Hombre LEO Mujer PISCIS

Naturalmente, no todas las mujeres Piscis se someten literalmente ante las órdenes de una pareja o amante Leo, pero la mayoría de ellas sienten al menos un saludable respeto por el León y no están demasiado ansiosas por provocar su rugido, incluidas las chicas Pez con la Luna o Marte en Aries. Sí, incluidas las Piscis tipo ballena. Respecto de estas últimas, lo que las mueve a andar con pies de plomo no es tanto el miedo como la enérgica decisión de evitar a toda costa una escena extenuante: todos esos alaridos dramáticos y esos enfurruñamientos glaciales, por turno, que se producen habitualmente cuando el León siente que tiene clavada en la zarpa la aguda espina de la irrespetuosidad. La mujer Piscis típica (no del género ballena) que está enamorada de un Leo sabe intuitivamente que debe someterse a Su Alteza. Lo sabe, aunque diga lo contrario. y aunque sus amigos bienintencionados le aconsejen «enfrentarlo de una vez por todas». Piscis conoce muy bien las peculiaridades del corazón humano y no empleará métodos que sólo sirven para alejar el afecto.

Piensen en Anna, la maestra inglesa que desafió con éxito al rey de Siam. Quizás era una mujer Pez con Marte-en-Aries, porque luchó con tesón para no doblegarse ante el arrogante aunque afectuosamente generoso monarca Leo. Pero de poco le sirvió, por lo menos superficialmente, en sus múltiples enfrentamientos con Su Majestad el León. El rey admiraba en secreto su audacia. Sin embargo, conservó hasta el fin el control de sus relaciones. Hace falta algo más que audacia para manejar a la realeza. Hay que intuir la conmovedora vulnerabilidad que se oculta detrás de la a veces patética necesidad de mando del Leo, como evidentemente la intuyó la probable-Piscis Anna. Siempre derramo torrentes de lágrimas al final de la película (o del libro), cuando el monarca Leo moribundo ordena que Anna se postre ante él para tributarle abyecta pleitesía y respeto, como uno de sus propios súbditos, mientras su corazón se proyecta hacia ella a través de sus ojos. Y ella se prosternó. Sí, Anna era seguramente una Piscis, con Marte en-Aries. Conservó su dignidad, pero comprendió la psicología del hombre orgulloso al que amaba. Se sometió. El León es un gran sentimental, un romántico incurable. Sólo un Toro de Tauro puede ser más sentimental, más romántico que Leo. Y así es posible que inicialmente el impacto de la feminidad cabal de la mujer Piscis seduzca y reduzca a la sumisión reverente al mismísimo gato enamorado. Pero sólo se trata de una capitulación pasajera. Él nunca abdicará definitivamente, ni cederá de buena gana el cetro de oro. Esto vale tanto para los Leo del tipo Gatito Tímido como para los Leones rugientes. Es posible empujarlos. o llevarlos, hasta cierto límite. A partir de allí, atacan.

Conviene recordar que Leo es un signo de Fuego y Piscis un signo de Agua. El Fuego teme secretamente que el Agua pueda extinguirlo. Por mucho que el Leo se empeñe en enseñorearse de la mujer Piscis que ama, sigue ofuscándolo interiormente la posibilidad de que ella arroje un cubo de agua sobre su entusiasmo fogoso. Y viceversa. El signo de Agua Piscis intuye que un exceso de Fuego puede deshidratarlo. Si el amor entre estos dos perdura, finalmente decantará en un sentimiento de respeto mutuo, como en todas las combinaciones Fuego-Agua, porque cada uno sabe que el otro puede destruirle su esencia. Sin embargo, en el plano emocional, apuesten a que el gran gato sigue siendo el que lleva la batuta, por lo menos aparentemente. Pocas veces esta mujer intentará arrastrar o empujar a un hombre. Es más probable que lo persuada dulce, perseverantemente, con halagos sutiles. Si esto no resulta, es posible que recurra al silencio altanero para sugerir un agravio oculto, y la frustración consiguiente podrá enfurecer al hombre Leo, más extrovertido. Será mejor que ella se conforme con halagarlo sutilmente, porque de lo contrario habrá algunos ataques de cólera fogosa y torrentes de lágrimas acuosas. El León tiende a idealizar a su amada hasta endiosarla, y después pretende que ella esté a la altura de su imagen. A él le resulta difícil aceptar a su compañera como una persona específica e individual. En cambio, la considera un reflejo de sí mismo, transfigurada en su ideal, y a veces ella desespera de poder mantenerse sobre el pedestal donde él la colocó. ¿Y si se diera cuenta de que tiene pies de barro? Sólo un Escorpión o un ariano pueden pretender tanto como Leo de una mujer. Como todos los signos de Fuego, Leo es histriónico y en general tiene el don afortunado de poder expresar sus sentimientos verbalmente con mucho brío y placer. A la Piscis no le resulta tan fácil expresarse, y es posible que después de intentarlo repetidamente se dé por vencida y elija el camino de la menor resistencia: la evasión.

