Mujer CÁNCER Hombre VIRGO

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Una fuerte compenetración emocional entre Virgo y Cáncer consta de muchos estratos, y es una experiencia con múltiples dimensiones. Exploraremos una, a modo de prueba. No es ficticia, sino muy real. Para proteger a los inocentes (porque ambos protagonistas del drama son en verdad inocentes y ajenos a la intención consciente de lastimarse el uno al otro), cambiaremos los nombres, la geografía y todo lo que se le parezca, y sólo conservaremos el hilo de verdad que podría unir a esta doncella lunar y a su hombre Virgo, por un lado, con usted y su propia chica Cangrejo, o con usted y su propio amante Virgo, por otro. La verdad es mucho más extraña que la ficción, porque la vida casi siempre gana la carrera contra las imaginaciones limitadas del hombre y la mujer. Se conocieron y vivieron su primer milagro en algún lugar del planeta, donde se enamoraron hace más de doce años. Son padres de cinco encantadores varones y niñas, que ambos adoran. Aún no se han casado. Quién sabe por qué, no pueden vivir juntos, ni separados. Durante meses poblados de empatía y compenetración, avanzan cogidos del brazo por el hechizado sendero kármico del Kismet 3-11. Entonces empiezan los anhelos de él, los suspiros de ella… llegan a esta triste y conocida bifurcación del camino y toman direcciones distintas. Se despiden con un ademán triste antes de llegar al último recodo brusco, y continúan marchando solos. El tiempo sigue transcurriendo, pero el destino perdura. Tarde o temprano, surge el recuerdo de la risa lírica de ella, de su sopa y de sus colchas confeccionadas con retazos de cálido afecto. La soledad de él llega a su punto crítico en el preciso instante en que ella eleva el habitual deseo a la Luna nueva, y entonces él aparece en el umbral. Consienten a los niños bajo las mantas del júbilo de su reencuentro, se aíslan del mundo de los padres de ella, hostiles, ceñudos (pero siempre doloridos), y forman nuevamente una familia. Hasta que llega la hora de que él vuelva a partir, dejando atrás, como siempre, una parte de su ser… que se materializará nueve meses más tarde en otra prueba viviente de la necesidad recíproca que los une. Cinco veces. Cinco ángeles que los guiarán por ese sendero recordado, onírico, a través del bosque de los malentendidos.

La próxima vez serán seis, el número de Venus. Podría ser distinto. Quizá Venus planea derrotar a la Luna inconstante de Cáncer y el Mercurio inquieto de Virgo. Así es como viven a veces estos dos amantes. Sobre todo si el hombre Virgo es uno de aquellos que temen que un compromiso profundo le haga perder su propia identidad. Sobre todo si la mujer Cáncer es una de aquellas que eligen el camino de la menor resistencia: la maternidad y la espera… confiando en que la magia de la luna nueva urdirá un hechizo de recuerdo magnético para atraer de nuevo al hombre Virgo inquieto que no tiene la fuerza suficiente para quedarse, pero que tampoco es capaz de zafarse de la atracción del encanto luminoso de ella… una y otra vez. Normalmente, algunas doncellas lunares piensan que los hijos o el dinero pueden mitigar cualquier golpe del destino, anestesiar cualquier dolor. Por supuesto, hay otros tipos de Cangrejos y Vírgenes. Hay un tipo de hombre Virgo que se adapta fácilmente a la necesidad de acomodar a la convivencia sus fobias de soltero, de acomodar el ritmo de su carrera al de alguna otra persona. Coteja su pérdida de intimidad con las ventajas de la compañía, y se queda, conformándose con reivindicar períodos ocasionales de aislamiento para meditar, para deambular solo, para refrescar sus objetivos específicos. Así como los curas y los monjes deben practicar «retiros», así también todos los hombres Virgo sienten que su propia naturaleza les exige retirarse y meditar a solas de cuando en cuando, para luego volver de su reclusión revitalizados y renovadamente tiernos. De nuevo en condiciones de creer una vez más, inocentemente, en el mañana.

La chica Cáncer que comprende esta necesidad del hombre Virgo amado, tendrá la precaución de pisar suavemente mientras él sueña, y de encontrar su propio refugio bajo un pino que tal vez esperó alrededor de un siglo la llegada de un amigo que se sentara a su lado, compartiendo una comunión silenciosa pero elocuente. Los árboles saben mucho. Escuchan comprensivamente y son bondadosos. Si los árboles pudieran andar, nunca cogerían un cuchillo cruel para tallar dolorosamente sus nombres, dentro de un corazón, sobre los brazos o las espaldas de los enamorados. Los árboles son portentosos maestros de la misericordia. Si la doncella lunar encuentra su propio sueño de una noche de verano por el cual deambular en aquellas oportunidades en que su hombre Virgo se pierde dentro de sí mismo para cavilar o planear o curar su mente atormentada… él se quedará. Así podrán entablar una perfecta armonía, y su relación nunca será sacudida por la percusión violenta del «Adiós», «Vuelve», «¿Qué fue lo que dije o hice?», «No te vayas», «¿Puedo ir a casa?», «Perdóname», «Por favor no vuelvas a hacerme daño.» Se trata de que floten apaciblemente a merced del flujo y reflujo de las mareas que se desarrollan entre ellos, sin tratar de hacer surf sobre olas demasiado altas y peligrosas. También existen aquellas chicas Cangrejo que tienen clara conciencia del carisma cardinal de Cáncer, aquellas mujeres regidas por la Luna que refuerzan pacientemente los ángulos débiles o desgastados de la trama de su relación, consagrándose a una carrera. Entonces las ambiciones de ella se convierten en los colores vívidos, y un amorío o matrimonio que no fue forjado precisamente en el cielo, pero que fue concebido suficientemente cerca de las estrellas como para titilar de vez en cuando, se transforma en el trasfondo de su vida, urdido como un cañamazo de color pastel.

