Hombre LEO Mujer ACUARIO

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No se engañen. El León quedará tan perplejo y confundido como un hombre «común» ante el lenguaje inusitado y el comportamiento singular de la chica Acuario. Pero su reacción será típica de Leo. Simulará no haberlo notado. Una franca manifestación de desconcierto podría indicar debilidad, así que aparentará tomar sus excentricidades como si tal cosa, con un aire sereno e imperturbable, un poco benévolo (aunque ligeramente condescendiente). Si ella opta por llamar «dedal» a un beso, él hará otro tanto. Y su lánguida naturalidad será tan convincente que ella no sospechará jamás que el León se quedó alelado, un momento antes de recuperar el control de sí mismo. El León nunca puede dejar entrever que lo tomaron desprevenido, y menos aún que se quedó alelado. Si ella le informa que desea cultivar chirimoyas en el jardín del fondo, él bostezará, y le dirá que lo va a pensar y que le contestará más tarde. Al día siguiente, será un experto en chirimoyas. Cuando la Acuario le pida que no olvide comprar yogur en el viaje de vuelta a casa porque necesita llevarlo consigo cuando vaya al estudio del fotógrafo, es posible que él se muera de ganas de saber qué relación existe entre el yogur y la cámara, pero no se lo preguntará. Al día siguiente, antes de que él la lleve a sacarse la foto, ella le pedirá su opinión. «¿Debo usar el yogur antes de llegar allá?» Su respuesta será displicente. «¿Por qué no?», comentará parsimoniosamente, sin revelar su total desconcierto. (¿Usarlo?) Exhalará un suspiro secreto de alivio cuando descubra que lo usa como crema facial. Había empezado a preguntarse si ella necesitaba realmente un tratamiento psiquiátrico. Tampoco arqueará la ceja cuando encuentre en el congelador de la nevera un jarrón oriental, lleno de lápices recientemente afilados. Para entonces ya habrá aprendido por lo menos una parte de la clave de la combinación que protege sus procesos mentales, y le resultará bastante fácil descifrar el enigma. Supondrá que ella cree que los lápices escriben mejor cuando el grafito está helado. Ha empezado a conocerla. Así es. Dejan un trazo más limpio y nítido sobre el papel. Él nunca se delatará y no se pondrá pálido cuando ella se arroje entre sus brazos, llorando desconsoladamente y gritando: «¡Ha muerto! ¡ha muerto!». La tranquilizará lo mejor que pueda, con la esperanza de que ella no sienta los latidos frenéticos de su corazón, hasta descubrir gradualmente que «él» es la lagartija del jardín, y con la que se había encariñado mucho. No importa que ella pegue con cola el dobladillo de sus faldas, ni que se enjuague el cabello con cerveza para hacerlo brillar, ni que disfrute de la sensación mística de ducharse con la luz del baño apagada —y con una vela solitaria prendida en el lavabo—, ni que corra a la cocina para coger el frasco de extracto de vainilla y se lo frote detrás de las orejas antes de que salgan a cenar porque ése es su perfume favorito. Él no hará caso de nada de esto. Manifestar una sorpresa espontánea está por debajo de su dignidad. Implica que puede haber algo que él ignora, y puesto que un Leo lo sabe todo, lógicamente, ¿cómo es posible que alguien le sorprenda?

Esta chica puede sorprenderle, lo demuestre él o no. Lo deja turulato. Nunca ha conocido a alguien como ella. La chica Acuario infringe todas las reglas, no se ciñe a un modelo previsible y lo mantiene en suspenso casi continuamente. Por supuesto, el hecho de que él se niegue a manifestar abiertamente su desconcierto, sólo servirá para redoblar el empeño de ella en encontrar la forma de asombrarlo… pues desea saber cómo es él cuando pierde el aplomo. La fascina que un hombre pueda ser tan imperturbable, tan apáticamente confiado, tan inmune a que lo tomen desprevenido. No es extraño que la astrología lo llame el gran gato, musita. Este apodo lo describe perfectamente. Siempre alerta, siempre vigilante. Consciente del menor atisbo de peligro para su bienestar y su «orgullo», y pronto a abalanzarse el primero sobre dicho peligro, antes de que éste se precipite sobre él. Me parece que el León merece el título de Rey de la Jungla. Ella no puede dejar de admirarlo, pero esto no detendrá sus tentativas de hacerle perder la compostura, de alterar su dignidad y de desbaratar su porte majestuoso. Ha oído decir que él pertenece a un signo de Fuego, y sabe que hay rescoldos ocultos debajo de su plácido autocontrol y de sus movimientos garbosos. Le gustaría avivar las llamas para hacerlas saltar a la vista. Podría ser emocionante, piensa. También podría ser imprudente. Él no es un gatito sino un gato, y existe una gran diferencia entre los dos. Aunque este hombre puede ser juguetón, aunque su naturaleza es cálida, radiante y adorable… se trata de un sobreviviente. Cualquiera que intente ponerlo en ridículo recibirá una fulminante y tremenda lección acerca de lo que es la ley personal de Leo en la jungla de la sociedad humana. Noble, generoso y afectuoso, a menudo afable, hará valer empero su autoridad, remontándose a las cumbres feroces de su regencia Solar, cuando lo amenacen. Y nunca se someterá a la derrota o el fracaso. Al fin, triunfará. Leo no es cruel, pero tampoco es blando ni humilde, apocado o sumiso. No malgasta inútilmente su magnífica energía, pero cuando tiene una causa justificada, disfruta de la fuerza necesaria para imponer su voluntad, y en esas ocasiones se torna decididamente dramático. El León no retrocede jamás, aunque desdeñe derrochar sus emociones en asuntos que considera demasiado minúsculos y triviales para merecer su atención. Durante la mayor parte del tiempo, organiza sus reacciones emocionales tan bien como organiza todo lo otro que lo rodea.

