Hombre CÁNCER Mujer SAGITARIO

Aunque Sagitario rige astrológicamente la religión (junto con Piscis y Escorpión, porque la religión abarca muchos niveles de conciencia, no sólo uno). y aunque todo Sagitario, en algún momento de su vida, se muestra muy preocupado por los pros y los contras de las creencias religiosas, es posible que la chica Arquero olvide, cuando está enamorada de un chico Cangrejo, el consejo espiritual más importante, a saber: Cuenta tus bienaventuranzas. Muy probablemente, antes de que lo conociera a él, su fe y su idealismo jupiteriano fueron quebrantados por esos hombres que tratan el amor con indiferencia… y que la trataron a ella con indiferencia, quizás incluso con crueldad. Excepto tal vez ese chico muy especial de los ojos tiernos, que le prestaba los lápices y peleaba con los gamberros que la provocaban en los recreos, por cierto ninguno de los hombres que ella amó impulsivamente estuvo ni remotamente a la altura de su imagen secreta del Príncipe o el Caballero que la trataría cortésmente como su «bella dama», que despertaría su alma con el beso de una mirada que prometía adorarla hasta la eternidad y aún más allá de ésta… que prometía arrebatarla y transportarla hasta su castillo encantado y sentarse después junto a ella a la vera del lago, para alimentar los cisnes, para hacerla reír… y que le aseguraba que ella era sólo suya, que su amor era leal y sincero, fiel y eterno. Ella casi había renunciado a aquel sueño específico y se disponía a conformarse con quedarse soltera… o con encontrar un millonario. Olvidemos al Príncipe Azul. ¿Quién lo necesita? Y entonces se produjo ese milagro alucinante.

Un día que andaba a tumbos, tropezó de narices con el corazón atónito de un Cangrejo, que marchaba por los atajos completando su paseo matinal. No lucía casco ni armadura, ni estaba altivamente montado en un blanco corcel. Tampoco estaba tocado con un turbante, y en cuanto a la larga túnica blanca, dado que se trataba de un Cáncer conservador, jamás habría soñado con presentarse en público ataviado de una manera tan impropia y llamativa. No tenía ni un cisne, ni podía presentarle ningún camello. Pero a veces se sentaba en el parque a la orilla del estanque, a la hora del crepúsculo, según le contó, y les echaba palomitas de maíz a los pájaros. Respecto del reactor privado, después de conocerlo mejor, ella comprendió que realmente reunía las condiciones necesarias para convertirse en el propietario de toda una flotilla de reactores, por la forma en que se aferraba a su dinero. Quiero decir que, al fin y al cabo, el dinero tiene que acumularse si nunca gastas un centavo… jamás. En nada. Excepto en una que otra copa de vino o champán importado. Poco importa que no fuera la imagen viva y palpitante del Príncipe Azul. Tenía un aire peculiar. No le faltaba por cierto el beso de la mirada que prometía amor eterno. Ese beso la acariciaba, y le hacía temblar las rodillas cada vez que él la contemplaba. Y aunque tal vez era un poco tacaño con sus lápices, y no los repartía como papas fritas, porque después de todo los lápices cuestan dinero, especialmente cuando cuentan con buenas gomas de borrar, igualmente tenía esos ojos tiernos de aquel chico especial del sexto curso, y le producía la nítida sensación de que la protegería de los gamberros, en el patio de la escuela o en cualquier otro lugar… la sensación de que era auténticamente amada en su condición de mujer, y de que estaría confortablemente segura a su lado hasta la eternidad y aún más allá, porque este hombre sin duda la resguardaría de todo peligro.

