Mujer LEO Hombre PISCIS

Cualquiera pensaría que las actitudes frías, altaneras y majestuosas de la Leona típica respecto de los extraños que aspiran a su mano o a su corazón debería espantar al Pez Piscis de sexo masculino antes de que esta chica tenga tiempo de pescarlo. Cualquiera lo pensaría. Pero quien lo piense habrá olvidado la otra faceta de esta dama. Cuando ello la complace, la mujer Leo puede destilar un humor radiante y juguetón, tan tibio y benévolo como su regente, el Sol. Además, no todos los Piscis se echan a temblar en presencia de la realeza astrológica. Si recuerdan lo que he dicho un poco más arriba, también hay Piscis tipo ballena, que engullen a la gente… simbólicamente, desde luego. La ballena nunca conseguirá devorar a una Leona. Pero tampoco se echará necesariamente a temblar y tiritar cuando ella rechace fríamente sus escarceos iniciales. De todos modos, la mayoría de los Peces varones no son ballenas, y necesitan un poco de ayuda cuando los pesca esta mujer, así que analizaremos la situación desde su punto de vista. Teóricamente, las ballenas pueden bastarse a sí mismas. Estudiemos el problema del hombre Piscis típico o medio cuando se enamora de una mujer Leo. Terrorífico. Francamente terrorífico. La Leona sana y bella irradia un aire de autoridad y vitalidad que casi desafía el coraje de todos quienes desean seducirla y conquistarla. «Comprueben si tienen méritos suficientes para merecerme», dice el mensaje silencioso de la mujer leo.

El Pez no deberá dejarse intimidar por esto. Sólo se trata de la estratagema majestuosa que ella emplea para humillar y disuadir a cualquier plebeyo que tenga puestos los ojos en el trono. La forma de enfrentarla consiste en demostrarle que él no es un plebeyo. ¿Y cómo se le puede probar semejante cosa a esta dama? Bueno, para empezar, él puede invitarla a beber y cenar como una reina, en los mejores restaurantes, y hacerle regalos… si no costosos, por lo menos de buen gusto. Una botella de vino barato, una pulsera de bisutería que le tiñe el brazo de verde, o una muñeca de plástico ganada en un parque de atracciones, no son los regalos que ella considera de buen gusto. Visite los mejores lugares. No se necesita una fortuna para escoger un testimonio simbólico destinado a la Leona. No se deje asustar, usted probablemente podrá juntar esa suma para impresionar a la mujer de la que teme haber empezado a enamorarse. Puede hacerle otros regalos de idéntico buen gusto. Un gatito abandonado. Una foto enmarcada de él, a los seis años. Un ramo de margaritas con una rosa roja en el centro, que la representa a ella. El buen gusto no está necesariamente asociado con el dinero, sino con un corazón educado y un alma sensible. Sea lo que fuere lo que elija. no deberá regalárselo en un día festivo común. Los cumpleaños. la Navidad, están descartados. Eso es lo que hacen los plebeyos. El regalo deberá ir acompañado por una tarjeta que diga, sencillamente: «Porque es la mañana del jueves, y te amo», o que le informe que se lo envía para celebrar la hora y el minuto en que se conocieron, hace un año (o hace cinco años, o los que sean).

La Leona tiene un cálido y maravilloso sentido del humor. (Pero de buen gusto, no lo olvide. Nada de retruécanos. Y nada de chistes verdes, por favor.) Es sentimental, y todas estas insignificancias la conmueven. El Pez no deberá descuidar el hecho de que ella necesita lo intelectual, lo romántico y lo insólito. Esta dama es una dama, literalmente, y lo mundano, lo vulgar, lo ordinario y lo insípido la aburren hasta hacerla llorar. Hay muchas maneras de probarle que él no es un plebeyo. de que pertenece a la nobleza, o a la clase gobernante, y que por tanto merece su atención y respeto. Él puede desplegar su talento natural de Neptuno para (o al menos su gusto por) la música o la poesía, lo cual a ella le parecerá sencillamente delicioso. Él puede recordar que la auténtica realeza nunca se sobresalta, que conserva siempre su dignidad en las situaciones más desquiciantes. Pero sobre todo, nunca deberá lastimar la idiosincrasia real de ella hablando o comportándose de un modo grosero, tosco, irrespetuoso, ni siquiera cuando ella merezca una buena lección… cosa que ocurrirá con frecuencia. En esas circunstancias, él deberá darle su merecido, pero no grosera y toscamente, sino como un caballero. Es bastante fácil, una vez que uno aprende… la diferencia, quiero decir, entre la clase baja y la clase gobernante. Sólo un noble que ya ha sido armado caballero por la reina se atreverá a ponerla en su lugar, ¿me entienden? ¿No? Bueno, lo explicaré en otros términos: la mujer Leo no se someterá nunca a un hombre que no sea su igual, que no pueda controlarla cuando ella lo necesita. Tampoco se enamorará definitivamente de un hombre del cual deba disculparse ante sus amistades, que la humille y la agravie, en público o en privado. El manejo y el adiestramiento de la nobleza es un arte.

