La relación LEO-SAGITARIO

Leo es un signo fijo. Sagitario es mutable. Como ninguno de los dos nació bajo un signo cardinal de liderazgo, es lógico pensar que tarde o temprano deberían darse cuenta de que ninguno de los dos puede ganar definitivamente en el juego competitivo encaminado a resolver quién ha de mandar y quién ha de obedecer, y que deberían desistir por tanto de un conflicto extenuante que les quita mucho tiempo que en otras condiciones podrían dedicar a hacer muchas cosas placenteras, juntos, solidariamente. Es lógico pensarlo, pero aunque hay muchos Leones, Leonas y Arqueros que adoptan esta actitud sensata respecto a su asociación, hay muchos otros que insisten en consagrar todas sus llameantes energías (ambos son signos de Fuego) a determinar cuál de los dos debe recibir (o no recibir) órdenes del otro. Igualmente, aun en estos casos, los desafíos mutuos que se intercambian tienden a ser cordiales y benévolos, porque sobre Leo y Sagitario influye la configuración de signos solares 5-9 de la empatía natural y la armonía fácil de alcanzar (no siempre, pero sí la mayoría de las veces), de modo que las chispas que se arrancan al rivalizar suelen generar no tanto un resentimiento envidioso como una especie de euforia refrescante. Si les gusta tanto competir, ¿por qué no dejar que se diviertan? Será mejor que les concedamos nuestra autorización personal y astrológica, porque de todos modos estos dos harán a la larga lo que se les antoje. Ambos son independientes, y prefieren aprender mediante la experiencia que les dan sus propios errores y no mediante los consejos de personas bienintencionadas.

Cuando estos dos signos masculinos hacen chocar sus temperamentos, ya sea por decisión propia (en una amistad o relación amorosa) o por designio del Destino (como parientes dentro del círculo familiar o como socios forzados a la contigüidad profesional) los espectadores disfrutan casi tanto como los dos participantes. Leo nació para mandar, enseñar, guiar y aconsejar. Nació libre. Sagitario nació para rebelarse contra las órdenes, y se niega a que le enseñen, lo guíen o lo aconsejen… ¡y también nació libre! Evidentemente, aunque su relación sea plácida durante la mayor parte del tiempo, habrá momentos en que alguien deberá ceder. No será Leo. Y no será Sagitario. Es lícito decir que los Leones y los Centauros representan el colmo del empate eterno. Si sus luminarias están en un aspecto favorable entre sus cartas natales, la fusión de sus auras superbrillantes crea a menudo un arco iris casi visible en torno de estos dos, y colorea sus choques con los tonos suaves del perdón y el recomenzar. A Sagitario lo rigen y lo marcan la generosidad y el idealismo expansivos de Júpiter. A Leo lo rige y lo marca la calidez benévola del mismísimo Sol. De modo que disponen de una plétora de entusiasmo contagioso y de afecto genuino que afortunadamente pueden intercambiar, si lo desean, con fuerza suficiente para propulsarlos a chorro hacia cualquier meta o ambición aparentemente inalcanzable que anhelen como individuos o como equipo. Descontando sus reyertas acaloradas, Leo y Sagitario pueden suministrarse el uno al otro, y pueden suministrar al mundo, mucha felicidad, estimulados por sus personalidades igualmente fogosas. Cuando están juntos fluye un cúmulo de actividad y energía vibrantes, más una dosis considerable de benevolencia.

El nombre del dragón belicoso más feroz que amenaza el sosiego de esta compatible combinación 5-9 estará escrito en letras llameantes de fuerte color rojo: ORGULLO. Por lo general el Sagitario típico ignora beatíficamente el significado de esta palabra. Es posible que los Arqueros sean quisquillosos y valientes; es posible que no se dejen atropellar por los mandones, pero la verdad es que no están obsesionados por el falso orgullo. ¡Festejan alegremente los chistes que recaen sobre ellos, y a menudo son ellos mismos quienes los cuentan! Gracias a la actitud filosófica de Júpiter, los Sagitario no ven ningún motivo para sentirse culpables o avergonzados, sólo porque la casualidad quiere que tengan algunos defectos. ¿Acaso no todos los tienen? No. Todos no. Los Leo no tienen absolutamente ninguno. Bastará con que se lo pregunten. Ningún defecto. Ninguna imperfección. Los Leones y las Leonas no pueden cometer ningún traspié. Todo lo que dicen o hacen es correcto. Siempre. Los monarcas son infalibles, están a salvo del error. Los juicios de Leo son siempre cabales, sensatos y sabios. También prácticos. Y naturalmente, superiores a todos los otros juicios. Esto lo saben todos. Todos menos Sagitario. Al Arquero le encantará machacar los mullidos cojines aterciopelados del orgullo de Leo con poderosos ganchos verbales de derecha, una y otra vez. Cuanto más maltrecho esté el orgullo de Leo, tanto más fuertes serán los rugidos del León o la Leona. Como ocurre siempre en que el fuego aviva al fuego, los rugidos arrogantes de Leo inflamarán entonces el carácter «expansivo» de Júpiter, y la situación podrá tornarse explosiva.

