Hombre CÁNCER Mujer ACUARIO

El primer error que puede cometer una chica Acuario con un hombre Cáncer consiste en tratar de cercenar alegremente los recuerdos que lo atan a su hogar y su madre, diciéndole, con la sensatez propia de Acuario, que el ayer pertenece al pasado, que el hoy es trivial… y que él debe tener la madurez suficiente para comprender que todo lo importante reside en el futuro, y para no aferrarse emocionalmente a lo que ha desaparecido y nunca podrá volver con la misma configuración o forma de antes. Ella puede llegar incluso al extremo de exhortarlo a convertirse en un adulto. (Los Acuario no se destacan por su tacto, y se parecen mucho a los Arqueros por su tendencia a hablar sin pelos en la lengua.) Al Cangrejo le disgustará mucho que ella intente inculcarle una actitud emocional madura. Incluso es posible que reaccione violentamente, y que trepe por el interior de su confortable árbol de recuerdos y que nunca vuelva a salir… hasta estar seguro de que ella ya no está allí para acosarlo y lastimarlo y frustrarlo con los electrizantes y centelleantes rayos de realismo que dispara Urano. Es… bueno, es alarmante. Él se siente muy, muy solo cuando descubre que la mujer que ama no se apiada de su necesidad nostálgica de- remontarse periódicamente a los días seguros de su infancia, cuando está especialmente ofuscado por la agresividad del mundo y por la indiferencia de sus amigos y compañeros. Nunca sintió auténticos deseos de convertirse en adulto. Como Géminis, todo hombre. Cáncer, cualquiera que sea su edad o el lugar que ocupa en la escala social, lamenta secretamente, en el fondo de su ser, no haber podido seguir siendo niño. Cuando lo era, podía maravillarse de tantos portentos… había tantas cosas que lo hacían llorar y reír. Y le encanta entregarse a los extremos de la gama emocional. De alguna manera esto parece agilizar su imaginación, que lo transporta en prodigiosos viajes de fantasía, como una alfombra mágica personal urdida con ensueños.

«Insulsa —se dirá—. Eso es lo que ella es. Insulsa.» Resuelve que es una mujer desprovista de imaginación. Piensa y habla como un hombre. También se comporta como un hombre. Bueno, él no aspira a enamorarse de un realista masculino. Desea enamorarse de un dechado de perfección encantador, dulce, femenino. Como mamá. Se equivoca, por supuesto. De lo que menos se puede acusar a esta chica es de ser insulsa. Pero sucede que ésta es la palabra favorita del Cangrejo (junto a «cruel») para designar a la mujer que se resiste a llorar con él y reír con él, que se niega a sincronizarse a sus estados de ánimo fluctuantes. Como he dicho antes, en otros capítulos de este libro dedicados a Acuario, los regidos por Urano tienen el extraño hábito de llorar cuando están exultantes y de reír como locos cuando tienen el corazón destrozado. El hombre Cáncer tardará un poco en comprender este fenómeno, para no hablar de lo difícil que le resultará aprender a lidiar con las inversiones de personalidad de la Aguadora: de masculina a princesa, de dulce y lánguida a cortante y brusca. Él se lo merece, en realidad. El mismo Cangrejo es muy versátil. En compañía de esta mujer, se verá obligado a tomar una ración de su propia medicina. Ella es muy cambiante, y sus caprichos y fantasías son aún más imprevisibles que los de él. En verdad se trata de una pareja heterogénea.