Bueno, nadie puede salirse con la suya y reproducir cada matiz, pestaña y pincelada de su imagen soñada. El cielo sabe que, de esas cualidades que ella casi había perdido las esperanzas de encontrar jamás, él tenía una cuota mucho mayor que cualquiera de los gorilas, casanovas y sonrientes sofisticados que la habían aburrido y abandonado groseramente en el pasado. Tal vez no era precisamente Don Quijote, pero sí ocultaba su propia variedad de ensueños imposibles detrás de su sonrisa tímida y sus modales apacibles. Y entonces ella olvidó toda su cautela, y se enamoró alocadamente de él. Así es como Sagitario se enamora siempre. O como, en verdad, lo hace todo. Alocadamente. Por tratarse de un Centauro, y en consecuencia de un ser mitad equino y mitad humano, esta chica tropieza mucho, y es un poco torpe, no obstante su paso normalmente garboso que le recuerda a su fascinado Cangrejo el de un caballo de pura sangre. Lo primero que ella aprendió después de enamorarse de él, con el consiguiente sobresalto, fue que no cometió un error al olvidar toda su cautela, cuando lo conoció. Porque este hombre posee suficiente cautela como para abastecerla no sólo a ella, en sus épocas de carencia, sino también a toda una nación. Una reserva inagotable. Ella sería más feliz, según descubre al cabo de un tiempo, si él olvidara parte de su cautela, aunque no toda. Hasta cierto punto le gusta la forma en que su cautela la encauza en la dirección corriente cuando ella siente a veces la tentación de ser excesivamente temeraria (es hermoso que alguien que te ama sinceramente te salve de ti mismo) pero a la chica Arquero le basta con una dosis pequeña de esa precaución. Una dosis excesiva puede hacerla sentir enclaustrada, sofocada, y por tanto… inquieta. Nunca es una buena idea inquietar a la mitad equina de un Centauro.

Como la configuración de signos solares 6-8 guía su relación e influye sobre ella, es posible que el hombre Cáncer ejerza una fascinación inexplicable sobre esta mujer, con atisbos de misterio y secreto… además de un atractivo sexual magnético. Ella es curiosa por naturaleza, así que la forma en que él la obliga a adivinar constantemente sus sentimientos y sus estados de ánimo cambiantes es más emocionante que exasperante, como podría serlo para otra mujer. Durante la mayor parte del tiempo, ella se comportará con una docilidad inusitada bajo el hechizo del hombre lunar. Pero de cuando en cuando como por ejemplo cuando él la compare (desfavorablemente) con su madre (la de él). o cuando la regañe por ser despilfarradora, o cuando la acuse de hablar demasiado, y de no escuchar… ella perderá los estribos. Como Júpiter tiene la peculiaridad de agrandarlo todo, a esta chica no le falta genio. Puede ser tremenda cuando monta en cólera. Entonces dirá algo filoso y cortante (a Sagitario pocas veces o nunca le faltan las palabras) que herirá profundamente los sentimientos ultrasusceptibles de este hombre. El reaccionará violentamente. Ella contestará al desafío de su reacción disparando otra flecha de veracidad lacerante, y él entrará en uno de sus largos trances de silencio enfurruñado, y se replegará dentro de sí mismo en un lugar hasta el que ella no podrá seguirlo, y al que ni siquiera llegarán sus palabras. Es entonces cuando ella deberá salir a caminar sola por los bosques (el contacto con la Naturaleza siempre despeja infaliblemente las telarañas de Sagitario) y deberá proyectar su ser astral hasta el estado en que se hallaban las cosas antes de que él apareciera para protegerla confortablemente y hacerla reír con su humor extravagante. Entonces ella alimentaba un anhelo vago y solitario que pareció disiparse sencillamente la primera vez que él le sonrió con los ojos tiernos y centelleantes de su héroe del sexto curso, avivando recuerdos de otra época en que la vida era dulce y sencilla, y estaba impregnada de cálida familiaridad.

Sí, él tiene sus defectos. Pero es comprensivo, considerado y afectuoso. Es divertido y tiene una conversación fascinante que es más frecuente que sus arranques de mal humor. Es ciertamente leal y diligente. Nunca intentará ofenderla deliberadamente, ni infringirá una promesa cuando pueda evitarlo. Y se ha vuelto gradualmente más generoso, porque desea complacerla. No chistó la semana pasada cuando ella pagó mucho dinero para darse un gusto. Sobre todo, no es hipócrita. Es sincero y veraz. Ella no soporta a los hipócritas. Después de contar sus bienaventuranzas, ella volverá y le dirá que lamenta haberle gritado y que fue desconsiderada. Entonces, si ella ofrece hacer por él algo tiernamente solícito, el Cangrejo asomará de atrás de su caparazón y volverá a confiar en ella con su mejor sonrisa. ¿Acaso lo que podrá cicatrizar la herida, para que vuelvan a estar juntos como antes, será una comida deliciosa tal como las preparaba la madre de él? No. Él preferirá tenerla a ella en lugar de la comida. La extraña mirada de la Luna llena ha vuelto a aparecer en sus ojos, porque ella lo ha conmovido con su bondad. Así que se reconcilian haciendo el amor. Su química sexual es una de las bienaventuranzas que ella olvidó contar. Los deseos de la dama Arquero son más fogosos y apasionados que los de él, pero esto sólo sirve para estimularlo y desafiarlo a enseñarle que él es cardinal y ella es mutable. (Cardinal significa guiar.) A esto se suma el misterio obsesionante de su elemento Agua, que la atrae a sus abismos, a medida que ella aprende a conocer mejor el sosiego de sus territorios inexplorados merced a la lentitud y la delicadeza con que él aborda su necesidad recíproca.