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Las posibilidades de compatibilidad armoniosa entre Leo y Sagitario son potencialmente tan ricas y gratificantes, que es en verdad una pena que los Arqueros las estropeen al negarse a entender la necesidad de pensar constante y cuidadosamente que cuando se clavan demasiadas espinas en la zarpa del León, es posible que éste se aleje definitivamente, herido e indignado. El León macho no soporta que lo coloquen en la posición mortificante de tener que explicar su conducta a los demás. Ni siquiera a su esposa. A los Leo de uno y otro sexo les duele tener que disculparse, sobre todo cuando la trasgresión fue provocada por «la travesura inocente» de terceros y él o ella debe cargar con la culpa inmerecida. Si el hombre o la mujer Sagitario tiene cuidado de no cruzar el límite de seguridad en su trato con un amigo, pariente, socio, amante o consorte regido por el Sol, la propensión de Júpiter a colocar un espejo delante de las imperfecciones y los errores ocasionales de Leo (sí, incluso los Leo pueden tenerlas y cometerlos, a pesar de toda su superioridad) constituye un hábito saludable. Ayudará gradualmente a que el León y la Leona distiendan un poco sus modales altaneros y adquieran la indispensable cualidad de la autoevaluación realista. Siempre que Sagitario lo haga con una pizca de tacto (lo cual probablemente requerirá algo más que un poco de práctica). La sinceridad contundente de Sagitario, cuando está razonablemente controlada, es una bendición encubierta para los Leo. Los grandes gatos se hacen más tolerantes y más tratables, una vez que han relajado su envarado orgullo, y pueden convivir más afablemente con los animales inferiores.

Por supuesto, los Arqueros son culpables de lodos los desatinos cometidos en esta asociación. Los Leo también son responsables de algunos pocos errores de juicio, en el trato con los joviales pero decididamente tercos Sagitario. Por ejemplo cuando pronuncian esas largas disertaciones, recitadas con un aire muy petulante y pagado de sí mismo. El Arquero típico se muestra ostensiblemente fastidiado cuando lo obligan a soportar las reiteradas sesiones de asesoramiento de un gatito pedante, hasta que después de un tiempo, ¡ZING!. sale disparada una de esas certeras flechas impregnadas de verdad que hace blanco en el vulnerable ego del León o la Leona. «Si eres tan listo, ¿por qué casi te dieron calabazas en la escuela secundaria? Sólo te diplomaste en la universidad porque tu padre era amigo del decano.» O quizás: «Es posible que yo no sepa mantener equilibrada una cuenta bancaria, como dices, pero por lo menos no me fui tres veces a la quiebra, como tú». A lo mejor: «¿Y a mí qué me importa si te avergüenzo cuando hablo demasiado delante de tus amigos? Casualmente, tú también me avergüenzas, con esos chistes gastados que cuentas una y otra vez, hasta hastiar a todos, con esa forma de fanfarronear constantemente… y con esas ropas llamativas que usas. Pareces un pavo real posado en un granero. Y realmente deberías dejar de comer alimentos con tantas grasas. Se te empieza a formar un rollo de gelatina alrededor de la cintura. Si no puedes dejar de llenarte la boca, por lo menos deberías correr unos kilómetros cada día, como yo. O jugar de vez en cuando al tenis conmigo. A tu edad, no puedes darte el lujo de ponerte tan fofo».

Leo no tardará en aprender a respetar el sentido de individualidad del Arquero, y a reconocer que éste necesita expresarse libremente, sin la restricción de los consejos constantes. Los Leones y las Leonas aprenden rápidamente, y Sagitario es un domador implacable y dotado de gran agilidad verbal. Leo, por ser un signo fijo, es más terco que Sagitario. Y por eso, después de que uno de ellos ha despertado emociones melancólicas en el otro, casi siempre debe ser el Arquero quien inicia la reparación de una grieta temporal que ha aparecido en la relación. De lo contrario, aquella puede trocarse en una creciente frialdad que tardará bastante en fundirse. Los Leo tienden a congelarse en un bloque de fría dignidad cuando los agravian, pero finalmente el calor de dos signos de Fuego derretirá sus corazones helados, sobre todo cuando se trata de dos corazones tan grandes y tan entibiados por el Sol y por Júpiter como lo son los de Leo y Sagitario. Cuando sus heridas hayan cicatrizado, Sagitario adquirirá la virtud de dirigir la flecha de la verdad de Júpiter hacia un blanco más meritorio, como puede ser el conferir a Leo el muy anhelado don de la valoración sincera y el respeto justo… en tanto que el León o la Leona comprenderá en forma lenta pero segura que, si bien es posible que los Arqueros se compliquen impulsivamente en un sinfín de líos por no hacer caso de los consejos, también están dotados de asombrosas rachas de buena suerte, en razón de lo cual se apañan a menudo inesperadamente para encontrar un final feliz a sus propias historias… si les dispensan lo que ellos más anhelan. O sea, sencillamente, confianza.

Los Sagitario desean secretamente el asesoramiento práctico y benévolo de los Leo (cuando no asume la forma de órdenes), y también necesitan la red resistente de la protección de Leo para que los sostenga cuando caen de los trapecios voladores, así como los nobles reyes y reinas de la jungla (y de otras partes) se sienten secretamente emocionados por las pintorescas acrobacias del Arquero, admiran la integridad de Sagitario… y reaccionan cálidamente ante la fe inconmovible de Júpiter. Cuando estos dos signos solares valientes y generosos eslabonan sus ideales en una cadena de cooperación, y después los sueldan con el paciente reconocimiento de sus respectivas necesidades de independencia, nunca lloverá sobre el desfile de su circo.

Adaptación de Linda Goodman

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