Mujer C Á N C E R Hombre P I S C I S

La influencia 5-9 del doble signo de Agua sobre aquellos que aman, como por ejemplo la doncella lunar y el hombre de Neptuno, es en muchos sentidos, mucho más magnética y compulsiva que las configuraciones de signos solares 5-9 de Fuego, Tierra o Aire. La esencia mística acuática de sus naturalezas es sensible y absorbente… refleja imágenes del uno al otro… de modo que a menudo su romance tiene una cualidad onírica, aunque pasen muchos años juntos. Si riñeran y se separasen durante un tiempo, generalmente se añorarán mucho más que otros enamorados que se alejan temporalmente… y la sensación de vacío será mucho mayor. Experimentarán una fuerte necesidad de volver el uno al otro y de perdonarse recíprocamente. El Cangrejo y el Pez que se han separado recientemente son en verdad dos seres tristes y abatidos. Será mejor que se animen, porque las posibilidades de que se reconcilien son excelentes… cuando ella deje de andar enfurruñada y él deje de tratar de escapar de sí mismo, solución ésta que, desde luego, está condenada al fracaso. Es imposible escapar de uno mismo; tan imposible como eludir permanentemente la otra mitad de uno mismo. Si hubiera más de un aspecto negativo entre las luminarias, ascendentes, Marte y Venus de sus cartas natales, podrían seguir distanciados. Pero siempre les quedarían los recuerdos…

El Agua es el más misterioso de los elementos. He aquí esta pequeña «meditación acuática» que últimamente cruza por mi mente sin que nadie la llame… y que tiene importancia simbólica para todos los enamorados Cáncer-Piscis suficientemente sagaces como para leer entre líneas y ver su propia relación reflejada en la alegoría. Es una especie de test de su sensibilidad a la lección oculta del macrocosmos y el microcosmos, el primero de los cuales es mi meditación acuática, en tanto que el segundo es su propia relación amorosa o matrimonio, con la respuesta al final del capítulo. Generalmente mi meditación aflora mientras bebo un vaso de agua helada, cuando estoy particularmente sedienta, cuando lavo de mis manos con agua y jabón y luego las seco con la toalla, o cuando estoy en la ducha y el agua tibia me cae encima, higienizando, revitalizando y refrescando mi alma, tanto como mi cuerpo. Cuando esta «meditación acuática» aflora en mi mente es como una brillante luz blanca, pero también verde… y obsesivamente fragante. Pienso en los plácidos arroyos de Escorpión, Cáncer y Piscis que corren por el bosque. Luego reflexiono sobre el milagroso efecto renovador del agua, y sobre la necesidad básica, urgente (pocas veces comprendida) que experimentamos de ella. ¿Qué haría yo sin el agua? ¿Me resultaría soportable el descubrimiento repentino de que ya no hay agua pura? Que no la hay para saciar mi sed, para lavarme las manos, para colocarme debajo de ella en la ducha. ¡Agua…! Agua que canta dulcemente, fresca, agua que lava todo lo negativo, todo lo feo y mugriento… y que lo deja todo otra vez nuevo y limpio y reluciente. Pienso en las frescas agujas de lluvia aromática y mansa, que se precipitan desde el cielo sobre mi rostro vuelto hacia arriba. Entonces pienso en el horror más reciente de la Tierra: la lluvia y la nieve ácidas. La amenaza ambiental más grave de este siglo o de cualquier otro. Provocada por la contaminación de las chimeneas de las industrias y de los escapes de los autos, de los desechos nucleares y del carbón sulfuroso… y que aumenta sistemáticamente. Ya muchos lagos contienen sólo peces muertos, aniquilados por la «lluvia ácida»… plantas muertas, otrora verdes y vivas, en muchas hectáreas de tierra.