En realidad, el hombre Piscis tiene muchas probabilidades de aprender más rápidamente que el varón de la mayoría de los otros signos solares, no porque él también haya nacido con delirios de grandeza, sino porque aún no ha nacido el Pez que no tenga una misteriosa habilidad para hechizar a la fiera más salvaje con una amalgama de dulce compasión y resistencia pasiva. Además de lo cual, él es un excelente escucha, y en compañía de esta mujer sus oídos sensibles y comprensivos tendrán mucho ajetreo. A la chica Leo le gusta tener público, y el hombre regido por Neptuno sobresale cuando desempeña este papel, con auténtica fascinación por las piezas teatrales de la naturaleza humana que se interpretan sobre los escenarios de la vida y el amor. Si de cuando en cuando da un traspié con Su Alteza, no tendrá por qué temblar y esperar la ejecución. En verdad, uno de los matices más encantadores de la brillante aura irisada de la chica Leo es su capacidad para perdonar generosamente a quienes se disculpan sinceramente. Tiene una naturaleza tan rutilante e irradia tanto calor que, excepto durante algún acceso periódico de megalomanía (término psiquiátrico que designa la hipertrofia del ego), la gente se siente feliz por el solo hecho de estar cerca de ella. Si le tributan el respeto que reclama —y que muy a menudo merece— su talante florece en una espléndida e irresistible generosidad, como si fuera una rosa exuberante y aromática. Pero tiene la peculiaridad de congelarse en un bloque de orgullo silencioso si su amante o pareja (o quien sea) pretende dictarle su comportamiento.

Claro que esto es algo que el Pez no intentará hacer con demasiada frecuencia. Este hombre es más propenso a cortejar a su reina Leona con simpatía, ingenio, inteligencia, y una sensibilidad asombrosamente intuitiva para captar sus estados de ánimo. A veces la mujer Leo plantea exigencias amorosas realmente irrealizables en su afán de aparearse sólo con un hombre que esté dispuesto a satisfacer todos sus caprichos, pero que también tenga la inteligencia y el aplomo suficientes para ser su igual en todo momento. Éste es un complicado truco de dualidad, pero el hombre regido por Neptuno tiene muchas probabilidades de ejecutarlo con éxito. A la mayoría de los Peces no les molesta parecer superficialmente serviles, de modo que la humildad de Piscis se convierte en una ayuda más que en un obstáculo… y en cuanto a eso de ser su igual, sus talentos telepáticos y sus infinitas facetas de inteligencia (cosechadas por medios kármicos de los otros once signos solares) son suficientemente chispeantes como para cautivar la atención y la admiración de la Leona, y como para hacerle creer que ha encontrado la combinación perfecta que buscaba en un hombre… por un tiempo, al menos. Después de que palidezcan un poco el rubor y el sonrojo iniciales del romance, ambos empezarán a notar la diferencia entre sus elementos individuales de Fuego y Agua que, como nos ha enseñado la física elemental, no se mezclan sin peligro de extinción para el uno o el otro, o para ambos.

