Mujer CÁNCER Hombre SAGITARIO

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La diferencia más esencial, más profundamente arraigada, entre la doncella lunar y el Arquero (si se exceptúan sus criterios opuestos sobre el dinero y la seguridad material), consiste en sus ideas y actitudes divergentes respecto de la «familia». Ella es muy propensa a sentir devoción y casi veneración por los vínculos familiares, generalmente con más énfasis en los maternales y paternales que en los fraternales y de otro tipo… pero de todas maneras esta dama quema incienso en el altar familiar con el mismo fervor religioso con que sus hermanas capricornianas prenden las velas de cera de abejas en su círculo familiar (y a menudo con menos resentimiento que el que experimentan de cuando en cuando las capricornianas). Por el contrario, el hombre Sagitario, si bien puede alimentar en su enorme corazón jupiteriano mucho afecto auténtico por su familia, y si bien puede visitarla más o menos cada pocos años para saludarla alegremente, con los brazos probablemente cargados de obsequios (porque el Arquero es maravillosamente generoso), lo cierto es que no experimenta por sus parientes el fuerte sentimiento de abnegada devoción que la chica Cáncer experimenta por los suyos. Es posible que sea el primero en ayudar a sus padres, hermanos y otros familiares consanguíneos cuando éstos necesitan un amistoso apoyo moral, o un préstamo de todo el dinero del que él pueda disponer, pero no cree que un lazo de sangre deba constreñir su libertad para deambular por el mundo en busca de la verdad y la emoción, cultivando sus múltiples intereses y persiguiendo sus metas y ambiciones idealistas (y a menudo gigantescas). Los lazos restringen. Los lazos atan. Sean de sangre o de cualquier otra naturaleza. Sagitario lo ve como si fueran cadenas chirriantes, o una cuerda ceñida al cuello que amenaza con estrangular su individualidad. El hombre Sagitario está ansioso por cortar el nudo gordiano que lo une a su familia y por ir solo a las carreras, acatando la voz de Júpiter que le ordena acometer hacia adelante y hacia las alturas en pos de algún logro o de alguna hazaña colosal, inefable.

El Arquero también es experto en desatar rápida e inteligentemente los nudos gordianos de los problemas, y aunque a veces comete errores, en general es suficientemente sagaz como para no cometer dos veces el mismo. La doncella lunar mira con respeto, si no con auténtico afecto, «los lazos que atan». Los vínculos son agradables. Los vínculos son familiares y reconfortantes. A ella le parecen hebras de protección y seguridad suavemente entretejidas. Lo conocido, lo seguro y lo cómodo. Cortar un vínculo con amigos o parientes, con un amante o un marido, o con los padres, es algo que le inspira temor, y que por tanto aplaza lo más posible. Ésta es a menudo la razón por la cual se piensa que las mujeres Cáncer son posesivas. En realidad no se trata tanto de que sean posesivas como de que se resisten a cortar un cabo, lo que luego las obligará a flotar a la deriva, sin ancla. Flotar sin ancla es una imagen tan aterradora para la chica Cangrejo como la de flotar en medio del océano lo sería para el cangrejo de la Naturaleza, que se siente mucho más seguro a una distancia saludable de las aguas profundas. La astrología no puede resolverles este problema. La doncella lunar y su Centauro tendrán que afrontarlo, sencillamente, con la esperanza de aproximarse cada vez más a un compromiso a medida que pasan los años, pero agitándose y riñendo en el interín… discutiendo (él) y enfurruñándose (ella) alternadamente porque uno descuida a mamá y papá (la culpa recae sobre él) o porque el otro debilita la relación entre ambos al pasar demasiado tiempo con la familia (la culpa recae sobre ella). Más adelante, llegarán a un acuerdo respecto de las diferencias que los separan… o uno de ellos abandonará al otro. Pero tal vez no sea una separación definitiva. Por varias razones.

