Hombre CÁNCER Mujer LEO

La Leona cavila. Este hombre Cáncer es… raro. Es un Cangrejo manso, un hombre sensible, más considerado con ella, como mujer, que cualquier otro que haya conocido. No es autoritario, y casi siempre que discrepan deja que ella se salga con la suya. Claro que tiene sus malos humores, pero… se preocupa por ella, y se interesa realmente por sus sentimientos. La protege cariñosa y afectuosamente de los seres insensibles, rudos, groseros y vulgares que la ofenden. En verdad, nunca se sintió tan segura y venerada en toda su vida, excepto cuando era muy pequeña. Por fin ha encontrado un hombre que la aprecia sinceramente. Sin embargo, la inquieta algo que intuye en su relación. Algo indefinible. Quién sabe por qué le hace sentir un ligero desasosiego, como una advertencia susurrada. ¿Pero una advertencia de qué? Este algo que intuye es la influencia de la esencia cardinal de él. Cáncer es un signo cardinal de liderazgo. Los astrólogos se lo recuerdan una y otra vez a los signos de Fuego, hasta el cansancio. Esto significa que, detrás de su tierna galantería y de sus modales corteses, detrás de sus risitas y de su humor jovial, se las apaña sutilmente para… bueno, para manejar las cosas, incluida la vida de ella. Nunca le grita ni tiene accesos de cólera violenta durante los cuales le formula exigencias machistas. Esto es algo que ella podría afrontar. Un desafío franco y directo estimula a la chica Leo, en lugar de asustarla o azorarla. Pero sabe, de una manera tácita, subliminal, que lo que se espera de ella es que acepte el apacible liderazgo de él.

El reino que gobiernan, grande o pequeño, será administrado en forma conjunta. Ella podrá asistir a todas las fiestas que quiera, podrá iniciar todos los alegres festejos que desee, podrá vestirse regiamente, podrá agregar una o dos gemas a su tiara cuando esté deprimida y necesite un rubí adicional para animarse, incluso podrá ser la encargada de dar todas las órdenes al lechero y al cartero y al personal de limpieza del castillo, y de elegir los monogramas más adecuados para su ropa blanca y su platería. En los días de desfile, podrá sentarse adelante, sonriendo y saludando, en un trono con su nombre escrito con rosas. Pero él asumirá las verdaderas responsabilidades entre bambalinas, y quedará claramente convenido que, si bien en el noventa y ocho por ciento de los casos será afectuosamente indulgente con los caprichos y fantasías de ella, él ejercerá el poder de veto en aquellas cuestiones que componen el dos por ciento de las circunstancias en que el carácter impulsivo de ella choca de frente con la cautela de él. ¿Él es realmente así? Sí. Es realmente así. Ella esperaba que este hombre personificara las cualidades que, a su juicio, eran propias del elemento Agua: bondad, comprensión, mansedumbre, sensibilidad, y… esperen un momento. Él posee todas estas virtudes. Sin excepción. Bueno, sí; pero este problema del liderazgo es inquietante. ¿Qué pasa con él? Su majestad la Leona, querida amiga, si quieres un hombre con todas las cualidades del elemento Agua, pero desprovisto de la vibración de liderazgo, deberás buscar a un Piscis o un Escorpión.

El Pez mutable no intentará gobernarte, ni siquiera con sutileza, pero tampoco es tan fiable como tu dulce Cangrejo, y aunque también es muy inteligente y sensible, es esquivo en el plano emocional. El Escorpión tampoco pasará su vida intentando dirigirte. Escorpión es un signo fijo de Agua. Sólo tratará de organizar las cosas para ti, pero por supuesto no deberás olvidar el aguijón del Escorpión, en el caso de que pisotees casualmente su orgullo o lo encolerices. Tu afable Cangrejo no te picará. Es posible que se enfurruñe un poco, y que se encierre bajo su caparazón por unas horas o unos días, pero no te picará cuando menos lo esperas. Piénsalo. Con tu hombre Cáncer tienes todas las cualidades positivas y bellas del elemento Agua, más la seguridad de la promesa astrológica de que nunca te picará para vengarse, y la convicción de que, en lo emocional, es considerablemente más fiable que sus hermanos regidos por Neptuno. Sus actos y su conducta son regidos por la Luna, así que reflejará suavemente sobre ti tu propia luz solar, y seguramente comprendes el valor de que reflejen tu luz solar. (¿Qué Leo no lo comprendería?) Tú misma has nacido bajo el signo fijo del organizador, ¿así que por qué no habrías de dejar que él mande, si tanto le interesa, mientras tú organizas su liderazgo? Él no ocultará tu luz. La refleja, ¿recuerdas? Tú eres el Sol. Él es la Luna. Tú gobiernas el día. Él gobierna la noche. No quería entrar tan pronto en el aspecto sexual de tu romance, pero aquí está, insinuándose y espiándonos, así que discutámoslo ahora.