La naturaleza acuosa de él requiere mucho tiempo para reflexionar a solas, así que a veces la extroversión de Leo lacera un poco su delicada sintonía. La naturaleza fogosa de ella es más gregaria, y necesita muchas reyertas dramáticas para poder besarse y reconciliarse, de modo que la negativa de él a ser suficientemente demostrativo cuando ella está inflamada, puede lacerar su propia armonía. El repliegue taciturno en el que se refugia él cuando su espíritu ha sido maltratado sólo puede competir con el orgulloso enfurruñamiento que exhibe ella cuando la contradicen o la ignoran. Una de sus principales causas de conflicto será la renuencia natural de él a compartir con ella todos sus pensamientos íntimos. Leo desea saberlo todo. ¿y quién puede ocultarle secretos a la reina? Él puede. Y frecuentemente lo hace. Entonces ella se pondrá cuestiones espirituales profundas (excepto cuando existen aspectos planetarios negativos recíprocos en sus cartas natales, lo cual podría diluir la poderosa atracción sexual… sin llegar a eliminarla nunca, aunque sí a diluirla, y nada más). Ella representa para él la sexta casa astrológica de servicio (entre otras cosas). Es muy posible que el Pez espere demasiados «servicios» fanáticos de esta mujer orgullosa, y la Leona no será exageradamente servil durante mucho tiempo, sin lanzar un rugido de disgusto. Ambos deberán meditarlo.

Si existe armonía entre el Sol y la Luna y otros planetas de sus respectivos horóscopos, o una conjunción recíproca de la Luna, todas sus tensiones se disolverán en una fusión hombre-mujer cadenciosa, lírica y encantadora, del Sol y Neptuno, y por tanto su unión sexual será enriquecida por la delicadeza, el romance y la ternura que él le brinda a ella, y por el cálido afecto y la pasión que ella le brinda a él. Si carecen de esta ayuda planetaria en sus cartas natales, ella deberá esmerarse en evitar que los poderosos rayos solares de su vehemente sexualidad (y su potencial para la frigidez) calcinen o congelen todos los deseos de este hombre… y él deberá esmerarse en evitar que la naturaleza soñadora de su sexualidad, típica de Neptuno, y su falta de entrega total al acto amoroso, enfríen la personalidad radiante de ella… y la dejen con una sensación de vacío, como si no la hubiera tocado la auténtica profundidad del amor… sino sólo una suave brisa, que apenas deja un vago recuerdo tras de sí. La raíz más fuerte y más fértil del movimiento de liberación femenina es la que se olvida en todos los discursos: la igualdad emocional entre hombres y mujeres. Esta será la recompensa final y perdurable para ambos sexos, cuando hayan terminado los desfiles bulliciosos, o sea, la certeza de que es bueno que el hombre posea algunas cualidades femeninas en el área del sentimiento, la percepción y la sensibilidad… así como lo es que la mujer posea algunas cualidades masculinas en el área del coraje, la franqueza y la independencia. Es muy bueno. Es algo divino y sacrosanto. Sin embargo, en una relación amorosa como ésta, donde la mujer ha nacido bajo un signo solar masculino, regido también por el mismísimo Sol masculino, lo cual le suministra una doble influencia masculina… y donde el hombre ha nacido bajo un signo solar femenino, regido también por un planeta femenino, Neptuno, lo cual le suministra una doble influencia femenina… habrá que prestar un cuidado consciente y continuo a la preservación del equilibrio emocional entre los enamorados.

Femenino no significa «afeminado». Sin embargo, es posible que el hombre Piscis sometido a una doble influencia femenina irradie demasiada pasividad. Asimismo, masculino no significa «agresivo» ni «prepotente». Sin embargo, es posible que una mujer sometida a una doble influencia masculina irradie demasiada energía y fuerza… lo cual implica un exceso por parte de ambos. Pocas veces se reconoce la veracidad esotérica subyacente de los cuentos de hadas, y si se reconociera, la astrología y los cuentos de hadas harían innecesaria la psiquiatría. (Esto les parecerá lógico a los hombres de Neptuno.) Por ejemplo (un ejemplo vital), «Ricitos de Oro y los tres osos» encierra un significado mucho más profundo que el que sospecha la gente. La Leona y el Pez (y las parejas de todos los signos solares) deberían meditar sobre la moraleja de esta antigua fábula. La silla y la cama de papá oso eran demasiado duras (un exceso de energía masculina). La silla y la cama de mamá osa eran demasiado blandas (un exceso de pasividad femenina). La sopa de papá oso estaba demasiado caliente, y la sopa de mamá osa estaba demasiado fría. Pero el potaje, la silla y la cama del bebé oso eran… perfectos. El consejo de amor más sabio y más eficaz que las estrellas pueden ofrecerles a este hombre y esta mujer es que ambos recuerden el equilibrio perfecto de agresividad y furiosa o se congelará —lo uno o lo otro hasta que él capitule y confiese. El Pez deberá cuidarse de no pasar por el aro demasiadas veces, en su trato con la Leona, si no quiere que a ésta se le suba el éxito a la cabeza.

