a su red. (Él no se resistió tanto.) Realmente es muy fácil, una vez que te habitúas. Le suministraré al hombre Piscis una ilustración metódica de la fórmula, mediante un incidente de la vida real. Cuando tengan que ayudar a libra a tomar una decisión, he aquí algo que las fuerza a tomar una asombrosamente rápida. La estrategia consiste en 1) sustituir un tema de indecisión por otro, porque a menudo la segunda decisión restará importancia a la primera; 2) formular una sugerencia para ayudar a Libra en la toma de la segunda decisión, y no más; 3) dejar transcurrir un lapso razonable, porque las decisiones de Libra, una vez tomadas, son siempre las mejores entre todas las alternativas posibles, gracias a la sabiduría, la equidad, la justicia, la lógica y el gusto exquisito de Venus… y finalmente, 4) si Libra no ha tomado ninguna decisión en un lapso razonable, tómenla ustedes mismos, y finjan enérgicamente que van a ponerla en práctica inmediatamente. Cuatro pasos sencillos.

Piscis sólo tendrá dificultades con el cuarto. A un Pez nunca le resulta fácil ser enérgico, poner en práctica… o hacer algo «inmediatamente». Aunque hay que confesar que «fingir» será coser y cantar para el hombre típico de Neptuno. Es un maestro en el arte de simular y aparentar. Todo Pez es un actor… o un personaje que se evadió un día de entre las tapas de un libro de cuentos de hadas de los hermanos Grimm, para indagar qué sucedía en este mundo de ilusión que todos menos los Piscis llaman realidad. El Pez sabe lo que es cada cosa. Nunca se confunde tanto como para pensar que los sueños son irreales, un mundo de fantasía creado por la imaginación… y que la vida es la sustancia de todo. De ninguna manera. Este hombre sabe que las cosas son al revés. Sabe que la verdad consiste en que éste es el sueño… y que es en el sueño donde todo sucede de veras. Ahora les hemos suministrado a estos dos un tema (sueños versus realidad) que podrán discutir vehementemente durante muchos meses, quizás años. Un tema tan erizado de controversias, tan despojado de posibilidades de aportar pruebas finales (de naturaleza tangible, claro está), que enseguida reemplazará a todas las otras polémicas en las que la dama Libra y su hombre Piscis han estado enzarzados hasta ahora. La discusión perfecta para los amantes Venus y Neptuno. Los sueños están estrechamente relacionados con Neptuno, claro está, en tanto que Venus adora todas las cosas bellas y etéreas… todo lo que tenga un toque de imaginación. La lógica de Libra estará inflexiblemente a favor de lo «real», y probablemente el Pez no se moverá un palmo de su defensa de lo esotérico. Pero a él le resultará interesante observar cómo ella trata de nivelar los platillos de su Balanza entre la lógica de Libra, por el lado de la realidad… y su ternura de Venus, por el lado de lo etéreo y lo romántico.

En verdad, ésta fue precisamente la combinación de cualidades que cautivó su atención soñadora, y lo incitó a amarla desesperadamente, a dejarse atrapar irremediablemente en su red de seducción, cuando flotó por primera vez entre las nubes azuladas de su fragante presencia. El mosaico irresistible formado por la lógica masculina y el razonamiento inteligente de ella, combinado con su ternura y su imaginación romántica venusinas. La fascinante amalgama Libra de espíritu práctico y compasión. La compasión de ella casi puede competir con la de él (aunque no del todo). Su espíritu práctico es algo que seguramente a él le vendrá bien. El contacto con éste terminará por ser beneficioso y perdurable, aunque a ratos resultará incómodo. La mujer Libra tiene algo vagamente oriental que intriga al Pez. Ella proyecta a veces una esencia de clima-otoñal-de-fútbol, rubor de mejillas-de-manzana y saludable atmósfera de intemperie. Sin embargo, en otros momentos, irradia un aire esquivo de incienso y mantras, y de campanillas de templos que repican a lo lejos, un aire que le hace pensar al Pez en Tibet, en China, o en Japón. El es muy sensible cuando capta este detalle, porque el signo de Libra en sí mismo rige astrológicamente al Oriente. Ella equilibra de una manera inusitada la imagen de la rubia con un atisbo místico de ritos antiguos… y las cuerdas de Neptuno que hay en él responderán silenciosamente.

