Hombre LEO Mujer CAPRICORNIO

Él bullía de vitalidad y también estaba embriagado de petulancia. ¡Acaso no soy un prodigio, oh, sí soy un prodigio! —le susurraba a ella, y aunque ella pensaba lo mismo se alegraba realmente de que nadie lo oyera, en bien de su reputación. La de él. El hombre Leo cree ser, con creces, el hombre más práctico que se conoce. Sea cierto o no, esto es lo que cree. Se mira en el espejo, y la imagen que ve reflejada es la de un héroe apuesto, sereno e impávido, que evidentemente reúne todas las virtudes. Ésta es la imagen lisonjera de sí mismo que tiene presente en todos sus tratos con los menos agraciados por la suerte. Entonces se enamora de una chica capricorniana. Súbitamente, sin advertencia previa, se siente torpe, desmañado, patoso, impulsivo, poco práctico… quizás incluso un poco ridículo. Para un León, ésta es una mezcla de sentimientos muy desagradable. Naturalmente, no confiesa enseguida que está muy ofuscado en su presencia. ¿Qué, preocuparme yo? La ofuscación empieza cuando intuye esta extraña «actitud didáctica» de ella. ¿O acaso es una actitud crítica? No termina de saber si lo hace sentir como si estuviera tratando con su madre, con su maestra de cuarto grado, o con su hermana mayor, que siempre lo subestima. ¿Acaso le recuerda a su padre cuando…? No, claro que no. Qué tontería. ¿Cómo es posible que una chica tan dulce le recuerde a su padre? Pero vacila, a medida que ella empieza a confiarle plácidamente sus opiniones acerca de la contraposición entre el arte abstracto y los clásicos, las razones por las cuales está resuelta a visitar Europa, cuáles son los defectos de los sistemas educacionales modernos, los motivos por los cuales piensa que construir tu propia casa es una experiencia más apasionante y completa que comprar o alquilar una concepción ajena de la vivienda… y posiblemente lo que piensa sobre el aborto legal.

Él irradia un aire reconfortante y entonces su corazoncito sabía que la estimaban, seguridad ésta que los niños buscan tan desesperada y silenciosamente. Saturno les enseña a todos los capricornianos, desde la infancia, a comportarse correctamente en público, y nunca olvidan la lección. La mujer capricorniana intuye que si incurre en un despliegue público de emoción, la regañarán y se convertirá en blanco de la repulsa. Por tanto, el hábito del autocontrol se implanta cada año a mayor profundidad, ofendiendo a algunos… de modo que ella se pregunta penosamente, a solas, qué es lo que ha hecho mal. Ella no es la única. El León de nuestro ejemplo también se tortura al preguntarse qué es lo que él ha hecho mal. Si recapacita con escrupulosa introspección, comprenderá que cometió varios errores comunes con la chica Cabra: creer que podría metérsela en el bolsillo con la sola fuerza de su presencia; no demostrar el debido respeto por sus ideas muy sensatas y ya bien elaboradas acerca de cuestiones que revisten vital importancia para ella; y pretender que la complazca su oferta de moldearla, como si fuera un trozo de arcilla húmeda, para acomodarla a su imagen de la mujer ideal. Esta mujer no es un trozo de arcilla húmeda, a la espera de que el Leo la moldee. Está hecha de roca sólida, combinada con montículos de tierra (pero recuerden que la tierra también puede ser cálida y segura y protectora). Un cincel, o quizás unos cartuchos de dinamita, podrían cambiar (ligeramente) la estructura de sus pautas y hábitos mentales, pero estos elementos son los que menos hay que emplear. Ciertamente no la cambiarán los sermones imprudentes y arrogantes de un León presuntuoso, aunque en todo lo demás éste la estimule magnéticamente. (Leo representa para Capricornio la octava Casa del misterio sexual, entre otras cosas.)

