Mujer CÁNCER Hombre LEO

No fue para recibir su agradecimiento, empero, que ella flotó allí en el cielo; ni siquiera fue para verlo entrar en el nido; fue para ver qué hacía con sus huevos, los de ella. A la doncella lunar y al León que se han enamorado les aguardan tres posibilidades, siempre que pretendan convertir su amor en una relación permanente: 1) Al cabo de pocos años, la dominará arrogantemente y ella estará sometida, trémula y lacrimosa, a sus caprichos soberanos, en razón de lo cual será aún más melancólica que cuando se conocieron. 2) Al cabo de pocos años, ella pulverizará la confianza de él con su afable pero perseverante hostigamiento, obligándolo a replegarse en silencios tristes y huraños. 3) Al cabo de pocos años, harán ajustes, transigirán en sus diferencias, y vivirán eternamente felices… amándose y riendo y llorando y aprendiendo. Convertir la tercera posibilidad en realidad no será una cosa de coser y cantar, ni tampoco será una tarea para los pusilánimes o los egoístas. La operación exige una conciencia sensible de las precauciones que es indispensable tomar cuando se combinan el Fuego y el Agua. Él tendrá que soportar la desconcertante melancolía de ella, y deberá tratar de descubrir la causa original de sus reflejos posesivos. Ella tendrá que pasar por alto las actitudes egocéntricas de él, sin perpetuarse en la autocompasión cuando él se desentienda desconsideradamente, alguna que otra vez, de sus sentimientos. Él deberá comprender que la mitad del espíritu posesivo de ella desaparecerá cuando tenga hijos a los cuales acunar y arropar, y que la otra mitad desaparecerá cuando él se tome el tiempo necesario para apaciguar sus temores y reforzar su seguridad emocional.

Ella deberá comprender que gran parte de la arrogancia de él es producto de una duda interior en sus aptitudes (que, paradójicamente, aumenta en proporción directa a su éxito) y que ella no conseguirá nada de él si maltrata su orgullo, y que en cambio casi logrará hacerlo actuar como un cachorro si valora verbal (y sinceramente) sus virtudes y le concede por lo menos la opción de tomar la iniciativa en casi todo. Pero ella debe tener la precaución de conservar al mismo tiempo su propia dignidad e individualidad. Si todo esto les suena como una guía para la santidad, están en lo cierto: se trata más o menos de eso. Se necesita mucha serenidad, amor y paciencia de santos para que un Cangrejo y un León aprendan a confiarse gradualmente el contenido de sus corazones, porque sus sueños son muy distintos. No se depriman. Existen esquemas astrológicos fiables para convertir esta relación en un diseño eterno, edificado sobre una sólida base de felicidad, brillantemente iluminado por las lámparas lunares de ella y provisto de calefacción solar suministrada por él. He aquí un ejemplo de uno de estos esquemas. Cuando conocí a mi buena amiga Cáncer, ésta titilaba con su humor de Pájaro Loco. Ella está casada con un Leo, pero no un gatito tímido ni un rugiente gato de la jungla. Es sencillamente un León. Un monarca. Un rey. Resulta ser un Leo excepcionalmente bondadoso y generoso, pero es un León. Él es llamativamente apuesto. Ella es fascinantemente bella. Ella prepara pasteles deliciosos. Él ronronea. (También gruñe, por supuesto, pero más a menudo ronronea.) «¿Cuál es tu signo solar?», le pregunte, pocos segundos después de haber intercambiado nuestros primeros saludos. Entonces me miró con una expresión de fingida pena en sus grandes ojos de pestañas rutilantes, exhaló un suave suspiro de resignación y respondió: «Soy Cáncer. Tengo dos hijos de signo de Fuego, un perro Leo, un gato Leo, varios familiares Leo, un ama de llaves Leo y un marido Leo… y lloro mucho». «Apuesto a que es así», contesté con un repentino arranque de compasión. Por supuesto, sabía que bromeaba (al decir que lloraba: los signos de Fuego eran auténticos). y que no hacía más que desplegar su humor lunar. Igualmente su comentario indicaba sutilmente que tenía conciencia de los sacrificios que recaen sobre una doncella lunar cuando ésta vive con Leones y Leonas que son el orgullo de la jungla.