Esto da resultado. Robustece su amor. Todas las mañanas se separan y ella sigue su rumbo tenaz, mientras él silba alegremente, manipulando motores, practicando yoga, reescribiendo el diccionario, dibujando mapas o quizá haciendo malabarismos con esos elementos de forma exótica que se llaman números y que producen resultados misteriosos, ya sea que uno los separe con guiones y puntos en talonarios de cheques, o en mediciones, planos o gráficos. Se convierten en una especie de desconocidos afectuosos que se enamoran todos los fines de semana. Esto satisface el deseo de cambio que experimenta ella y la necesidad de estar a solas para conservar la amistad consigo mismo (la persona en quien más confía) que experimenta él. Y les permite amarse. Cuando están enamorados en un sentido físico, el hombre Virgo y su mujer Cáncer se fusionan sosegadamente en una unión profunda y absorbente, con la misma naturalidad con que lo hacen la tierra y el agua en la Naturaleza. Cuando la influencia cambiante de la Luna sobre las emociones de ella es beneficiosa, y cuando él exhibe su personalidad normal y serena, el acto amoroso es para ambos una consumación pacífica del deseo. Pero cuando a ella la ataca su locura lunar, cuando sus fluctuaciones lunares declinan, convirtiéndola en un ser malhumorado y caprichoso, puede ahogar las intenciones afectuosas de él con una conducta y unas exigencias emocionales exageradas. Así como él puede lastimar la delicadeza de la pasión de la dama lunar cuando las preocupaciones del día lo han irritado y no puede relajar su mente ni su cuerpo. La ofuscación es un sentimiento contagioso, y se lo pueden transmitir el uno al otro, sin darse cuenta.

Es posible que entonces ella se recluya hoscamente en su corazón y se niegue a reconocer que su actitud implica un rechazo del deseo inseguro de él, y que él la culpe de reaccionar fríamente ante sus propios escarceos fríos. Es entonces cuando resultaría muy útil el talento analítico de Virgo, y cuando prestaría una gran ayuda el don de la percepción lunar. Sin embargo, desgraciadamente, es posible que estos trances de frustración sexual coincidan con los períodos en que ambos omiten recurrir a sus mejores cualidades para elucidar la ruptura de la comunicación entre ellos. El hombre Virgo y su doncella lunar pueden pasearse bajo el Sol y la lluvia, y recuperarse casi siempre de los cambios estacionales que experimenta su amor. Pueden confeccionar juntos tarjetas de San Valentín, pueden moldear bizcochos con la forma de lunas en cuarto creciente, pueden hacer juegos de palabras… porque a él le encanta meditar sobre las palabras… y a ella le encanta fingir que es más de una mujer, que se desliza por sus cambios de humor como una sirena rutilante, que oculta su auténtica personalidad de madreperla en los silencios de medianoche y en el fulgor de la risa de mediodía. Si su búsqueda conjunta es suficientemente fervorosa, estos dos pueden encontrar, juntos, praderas íntegras pobladas de mansa camaradería… quizás incluso podrán soñar una visión en el campo del profeta de Ardat… porque la suya es una vibración 3-11 en sextil.

En astrología, el sextil es una oportunidad, y sobre estos amantes siempre lloverán todas las que necesiten para reparar sólidamente las averías y grietas ocasionales de su relación, como si cayera constantemente alrededor de ellos una ligera nevada de estrellitas. El sextil mismo está representado por un símbolo en forma de estrellita… Cuando la chica Cangrejo se pone de mal humor, su Virgo se pone crítico y cáustico, y entonces deberán escapar al bosque, acostarse juntos y darse un baño de Luna, que es diferente de un baño de Sol. Cuando toman un baño de Sol, pueden quemarse, poneros rojos y sentir ardores. Cuando toman un baño de Luna, y sobre todo cuando la Luna está creciendo, casi llena, asumen un pálido tono dorado, azulado e iridiscente, como un ala de mariposa. Entonces, naturalmente, puedenn volar. Hay algo más que Virgo aprende lenta pero seguramente de su doncella lunar y pájaro loco. Mirar directamente al Sol puede cegarte. Pero mirar directamente la Luna delante de Cáncer es descansado, y a veces produce el milagro de permitir que el Tercer Ojo vea cosas que el misterio de la medianoche oculta a la luz del Sol. Después de tomar un baño de Luna juntos, pueden embarcarse en una barca y navegar rumbo a las ruinas de Babilonia. ¿Quién sabe qué descubrirán? Como escribió el profeta Esdras en los Apócrifos: El ángel Uriel vino a mí y dijo: «Entra en un campo de flores, donde no haya casa edificada, y come sólo las flores del campo, y no pruebes carne, ni bebas vino, pero come sólo flores… y entonces yo vendré y te hablaré…», así que entré en el campo llamado ARDAT.

Adaptación de Linda Goodman

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