Los humanos… lanzan veneno y contaminación a las nubes… ahora en cantidades tan descomunales que las nubes ya no los pueden combatir por nosotros, y descargan impotentemente, «lluvia y nieve ácidas»… como una lluvia de muerte lenta pero absolutamente ineluctable. Y sin embargo… no se hace nada para evitarlo, mientras un número cada vez mayor de diputados y senadores tocan simbólicamente «la lira de Nerón». Por culpa de su apatía y también de la del público, es posible que perdamos a la Hermana Agua y el Hermano Aire, y que nos queden solamente la Hermana Tierra y el Hermano Sol, que no pueden mantenernos por sí solos cuando las «mansas lluvias del cielo» derraman únicamente destrucción y ya no están en condiciones de purificar. La realidad de la «lluvia ácida» es alarmante. Esto es lo que se siente cuando se contempla la pérdida de algo precioso… y esto es lo que sienten la mujer Cáncer y el hombre Piscis respecto de la posibilidad de perderse el uno al otro, después de haberse amado vehementemente. ¿Qué haría él si algún día la perdiera? ¿Qué sucedería si la lluvia apacible de las lágrimas dichosas de ella se convierta en la lluvia ácida de la amargura? ¿Cómo podría vivir ella sin él? La chica Cangrejo y el Pez experimentan sus emociones con una intensidad que da color a sus modales aparentemente circunspectos, serenos. Como en el caso de mi nuevo y auténtico romance con el agua, cuando la enormidad de semejante pérdida devasta a la dama lunar y a su hombre Piscis con esa tremenda y aterradora fuerza de una realidad que de pronto demuestra contundentemente que es una realidad, y no sólo un vago «quizá», sus mentes y corazones y almas sucumben inesperadamente, los tres abrumados, por un acceso de emoción difícil de expresar, porque él sólo pensar en la posibilidad ahoga totalmente su intelecto y sus sentimientos.

Tanta más razón para que la doncella lunar y su hombre Piscis se esfuercen más que nunca por evitar que las pocas diferencias que existen entre sus personalidades se hipertrofien hasta sofocar su cariño. Afortunadamente, como les sucede a todas las parejas agraciadas por la vibración 5-9, las diferencias son relativamente pequeñas, y es posible llegar a una transacción fluida, una vez que ellos las confiesan… y las suavizan ligeramente. Como a ambos les gustan los finales felices, estudiaremos primeramente sus problemas, y después, por último, les recordaremos la plétora de bienaventuranzas que comparten y que hacen que su química romántica sea tan poderosa. El primer espantapájaros que descubrimos en su jardín cuando espiamos, está compuesto de los elementos más raros. ¿Qué puede ser eso? Ciertamente no es paja, la materia prima tradicional de los espantapájaros. Es algo verde, ligeramente sucio, estrujado y arrugado, con trocitos de metal adheridos de trecho en trecho. ¿Sabéis qué es? Dinero. Sí señor. ¿Ven los retratos de los Presidentes? En realidad, a la larga, vale mucho menos que la paja o el heno. El espantapájaros de dinero puede asustar a algunas señoras Cangrejo y a los Peces que ellas aman por su propiedad de convertirse en un alto muro que los separa. A ella le gusta acumularlo, ahorrarlo, guardarlo, acarrearlo en grandes cantidades al banco, meterlo en sus alforjas y observar cómo se multiplica perseverantemente mediante inversiones. Normalmente es más que un poco económica, si se trata de una Cáncer típica, y es posible que lo regañe porque a él no le interesa atesorarlo, porque lo esparce negligentemente entre los amigos que lo necesitan, porque lo invierte a manos llenas en sus múltiples sueños y proyectos, y porque distribuye propinas, que a juicio de ella son innecesariamente generosas, entre mesoneros, botones, porteros, maleteros, etcétera.