Este hombre y esta mujer se encuentran bajo la influencia de la vibración polarizada de la configuración de signos solares 7-7, de modo que sus ideas son a menudo diametralmente opuestas… y es posible que muchas veces se sitúen en los dos extremos del termómetro emocional. Sin embargo, esta oposición de sus signos solares en la rueda del horóscopo puede contribuir a equilibrar el doble e idéntico desafío masculino de sus personalidades. Ambos nacieron bajo signos fijos (obstinados) y masculinos. Además, el Sol regente de él es masculino (¡y mucho!) y el planeta regente de ella, Urano, también lo es. Esto genera en torno de ellos muchas vibraciones positivas, agresivas y tenaces… y exige patentemente que ambos se esfuercen por incorporar a su relación algunas de las cualidades llamadas «femeninas», como la pasividad, la ternura, la paciencia y la tolerancia. Ella no entiende por qué él está tan vitalmente preocupado por su propia imagen, cuando ella lo está por toda clase de cosas ajenas a su persona, como corresponde a su elemento Aire. La vanidad de él la deja atónita. Lo mismo que la forma en que se enfurruña cuando no le tributan el respeto del que se cree acreedor. Ella es considerablemente más informal en su aspecto… y pocas veces se le ocurre preguntarse lo que piensa la gente. y menos aún inquietarse por ello. No necesita que la respeten. Ella se respeta a sí misma. ¿y acaso no es esto lo único que importa: lo que piensas de ti mismo, y no lo que los otros piensan de ti? Ésta es una de las diversas lecciones impagables que ella podría dictarle a su León si él olvidara su orgullo durante el tiempo necesario para comprender que sería mucho más feliz si asimilara parte de la sabia filosofía de Urano.

Ella también puede aprender de él cosas importantes. La principal es el autocontrol. Sus súbitos impulsos y ciclones de emoción pueden determinar que la fogosa naturaleza interior de él estalle, hasta que ninguno de los dos pueda discutir nada con serenidad. El Aire tiene la facultad de avivar el fuego hasta el frenesí, pero también puede hacerlo arder con más brillo, y es indudable que ella lo estimula igualmente de una manera positiva. La mujer Acuario típica parece buscar exteriormente sólo la tranquilidad, la paz y el sosiego. Muchas Aguadoras son damas parsimoniosas, de modales apacibles. Hasta que de pronto, sin la mínima advertencia, y sin siquiera una provocación concreta, desencadenan una escena tormentosa, arrojan algo a través de la habitación o por la ventana, o cuanto menos, cierran violentamente la puerta, le echan llave, corren las cortinas y viven como ermitañas durante un lapso que oscila entre algunas horas y algunos días. Pero es un error que se enfurruñen, porque en esto nunca le ganarán al León. El hombre Leo es un experto imbatible en la estrategia del enfurruñamiento cuando lo agravian o lo hieren. Ella no puede superarlo en este contexto. Es el campeón. Como a menudo el León asocia inconscientemente las emociones poderosas (tanto positivas como negativas) con el deseo sexual, uno de los elementos más sorprendentes de esta relación puede ser la forma en que una reyerta, incluso violenta, renueva sus anhelos recíprocos, y culmina con la consumación de la necesidad tácita. Hay algo de feroz y primitivo en el tipo de acto amoroso que exige silenciosamente que la pasión de la mente y las emociones se rinda a la pasión del cuerpo. Después, parece reinar la calma que sigue a la tempestad, cuando todo está nuevamente en paz y sosegado… más fresco y dulce que antes. Por mucho que sus personalidades forcejeen y choquen en otras áreas de su convivencia, estos dos pueden contar casi siempre con el hecho de que la armonía renacerá entre ellos cuando la expresión sexual del amor le devuelva al hombre Leo su personalidad de León… y cuando ella deje de ser su adversaria para convertirse en su compañera: la criatura desafiante a la cual él debe demostrarle su igualdad o su superioridad.