La mujer Cáncer desempeña apaciblemente su papel con el signo solar de Leo, y asimila todas las lecciones beneficiosas que está astrológicamente destinada a aprender durante su actual vida de servidumbre… quiero decir, durante este ciclo vital presente. En serio (sólo me estaba chanceando), esta chica Cangrejo adora innegablemente a su León. Lo respeta, y nunca trata de eclipsarlo. A cambio de ello, él le ha permitido lucir la corona deslumbrante que la identifica como su reina… y que además le sienta muy bien. Pero no se humilla, ha conservado su independencia como mujer, y no es una esclava. Como toda esposa y madre Cáncer, cuando sus hijos eran muy pequeños, ella se desvelaba quizás exageradamente por su cría: la ahogaba en ungüento Vicks y en sopa de pollo, y la sofocaba con su preocupación y cariño maternales en una casa atestada de termómetros, acuarelas y pasteles de cumpleaños sentimentalmente perpetuados. Pero después de un tiempo se ciñó firmemente la corona, se adelantó con paso majestuoso y se asoció con una amiga en un negocio de mucho éxito. No he dicho más, sino casi tantas. La diferencia es vital. Sagazmente, nunca permite que su propia carrera afecte la pródiga atención que su gran gato pretende recibir y recibe. Es una anfitriona de ensueño, aún más bella y juvenil que cuando se conocieron, y tiene cien temas de conversación para abordar con su Leo, todos ellos mucho más estimulantes que los que se refieren a los detergentes y la depresión.

Los dos admiran sinceramente sus respectivos intelectos, talentos y logros, y aunque la dama lunar tiene una agenda muy activa, encuentra tiempo para halagar como corresponde a su León. Si se concedieran los Premios de la Academia a la Felicidad, seguramente ella recibiría un Oscar por su papel auxiliar. No hace mucho tiempo, cuando una amiga suya pasó por una etapa pasajera pero angustiosa de indigencia y tragedia personal, ella la visitaba frecuentemente, como un ángel de misericordia, con los cestos de Cáncer rebosantes de frutas, mercancías, dinero… y lealtad. (Pero siempre volvía a casa a tiempo para preparar la cena y para alimentar a su León y sus cachorros hambrientos.) Ya tienen un plan de instrucciones para la compatibilidad entre Cangrejos y Leones, damas lunares y gatitos, Cáncer y Leo. También para Leones y Cangrejos, gatitos y damas lunares, Leo y Cáncer. Es eficaz con cualquier combinación, pero probablemente dará resultados más rápidos con las tres últimas. A Leo le gusta ganar todas las batallas. Cáncer prefiere ganar la guerra. La chica Cáncer recibe la poderosa influencia de la combinación entre su signo solar femenino y su regente también femenina, la versátil Luna. Por tanto, personifica el misterio de la mujer, todos los anhelos complejos y el comportamiento inexplicable de la misma Eva. El hombre Leo recibe asimismo la poderosa influencia de la combinación entre su signo solar masculino y su regente igualmente masculino, el Sol. Por tanto, personifica el carisma conquistador del hombre, toda la sabiduría y la fuerza, la testarudez y el espíritu orgulloso del mismo Adán. Ya ven por qué ella consigue tentarlo al principio, y por qué él se deja seducir tan fácilmente por los pasteles caseros de ella. Sin embargo, Cáncer es cardinal, y esto la convierte en una Eva un poco autoritaria. Leo es fijo, y esto lo convierte en un Adán terco.

Desde el punto de vista emocional, convivirán mejor si ella no trata de competir- con la personalidad más enérgica de él, y si en cambio deja que ésta saque a relucir todas las cualidades tiernas y serenas de ella. Es natural que la Luna (Cáncer) absorba los brillantes rayos solares del Sol (Leo) y que los devuelva reflejados en forma de la iluminación más suave y plácida de los rayos lunares. La imitación de la Madre Naturaleza nunca descarría la naturaleza humana, en tanto estos dos no exageren sus papeles solares-lunares y no caigan en la trampa de poner excesivo énfasis en ellos. Demasiadas parejas Cáncer-Leo se dejan arrastrar inconscientemente hacia este peligro. Una asociación con connotaciones sadomasoquistas no tiene nada de «natural». Pero éstos son los casos extremos. La mujer Cáncer y el hombre Leo deben esforzarse por atemperar sus respectivas personalidades divergentes mediante un intercambio sutil pero constante, y deben evitar que él sea excesivamente dominante y ella excesivamente sumisa. Para lograr este equilibrio, será muy útil que la Luna o el ascendente de uno de ellos, o de los dos, agregue una influencia de Géminis o Libra. La atracción química que experimentan la chica Cangrejo y el León cuando se enamoran por primera vez, puede sufrir posteriormente flujos y reflujos. Su magnetismo físico es poderoso, pero exige una fusión delicada de sus naturalezas. Si él es impulsivo, exigente y descuidado cuando hace el amor, y ella es demasiado sensible, pasiva y esquiva en esa misma circunstancia, es posible que la mente de él divague y que las emociones de ella se refugien en extrañas sombras. Cuando su compenetración física es buena, es muy buena, porque ella es maravillosamente receptiva, y él es prodigiosamente tierno y afectuoso. Como la actitud sexual de ella irradia una dulzura y una suavidad que complementa la vehemencia de él, la pasión intercambiada entre ambos puede ser muy profunda. Pero ella puede herirlo con su humor cambiante cuando está inquieta y él interpreta equivocadamente su actitud como una falta de respuesta… y él puede herirla con su distanciamiento cuando está preocupado y ella interpreta equivocadamente su actitud como una prueba de indiferencia.