Para empezar, lo más probable es que sea el Arquero quien deje coléricamente (aunque con pena) a la chica Cangrejo, y no que las cosas sucedan a la inversa. No siempre, desde luego, pero sí en la mayoría de los casos. Recuerden que a él le resulta más fácil que a ella cortar un vínculo, aunque para el hombre Sagitario es más difícil desatar el nudo del amor que el lazo que lo une a su propia familia, porque el amor puede determinar que incluso el Centauro habitualmente despreocupado e indiferente se resista a consumar la ruptura… y que después de irse probablemente no tarde en volver. La locura lunar de ella es hipnótica, y mientras estén separados embrujará los sueños de él por la noche. Como ésta es la configuración de signos solares 6-8, la doncella lunar representa para él la octava Casa astrológica de misterio (sexual y de otro tipo): lo desconocido. Nadie es más curioso que Sagitario (excepto Géminis), y descubrirá que después de un tiempo su mente da vueltas en círculos, preguntándose qué estará haciendo ella sin él. Además, lo frustra la idea de que perdió el control de su genio fogoso, y de que partió antes de poder resolver por completo el misterio que le plantea ella con sus estados de ánimo cambiantes, con el dominio inexplicable que ejerce sobre sus emociones (las de él). Todavía hay un millar de preguntas apremiantes que ella no ha contestado. Y entonces, el Arquero, que cortó tan rápida e impulsivamente el nudo gordiano que lo unía a su dama Cáncer, regresa después con frecuencia para volver a atarlo. Porque comprueba que la añora más de lo previsto, y porque siguen pendientes todos esos enigmas intrigantes…

Aunque es posible que a la doncella lunar la reconforte y la halague extrañamente el hecho de que el hombre Sagitario que ella ama la considere misteriosa y magnética, experimenta un resentimiento bastante malévolo contra sus indagaciones indiscretas. (Ella no puede disfrutar de lo mejor de ambos mundos, pero le gustaría, en casi todo.) Esta mujer siempre lleva y llevará dentro de sí muchos secretos, de algunos de los cuales ni siquiera tiene conciencia, en tanto que de otros sí la tiene. En la esencia lunar hay un elemento que la hace cerrarse como una ostra cuando intuye que alguien intenta explorar demasiado a fondo su personalidad secreta, aunque dicho «alguien» sea el hombre que adora. Esta chica Cangrejo se refugia instintivamente en su caparazón de silencio apenas él inicia uno de sus interrogatorios de rutina… aunque sólo le haga una pregunta inocente y vulgar. Por ejemplo, qué opina acerca de los nuevos vecinos, o cómo era su primer novio. (Admitamos que la segunda pregunta puede no ser tan inocente. El hombre Sagitario tiene mal genio y aunque no es posesivo, sí es muy celoso. No me canso de recordarles que existe una marcada diferencia entre el espíritu posesivo y los celos.)

Aunque esta dama pueda ser muy renuente a revelar sus propios secretos rápidamente (a menos que se los sonsaquen lenta y afablemente, cuando está de humor para hablar de ellos, y no mediante un interrogatorio grosero o una curiosidad brusca y ociosa), es una experta en desentrañar los de su Centauro… y los de todo el mundo. Por alguna razón, la gente experimenta la necesidad inconsciente de contarle a la doncella’ lunar ciertas cosas que normalmente no le confesaría a otra persona. Estas confidencias no se parecen a las que todos vuelcan en el oído comprensivo de Piscis. La gente se confiesa con Piscis porque desea hacerlo, sin mucha, o sin ninguna, insistencia por parte del Pez, que simplemente proyecta un aire de predisposición a escuchar a quien sienta deseos de hablarle, y el interlocutor de Piscis intuye que la reacción de éste será comprensiva, como siempre lo es. En el caso de la chica Cangrejo, la situación es distinta. Ella no es apática ni neutral respecto de sus secretos. Le encanta averiguar cosas acerca de los demás, y generalmente emplea una estrategia premeditada para enterarse, plenamente consciente de que está excavando para ver qué descubre. En razón de su magnetismo lunar (el mismo tipo de fuerza invisible que ni siquiera pueden resistir las mareas del océano), consigue que su interlocutor la haga toda clase de confidencias íntimas aunque éste no haya sido su propósito inicial.

