La relación LEO-ESCORPIO

Empecemos con un elemento positivo. Algo que Leo y Escorpio comparten es un sincero respeto mutuo. Como he dicho antes, todos los signos de Fuego (y los Leo no son la excepción a la regla) comprenden instintivamente que los abismos líquidos de Escorpión pueden ahogar su rutilante entusiasmo… así como todos los signos de Agua, incluido Escorpio, comprenden instintivamente que si permiten que las llamas de Leo ardan incontroladamente, dichas llamas podrán estar peligrosamente próximas a deshidratar su sensibilidad, hasta hacerlos desaparecer parcialmente… si no por completo. Un Escorpio preferirá partir arrastrándose por la oscuridad de la noche con tal de no enfrentar la deshidratación final a manos de un consorte, pariente o amigo Leo. Los Escorpio tienen instinto de conservación. Mucho. Ambos signos solares son de naturaleza fija y alimentan un deseo secreto de dominar. Bueno, por lo menos en el caso de Escorpio, el deseo es secreto; en el del León es más o menos obvio, excepto cuando se trata de un Leo que sofoca su ego natural, lo cual es muy insalubre. Los observadores informales de esta pareja reciben la impresión de que Leo deberá asumir finalmente el control, porque el León o la Leona no oculta en absoluto que se propone dominar la relación. Pero no todos los observadores informales son astrólogos. Si lo fueran, tendrían la precaución de no subestimar las tácticas sutiles, a largo plazo de Escorpio el poder que se conquista ocultando las propias intenciones, la eficacia del ataque por sorpresa en el momento menos esperado.

Aconsejamos realizar cálculos cuidadosos antes de pronosticar el desenlace de una asociación entre estas dos criaturas astrológicas: en la oficina, en el círculo familiar o en la escena conyugal. El Escorpio es sensible, y por tanto intuirá cuándo está herido el orgullo de Leo. Entonces será inmensamente reconfortante y protector… si el que lo ha herido ha sido un ajeno. Cuando la lesión la ha infligido el mismo (o la misma) Escorpio, es posible que Leo piense que Atila el Huno sería más compasivo. El único culpable eres tú, Leo. Te he repetido hasta el cansancio que cuando los Escorpio se enfadan, se enfadan en serio. Clavan el aguijón, como represalia. Cuando Escorpio está furioso, está furioso, y es imposible aplacarlo con Magos. Tampoco servirá de nada alejarse hasta que amaine la tormenta. La cólera seguirá bullendo cuando vuelvas. Como los Escorpio no son muy tolerantes, la única forma segura de tratar con uno de ellos sin que te pique consiste en tener la precaución de no hostigar a la persona regida por Plutón hasta el límite de su paciencia ni con demasiada frecuencia. Infortunadamente, Leo no aceptará a menudo este consejo. Sólo los cobardes pisan con cautela cuando andan cerca de los Escorpiones. El carácter orgulloso y temerario de Leo desprecia tamaña prudencia, y por eso el León se desenfrena a menudo, y al diablo con todo. Una sugerencia amistosa: Mucho ojo. Es posible que efectivamente el diablo se lo lleve todo.

