Hombre LIBRA Mujer PISCIS

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Ah, sí… el tintineo de campanillas de oro. Lo oyen juntos, el hombre Libra y la chica Piscis, cuando están acurrucados y arrullándose frente al fuego crepitante en una fría noche de invierno… mientras la escarcha traza bellos grabados de cristal sobre los vidrios… en tanto la nieve cae silenciosamente, fuera, velando el resplandor amarillo de la farola. Se trata de un reconfortante cuadro de dicha, que este hombre y esta mujer han pintado fácil y despreocupadamente, porque Piscis y Libra no son en absoluto hijos «vulgares» de la Madre Tierra. Él es etéreo y soñador, está tenuemente perfumado con el sándalo de los misterios del Lejano Oriente, y sin embargo también tiene un toque del familiar encanto del pastel de manzanas y el columpio en el porche. Ella es igualmente vaporosa y soñadora, aún más soñadora que él… y tiene en los ojos el rumor de las olas que rompen mansamente en la playa. Sí, he dicho que tiene en los ojos el rumor de las olas. Es lo que se llama una «licencia poética». Todos los Libra y los Piscis tienen una licencia poética, pulcramente enmarcada, que cuelga de las paredes de sus mentes románticas. De pronto se enfría la habitación. Entre ellos se forman pequeños carámbanos, y la escena cálida, apacible, se torna glacial, cuando su conversación armoniosa hace vibrar una inesperada nota discordante. Como Piscis es abrumadoramente comprensiva con amigos y desconocidos por igual, y como Libra generalmente está bien informado sobre los temas de actualidad, fue muy natural que se deslizaran hacia una discusión sobre un problema de una amiga. Ella se estremece, se recuesta contra su hombre Libra, y le pregunta: «¿No es espantoso?». Él no le contesta enseguida, así que ella le informa que su amiga, en lugar de agradecerle la advertencia, se limitó a responder fríamente: «No te metas en lo que no te importa», y que la ofendió mucho que la trataran con tanta desconsideración, cuando ella sólo había querido prestar ayuda. (La chica Pez esparce tanta comprensión en torno suyo durante tanto tiempo, que tiene derecho a solicitar de cuando en cuando una pequeña dosis para sí misma.) Ella aguarda unas palabras de apoyo. Él continúa callado. Pero la chica Pez es paciente, y no lo apremia. Espera.

Por fin, él suspira, la mira fijamente a los ojos, y dice con tono severo: «¿Por qué te asusta tanto, si tú también tienes ese mismo problema? No es precisamente la respuesta que ella esperaba. ¿Cómo puede cometer la injusticia de atacar una de sus escasas debilidades, cuando lo único que ella le pedía era que demostrara un poco de comprensión respecto de algo que la preocupaba mucho? Entonces se repliega, como todos los Piscis lo hacen periódicamente, y se convierte en un «Pez frío». Esto le recuerda lo que sucedió la semana anterior, cuando, mientras volvían en auto a casa. ella divagó entusiasmada durante más o menos media hora acerca de lo mucho que le había gustado la historia de reencarnación de la película que acababan de ver. A él también le había gustado. Lo sabía, por la forma en que se había comportado en el cine: sus ojos fascinados nunca se habían apartado de la pantalla y no había amagado levantarse de la butaca hasta que se habían encendido las luces de la sala. Entonces, cuando ella quiso compartir la experiencia, él frunció el ceño. «Me pareció un plomo —contestó— los actores estuvieron bien, pero el argumento nunca cobró vida porque era demasiado endeble, no tenía suficiente complejidad. El diálogo también era espantoso.» ¿Qué le pasa a este hombre? ¿Se ha doctorado en sadismo? ¿Pasa la noche en vela, ideando tácticas para deprimirla, cada vez que ella intenta mostrarse alegre y optimista? ¿Cómo podía cambiar de idea tan drásticamente, sin ningún motivo? ¿Quizás estaba un poco esquizofrénico y necesitaba consultar a un psiquiatra? Ella se equivoca en todas sus conjeturas. No es un sádico, no la odia, y no pasa la noche en vela ideando sistemas para menoscabarla cruelmente. Cuando sabe que la ha lastimado, sufre por dentro, ¿así que por qué habría de hacer eso? Tampoco es esquizofrénico. Es un Libra. Su símbolo es la Balanza, y por tanto está inconscientemente obligado a sopesar todo lo que ponen a su consideración. Los platillos deben estar nivelados. No es justo escuchar un argumento, sin tratar de equilibrarlo con el opuesto.

Si ella lo hubiera abordado de otra manera, habría recibido de él las respuestas que deseaba. Si la chica Pez hubiera comentado en el auto, después de ver la película: «No sé por qué todos elogian tanto esa película. No es más que la nueva versión de un viejo argumento cinematográfico. No le vi nada especial, ¿y tú?», durante el resto del viaje a casa, Libra habría alabado todos los componentes de la película… la actuación, la dirección, el guión, el color y el sonido. «¿Por qué dices que no tiene nada de especial? ¿Cómo puedes decir eso? Hace años que no veo una película que me hiciera relajar y disfrutar tanto. ¡Es formidable! ¿Ahora entienden cómo es que los Libra adquieren la reputación de ser «imposibles», cocodrilos rabiosos, y todo lo demás? La adquieren, pobrecillos, sencillamente porque intentan ser equitativos y justos.

