Mujer LEO Hombre LEO

El papel de ama de casa es tan insignificante que la actriz Leo intermedia no puede interpretarlo en el escenario de la vida. Ellas sienten que así no se realizarán al fin como mujeres. Las escobas y los recogedores de basura no son compatibles con las tiaras y el esplendor de la coronación. No olviden que Leo contiene la esencia de la realeza. El hecho de estar encadenada a la cocina y a la ropa tampoco armoniza con el precepto astrológico de que todos y cada uno de los Leones (y Leonas) nace libre. La mayoría de las Leonas lo intuyen instintivamente, con o sin la ayuda de un horóscopo, y por eso más de los dos tercios de ellas ejercen alguna carrera. Y ya que hablamos en términos estadísticos, agregaré que un censo de afiliadas a los grupos de liberación femenina colocaría numéricamente al signo solar Leo cerca de la cabeza de la lista (seguido por Aries a no mucha distancia). Todo lo cual está muy bien: no objeto que las chicas Leo opten por competir en la jungla comercial con todas las otras criaturas rapaces. ¿Por qué habría de arrojar la primera piedra, cuando tengo mi propia carrera y mi propio resentimiento activo contra la esclavitud doméstica? ¿Quién quiere pasarse el día mirando cómo crecen los brotes de alfalfa en un frasco montado sobre el alféizar de la ventana? ¿Qué clase de estímulo es éste para una Leona espabilada, por amor de Dios? Además, probablemente los pone nerviosos que los miren. A mí me pondría nerviosa que me mirasen mientras broto.

No, no objeto ni critico, sino que me limito a suministrar una amistosa advertencia astrológica. Lo de la carrera está muy bien excepto si la chica Leo se enamora por casualidad de un hombre Leo, llamado LEÓN. Entonces las cosas podrían ponerse un poco peliagudas. A ella no le resultará difícil identificarlo cuando él se introduzca sigilosamente en su vida —disculpen, quise decir en su pieza teatral— y recuerden que ella misma eligió los personajes, incluido ÉL (en el papel estelar, esperamos, si es una productora, escritora y directora inteligente). Lo reconocerá, aunque no sepa su fecha de nacimiento, porque tendrá una espléndida melena, aún más abundante, acicalada y bien cuidada que la de ella. (Miren la foto de la cabeza de un león de la Naturaleza, y entenderán a qué me refiero.) Será valeroso, la protegerá tiernamente, y estará convencido de sus propios méritos, los haya reconocido o no el resto del mundo. Pronto los reconocerá. ¡Por el bien del mundo! Y será mejor que ella también los reconozca. Su sonrisa es deslumbrante, sus dientes son rutilantemente blancos, y su aplomo ronroneante esconde un carácter feroz y una voluntad poderosa. Es auténticamente generoso, afectuoso, deslumbrante, y es tremendamente orgulloso y extremadamente vulnerable a los agravios. Por ejemplo, a los ataques a su masculinidad. Ahora volvamos a la carrera de ella. Si cuando se conocen ella gana por casualidad más dinero que él, el León lo tomará a risa, con petulante confianza en el hecho de que sus ingresos no tardarán en equipararse a los de la Leona, y en superarlos. Un León embelesado, profunda y románticamente enamorado de una Leona bella, garbosa, sensual y seductora, no permitirá que una insignificancia como el dinero se convierta en un obstáculo a la hora de cortejar y conquistar a su compañera preferida. De ninguna manera.

El aroma embriagante y las brumosas espirales de humo del incienso del amor harán entrar en un trance de ciego éxtasis a cualquier hombre Leo con sangre en las venas. Y no hay otro tipo de hombre Leo. Sólo los que tienen sangre en las venas, quiero decir. Pero desgraciadamente, esa «insignificancia», el dinero, puede hipertrofiarse en su relación después del primer disfrute delicioso de la fusión, cuando las precoces llamas excitantes y tremolantes de la pasión se hayan reducido a las apacibles brasas de un afecto sosegado, íntimo (que volverán a avivarse ocasionalmente, por supuesto, de cuando en cuando, si bien, en general se tratará de la llama más estable de la devoción, tan inextinguible como la tremolante, a menos que uno la rocíe deliberadamente con la manguera del jardín o con algo parecido). El dinero seguirá siendo una «insignificancia» dentro de su relación sólo si él acertó al predecir que no tardaría en equiparar o superar los ingresos de la Leona, para no hablar de los éxitos y/o los logros de ella en la jungla de las profesiones. Pero si-el programa de su carrera económica o personal se desfasa, el dinero se convertirá enseguida en un «gran problema», y apenas uno de los dos lo estimule un poco, se convertirá en un «enorme problema», y después en un «problema gigantesco», hasta que terminará por alzarse entre ambos como el monstruo de Frankenstein, amenazando con destruir su amor y con arrancarlos al uno de los brazos del otro como si fueran marionetas indefensas, enredadas en los hilos de sus respectivos egos y orgullos. ¿Cómo huir de un monstruo cuando las fibras del corazón están enmarañadas?