Ella no está dispuesta a modificar su indumentaria, su peinado o sus opiniones por ningún hombre, ni siquiera por aquel del andar garboso y el fuerte atractivo de la jungla, que innegablemente hace que se le aflojen las rodillas cuando le sonríe, y que le contagia su depresión cuando ella intuye que está triste, ya sea que en razón de ello la Cabra exprese su compasión verbalmente o que no la exprese. Quizás él logre transformarla gradualmente —muy gradualmente— paso a paso. Pero puede olvidarse del cambio instantáneo. La chica capricorniana no hace nada instantáneamente. y las órdenes regias, aunque sean cariñosas, hacen aflorar toda su obstinación y refuerzan su voluntad que ya es de acero. Sin embargo, el carácter risueño y el aire de confianza del Leo la derriten más a menudo de lo que él supone, y al mismo tiempo la estimulan y disipan su melancolía de Saturno más de lo que ella confiesa. La Cabra lo escuchará atentamente cuando él hable de sus metas colosales y de sus ambiciones futuras. Ella está a favor de lo bueno y lo justo, así que su idealismo la complacerá… y está francamente a favor de la ambición de todas las formas y magnitudes. Cuanto más grandiosos sean los objetivos de él, más lo apoyará, aunque no vacilará en identificar cualesquiera defectos que amenacen quitarles valor práctico. Él deberá agradecer sus consejos sensatos y deberá hacer caso de su sabiduría instintiva, en lugar de resentirse. Las capricornianas tienen un don maravilloso para convertir los sueños en realidad. A la inversa, ella deberá dejarse guiar más a menudo por la valerosa personalidad de él, y escucharlo cuando le dice que atempere su cautela si no quiere que el pesimismo los sofoque a ambos. Hay placeres que sólo los conocen aquellos espíritus libres que siguen el canto de la alondra y que comprenden que la vida es más lírica cuando se corre un riesgo ocasional. El León nació sabiendo que el Reino de la Felicidad no está pavimentado con pólizas de seguro contra posibles desencantos y desastres. Él es un rey, y por lo tanto puede enseñarle los matices de la nobleza. Pero deberá conducirla desde las tenebrosas mazmorras del abatimiento hasta la luz del sol con ternura, y no con un fuerte empujón. El León enamorado de una chica capricorniana deberá grabar en su memoria la fábula de la tortuga y la liebre, aunque su desenlace pueda fastidiarlo, recordando que ella es la tortuga y él es la liebre. Él disfruta de la magia y el poder necesarios para asumir la forma y el comportamiento de una tortuga si realmente desea ganar la carrera. Pero la tentativa de azuzar a la tortuga no hace más que demorar su propio progreso, y no interrumpe la marcha lenta y deliberada de la capricorniana para cruzar la meta final. El tiempo es amigo de ella. Saturno. El Viejo Padre Cronos. Aún nadie le ganó. Es casi seguro que estos dos tendrán aproximadamente una discusión semanal por cuestiones de dinero. Qué derroche de horas de amor, y tan fácil de evitar. ¿Por qué discutir? Realmente a él no le incumbe saber cómo maneja ella su dinero, y a ella no le incumbe saber cómo lo gasta él. La solución sencilla consiste en que el León y la Cabra tengan cuentas totalmente separadas, por siempre jamás. Es posible que ella desee ganar su propio dinero, y él será tremendamente egoísta si se disgusta por ello. Si él quisiera compartir sus ingresos con ella después de casarse o comprometerse (porque Leo es generoso, a menos que tenga la Luna o el ascendente en Capricornio, Cáncer o Virgo), ella deberá aceptar la oferta con él mismo talante con que se la hacen, en lugar de adoptar una actitud petulante e independiente. Cualquiera que sea el sistema que elijan, ella deberá gozar de libertad para atesorar su dinero, para invertirlo como se le antoje, para contar los intereses de sus ahorros todas las noches si esto es lo que le place, sin que él la torture con sus sermones sobre la tacañería. Asimismo, él deberá gozar de libertad para confeccionar una corneta con billetes de un dólar, para repartir su dinero entre los necesitados, para comprar regalos extravagantes para sí mismo y los demás, para perder una fortuna en aras de un sueño o de una causa desahuciada, o para encender con papel moneda la lumbre en las heladas noches de invierno si esto es lo que lo hace feliz, sin tener que soportar las implacables miradas de desaprobación de la Cabra. No hay otro recurso.