Es interesante esto de que el Sol (Leo) gobierna el día, y la Luna (Cáncer) gobierna la noche. Podría implicar que a la mujer Leo le complacerá permitir que el hombre Cáncer los conduzca a los dos a la expresión física del amor durante la noche. Y probablemente esto es lo que implica. Pero también podría implicar que tal vez el Sol que la rige a ella lo halagará para hacerle entender la cálida sorpresa, el tipo especial de intimidad que suministra el contacto físico compartido durante el día, a la luz del Sol. Las influencias solares-lunares combinadas, generadas por su relación, podrían hacerles disfrutar a ambos la experiencia regocijante de infringir la ortodoxia, y de cambiar las normas viejas, agotadas y absurdas, en todas las áreas de la vida. ¿Por qué la noche ha de ser la única circunstancia aceptable —o prevista— para hacer el amor? Una idea como ésta puede engendrar otras cien relacionadas con los códigos y costumbres restrictivos que impone la sociedad, y ella lo incitará a internarse en mundos originales y temerarios con los que él sólo se atrevió a soñar antes de que el Sol de ella se fusionara con su Luna. Él sólo soñó con viajar, antes de conocerla. Después de conocerla, y en compañía de ella, se ceñirá alas a los talones y al corazón, y volarán rumbo a nuevos horizontes, a lugares que él siempre anheló alcanzar surcando el cielo como una centella. Y esto es bueno. Bueno para él y para ella. Al mencionar la trasgresión de la ortodoxia no me refería a los nuevos estilos de promiscuidad sexual: amantes múltiples, experiencias de masaje colectivo, o cualesquiera de esas vibraciones de Sodoma-y- Gomorra, Decadencia-y-Caída-del-ImperioRomano, Orgías-Alcohólicas-de-la-Acrópolis-Griega. Ésa es la ruta que lleva al remordimiento y la auténtica vacuidad del corazón y el cuerpo. Me refería al descubrimiento recíproco de que la sexualidad entre el hombre y la mujer puede contener novedad y frescura, y no debe estar dictada necesariamente por insensatos esquemas de hábitos implantados en el inconsciente.

Lo erótico y lo sensual pueden mezclarse con sentimientos especiales y evocaciones de graneros poblados de heno aromático, de la mañana de Navidad, del brillo de las estrellas, de bosques espesos y frescos, de un arroyo plácido en las montañas, de puentes cubiertos en aletargados caminos rurales, de un amanecer de Pascua, de lirios en el valle, de caballos y gallinas, de la fogata de un campamento de niños exploradores… incluso de la fragancia que exhala el periódico cuando se lo recoge en el porche después de un chubasco estival, como si hubieran derramado ozono sobre el olor especial de la tinta de imprenta, que anuncia un nuevo día. O quizá del humo de la leña… y de las crías de ardilla. Así es la sexualidad cuando es apropiada y feliz y especial. La unión física entre un hombre Cáncer y su mujer Leo pueden implicar una experiencia conmovedora, porque los sentimientos sexuales de él son poéticos y sensibles, sosegados y profundos… y los de ella están inflamados por un deseo vehemente, pero a veces son tan serenos y apacibles como un día de verano. La hondura emocional de él y la calidez emocional de ella pueden convertir su unión en un trance feliz y reparador para ambos. Pero deberán estar atentos a los peligros del Fuego y el Agua. Ella puede helarse hasta el punto de frigidez cuando lastiman su orgullo, y él puede enfurruñarse y llorar —o volverse duro e impasible—cuando lo hacen sentir rechazado por cualquier razón imaginaria. Los Cangrejos son especialistas en imaginar ofensas involuntarias. Ella lo es aún más en alimentar su falso orgullo. Ambos tienen otros talentos que sería más sensato cultivar, en lugar de estos dos. La ternura es siempre la piedra angular de la intimidad entre Cáncer y Leo. Cuando está ausente, también faltan el sosiego y la satisfacción de su fusión sexual.