La chica Acuario no peca por falta de compasión, pero tiende a diseminarla en dirección a grandes empresas humanitarias, y a veces olvida reservar la indispensable para sus relaciones personales. Pero no es cruel y tiene buenos sentimientos. Cuando descubre el dolor que le está causando al manso hombre Cáncer que ama, hace todo lo posible por mitigarlo, y por demostrarle que le tiene verdadero afecto. El problema reside en los medios que elige para probar la cariñosa devoción y la estima que siente por su amigo. (Todos son sus amigos, incluido su amante o esposo. ¿Acaso existe una diferencia? Si existe, a ella le resulta difícil trazar la línea divisoria.) Por ejemplo, podría engatusarlo para que comparta un picnic, con ella y sus otras docenas de amigos, en una casa montada sobre un árbol. Una mañana podría colgar un racimo de globos sobre la mesa del comedor para darle una sorpresa a la hora del desayuno… y podría servirle una fuente de frutos secos con pequeñas orugas de juguete encima, distribuidas en forma de corazón. (No le dirá que no son verdaderas, las orugas, hasta que él haya palidecido.) O podría manifestarle su afecto confiándole su deseo íntimo de viajar a la India y decorar el Taj Mahal con pequeñas calcomanías de nomeolvides y violetas, a medianoche, cuando los guardias están distraídos. Está convencida de que el emperador sentimental que lo construyó como monumento a su amor por su esposa se sentiría complacido. «¡Válgame Dios! —exclamará él—. ¡La ley lo prohíbe!»

Generalmente, los Cangrejos, como las Cabras y los Toros, son muy renuentes a infringir la ley o la tradición, en tanto que a la mayoría de los Acuario les encanta violar todas las leyes y bailar sobre la tradición. Incluso los pocos Acuario tímidos sueñan por lo menos con burlar las reglas. Todos estos gestos de ternura de la Aguadora tal vez le hagan brotar granitos de pura aprensión nerviosa al hombre lunar. Pero ella hace lo que puede. ¿Es que él ni siquiera atina a reconocerle el mérito de su buena intención? Sí, atina. Puede hacer un esfuerzo colosal y reconocerle el mérito de la buena intención a esta dama fascinante dotada de una excitante arquitectura mental. Pero es posible que tenga que lamentarse si premia este mérito con determinadas pruebas de confianza. Por ejemplo, con una cuenta corriente conjunta. La mujer Acuario típica equilibra las entradas y salidas de su cuenta corriente más o menos con la misma técnica que emplea un payaso para hacer malabarismos en el circo con bolas de colores: mediante un movimiento rotatorio y circular. Él se sentirá abatido. En general, los Cáncer son casi neuróticamente melindrosos cuando se trata de algo relacionado con los desembolsos e ingresos de dinero. Entradas y salidas. Son lo mismo, para Cáncer. Hay que vigilarlas. Atentamente. Dado lo melindroso que es él en cuestiones de dinero, ¿qué derecho tiene a llamarla melindrosa a ella? Ninguno. Ella se enamoró de él en primer lugar porque oyó decir en alguna parte que los Cáncer son encantadores pájaros locos, y siempre se ha sentido atraída por todo lo que se complementa con la palabra «loco» o «lunático». (Por todas las cosas y todas las personas.) En razón de ello es posible que los salve el maravilloso sentido del humor que tiene él. Durante ciertas fases de la Luna y del movimiento retrógrado de Urano, se combina deliciosamente con el sentido de lo disparatado y lo ridículo que tiene ella. Y en esta categoría entra, por ejemplo, el sexo.