Para decirlo en términos contundentes, si ella tiene más dinero que él (o si tiene cualquier otra cosa en mayor cantidad), alguien deberá hacer un sacrificio heroico para salvar la relación. ¿Adivinan quién deberá hacerlo? Acertaron. Ella. No él. ¿Ven como están aprendiendo astrología, eh? Es posible que la mujer Leo pueda controlar a los hombres de todos los otros signos solares, pero cuando se trata de los Leo varón y hembra, el León domina a la Leona. Así es en la Naturaleza, y no está bien enfrentar a la Madre Naturaleza. Ni siquiera es práctico intentarlo. ¿A qué tipo de sacrificio me refiero? Bueno, si hay algo a lo que ciertamente no me refiero es a una patraña. Por ejemplo, a que la Leona mienta acerca de sus ingresos o su posición social, y después done la mitad que le oculta a él para ayudar a los indios norteamericanos o para salvar a las crías de foca de Groenlandia. No se trata de que los indios y las crías de foca no lo necesiten, o no lo valoren (y más tarde los dos podrán estudiar seriamente, en común, la idea de esparcir la Luz por el planeta Tierra, convirtiéndose en militantes activos del movimiento ecológico, como corresponde a monarcas responsables por el bienestar de sus súbditos), pero lo importante, a esta altura, es que cualquier dosis de deshonestidad, por admirable que sea la intención, nunca salvará la relación entre los Leo. Sólo servirá para aniquilar su amor y su respeto mutuo.

El tipo de sacrificio heroico al que me refería es aquel en virtud del cual la Leona coloca la felicidad de la pareja por encima de todo lo demás, y toma una decisión que puede ser la de pedirle a él que la ayude en su trabajo o su carrera, convenciéndolo luego de que sin su asesoramiento no podría ser ni remotamente tan próspera como es (lo cual será indudablemente cierto) y que por tanto el dinero que ella gana debe dividirse por partes iguales entre los dos. O su decisión puede ser, en el otro extremo, la de su empleo o su carrera, si el uno o la otra los mantiene geográfica o emocionalmente alejados. Cortar por lo sano y renunciar, si es necesario. Tajantemente. Tal cual. Si ella lo ama realmente (y lo amará, sobre todo si una de sus Lunas está en un elemento de Fuego o Aire o en conjunción con el mismo signo), ella preferirá retener su enorme zarpa tibia y protectora, pasear por el parque, y hurtarles algunas nueces a las ardillas durante las semanas de escasez, antes que languidecer sola en un lujoso apartamento, mascando caviar y preguntándose por dónde deambula el gran gato que ella ama tan apasionadamente, ocultando su dolor… o más concretamente, qué sirena compasiva estará restañando su orgullo masculino herido. Cuando ella lo hiera, a él le gustará hacerle creer que está viviendo un apasionado romance, así como cuando él la hiera, a ella le gustaría hacerle creer que ha encontrado un nuevo amante. Pero nueve veces de cada diez, ambos estarán solos y abatidos y únicamente utilizarán la amenaza de infidelidad para darse una lección el uno al otro. Los Leo son así. Por supuesto, algunos son verdadera y técnicamente infieles durante una separación dolorosa respecto de su consorte, pero la mayoría de los Leones v Leonas no lo son. A menudo les resulta difícil encontrar otro rey (o reina) digno de compartir el trono, y se resisten a codearse con plebeyos… pero son demasiado orgullosos para confesarle al ser amado la soledad que están padeciendo.

No todas, pero sí muchas de las reyertas entre este hombre y esta mujer tendrán su origen en un golpe al orgullo masculino de él, frecuentemente por los celos que despierta la rivalidad en la carrera y/o en el monto de los ingresos, en los logros materiales, etcétera. Pero la causa verdadera es la lucha por el predominio. El León debe triunfar. No hay otra solución. De lo contrario, el hombre Leo se sumirá hoscamente en un abatimiento patético, exhibiéndose ante el mundo como un Napoleón que se pasea de un extremo al otro de la isla de Elba, ¿y qué mujer puede ser verdaderamente feliz en compañía de un peripatético amargado y gruñón? Por cierto que una mujer Leo no. Como ya hemos dicho, el León nace libre, y es muy triste verlo encerrado en una jaula de desdichas porque ha perdido el control de la mujer que ama, y por tanto también su altanera y espléndida confianza. La disputa por la posición de predominio en el hogar puede mitigarse de diversos modos: si trabajan juntos y comparten los mismos intereses y la misma carrera, si él está cabalmente satisfecho en la profesión que ha elegido. si los dos se retiran a criar gallinas en el campo y ella le deja recoger y vender por lo menos la mitad de los huevos, si ella se conforma sinceramente con quedarse en la madriguera y con acondicionarla para que él pueda roncar en paz… o posiblemente si se postulan como candidatos a Presidente (él) y Vicepresidente (ella) con una plataforma de Igualdad Sexual. Esto cubre más o menos todas las posibilidades. Bueno, supongo que los dos podrían convertirse en maestros, y turnarse por la noche para darse lecciones y conferencias, con el pretexto de estar al día con las nuevas teorías pedagógicas. Quizá será mejor que eliminemos esta última alternativa. Por la noche no dispondrán de mucho tiempo para otra cosa que no sea hacerse el amor, si están bien adaptados y han aplacado la tensión de la rivalidad recíproca.

