Hombre VIRGO Mujer PISCIS

Probablemente la astrología es un poco indiscreta cuando revela algunos de los secretos de Neptuno, pero si esto ayuda al hombre Virgo a entender mejor a su chica Pez, ambos se alegrarán algún día de ello. Verán, esta mujer que se comporta durante la mayor parte del tiempo como una chiquilla angelical, temerosa de que la regañen, y que siempre está tan agradecida de las gentilezas más insignificantes, esta mujer que es tan tímida y prudente, tan insegura y dependiente, que necesita el fuerte hombro de él para encontrar apoyo… sabe muy bien lo que hace cuando interpreta esta pantomima. (Los Piscis son expertos en pantomimas, ¿saben?) Es la personificación de Eva, el don de la Naturaleza al sexo masculino, vertido en una atractiva envoltura femenina, ceñido con delicadas cintas rosadas. Ella tiene una excelente razón para reaccionar ante la displicente respuesta que él dio a su pregunta, trasladándose al rincón opuesto de la habitación. Su locura siempre es metódica, su sensibilidad siempre oculta una estrategia inteligente. Más adelante explicaremos la razón secreta por la cual fue a sentarse en el otro extremo de la habitación. Es importante que antes le demos al desprevenido hombre Virgo una idea de lo que hay dentro de este exquisito envoltorio, ceñido con delicadas cintas rosadas. Así podrá lidiar mejor con su astucia emplazada en el rincón. Doce mujeres. Es con esto con lo que puede esperar encontrarse cuando desate cautelosamente (los Virgo lo hacen todo cautelosamente) esas cintas. Esta dama dulce, engañosamente sumisa, es, por sí sola, todo un harén. Si ha memorizado sus lecciones de astrología, como un buen Virgo, recordará que el signo solar Piscis de ella lleva las semillas de los otros once signos que circundan la rueda kármica. Por eso es una escucha tan maravillosa (y así fue, entre paréntesis, como lo engatusó inicialmente). Escucha bien porque es sagaz. Sabe. Ha estado allí —kármicamente— y, como todos los Piscis están generalmente en contacto bastante íntimo con sus personalidades inconscientes, ella recuerda muy bien muchas cosas que ni siquiera ha estado próxima a experimentar realmente en esta encarnación actual. Así que, naturalmente, es una buena escucha. ¿Por qué no habría de serlo? Absolutamente nada que alguien de este mundo pueda confiarle con voz nerviosa o confesar en sus oídos comprensivos le inspirará aunque sólo sea un pestañeo de sorpresa. Si una de sus doce memorias kármicas no comprende, un par de las otras once sí lo comprenderán.

Los hombres Piscis tienen más o menos la misma facultad, pero como ésta es una doble influencia femenina (signo solar femenino, regente femenino, Neptuno), la hembra de la especie es categóricamente más experta que el macho en la técnica de emplear la astucia femenina. Esto no es más que puro y simple sentido común astrológico: Ciertamente un hombre Virgo se dará cuenta de ello, después de meditar un poco. También deberá comprender por qué ella confunde su mente y sus emociones ordenadas con su carisma camaleónico. Cuando ella se vuelve (raramente) agresiva, y anormalmente (para ella) malcriada y exigente, y lo arranca a él de la complacencia de su signo de Tierra, es porque se manifiesta su pequeña veta ariana. Cuando ella se empecina y no cede un palmo (aún más obstinadamente que él, lo que ya es mucho decir), es su veta de Tauro lo que moldea momentáneamente su voluntad en cemento y le hace rechazar enérgicamente los considerables poderes de afable persuasión que él despliega. Entonces, cuando él por fin consigue resquebrajar el cemento con su sosegado encanto de Virgo, ella se vuelve tan ligera como una mariposa de Géminis, tan cambiante que, comparado con ella, el mismo Mercurio veloz de los pies alados (regente adoptivo de Virgo) parece lerdo y circunspecto. Después ella llora amargamente, y sus lágrimas se truecan sin aviso previo en una risa suculenta y cálida —primero lo regaña, a continuación lo mima como una gallina clueca—, francamente caprichosa. No hace más que revelar a la doncella lunar que lleva en el alma. (Probablemente fue cuando ella estaba en la fase Cáncer que él la imaginó por primera vez como una madre, así que se puede disculpar que le contestara «los de un hijo fiel» cuando lo interrogó acerca de sus sentimientos.)