Si la Luna o el ascendente natal de él está en Cáncer, o si la Luna o el ascendente natal de ella está en Piscis, él será menos derrochador, y ella menos cautelosa, y el espantapájaros de dinero será menos aterrador. De lo contrario, él deberá tratar de comprender que ella no es realmente mezquina, sino que sólo se preocupa por su seguridad en lo que él debe admitir que es un mundo cada vez más inseguro… y ella deberá tratar de comprender que una excesiva preocupación por el dinero estrangula la libertad creativa y la imaginación de él, por partes iguales. Entonces convendrá que abran cuentas bancarias separadas, y que ninguno de los dos se inmiscuya en la del otro. (Aun así, es probable que él manifieste menos interés por los saldos mensuales de ella que ella por los de él.) Otro espantapájaros acecha a la luz de la Luna. A la luz de la Luna las cosas son siempre más misteriosas y macabras o más misteriosas y bellas. Todo depende del ojo que se emplee para contemplarlas: los dos ojos normales, o el Tercer Ojo del Conocimiento. Este espantapájaros se llama melancolía, y cada uno de los dos le atribuirá dicho defecto al otro. Él se repliega en sus silencios de Neptuno para meditar, y ella se enfada porque él no quiere decirle en qué piensa. 0… ella se encierra en su caparazón de cangrejo para cavilar con inexplicable congoja durante la Luna menguante, y esto lo deprime a él, porque el hombre Piscis, como he comentado antes, es una «esponja telepática», que absorbe irremediablemente todos los sentimientos que lo rodean. Influida por las fases lunares, la mujer Cáncer es un «reflector» de sentimientos, que devuelve su imagen como una placa fotográfica. (No es por coincidencia que la mayoría de los Cangrejos son fotógrafos o tienen mucho interés en la fotografía.) Así que ella «refleja» los silencios de él, y él «absorbe» la melancolía de ella. El desea saber qué es lo que ella piensa cuando está callada, aunque su curiosidad está más encubierta que la de ella. A ambos les gusta guardar sus secretos, y al mismo tiempo les gusta sonsacarlos, y cada uno de ellos es igualmente experto en arrancar secretos ajenos, mientras encierra los suyos propios bajo llave contra toda pregunta. Cuando confiesan este rasgo compartido, pueden aprender a tomarlo en broma, y a no permitir que genere tensiones entre ellos. El gran sentido del humor, tipo pájaro loco, de la chica Cangrejo, es una bendición salvadora frente a muchos de sus problemas.

A menos que existan antagonismos inusitadamente graves entre las luminarias y los ascendentes de sus horóscopos, no habrá «espantapájaros sexuales» que los asusten mientras se hacen el amor. Normalmente, Cáncer y Piscis forman una pareja ideal desde el punto de vista físico. Mediante su unión sexual, experimentan una rara alegría: no sólo reciben, y no sólo dan, sino que intercambian la gracia de la satisfacción cabal. La diferencia es algo que muchos enamorados nunca comprenden. Como están tan íntima, incluso telepáticamente sintonizados a sus respectivos deseos y necesidades, la pasión les confiere una profunda paz, apacigua su temblor… y después, cuando han vuelto a convertirse en dos individuos independientes, su unidad perdura en sus ojos, como el recuerdo de una magia tan profunda que es imposible comunicarla con palabras, y que es mejor dejar librada solamente al conocimiento silencioso. El escucha realmente los temores y aprensiones estacionales de ella, con sosegada paciencia. Ella cubre con cálidas y tiernas mantas de consideración los inviernos en que él duda de sí mismo. El recuerdo de la «meditación acuática» puede proteger su relación. Y el recuerdo de lo mucho que se necesitan recíprocamente, la conciencia de la impensable posibilidad de perder la seguridad de su forma especial de interdependencia. Este hombre y esta mujer son extraordinariamente sensibles a sus respectivos pensamientos, y son literalmente capaces de leer sus respectivas mentes. Dada la naturaleza reflectante de ella y la naturaleza absorbente de él, la contaminación mental y emocional es un peligro permanente. Si permiten que sus frustraciones se eleven por encima o caigan por debajo del nivel de seguridad del pH, en lo que concierne a la tranquilidad, las nubes de tensión sólo podrán derramar sobre ellos una «lluvia ácida» de resentimiento, frustración y búsqueda egoísta que matará la felicidad… tal como la lluvia ácida de la Naturaleza mata a todos los peces y las plantas. Vale la pena proteger la novedad refrescante de su amor, como la dulce bendición perfumada de hierba de un plateado chubasco estival.

Adaptación de Linda Goodman

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