La Piscis sometida a una desaprobación constante o a una fuerte presión emocional, tiende, sencillamente, a desaparecer. Más de un León ha mirado en torno después de pronunciar un sermón arrogante para comprobar si su víctima temblorosa ha quedado debidamente abochornada y compungida… y se ha encontrado con que en el lugar donde la chica Pez estaba sentada y encogida con una sonrisa paciente sólo hay ahora un espacio vacío. ¿A dónde se ha ido? Se ha ido lejos. Muy, muy lejos. Conozco a un Leo cuya esposa Piscis, inteligente y afable, finalmente no pudo soportar otra reconvención, de modo que, con mucha pena y llanto, resolvió abandonarlo (aunque todavía lo amaba entrañablemente) en aras de su supervivencia. Casi antes de que él se diera cuenta de que su esposa había partido, ella ya estaba en otro sitio y había iniciado los trámites de divorcio. Lo que afligió al León casi tanto como la pérdida del bello «súbdito» femenino que tanto lo admiraba (y que él amaba sinceramente) fue la humillante comprobación de que ella no le había pedido su sabia opinión ni le había solicitado consejo antes de dar un paso tan importante. Era imposible no sentirse conmovido por su auténtico padecimiento. Nada puede ser más patético que un León herido al que lo ha abandonado su enamorada compañera, y que acaricia su orgullo maltrecho… triste, solitario y verdaderamente desconsolado… mientras se esfuerza desesperadamente por ocultar sus sentimientos. La añoraba más de lo que creía que ella podía suponerlo. Estaba equivocado, desde luego. Como ella era Piscis, sabía cuánto sufriría él, y esto —el hecho de saber— la atormentaba también a ella. Típicamente, el León no se quedó mucho tiempo solo. Después de un lapso respetable, la chica Pez fue sustituida por una larga cola de admiradoras que buscaban apoyo en su hombro y en su corazón cálidos y protectores. Sin embargo, sus amigos íntimos captaron, de alguna manera, que no era exactamente lo mismo. Su esposa Piscis, refinada, morena, condensaba la deliciosa combinación neptuniana de inteligencia, ingenio, dulzura y compasión, entrelazada con los hilos de oro de su sincera admiración y su respeto por el León… admiración y respeto que pasaban siempre por alto sus debilidades hasta que, al fin, no pudo seguir soportándolo.

Poco importaba los posteriores romances esporádicos. Yo seguía esperando que el Pez perdido volviera nadando a sus brazos. ¿Ves cómo son los Leo? Consiguen agenciarse su compasión, aunque no la merezcan. En este caso, mi serio deseo de que la magia de la felicidad acudiera en ayuda del León perdido y solitario fue satisfecho de una manera inesperada, y no mediante la reconciliación con su dama de Neptuno. Abracadabra… ¡milagro! Encontró otra mujercita refinada, morena, que tenía, curiosamente, casi la misma combinación de inteligencia, ingenio, dulzura y compasión, también entrelazada con los hilos de oro de la sincera admiración y el respeto por el talento, el carácter y el potencial de él. No era un simple reflejo de su antiguo amor, sino un rayo de sol vibrante y hermoso por derecho propio, individualmente… que se infiltró discreta y suavemente en su vida… y finalmente en su corazón… para curar todas las viejas cicatrices. Esperemos que él haya aprendido la lección, porque es un gran gato cálido y adorable, con una sonrisa que te ilumina el corazón y una plétora de coraje y creatividad. Se ha ganado, mediante un gran dolor, la bienaventuranza del amor que consiste en la paz y la satisfacción perdurables… y siempre también con una pizca de condimento: ¡el desafío sin el cual los Leo se marchitarían realmente! Su nueva dama está obviamente en condiciones de suministrarle todo esto… y algo más. En cuanto a su vivaz pero tierna chica Pez de hace mucho, mucho tiempo… ella también flotó hasta otras aguas refulgentes, y chapotea, dichosa, en los arroyos irisados de una nueva promesa para el mañana.