Además, hubo una extraña semana en que ella pretendió arrogantemente que él la atendiera como un esclavo porque se había torcido un tobillo, y su exagerado orgullo no le permitía confesar el dolor muy concreto que le atormentaba. (Se hallaba bajo su influencia de Leona.) Entonces, durante un mes íntegro, se mostró muy humilde y cortés, pero al mismo tiempo tan severa al juzgar cada una de sus palabras, que él tuvo la impresión de estar mirando su propia imagen reflejada en un espejo. Y así era, en verdad. Ésa era, casualmente, la escena reservada a Virgo en su drama en doce actos. Cuando él fue a mostrarle, con tímido orgullo, el viejo carro que había dejado como nuevo, después de ajetrearse durante muchas horas de trabajo extenuante con el motor y la carrocería, ella no pudo decidir si adoraba o aborrecía el auto. Primeramente quiso salir a dar una vuelta en él, y después dijo que la deprimía porque era negro, y que él debería haberlo pintado de un color alegre, quizá por ejemplo el malva, para que hiciera juego con su vestido nuevo. (Recibía un fugaz soplo del peso y contrapeso de Libra.) Una vez, cuando él se quedó dormido y olvidó telefonearle cuando había prometido hacerlo, ella cambió al día siguiente su número por otro, y se negó a abrir la puerta cuando sonó el timbre. Ésta era una pequeña picadura de represalia, típica del Escorpión, porque había faltado a su palabra. Después, cuando lo perdonó, le dio un beso de buenas noches tan sensual y prolongado, que a él se le aflojaron las rodillas y casi se desvaneció bajo el impacto de su pasión temporal de Escorpión. Hubo asimismo una mañana en que le informó bruscamente, delante de su madre (la de él) y de sus dos mejores amigos, que necesitaba un corte de pelo, hasta el punto de que ella estaba contemplando la posibilidad de comprarle un collar y una correa. (Sólo fue una de las flechas hirientes de su arco kármico de veracidad sagitaria, que ella sólo dispara muy raramente, cuando emerge su personalidad de Arquero.) Durante un tiempo, a partir de entonces, ella se mostró desacostumbradamente reservada y circunspecta (recordándole a una chica capricorniana que había conocido), hasta que por fin le anunció fríamente, sin el menor sentimiento o emoción, que no quería casarse porque planeaba ir a Europa para estudiar arte, y que su carrera era más importante que el simple romance… o que él. Él quedó descalabrado por este atisbo de glacial ambición saturniana en esta criatura normalmente humilde y modesta que creía conocer tan bien después de haberla analizado tan cuidadosamente.

Precisamente cuando él creyó que las cosas habían vuelto a su cauce, y cuando su vida en común se desarrollaba rutinaria y confortablemente, ella resolvió mudarse inesperada y súbitamente a un nuevo apartamento, en el curso de dos breves días, y olvidó comunicárselo. Le dejó el nuevo domicilio a la vieja casera, pero invirtió por error los números de la calle y la casa, y él tardó tres meses en localizarla por intermedio de su madre (la de ella). Cuando la localizó, descubrió que tenía amoríos con su profesor de yoga. (Sufría los efectos de uno de sus ramalazos anuales de amnesia excentricidad, propios de Acuario.) Finalmente —pero también esencialmente— ella recupera su dulce personalidad normal de Piscis. Sólo se trata de que tiene esos arranques, en doce versiones. Pero son sólo trances pasajeros. Durante la mayor parte del tiempo, es la más adorable, comprensiva, serena y aplomada dama que se puede encontrar de este lado del Paraíso. Sentimental y sensible. Serena y fiable. Igualmente, será mejor que el hombre Virgo que la ama sepa cuántas facetas de ella está midiendo para verificar si se ajusta a su idea de lo que debe ser una compañera para toda la vida. Ahora, ¿querrán saber por qué corrió al otro extremo de la habitación después de preguntarle a él cuáles eran exactamente sus sentimientos para con ella, y de quedar decepcionada con la respuesta? ¿Porqué se sintió agraviada, y se refugió en el rincón para llorar con una araña, como el personaje del cuento infantil? No. ¿Porque estaba enfadada, y por tanto fue al rincón para enfurruñarse y comer natillas sin convidarlo? Claro que no. Se fue al otro extremo de la habitación. Les advertí que es sagaz, como recordarán. Sabía conscientemente o intuyó (para los Piscis es lo mismo) que entre ellos existía una poderosa polaridad de signos solares, y que cuando nacieron sus soles natales estaban en oposición. Sabía lo que esto significa. Después de un tiempo, una polaridad se vuelve tan magnética que es irresistible. Así que ya ven: ella sabía muy bien que bastarían pocos minutos para que el magnetismo de su «oposición» astrológica los uniera, y si ella se situaba físicamente en una oposición exacta o extrema respecto de él… bueno, las cosas se tornarían «físicas» aún más rápidamente… y él cambiaría ciertamente su respuesta por otra más contundente la del «hijo fiel». Ella tenía conciencia de que él no tardaría en hablar a través de sus actos, y que éstos cancelarían claramente su aserto, dándolo por falso. Los hombres Virgo tienden a levantarse muy temprano, por naturaleza, pero él deberá levantarse más que temprano para adelantarse a ella. Ella tenía razón, desde luego. Su estrategia de Neptuno funcionó perfectamente. Con la suavidad del raso y el color rosado de las cintas. Al cabo de diez minutos (bastante silenciosos e incómodos), él se comportó de una manera sorprendentemente impulsiva (para un Virgo), atravesó la habitación a la carrera, la cogió en sus brazos y en verdad se echó a llorar abiertamente, afirmando que sus sentimientos respecto de ella no eran en modo alguno los de un «hijo fiel», sino más exactamente los de Alejandro Magno, que ardía de deseos de conquistar el mundo… el mundo enigmático de ella. Entonces, maravilla de maravillas, le propuso literalmente matrimonio a su ruborizada, nuevamente femenina y sumisa chica Pez, la de los soñadores ojos neptunianos.