Como ella nació bajo un signo cardinal masculino (de iniciativa), y él nació bajo un signo mutable femenino (pasivo), aunque ella sea muy exquisita y dulce, y aunque él sea muy fuerte y sagaz… su dama Libra tendrá la última palabra a la hora de manejar la relación. Pero cuando se trate de la palabra realmente última —«adiós»— podría ser el Pez el encargado de pronunciarla. El hombre Piscis es capaz de deslizarse gradualmente hacia un apacible remanso de tranquilidad, en otra parte, quizá con una de esas chicas Pez exóticas de aguas tropicales que mencioné en el comienzo de este capítulo, si la mujer Libra qué él tanto ama se torna demasiado autoritaria y demasiado exigente. y si exagera el papel cardinal en lo que debería ser una asociación equitativa. Sin embargo, él será paciente con ella, y hará menos esfuerzos por zafarse de su compacta unidad que si se tratara de otra mujer… por la acción de la influencia 6-8. Él se siente poderosamente atraído hacia ella, tanto desde el punto de vista espiritual como desde el físico, y viceversa. Ella magnetiza el deseo de él y lo trueca en una necesidad más apasionada e incontrolable que todas las que experimentó antes… y ella se siente extrañamente atraída, contra toda su lógica y razón, hacia el hechizo de su afecto y su sensibilidad teñidos por los colores de un suave arco iris. Las vibraciones venusinas del alma de ella anhelan el éxtasis embrujado que los cantos neptunianos del mar que entona él prometen materializar, reconfortantemente, mediante recuerdos que Libra ve reflejados en los ojos del Pez, recuerdos de un lugar que ella nunca ha olvidado por completo, y que desea volver a visitar, con una avidez que la hace llorar, ansiosamente… un lugar que conoció muy bien cuando tenía más o menos cuatro años, donde ella acostumbraba a buscar confiadamente, en la hierba húmeda y aromática, los collares de diamantes olvidados negligentemente por los elfos y las hadas que habían danzado allí la noche anterior, mientras ella dormía profundamente.

El corazón se le destrozó con una sensación dolorosa que aún recuerda, aquella mañana de primavera en que una fría voz adulta le informó que sólo eran gotas de rocío, y nada más. Entonces empezó a llover súbitamente, y se le empapó su bata favorita a rayas rosadas. Ahora que es madura y sensata, ¿por qué cada vez que llueve vuelve a su mente el agudo dolor de aquella mañana? Es posible que su hombre Piscis le oculte secretos, empeñado en salvaguardar el santuario de su propio mundo privado interior, y esta forma de «cuasi-engaño» la irrita y la preocupa. Pero él jamás le endilgaría una mentira como el de las gotas de rocío. Él lo sabe todo acerca de los diamantes de los druidas. Esto es algo que ella descubrió la primera noche en que hicieron el amor… después. Él incluso intentó recogerlos entre sus manos, junto con ella, temblando. Cuando desaparecieron al solo contacto humano, se limitó a besarle el cabello, y le susurró que no desaparecían realmente… que, merced a una extraña magia, se transfiguraban en una nueva dimensión. «¿Ves? –le murmuró apacible, reconfortantemente—. No han desaparecido. Aquí están… se han trocado en gotitas de lluvia.» Y entonces tocó dulcemente las lágrimas que le corrían por la mejilla. ¡Oh, ella lo echaría mucho de menos si algún día la abandonara! Tanto como él echaría de menos la aurora dorada de su sonrisa, la forma en que su voz suena como si entonara una antigua canción de cuna que él recuerda, aun cuando sólo pronuncia palabras rutinarias… o quizá no tan rutinarias, al fin y al cabo…

«Cariño, realmente deberíamos encontrar la manera de poner color en esta habitación. Es tan monótona y deprimente. ¿Por qué no pintas un mural sobre la pared del lado oeste, donde el sol lo iluminará todas las mañanas? Puedes hacerlo, ya sabes. Puedes hacer absolutamente todo lo que quieras. No importa que en tu último empleo no te valoraran. Algún día, antes de que pase mucho tiempo, el mundo será más dichoso gracias a las cosas que tanto te esforzaste en lograr, gracias a la belleza que creas a tu modo. Nunca en mi vida he estado tan segura de algo como lo estoy de esto. Sé que reconocerán tus méritos, y que si perseveras, y no capitulas, justo cuando tu milagro está sólo a la vuelta de la esquina, finalmente podrás expresar todo lo que has retenido dentro. No podrás verlo hasta que des la vuelta a esa esquina, así que no puedes detenerte cuando estás tan cerca. Estoy segura de tu porvenir. ¿Sabes cuán segura estoy?» Sí, lo sabe. El sabe que a pesar de sus modales a veces autoritarios, y de sus desconcertantes cambios de humor, ella es la única persona que cree sinceramente en él, y la única que tiene la contraseña justa para comunicarle súbitamente el entusiasmo necesario para creer en sí mismo. Nadie podría apartarlo más afablemente del «¿para qué sirve?», con que reacciona ante los desencantos reiterados. Además, él también es algo más que un poco caprichoso y cambiante. ¿Así que qué derecho tiene a juzgarla? En cuanto a su mujer Libra, ésta sabe que él es tal vez el único hombre que conoce el camino para llegar a ese lugar secreto, remoto, donde ella puede refrescarse, bañarse en la fría luz de las estrellas, y volver, con la sensación de ser más fuerte que antes. Es el único que pudo informarle a dónde van los diamantes de los druidas cuando desaparecen… y que pudo hacerlos volver con un beso.

Adaptación de Linda Goodman

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