La estrategia lunar de la mujer Cáncer es aún más eficaz con el Arquero. A Sagitario le encanta hablar, sobre todo de sí mismo, de sus sueños y sus sentimientos más íntimos, así como de sus ideas y opiniones sobre todos los temas que existen bajo el Sol. Arrastrado por el entusiasmo de su libre asociación verbal de pensamientos, es posible que divague demasiado en su conversación con la chica Cangrejo, antes de descubrir que al decir más de lo previsto se ha dejado atrapar en una ola emocional que podría ahogarlo. Ésta es una advertencia astrológica que le resultará muy útil al Arquero, si le presta atención, porque siempre existe la posibilidad de que diga algo que esta dama extraordinariamente sensible e imaginativa podría exagerar o interpretar equivocadamente, lo cual despertaría el recelo y la trémula vulnerabilidad de Cáncer al agravio. Al hombre Sagitario le conviene contar hasta diez antes de hablar, en todos los casos, pero en compañía de su encantadora chica Cangrejo sería muy aconsejable que cuente quizá hasta mil. No le resultará fácil abstenerse de expresar libremente lo que piensa, a veces con innecesaria franqueza, no sólo porque ésta es su tendencia natural, sino también porque la doncella lunar puede ser muy tenaz una vez que se le mete en la dura cabeza la idea de que él le oculta algo. En este caso no cejará hasta averiguarlo. No se trata de que haya algo de lo que él deba sentirse culpable, sino sólo de que hay cosas que ella puede tomar a mal adornar imaginativamente, revistiendo con sus temores y aprensiones personales ciertas frases que él pronunció inocentemente, hasta convertirlas en algo que amenaza su paz espiritual y que carece de toda semejanza con su intención original o su auténtico significado.

Durante la intimidad sexual es cuando el Arquero debe cuidar especialmente que sus actos sean más elocuentes que sus palabras. La forma en que la mujer Cáncer expresa en el sentido físico su estratificado amor por él, es sensual y silenciosa. Para ella, los que importan son los sentimientos, no las palabras. Desea que su acto amoroso sea una fuga a un océano de pasión, que esté impregnado por los frágiles sentimientos de la luz de la Luna, y que su profundidad sea una consecuencia directa de su delicadeza y de su mansa comunión espiritual. Ella se aparta sexualmente del deseo imperioso, y sólo puede entregarse por completo cuando su necesidad mutua se expresa con ternura, con dulzura, incluso poéticamente, y no con vehemencia. Y si algo ha hecho que se sienta rechazada durante el día (la desaprobación, expresa o tácita, la hace marchitar, literalmente) no podrá responder por la noche en brazos de él, aunque el agravio previo a su sensibilidad sólo haya sido imaginario. Hacerle el amor a una chica Cangrejo es un eterno juego de adivinanzas, con más probabilidades de éxito cuando su amante o marido consulta un almanaque antes de abordarla, porque todas las emociones de esta mujer son regidas no sólo simbólicamente, sino también seria y concretamente, por las fases de la Luna. Es posible que este aspecto de su naturaleza sexual irrite ocasionalmente al Arquero tanto como lo intriga, porque, tratándose de un signo de Fuego, su propio deseo es más impulsivo y su necesidad es más intensa. Él debe ejercitarse conscientemente para adquirir una mayor delicadeza en su acto amoroso, sobre todo si está enamorado de una doncella lunar, nacida en el elemento Agua.

Paradójicamente, ésta es una mujer que a veces comunica su anhelo de fusión con un brillo brumoso en los ojos, semejante al resplandor argentado y promisorio del antiguo secreto de la Luna nueva. Cuando él ve el reflejo de la Luna en los ojos de ella, sabe que ha llegado el momento de quedarse muy quieto y callado… de abrazarla estrechamente hasta que se sienta segura y protegida… y de internarse luego en el mar misterioso que le canta a medianoche melodías recordadas, flotando a la par de ella. Es posible que él nunca resuelva el enigma femenino de la doncella lunar, pero siempre sentirá la tentación de elucidarlo. Ahora dejémoslos solos, ¿qué les parece? Si la doncella lunar o pájaro loco no accede a contarle sus secretos al hombre que ama, ¡ciertamente no quiere que nosotros andemos rondando cerca cuando se le velan los ojos! Antes de irnos, le recordaremos que, en tanto que sus lágrimas lunares caen como gotas de lluvia al menor asomo de nubes en su cielo, las lágrimas jupiterianas están ocultas y retenidas… pero no son menos copiosas que las de ella. Como un niño que silba en la oscuridad para ocultar su temor, él es demasiado valeroso para confesar que alguna vez llora. Pero, no obstante su fachada impasible, llora.

Adaptación de Linda Goodman

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