Los signos de Tierra y Agua casi siempre se fusionan sexualmente en un clima de puro éxtasis, con mucha naturalidad. Su pasión recíproca casi nunca es menos que profunda: enriquece su amor, imitando fielmente la forma reconfortante en que la Naturaleza misma fusiona la tierra y el agua. Ella se siente segura en los brazos de él, y él experimenta una nueva conciencia merced a su acto amoroso. A menudo, el hombre Virgo pierde todo su autocontrol normal junto a la chica Piscis que conquistó su corazón, y esto es lo mejor que puede ocurrirle. En cuanto a ella, se siente realizada por el solo hecho de saber que le infunde sosiego a él. Porque él era un hombre tremendamente obsesionado por la soledad hasta que aprendió cuánta vehemencia podían contener sus sentimientos reprimidos cuando los desahogaba con una mujer de la que sabía que no lastimaría su vulnerabilidad, que no ofendería nunca su imagen secreta sobre la pureza del sexo. Quizá Virgo y Piscis aman tan cabalmente porque intuyen que sus sueños están abrigados y a salvo en su compañía mutua. Y entonces sus cuerpos responden libremente, con una sabiduría propia, a lo íntimo y lo familiar. No tiene por qué haber muchos obstáculos en su relación 7-7. El es tan inteligente y ella es tan sagaz (hay una pizca de diferencia entre lo uno y lo otro) que si ponen verdadero empeño en ello, podrán allanarlos. Ambos son mutables, así que les resultará fácil discutir sus problemas, y esto siempre implica una gran ayuda. Ella coquetea. No hay tu tía: coquetea. Lo hace desde que tenía seis años. Los hombres la encuentran magnéticamente atractiva, y ella no puede dejar de reaccionar afectuosamente. Pero él deberá abstenerse de analizar exageradamente la compasión universal y el oído atento que ella presta tan pródigamente a sus amigos de ambos sexos, como si fueran pruebas de deslealtad o infidelidad. No lo son, y no lo serán, a menos que él ostente continuamente una mueca de resentimiento, en cuyo caso será el responsable de que se materialicen la una y la otra. (Es inevitable que nos acontezca aquello que tememos.) Ella tampoco deberá crearle tensiones e inquietudes innecesarias, con su actitud negligente respecto del dinero. Podría hacer mayores esfuerzos por equilibrar las entradas y salidas de su cuenta corriente, y debería dejar de regalarle todo el dinero que ahorraron para sus vacaciones a la primera persona que parece necesitarlo. A su vez, él tampoco debería sofocar exageradamente los impulsos generosos de ella en razón de su propia obsesión por el ahorro, y debería poner auténtico empeño en saber perder, tanto en el ámbito de sus finanzas como en el de sus sentimientos.

Esta mujer no puede seguir enamorada de un hombre tacaño, ya lo sea con el dinero o con las emociones. No puede sentir respeto ni ternura por un hombre que es cicatero con su cuenta bancaria o con su personalidad. Esto la volverá gradualmente frígida (y también podrá empujar trágicamente a algunas neptunianas a evadir la realidad, a fuerza de deprimirlas y frustrarlas). Si él desea mantener felices a las doce mujeres que hay en ella, deberá aprender a relajarse, a tomar las cosas con calma, a dejar de criticarla cuando ella trata de conformarlo, a ser más generoso y espontáneo. En cuanto a la chica Pez, sencillamente tendrá que dejar de esconder las revistas y los suéteres favoritos de él detrás del sofá, cuando reciben visitas, así como de mezclar sus calcetines y de olvidarse de dar cuerda al reloj despertador.

Adaptación de Linda Goodman

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