Como sucede en todas las configuraciones de signos solares 6-8, que tienen diferencias tan pronunciadas entre sus motivaciones básicas, a la chica Pez y el hombre Libra nunca les resulta fácil enamorarse. Sin embargo, una vez que se enamoran, las diferencias se fusionan a menudo en una forma sorprendentemente satisfactoria, que los beneficia a ambos por igual. Comparten los sentimientos y la sensibilidad, así como el amor por la belleza. El uno y la otra prefieren la paz y la armonía a la conducta agresiva y la tensión de la controversia. (Libra alega que nunca se trata de «controversias», verán… ¡sino sencillamente de una discusión amable!) Ni Libra ni Piscis pueden soportar durante mucho tiempo la lacerante realidad de un conflicto tenso, y si éste se generara en razón de que uno de ellos tiene un horóscopo muy negativo, el otro no tardará en alejarse flotando (Libra) o nadando (Piscis), probablemente para no volver. La faceta positiva consiste en que los dos también flotarán o nadarán juntos para alejarse de las presiones externas, y se refugiarán el uno en brazos del otro, buscando el sosiego y la paz que necesitan para conservar el equilibrio (él) y la tranquilidad (ella). Este hombre y esta mujer pueden crear un vínculo romántico mediante su intimidad sexual, que contribuye mucho a allanar cualesquiera dificultades que puedan tener para adaptar sus personalidades y estilos de vida. El colma el tierno corazón neptuniano de ella con todo el afecto que la chica Pez ha anhelado, porque sabe instintivamente cómo demostrarle su amor con la delicadeza y consideración que ella necesita y que la hace confiar en él. Ella le aporta el mismo tipo de satisfacción, porque intuye sus deseos casi telepáticamente. Se hacen el amor con una pasión fecunda, entretejida con un elemento soñador, y no siempre, pero sí la mayoría de las veces, ese acto alcanza el nivel que los poetas procuran expresar. Estos dos se lo pueden expresar recíprocamente con naturalidad, componiendo sobre la marcha su propia música y letra originales… que nunca se repiten, pues cambian con sus estados de ánimo, pero que siempre encierran suaves promesas.

Es posible que los dos tengan que tomar precauciones para no arrastrarse mutuamente a la desidia y la búsqueda de placer, porque ambos son susceptibles a casi todas las formas de seducción, o las de los ensueños que nunca despegan del suelo. Por lo demás, Piscis y Libra pueden formar una pareja muy feliz, a medida que sus corazones aprendan gradualmente a latir al unísono. La fe mística, inconmovible, que ella deposita en él, y el apoyo optimista, jubiloso, que él le suministra a ella cuando la acometen circunstanciales sentimientos de ineptitud, forman una base sólida y hermosa para un amor perdurable. Es posible que ella se queje a veces de que él no tiene la perspicacia necesaria para buscar las razones que se ocultan detrás de las razones de algunos cambios de humor y sentimientos, y de que a menudo el criterio de él es demasiado fríamente lógico y desapegado. Pero ella a su vez es suficientemente perspicaz como para darse cuenta de que él es así sólo en la mitad de los casos… y si la chica Pez es paciente, si espera un poco, la compasión del Libra volverá a brillar a través de su sonrisa. Tal vez a él lo fastidie que la casa no esté tan pulcra como a él le gustaría, y que ella aplace lo que a él le gustaría que haga, y tal vez le extrañe que ella adopte una expresión perdida cuando él intenta explicarle las cosas razonablemente. Pero ella lo arrebujará en las mantas de paz emocional e intimidad que él necesita, y esto compensará lo demás. Ella es tan espontáneamente comprensiva, y él es tan espontáneamente equitativo, que siempre hay un medio para resolver sus desacuerdos.

La mujer Piscis y el hombre Libra son ambos sabios, y cada cual tiene un tipo distinto de sabiduría. La de él es intensamente intelectual (no obstante sus propensiones románticas, sentimentales) y la de ella es profundamente emocional (no obstante su fachada serena y fría). Se trata de una alquimia mágica, y como ambos casi siempre están dispuestos a transigir, pueden hacerse muy felices el uno al otro. Pero si ella fuma, deberá renunciar a los cigarrillos para demostrar que lo ama. Y él deberá dejar de ser tan crítico. Ella no es su ama de llaves, su lavandera ni su valet. Es su compañera… su mujer. La ninfa marina con el rumor de olas en los ojos, que se acurruca tan cómodamente sobre sus rodillas. ¿Oyen el tintineo de las campanillas de oro? Creo que hemos completado el círculo y estamos nuevamente en el principio.

Adaptación de Linda Goodman

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