Cuando ella trepaba por el trono de Acuario que lleva de la adolescencia a la feminidad, el sexo le parecía bastante gracioso. Después de convertirse en mujer le pareció hilarante. Sigue pensando que es bastante raro que un hombre y una mujer expresen, así la necesidad que sienten el uno por el otro, cuando, al fin y al cabo, podrían demostrarse su amor recíproco recaudando dinero para levantar una estatua a quien ella considera su s héroes. También podrían correr descalzos por un campo de flores silvestres (cuidando de no aplastar los pétalos, lo cual obliga desde luego a correr un par de centímetros por encima del suelo), o podrían adoptar a todos los niños hambrientos de la India y China. El aprobará su preocupación por el hambre mundial- y las normas de seguridad de los automotores, pero no entenderá sus ideas izquierdistas acerca del carril de conducción u otras cuestiones (aunque es posible que sueñe con levitar una fracción de centímetro por encima del campo de junquillos). Igualmente, él no permitirá que todo esto asuma prioridad sobre su intimidad física. Lo único a lo que quizá le concederá prioridad sobre el afecto y el acto amoroso es al dinero… un día sí y otro no. Ocasionalmente, un día sí y otro también. Una vez que ella se haya resignado a admitir que el sexo es necesario para la realización total del hombre y la mujer, lo disfrutará cabalmente, sobre todo con su tierno Cangrejo. A menos que los aqueje una cuadratura o una oposición mutua entre los ascendentes y luminarias de sus natividades, tanto este hombre como esta mujer complacerá a su pareja cuando ésta le pida silenciosamente que introduzca un elemento nebuloso y extraño en la expresión física de su amor. Ambos están un poco obsesionados por diversas formas de alucinación y extravagancia, y éste es un vínculo rielante entre ellos que a menudo centellea con los colores refulgentes del éxtasis y la pasión que sólo conocen quienes dejan que la imaginación guíe su intimidad. El descubrirá gradualmente que se equivocó al pensar que ella era insensible. Sólo parecía no entender sus anhelos más recónditos. En verdad, es posible que ella sea una de las muy pocas personas que alguna vez han conseguido escudriñar más allá de su caparazón de Cangrejo, de su pose exterior de respetabilidad y seriedad, para ver el alma fantasiosa y tierna que se oculta detrás de la fachada escabrosa. Él se asombrará cuando se entere de esto. Ella está llena de sorpresas… vibra al compás de lo inesperado. Y su misma naturaleza imprevisible la hará finalmente acreedora al cariño de este hombre, que aborrece tanto como ella la igualdad y la monotonía. Sus socios nunca lo adivinarán, pero ella no necesitará adivinarlo. Lo sabrá. Su aire de naftalina y sus modales a menudo pomposos, anticuados, no la engañarán ni por un momento. La Aguadora sabe que a él le gustaría fugarse con ella… a algún lugar remoto donde hay cascadas frescas y bosques silenciosos. Esta afición instintiva a la Naturaleza impregna sus actos amorosos, y convierte a menudo su unión sexual en algo tan reconfortante como una brisa nocturna de verano. (Hasta que aflora en ella el espíritu travieso de Puck, y una noche se desliza en la cama junto a él luciendo un collar de antiguas campanillas de trineo, en las que está grabada la fecha en que se conocieron: el regalo de cumpleaños con que lo sorprende.)

Los explosivos de su relación estarán rotulados casi siempre cardinal y fijo. Él es cardinal, e insistirá en mandar, aunque sus modales sean suaves, aunque su personalidad exterior sea aparente (y engañosamente) pasiva. Ella es fija, y se negará terminantemente a dejarse dominar o guiar. Cuando le permitan seguir su sendero sinuoso e intrincado, conservará su ánimo alegre y despreocupado. Pero cada vez que él intente cambiar su rumbo o encauzar su marcha, ella se mostrará irreductiblemente terca, y se perderá en la indiferencia o estallará en una tormenta eléctrica de cólera típica de Urano. Sus accesos súbitos de furia no durarán mucho, siempre que la dejen curar en paz su espíritu lacerado y siempre que el Cangrejo no la fastidie. Pero si él sigue tratando de coartar su libertad, su comportamiento se tornará cada vez más irracional. Es inútil empeñarse en encerrar su esencia de Aire en una forma definida, y cuanto antes él lo aprenda, antes se restablecerá la armonía entre ellos. Ella, a su vez, deberá recordar que mientras se interna excitada en la extraña y nueva promesa del mañana, él no puede dejar de quedarse rezagado, mirando por encima del hombro hacia la familiar garantía del ayer. La única forma en que podrá estimular a su hombre obsesionado por la Luna, para inducirlo a colocarse a la par de ella, consistirá en informarle que allende el horizonte se oculta una estrella mucho más brillante que todas las otras a las que él se atrevió a impetrar sus deseos. Ella también deberá abstenerse de espiar sus secretos… y no deberá hacer tintinear sus campanillas de trineo mientras él sueña.

Adaptación de Linda Goodman

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