Los finales felices son muy hermosos. Todos deberíamos rezar para que a cada León doliente que ha perdido a su compañera Piscis por culpa de su arrogancia y su orgullo desconsiderados, las sabias estrellas le concedan una oportunidad igualmente afortunada para aprender lo que es la humildad… lección ésta que Piscis dicta tan bien, y que Leo tanto necesita asimilar. O esperemos que este capítulo les advierta a sus lectores, los amantes o cónyuges Leo-Piscis, que deben abrir sus corazones a tiempo… si aún no es demasiado tarde para que el Sol de él y el Neptuno de ella empiecen a entonar armónicamente su canción. Un área en la que no habrá tantos conflictos entre estos dos es la del sueño. Quienes estudian estos asuntos afirman que el león de la Naturaleza duerme diecisiete horas de cada veinticuatro. Se puede decir más o menos lo mismo de los Leones humanos. En cuanto a Piscis, tampoco es precisamente de las que se levantan cuando amanece. A ambos les gusta pegar las pestañas. De modo que será raro que el reloj despertador se convierta en un factor de discordia entre ellos, sobre todo cuando el saludo matutino es habitualmente un tierno preludio para el acto amoroso, cosa que sucede a menudo entre estos dos. No sólo un preludio… sino muy probablemente también una reverberación de la misma música romántica que interpretaron la noche anterior.

Piscis representa la octava Casa del sexo (entre otras cosas) para Leo, así que el León tiende a encontrar a la chica Pez inusitadamente atractiva, a primera vista. La vibración también puede causar una entrega casi a primera vista, y es posible que más tarde él empiece a alimentar dudas. La frase «frío como un pez» no se infiltró en el lenguaje por pura casualidad. En la naturaleza el pez no es, al fin y al cabo, un ser de sangre tibia o caliente. Esto no se debe interpretar en el sentido de que la mujer Pez es frígida, sino sólo en el sentido de que tal vez no estará a la altura del fervor apasionado del León con tanta constancia como a éste le gustaría… o con tanta constancia como la que exigirá. Pero Leo debe mezclar la sensualidad con el romance en la unión sexual, y la chica Pez le suministrará romance a mares. Ella está en condiciones de impregnar sus momentos íntimos de una atmósfera mística, trascendental. Los celos sexuales son comunes entre los consortes y amantes de esta combinación. La dama Piscis típica es un poco coqueta, y el León, por supuesto, ruge espantosamente a la menor insinuación de que un rival le ha echado el ojo a la compañera que tiene en su guarida. Sin embargo, pretenderá que ella pase por alto sus pequeños deslices (los de él), instigados por su vanidad y su apetito de admiración. La gama de mujeres Piscis abarca desde las francamente promiscuas hasta las esposas ingenuas, confiadas y enamoradas, absoluta y eternamente fieles a un solo hombre. Tampoco existen dudas de que la gama de los hombres Leo abarca desde los Casanovas que se jactan de tener varias nuevas conquistas sexuales por semana, hasta el noble marido León que coloca a su esposa sobre un pedestal y sigue siéndole tan fiel y leal como el mismísimo rey Arturo. Lo cual me recuerda que… mientras el rey Arturo era fiel, Ginebra flirteaba con Lancelote, ¿no es verdad? Quiero decir que tanto el León como el Pez deberán estar muy seguros de la magnitud de su amor antes de asumir compromisos a largo plazo. La infidelidad indignará al León y herirá profundamente al Pez. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con Aries y Escorpión, es posible que estos dos toleren cualquier cosa que no llegue al extremo del adulterio concreto.

Generalmente, la mujer Piscis y el hombre Leo podrán soportar los coqueteos superficiales, mientras que el Carnero o el Águila de uno u otro sexo considera que una sonrisa íntima esbozada a través de un salón es un acto de deslealtad tan doloroso como una auténtica infidelidad física. Tanto Piscis como Leo son capaces de abordar el amor como una sublime exaltación espiritual, o como una emoción que se puede degradar mediante aventuras informales, porque el amor mismo es muy importante para el uno y el otro. La forma en que reaccionan frente a su importancia es a menudo imprevisible. Las mujeres Piscis pueden ser monjas o prostitutas, aficionadas al intercambio de parejas o dulces consortes, casi increíblemente virtuosas. Los hombres Leo recorren más o menos la misma gama de posibilidades. En síntesis, el León y el Pez deberán dejar aclarada su actitud respecto de la fidelidad mediante una discusión sincera antes de comprometerse en serio. La mujer Piscis anhela y necesita una fusión emocional completa y un sentimiento de unidad mística en la consumación física del amor, junto con una pizca de misterio. El hombre Leo busca una satisfacción más tangible: calor, afecto y pasión. Necesita la expresión verbal de los sentimientos, tanto antes como después del acto amoroso. Sin embargo, la comunicación verbal excesiva no siempre es sinónimo de la idea que sustenta la mujer regida por Neptuno acerca de la naturaleza misteriosa del amor… así que el grado de armonía y felicidad que este hombre y esta mujer alcanzarán juntos dependerá mucho de la posición de la Luna en sus respectivas cartas natales. Si la Luna de ella está en un signo de Fuego, y la de él en un signo de Agua… o si ambas Lunas están en el mismo signo de cualquier elemento, probablemente entenderán y podrán satisfacer sus deseos mutuos en condiciones ideales. De lo contrario, necesitarán un poco de práctica y tolerancia.

Adaptación de Linda Goodman

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