La locura por el dinero asesina el amor. Sin embargo no es más que papel verde, ilustrado con 90 retratos de antiguos presidentes, chocantes piezas de metal, o cheques con imágenes de ocas silvestres y crepúsculos pintorescos, que también son… sólo papel. Únicamente el amor es auténtico. El dinero es una ilusión, un espejismo. Deberían repartírselo en la forma más equitativa posible, para luego olvidarlo. Hacer caso omiso de él. No discutirlo nunca. Como sus naturalezas son distintas, su relación física depende de los aspectos recíprocos que tienen sus luminarias, ascendentes y otros planetas en sus horóscopos. Si son desfavorables, es posible que a él le parezca que ella no responde a su apetito de afecto y sentimiento durante el acto amoroso… y es posible que ella no pueda expresarle su amor físicamente cuando él la haga sentir incompetente mediante las críticas que formula a su comportamiento sexual, que quizá no es suficientemente fogoso o demostrativo para el gusto del León. Esto producirá dos efectos infortunados: destrozará el corazón de la capricorniana y congelará sus emociones.

Hay unas pocas (muy pocas) capricornianas cuyos hábitos sexuales han quedado patéticamente desquiciados después de que sus familias les hicieron sentir alguna forma de rechazo, el cual siempre implica una grave lesión psicológica para la Cabra. Este tipo raro de capricorniana insensible acepta el acto sexual con la misma naturalidad con que acepta un apretón de manos, actitud ésta generada por el lado negativo de la influencia de Saturno, que endurece simultáneamente sus emociones y su conciencia. Ejecuta los movimientos mecánicos de la conducta erótica y deja a sus compañeros con una sensación de frío y vacuidad, aunque no de tanto frío y vacuidad como los que experimenta ella. Inconscientemente, recurre al sexo para obtener favores, o algo que necesita, y genera una distorsión del sentido práctico positivo de la esencia del «yo utilizo», típica de Saturno. Pero es difícil que este tipo de chica Cabra atraiga al León orgulloso y celoso, y la gran mayoría de las capricornianas simbolizan lo opuesto de la promiscuidad: la timidez romántica y la fidelidad sexual. Si existe un aspecto armonioso entre determinados planetas, incluidas las luminarias, de las cartas de un hombre Leo y una chica Capricornio, su expresión sexual puede convertirse en un éxtasis perdurable cuando él aguarda que las emociones reprimidas por Saturno se liberen gradualmente, a medida que ella aprende a confiar en él. Entonces su unión física tendrá una nueva y trémula dimensión de ternura. El será recompensado con la certidumbre de que ha avivado la asombrosa magnitud de la pasión latente de ella, que a partir de ese momento sólo será compartida con él. Para el León no hay un bálsamo tan sedante como el saber que sólo él posee la sexualidad secreta de su mujer, una parte de su personalidad íntima que no le ha revelado a nadie más que a él. Ella debería insertar una tarjetita en su libreta de ahorros (donde seguramente la verá a menudo) con la inscripción: No ahogues su entusiasmo y generosidad con un exceso de pesimismo, depresión o cautela innecesaria, y nunca hieras su dignidad y orgullo con críticas frías, que él interpretará como un rechazo.

Él debería insertar una tarjetita en el espejo de su auto (donde seguramente la verá a menudo) con la inscripción: Sé amable y respetuoso con su familia, reprime tus sermones y trata bondadosamente su manso corazón. Comprende que su conservadurismo emana del miedo interior a la pobreza y la soledad: un obsesivo recuerdo kármico. No olvides que necesita aún más que tú los cumplidos y la estima sinceros, y recuerda que sólo finge disgusto por el sentimentalismo y los abrazos de oso. Pensándolo mejor, la tarjeta del León deberá ser muy grande. Quizá de veinte por veinticinco. Con un marco de oro. Oro de veinticuatro quilates, para dejarlo contento. Antiguo, para dejarle contenta a ella. La capricorniana se siente más segura en contacto con antigüedades de una época más estable, confeccionadas por maestros artesanos que amaban su trabajo. Esto da a entender cuál es el tipo de regalo que él podrá hacerle en el aniversario del día en que se conocieron. Es posible que ella nunca lo mencione, pero recuerda la fecha. La anotó en su diario, que después ocultó bajo el colchón junto con la primera carta de amor de él. De la que él cree que se deshizo. Debería conocerla mejor. La capricorniana nunca se deshace de nada auténticamente valioso. De él depende que su amor por ella se cuente entre las cosas de valor.

Adaptación de Linda Goodman

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