Paradójicamente, la relación entre niños y adultos, emparentados o no, en esta configuración 4-10 específica, es a menudo muy estrecha, incluso conmovedora. Hay un elemento obsesivamente paternal o maternal en la actitud del Leo o Escorpio mayor respecto del Escorpio o Leo menor. Es regocijante presenciarlo y delicioso experimentarlo. Quizás esto se debe a que el Leo joven aún no ha tenido tiempo de adquirir su feroz orgullo, y por tanto no lo irritan los vehementes gestos protectores del Escorpio adulto. Y también es posible que las Águilas jóvenes aún no hayan desarrollado plenamente la naturaleza vengativa de Plutón, y por tanto pueden aceptar con más benevolencia el histrionismo de Leo. Sin embargo, a medida que pasen los años, estos dos tendrán que hacer un mayor esfuerzo para entenderse armónicamente. Conozco a un chico Escorpio que entabló una estrecha relación con un hombre Leo. Éste último era como un hermano mayor para el muchacho, cuyo propio hermano mayor Acuario capeaba en esa época las tormentas de la adolescencia, y por consiguiente lo trataba con desapego. Cuando un Escorpio encuentra algo o a alguien digno de respeto, nadie puede ser más respetuoso que un Águila joven, y el chico Escorpio, encontró mucho para respetar en su compañero Leo de más edad, el León, le enseñó paciente y afectuosamente al chico cómo se caza una lagartija con un cordel, para luego soltarla cerca de un estanque con peces; cómo se remonta una cometa y se la hace revolotear entre las nubes cual si fuera… bueno… ¡cual si fuera un águila!

Le contaba historias de los personajes de Tolkien, con efectos sonoros; contestaba con mucha seriedad sus preguntas acerca de la forma en que funciona la manija de la puerta de un auto; e incluso advertía severamente a la madre del chico que éste no era su esclavo por el solo hecho de ser menor que ella, que merecía ser tratado con consideración, y que debía pedirle —y no ordenarle— que le hiciera los mandados. Todo esto se implantó lenta pero inexorablemente en el inconsciente de Plutón. Hasta que llegó el día en que, cuando se hallaban juntos sobre una roca a orillas del océano, apareció súbitamente una ola gigantesca, que los rodeó por completo. Si el León no hubiera retenido fuertemente al chico, éste, que no sabía nadar, habría sido arrastrado. El episodio selló su relación. El chico estaba convencido de que su amigo Leo le había salvado la vida, y se mostró dispuesto a venerarlo por los tiempos de los tiempos. (¡He aquí algo de lo que los Leo no se hartan nunca!)

Más tarde, el León debió partir, por razones ajenas a su voluntad. Su ausencia se prolongó durante casi siete años. A medida que transcurrían los años, el chico Escorpio dejaba atrás su infancia, pero en todo ese tiempo su ferviente lealtad por el León lejano no flaqueó ni una vez. Aunque no hubo absolutamente ninguna comunicación entre los dos, el Escorpio no aceptaba que hablaran mal de su amigo. Sabía que tenía un buen motivo para permanecer lejos, así como sabía que volvería. Y un día… volvió. Escorpio casi nunca se equivoca al juzgar el carácter de las personas. También conozco a una chiquilla Escorpio, que siente lo mismo por su auténtico hermano consanguíneo, un León al que le tributa una total adoración. Esto le encanta al gran gato, por supuesto, y el cariño es mutuo. Lo mismo sucede cuando Leo es el menor y Escorpio el mayor. Ambos signos solares protegen instintivamente al más débil. Entre los regidos por el Sol y los regidos por Plutón existe una relación de «todo o nada». Ni el Águila ni el León o la Leona pueden abordar el afecto con displicencia. Estarán apasionadamente unidos…o se desentenderán el uno del otro. Para estos dos no existen los términos medios, cualquiera sea la naturaleza de su relación. Siempre es o todo o nada.

En las combinaciones Leo-Escorpio menos afortunadas, es posible que la atracción inicial dure menos de lo que ambos previeron al principio. El desencanto no tardará en hacerse sentir si uno de ellos tiene un signo lunar incompatible, porque la actitud del «siempre tengo razón», propia de Escorpio, aunque sea tácita, frustrará primero, e irritará después, a Leo. Escorpio no necesita expresar verbalmente su superioridad. Basta una larga y dura mirada de frío aplomo para proyectar muy claramente el mensaje. Entonces el resentimiento de Leo podrá parecer injusto, porque éste es un experto igualmente reconocido en lo que concierne a la convicción de que tiene el privilegio de la infalibilidad… de que siempre tiene razón en tanto que los demás siempre están equivocados. (Sin embargo, quién sabe por qué, el León o la Leona nunca está tan seguro de ello como el Escorpio.) Las petulantes actitudes de superioridad de estos dos son tan parecidas que se podría pensar que deberían ser más tolerantes con sus respectivos egos, pero no siempre es así. En una relación humana, sólo queda margen para que una sola persona tenga siempre razón como siempre la tienen (o creen tenerla) Leo y Escorpión.