El camino para llegar al corazón de ella en lo que concierne a la armonía sexual… pasa nuevamente por la música y la poesía. Así fue como César y Marco Antonio sedujeron y conquistaron a Cleopatra, que era indiscutiblemente una Leona. («Si la música es el alimento del amor, seguid tocando.») A las Leonas les gusta que les entonen dulces –serenatas, aunque sólo sea simbólicamente. A la mujer Leo, como a la tentadora del Nilo, le encantan los aceites perfumados y todos los aderezos del romance… cuanto más exóticos, mejor. Que esto le sirva de advertencia al hombre Piscis: ella nunca encontrará la satisfacción cabal en un amorío pasajero. La mujer Leo típica casi nunca es promiscua una vez que ha elegido a un príncipe consorte digno de ella. Tan propensa a la monogamia como la leona de la Naturaleza, devorará con un rugido de celos al marido o amante infiel. Ella adora a su vez que todos los hombres que tiene a la vista la veneren y la admiren, pero argüirá que esto no es lo mismo. Verán, ella tiene privilegios reales. La Leona es capaz de seducir a un hombre para arrebatárselo a otra mujer, por derecho real y después se siente herida si él le es infiel como lo fue, por culpa de ella, a su -anterior compañera. La paja en el ojo ajeno. Si el hombre que ama se permite aunque sólo sea hacerle un guiño inocente a la mejor amiga de ella, lo lamentará durante toda su vida. (Por supuesto. como yo misma soy una signo de Fuego, Aries, no entiendo cómo incluso un guiño puede ser inocente, pero…) Esta mujer (Leo, quiero decir) no tolerará ni siquiera el coqueteo más frívolo.

El debe consagrarle TODA su atención. El menor agravio de esta naturaleza determina a menudo que la Leona típica no pueda responderle a su compañero en la expresión física del amor, lo cual es triste, pero muy cierto. Los celos pueden transformarla instantáneamente en una diosa de hielo, a la que no le queda ningún calor, ni sexual ni emocional. Por otro lado, un exceso de sermones arrogantes de Su Majestad pueden generar la misma insensibilidad física en el hombre Pez, en razón de lo cual su vida sexual íntima virará del calor al frío, y viceversa. Él deberá agradecer la rara lealtad que le dispensará su mujer Leo si se la merece, y deberá tratar de no provocar su disgusto, su honda desdicha, con un comportamiento menos honesto y leal que el de ella. Es posible que falte algo en su vibración sexual. Tal vez él sea demasiado etéreo, místico e intangible, o demasiado esquivo en su manera de hacer el amor, hasta el punto de no satisfacer completamente a la hembra de la jungla que hay en ella. Tal vez ella sea demasiado exigente e insistente al expresar su necesidad de pasión arrolladora y de servidumbre romántica continua, hasta el punto de convertirlo a él en un ser aún más desapegado, etéreo, místico, intangible y esquivo durante el acto amoroso… y así se desarrolla un problema circular, sin principio ni fin. ¿Quién lo desencadena realmente? ¿Quién lo sabe? Cuando se trata de estos dos, hay por lo menos un indicio. Ésta es una vibración de signos solares 6-8, y en el caso de la mujer Leo y el hombre Piscis, esto significa que él representa para ella la octava casa astrológica del magnetismo sexual, del misterio, y las cuestiones espirituales profundas (excepto cuando existen aspectos planetarios negativos recíprocos en sus cartas natales, lo cual podría diluir la poderosa atracción sexual… sin llegar a eliminarla nunca, aunque sí a diluirla, y nada más).