Él preferiría que fuera esto último, pero ahorrará muchas energías para otros intereses vitales si se conforma con aspirar a lo primero, en su relación con esta dama. La química sexual que comparten es tan magnética que generalmente resiste, indemne, las otras tensiones de su relación (a menos que existan aspectos muy negativos entre los ascendentes y las luminarias de sus cartas natales). Por supuesto, habrá ocasiones en que el orgullo de él se sentirá profundamente herido por la periódica incapacidad de ella para ser tan afectuosa como al León le gustaría que fuera. Leo necesita que sus actos amorosos se combinen con una fuerte dosis de calor y ternura… y es posible que a veces ella sea involuntariamente fría o desapegada. La personalidad interior de ella vibra en concordancia con el elemento Aire, que nunca puede competir que el ardor o el fulgor de las influencias del Fuego solar que guía las pasiones sexuales de su hombre Leo. Pero el León puede consolarse con la idea de que probablemente ella es más cálida con él de lo que podría ser con cualquier otro, porque su oposición 7-7 hace aflorar toda la entrega vehemente que ella es capaz de aportar a la unión física. Es probable que estos enamorados se cubran recíprocamente de regalos valiosos y de sorpresas demenciales en los momentos más inesperados. Ambos se sentirán refrescados y estimulados y excitados por el cambio, los viajes y los proyectos creativos que puedan planear juntos. Ambos deberán cuidar que la tendencia de ella a congregar multitudes de amigos de ambos sexos en su círculo privado no ofenda al León. Leo arde interiormente de celos durante mucho, mucho tiempo, antes de que éstos se desahoguen en forma de cólera. Él nunca podrá reprimir la necesidad de ella de ser como es. A esta mujer hay que permitirle que obedezca a sus impulsos, y hay que estimularla a ello, porque si no se desquiciará su carácter normalmente alegre. Tiene un espíritu libre y espontáneo, como todos los Acuario, y el hecho de sofocar esta cualidad de Urano puede generar una grave neurosis. El León también puede convertirse en un ser neuróticamente apático, si no recibe con regularidad la atención que necesita. Ella tiene su mente ocupada con tantas cosas, que puede olvidar de vez en cuando que él está allí. Será mejor que lo recuerde.

Desentenderse demasiado a menudo de un Leo implica perderlo con certeza. Él se congelará hasta convertirse en un carámbano… y siempre hay alguien que espera ahí fuera para deshelarlo con su sincera estima. Como los entendidos dicen que al sabio le basta con una palabra, y como la astrología nos dice que Leo es sabio, he aquí unas pocas palabras que bastarán para aconsejar al Leo que ama a una Aguadora. En varios capítulos sobre Acuario les he advertido a diversos signos solares que es prudente que, si pueden, procuren ser el primer amor de un Acuario. Los Acuario siempre recuerdan con nostalgia su primer amor (que probablemente fue una amistad platónica). Pero hay otras buenas razones. La siguiente letanía surgida de la pluma de Dorothy Parker describe en forma bastante concisa el aprieto romántico, típico de Urano, de una Aguadora: Oh, qué galante fue el primer amor… y refulgente y bello el segundo amor fue agua… en una blanca copa translúcida el tercer amor fue suyo, el cuarto fue mío y a partir de allí, siempre los confundo a todos. Pensándolo mejor, el Leo debe tratar de ser el tercer amor de esta dama. Sí, categóricamente, el número eres para el León. Y punto final. A partir de allí se vuelve muy peligroso. La refulgencia y la copa blanca son éxtasis pasajeros. Y el número cuatro está fuera de cuestión para cualquier Leo. El tres es el número mágico. Lo que debe hacer después es encerrar bajo llave el ábaco chino de ella… y deshacerse de la llave.

Adaptación de Linda Goodman

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7 Comments

  1. no puede ser más acertado este texto, pero aun tengo la duda, la mujer acuario es fría, o le gusta que el hombre leo sea romántico y cariñoso? , muy lindo trabajo,saludos…

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  2. yo soy acuario, mi primer amor fue un leo con luna en acuario, nunca le olvidaré, nunca me gustará alguien tanto como él, nunca la atracción alcanzará niveles tan estratosféricos, me aparté de él porque no conseguía dejar de hacer lo que él quisiera, estaba totalmente a su antojo , me dominaba con una sola mano. De eso hace muchos años y ahora vive muy lejos de mí, hace poco me contactó despues de diez años para nada como siempre, para recordarme que siempre estaré a sus pies y entonces cambié de numero de telefono para que ya no pueda encontrarme nunca más. Una historia imposible pero de verdad espero que cada ser humano tenga la posibilidad de sentir eso, esa atracción tan estratosférica, absolutamente mágica

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