La fijeza de ambos signos no ayuda. Fijeza es sinónimo de empecinamiento. La primera palabra es quizás un poco menos cruda que la segunda, pero igualmente hace que sea difícil desviar o apartar a Leo o Escorpio de una posición u opinión tomada. Inténtenlo, cuando dispongan de mucho tiempo. Enseguida entenderán a qué se refiere la astrología cuando habla de un signo fijo. (Los signos fijos son Leo, Escorpión, Tauro y Acuario.) Es posible que Escorpio permanezca callado durante el monólogo de Leo, pero no se engañen. Ningún Escorpio aceptará las opiniones de Leo si no está totalmente convencido de su validez. El Escorpio se resistirá de entrada, con una negativa contundente, a aceptar las opiniones que Leo pretende imponerle arrogantemente, o encontrará la manera de eludir por completo la cuestión. Furtivamente. Ésta es la palabra. Por lo menos ésta es la palabra que Leo elegiría para describir la forma en que Escorpio se evade, deslizándose y arrastrándose, para no cumplir las órdenes de Su Majestad. Leo no tiene nada de furtivo. Incluso Escorpio lo reconocerá. Estos reyes y reinas les comunican claramente a todos los plebeyos lo que desean y exigen. No, los Leo no son furtivos… sólo un poco autoritarios. Y consentidos. Y están acostumbrados a salirse con la suya desde que eran cachorros. Sin embargo, a pesar de estos aires prepotentes, son tan tiernos y radiantes, tan generosos y cordiales, que es posible que incluso el Escorpio normalmente sensible no intuya inmediatamente el peligro de deshidratación… o de cosas peores. Asimismo, los Escorpión están tan dotados de ese sutil talento en virtud del cual parecen ceder cuando en realidad no aflojan ni un palmo, que puede transcurrir un tiempo antes de que Leo se dé cuenta de que la situación es propia de otro Waterloo.

Cuando un Leo se siente herido, se enfurruña o ruge. Este último comportamiento turbará al principio la psiquis susceptible de Escorpio y provocará una aparente retirada… pero si el enfurruñamiento o los rugidos se repiten con innecesaria frecuencia, al fin lo único que Leo obtendrá de Escorpio con su histrionismo será esa larga, dura y fría mirada de Plutón. Que un Escorpión los menoscabe con su mirada es más o menos tan agradable como levantar castillos en un cuadro de arena lleno de arañas venenosas. Esto no refuerza en absoluto el sentimiento de autobombo del León. Si estos dos mitigan el elemento personal y hacen girar sus respectivas actividades en torno de metas abstractas ajenas a ellos mismos, pueden funcionar como un equipo bien avenido, y encierran un peligro formidable para todos los ajenos que intenten subyugarlos sofocando el fuego de Leo o levantando olas en el agua de Escorpio. Pero si los ideales impulsivos y el espíritu generoso de Leo son sumergidos con tanta frecuencia que los espléndidos sueños del León se humedecen hasta el punto de derrumbarse, Escorpio será expulsado del reino… o Leo se irá por su cuenta a otro castillo donde le parezca que tributarán el debido respeto a la realeza. A Leo también le convendría controlar esa actitud autoritaria respecto de Escorpio. Porque el León o la Leona no recibirá de ningún otro signo solar una lealtad y una devoción tan profundas. Debe ganárselas. Igualmente, valdrá la pena que se trague de cuando en cuando un poco de orgullo a cambio de que le rindan pleitesía con la vehemencia que sólo Plutón puede brindar.

Adaptación de Linda Goodman

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