Las lágrimas forman parte, a menudo, de su convivencia, pero éstas pueden ser curativas, y en el caso de Cáncer y Leo pueden transformarse en lágrimas de regocijo cuando él apacigua y disipa las pesadillas de ella con su contigüidad familiar y reconfortante. Los ensueños de ella siempre son más hermosos cuando se duerme rodeada por los brazos de Leo, porque esto significa que su corazón está nuevamente a salvo, por un tiempo, del temor infantil a la soledad que recuerda inconscientemente. Es entonces cuando él comprende cuánto lo necesitan, y llora… pero ella no está despierta, y no lo sabe, y él no se lo dirá nunca. Ella tiene muchos secretos, pero él tiene sólo uno. Su vulnerabilidad. El León hechizado por una chica Cangrejo en una noche de verano, siempre se sorprende cuando la conoce mejor. Ella parecía una criatura tan indefensa, que buscaba la fuerza de él… suave, o igualmente tímida, con los ojos muy abiertos, con necesidad de que alguien la guiara. Experimentó un ramalazo de ternura. Más tarde aprendió que ella es más que femenina: es mujer. La feminidad es una cualidad cautivante. La condición de mujer es más profunda. Ella es reconfortante y maternal, lo consiente bajo mantas de seguridad perfumadas con espliego… y es tan intuitiva que adivina sus pensamientos y sentimientos sin necesidad de que él pronuncie una palabra. Más adelante él descubrirá algo más, ambiguo, difícil de definir. Esto lo turba, porque precisamente cuando se ha convencido de que controla la relación, ella lo elude, le hace sentir que al fin y al cabo no es realmente el amo y señor de esta dama. No totalmente, como antes creyó serlo. Ella nunca lo desafía, pero él sospecha que tal vez tiene un recoveco secreto en la mente donde se refugia cuando la ha agraviado, cuando han reñido.

Le gustaría seguirla hasta allí para decirle que está arrepentido, pero no conoce el camino. -Y por tanto debe esperar que ella vuelva, cuando le plazca, de su recoveco secreto. Es imposible sacarla de allí con halagos, o azuzarla. Él siempre se regocija cuando ella regresa y se convierte nuevamente en una mujer de carne y hueso, que ha recuperado su personalidad normal, divertida, espabilada y alerta… que tararea mientras hornea su pastel de manzana, que lo excita con el aroma de su cabello mientras le besa la mejilla. Es hora de sugerir impulsivamente un viaje. A ella se le despierta la fiebre trashumante y exclama: «¡Vamos!» Y él se hace cargo, confiadamente, de los planes de viaje. ¿Partirán mañana mismo por la mañana? ¿Por qué no? Cuando viajan juntos a algún lugar se sienten como si un viento fresco soplara por el amor que flota entre ellos. Entonces ella lo tiene totalmente a solas, para sí misma, como le gusta, y él puede inculcarle toda clase de nuevas lecciones. Fueran adonde fueren, él es un experto en las personas, el idioma, las tiendas y la geografía circundante, Ella, su dulce doncella lunar, escucha… fascinada. Y mientras escucha, recuerda por qué se enamoró de él. Él sabía mucho acerca de muchas cosas, y le confería a todo un aire excitante. Tenía tanta confianza, estaba tan seguro de sí mismo, como ella siempre había anhelado estarlo de sí misma, sin conseguirlo. Pero… en su certidumbre había algo que la inquietaba, y durante mucho tiempo no había podido determinar de qué se trataba. Hasta que un día lo comprendió. «Si se siente tan confiado —se dijo—. y sabe tanto, y está tan seguro de que siempre tiene razón… ¿por qué necesita mi aprobación constante?» De pronto, lo comprendió. «Sólo finge ser valeroso y fuerte y sabio. Excepto cuando sabe que yo le creo. Entonces lo cree él también.» Esta revelación le produjo una aguda pena de amor. Y derramó las mismas lágrimas que derramó Eva cuando ella aprendió por primera vez el secreto más recóndito de la mujer, gracias al Árbol de la Sabiduría del Edén.

Adaptación de Linda Goodman

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4 Comments

  1. Es un relato muy hermoso, yo soy cáncer y siempre he tenido fascinación por los Leo, solo hace poco pude hacer realidad el conocerlo, pero por desgracia eso ya es algo imposible, espero que en mi proxima vida pueda realizar este amor.

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  2. Un relato hermosísimo y tal cúal es mi relacción con mi León. Llevamos 23 años juntos, tenemos dos hijos maravillosos y puedo asegurar que cada, minuto,cada segundo, no he dejado de ser feliz a su lado, lo mismo que lo es él conmigo,no dejamos de demostrarnos cada día el amor que sentimos el uno por el otro a pesar de ser Luna y Sol, noche y día, agua y fuego. Supongo que se trata de encontrar ese equilibrio del que hablas sin dejar de ser uno mismo. De nuevo, enhorabuena por el relato.

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