Él la guía a un lugar donde la sensualidad es una promesa susurrante, expectante; donde el trémulo hechizo perdura mucho más, no obstante su naturaleza onírica, que una acometida fogosa de fusión instantánea que se extingue rápidamente, sin dejar el recuerdo de su serenidad. El fuego estimula y emociona con el atisbo de explosión. El agua apacigua y refresca… perdurando. La dosis justa de los dos elementos convierte la expresión sexual entre Cáncer y Sagitario en una experiencia intensa y satisfactoria. Pero el amor físico es sólo un nivel de la relación humana, así que el Cangrejo y su chica Arquero deben aprender a fusionar sus elementos Fuego y Agua en otras formas con el mismo tipo de sintonía cuidadosa. Con el tiempo, él aprenderá a respetar vehementemente el coraje de ella y… sí, su franqueza. Él puede confiar en el hecho de que ella piensa lo que dice, y es lo que es. Con el tiempo, ella agradecerá que la mano cautelosa de él descanse sobre la suya, apartándola de esos hoyos profundos en los que acostumbraba a caer cuando estaba distraída. Aprenderán a confiar el uno en el otro. Y he aquí un elemento que estos dos seres muy distintos tenían en común, mucho antes de conocerse. La búsqueda de alguien que te ofrezca la garantía de que siempre te amará tal como eres. Nada más importa.

Adaptación de Linda Goodman

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20 Comments

  1. Yo cancer de 21 años enamorado de una sagitariana de 20, ella es muy coqueta y trato de darlo su espacio, a veces me cuesta, porque tomo la acitud mas de un padre que de un Romeo, depende de ambos si lo nuestro funcione, saludo de un canceriano, el mejor signo 😀 hermoso texto me encanto!!!!

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  2. Que bello!!!!!! Soy sagitriana y de verdad parece que leíste mis pensamientos mas escondidos y dulces… Desde que conocí a mi Cangrejito fue tal cual y me daba miedo que por lo diferente que somos no duráramos nada, pero con este relato tan hermoso y a la vez una explicación tan clara de verdad entendí muchas cosas… Gracias me enamore de escrito es como verme en mis mejores sueños jeje… GRACIAS!!!

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  3. Es una descripción que me ha encendido! Amo intensa y libremente a un Cáncer que me habla con la suavidad de sus manos, su mirada silente y cómplice. Soy tan feliz amándole, que no preciso confirmar con palabras cada vez que toma mi mano y me lleva a Júpiter… o una de sus lunas.
    Nos esperábamos, hadta que coincidimos.

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  4. Gracias, este texto es exactamente lo que vivo con mi amorcito cancer. El es el hombre mas romantico que he visto en mi vida, me trata como una princesa. Y sobre todo fiel. yo como sagitario pensaba que los principes no existian, pero mi morcito cancer me ha demostrado lo contrario.

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  5. Esto me ha llevado a indagar las penumbras de mi mente y aprender a entender mejor la filosofía de cada uno de los dos por mi parte yo soy sagitario y mi pareja es cáncer y al leer este artículo me trasporto a otro lugar donde solo existimos yo y el a comprender mejor la sintonia con la que el me ama y es cierto si de algo estoy muy segura es de que el es cien por ciento leal

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  6. Lo que viví con él fue exactamente igual, esto lo leí cuando empezamos a salir y me agradaba porque fue tal cual, enamorada de sus ojos de su delicadeza, su poca pero concisa expresión y mucho tiempo después lo vuelvo a leer y fue así siempre, incluso las últimas heridas que nos provocamos y que finalizaron la relación. Fue bonito vivirla, me hizo realmente feliz, hasta me dan ganas de buscarlo, pero pues no. Gracias.

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