Es malo que la Leona ponga demasiado énfasis en la esencia del papá oso (aunque un poco le sienta maravillosamente, no sólo a ella sino a todas las mujeres). Es malo que el hombre Pez ponga demasiado énfasis en la esencia de la mamá osa (aunque un poco le sienta estupendamente. no sólo a él sino a todos los hombres). Puede parecer que esto plantea un problema insoluble entre ambos, pero no es así, de ninguna manera. En realidad es sencillísimo. Bastará que los dos recuerden… que no deben olvidar a Ricitos de Oro. En las sinfonías de las setenta y ocho combinaciones de enamorados de todos los signos solares se oyen variaciones del mismo tema de amor. El síndrome de Ricitos de Oro genera tensiones en -el amor entre un hombre y una mujer que tienen ambos «doble influencia masculina», así como las genera entre un hombre y una mujer que tienen ambos «doble influencia femenina». El mismo problema existe entre un hombre doblemente masculino y una mujer doblemente femenina (lo cual puede parecer ideal, pero en realidad crea riesgos de sadismo y masoquismo, respectivamente, en diversos grados). No existe más que una «solución sexual» y sólo una: la lección del equilibrio del bebé oso. El desafío de amar a una mujer Leo, y de ser amado como contrapartida, obligará al hombre Piscis a movilizar todo el conocimiento del corazón humano con el que ha sido agraciado. En determinado momento está lidiando con una tigresa de excesos emocionales. Después, cuando su despliegue de fuegos de artificio la deja exhausta, se transforma misteriosamente en una dulce y mansa gatita, que ronronea seductoramente para pedirle afecto y una palmadita de aprobación en la cabeza. La Leona es una mezcla desconcertante y deslumbrante de helada majestuosidad, y de cálida y descuidada alegría y generosidad. Puede ser insoportablemente arrogante, y vehementemente leal. Sacude su espléndida melena de Leona con una saludable carcajada, y después se disuelve en el llanto del orgullo herido… siempre con la misma gracia escurridiza y felina.

El Pez que ha sido ensartado por su cautivante y fría superioridad no se sorprenderá al enterarse de que el gato era un objeto de culto entre las culturas antiguas. Tal vez habrá momentos en que creerá que está de nuevo entre las pirámides, arrodillado frente al altar de la diosa con cabeza de gato, que los egipcios crearon porque identificaban los contornos del gato con los de la mujer… y eran muy inteligentes al identificarlos. La Leona es no sólo todas las mujeres, sino que también es toda mujer. (Piénsenlo bien.) Y gobernará la jungla si él le concede aunque sólo sea una pizca de control. El desafío de amar a un hombre Piscis, y de ser amada como contrapartida, también requerirá toda la calidez y la sabiduría luminosa con que ha sido agraciada la mujer Leo. Si ella insiste en entremeterse en sus secretos o en su soledad, él desplegará su propia variante del mal genio y el frío desapego de Neptuno. Aunque una interrupción de la contigüidad es útil y aconsejable para muchas parejas. no lo es para la mujer Leo y el hombre Piscis. Quién sabe por qué, sólo se transmuta en indiferencia. Los amantes o esposos Leo-Piscis que lean estas líneas deberán sacar conclusiones del final desdichado de un auténtico romance real de cuento de hadas, para no cometer los mismos errores en su propia relación. Nada de vacaciones independientes para estos dos. Como la Leona tiene una dosis excesiva de falso orgullo, y como su hombre de Neptuno tiene una dosis mínima, él podrá mitigar con delicadeza los sentimientos de ella frecuentemente heridos. Como el Pez tiene muy poca confianza, y su mujer Leo tiene mucha, ella podrá apaciguar tiernamente los temores secretos, íntimos, de él. Ésta es la mejor forma de amar —intercambiando fortalezas— siempre que ambos compartan también la compasión por sus respectivas debilidades.

Adaptación de Linda Goodman

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5 Comments

  1. Me ha encantado tu forma de explicar la relación de pareja entre una leona y un hombre Pez. A parte de la información que aportas para que esta pareja funcione bien, el articulo está escrito con gracia y soltura, que lo hacen muy ameno. Muchas gracias

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