Entonces la demostración física de su amor puede convertirse en una experiencia tierna y hermosa, casi perfecta. Ambos pueden combinar el sexo y el afecto por partes iguales, y entienden cómo dar y recibir la satisfacción sexual sin sacrificar la magia del romance. La unión física, la consumación del auténtico objetivo del amor, o sea la fusión total, puede implicar una dicha profunda y una renovación constante de la devoción mutua para un León y una Leona bien apareados. Él abordará el sexo con dulzura y pasión, y ella descubrirá ese momento singular en que su sabiduría instintiva de la jungla le susurrará cuál es exactamente el papel que debe desempeñar, sometiéndose de buen grado, dejando que su hombre la domine y la conquiste con protectora ternura, lo cual puede transmutar la pasión común en éxtasis, para el uno y el otro. Sin embargo, si no han resuelto sus conflictos de rivalidad en otras áreas, el éxtasis puede convertirse en algo próximo a la agonía. El León al que no lo respetan debidamente, que siente herido su orgullo, no puede conservar la imagen de su propia masculinidad, y puede quedar reducido a la impotencia sexual durante breves períodos. La impotencia masculina empieza como una enfermedad emocional, pero puede transformarse progresivamente en una grave dolencia física, que pinta todos los arco iris con los tonos opacos y grises de la desesperación. Entonces él se calará las máscaras del sarcasmo y la fría indiferencia para ocultar su humillación, y destrozará el corazón desprevenido de ella. Asimismo, la Leona que no ha sido debidamente venerada y admirada, que siente herida su vanidad, no logra conservar la imagen de su propia feminidad, y puede sumirse en la frigidez durante breves períodos. La frigidez femenina también empieza como una enfermedad emocional, pero puede transformarse progresivamente en una grave dolencia física, que pinta todos los arco iris con los mismos tonos opacos y grises de la desesperación. Entonces ella se calará la máscara de la obstinación arrogante, del aburrimiento o del escarnio cáustico para ocultar su humillación, y destrozará el corazón desprevenido de él.

Ahora bien, ¿no es ridícula la escena que interpretan estos dos seres… este hombre esta mujer que llevan implícitos en su naturaleza todo el poder y la gloria del mismísimo Sol, y que nacieron bajo la estrella de Leo, la cual representa el Amor y rige el corazón humano? (Especialmente cuando se piensa que ellos mismos escribieron la obra, y que pueden cambiar el argumento cuando se les antoja.) Sólo podrán librarse de este infortunio egoísta e innecesario si comprenden que el falso orgullo —o cualquier tipo de orgullo— mata cruelmente el amor, por inanición, al aprisionar la verdad que podría liberar dicho amor, sin dejar esperanzas para la reencarnación de la felicidad, sino sólo las cenizas solitarias del viejo orgullo. ¿Vale tanto el orgullo? Claro que no. ¿Entonces por qué estos dos se aferran desesperadamente a él? Dejaré que ellos contesten esta pregunta. Solos… juntos. Enfrentándose sinceramente, sin histrionismos… y leyendo la verdad en sus respectivos ojos. Es cierto que la veracidad total puede ser humillante, sobre todo para Leo, pero cuando se coteja la humillación pasajera con toda una vida de soledad, la opción correcta está clara… y a veces la simple verdad basta para devolver el amor al hogar, o sea adonde le corresponde.

Los incidentes que desencadenan un impasse emocional entre un León normalmente enamorado y afectuoso y su Leona pueden asumir formas muy distintas: el hecho de que omitan felicitarse el uno al otro con suficiente frecuencia; unas acusaciones coléricas e imprudentes, inspiradas por episodios reales o imaginarios de deslealtad o infidelidad (poco importa que se trate de lo uno o lo otro, porque ambos agravios generan angustias igualmente dolorosas de celos y desconfianza que dejan hondas cicatrices, de curación muy lenta); o, para terminar, el mismo viejo y monótono conflicto: la carrera de ella versus la necesidad que experimenta él de obtener un éxito y un mérito mundano superior, o por lo menos comparable, al de ella. Cuando un León le da una lección a su mujer, ésta no la olvida enseguida.

Adaptación de Linda Goodman

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