Los cambios de humor de él, a medida que la Luna discurre en lo alto por sus fases, y se desplaza al mismo tiempo por su mente y sus emociones, la preocuparán unas veces, y otras la fastidiarán y encolerizarán. Pero su corazón de Leo es grande y generoso, perdona rápidamente cuando ama, y ella no es una mujer rencorosa. A menos que ella tenga a su vez la Luna o el ascendente en Cáncer, en cuyo caso serán muy compatibles como amantes, y ambos alimentarán rencores, pero generalmente no recíprocos, sino contra las personas situadas fuera de su círculo de amor, lo cual podría ser duro para sus amigos y parientes. Igualmente, la madre de él nunca será el blanco del rencor, ni aun del mínimo menoscabo. Su madre era, es y será siempre una santa, esté o no formalmente canonizada. Será prudente que la Leona lo recuerde siempre. En tanto que normalmente Leo no se aferra a antiguos agravios, infortunadamente Cáncer sí tiende a aferrarse a ellos con tenacidad, tanto si se han registrado hace pocas horas como si se remontan a varios años atrás. Si el Cangrejo emulara el espíritu magnánimo de su mujer Leo, sería un hombre más dichoso, y ésta es una de las cosas a las que se refiere la astrología cuando decreta que Cáncer debe asimilar lecciones de Leo. Cuando estos dos se casan —y es probable que se casen, porque los Cáncer trazan proyectos con carácter definitivo, y la Leona sólo se presta al papel de reina-esposa, y nunca de amante o de amiguita desechada— el Cangrejo debe saber lo siguiente acerca de su radiante y encantadora consorte: ésta debe gobernar algo. O intentará gobernar a alguien. Concretamente, a él. (Y a los hijos, por supuesto, ¿pero qué ocurrirá después de que éstos se vayan del hogar? Es posible que engendren una legión de jóvenes Sagitario, y que algunos de ellos dejen precozmente el hogar, entre los diez y los doce años.)

El hombre Cáncer que ame sinceramente a su Leona —y todos saben que los Cáncer nunca aman de otra manera, sino sólo sinceramente, porque todos son muy sinceros— la alentará a seguir una carrera digna de sus talentos (no ha nacido la mujer Leo que no posea uno o más talentos descollantes) o la autorizará a ser la monarca absoluta, aunque benévola, de su hogar. Lo uno o lo otro. De lo contrario será tremendamente desdichada, y él será un Hombre-en-la-Luna muy desgraciado, frecuentemente chamuscado por el Sol regente de ella. Es posible que entonces deba recurrir a la bebida, o a otras evasiones líquidas, como la de nadar a medianoche durante un eclipse, en torno de los arrecifes de la playa… quizá flotando más allá de las rocas hasta la ciudad siguiente, donde tal vez permanecerá hasta que ella acceda a disculparse. Si se computa que Leo tiene mucha alergia a las disculpas, el asedio podría ser muy prolongado. ¿Qué clase de vida será ésta, en la cual él se instalará en una sórdida habitación alquilada, circundado de pilas de toallas baratas, con una caja de jabón que compró en una liquidación, y con una botella de vino para ahogar sus penas… mientras ella trata de ocultar valerosamente su angustia paseándose sola por el vasto, confortable, lujoso y elegante castillo que decoró para él? A ello se suma el problema del reparto de bienes. ¿Quién recibirá en custodia los artículos de él: el mullido edredón que le regaló mamá, su colección de autógrafos, su colección de antiguos distintivos electorales, su caña de pescar… y los artículos de ella: su secador de cabello, su tiara de rubíes, sus alfombras orientales, sus plumas de pavo real y su trono, con su nombre escrito con rosas marchitas… y los artículos de ambos: los perros y los gatos y el acuario, la computadora, el auto familiar y la casa y el pequeño amuleto de oro semejante a una Luna nueva que él le regaló a ella? (Estos dos hacen regalos distintos. Los de ella son más voluminosos, y han salido pródigamente de su corazón generoso. Los de él son un poco más pequeños, pero han salido cariñosamente de su corazón afectuoso.)

En último lugar, pero no porque sea menos importante, ¿qué pasará con sus cuentas corrientes y de ahorros, sus pólizas de seguros, sus rentas y sus propiedades inmuebles? ¡Que Dios nos ampare en ese día de reparto! A ella le resultaría mucho más fácil tragarse ese enorme bloque de falso orgullo, y a él salir arrastrándose de su caparazón autoprotector. El Cangrejo y la Leona no están cómodos en el océano, donde ella se siente fuera de lugar, ni en la jungla, donde a él le ocurre lo mismo. Sólo están cómodos juntos, en el cielo, en el plano astral, donde sus espíritus pueden comunicarse… o el uno en brazos del otro, donde el Fuego y el Agua desafían la ley de los elementos y se fusionan… en ese tipo de comunión que nunca ha reconocido otra ley que no sea la suya propia.

Adaptación de Linda Goodman

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17 Comments

  1. Gracias por la descripción de hombre cancer y mujer leo, la cual elimina toda duda acerca de una posible gran relación en la que me gusta ser directo en la expresión del amor y el deseo que siento hacia la mujer que acabo de conocer que está regida bajo este signo de fuego

    Espero que el acoplamiento en nuestros encuentros sea lígero y divertido así como nuestra fusión corporal apasionada, profunda e inolvidable.

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  2. Lindo redacción con palabras e interpretaciones como técnicaa y antiguas
    Podrias modificarlas de un lexico mas jovial y con una jerga actual

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  3. Me encanta cuando describes los gustos de Leo, siento que mis ojos brillan con las palabras bonitas sobre joyas y sentimientos divinos. Y el hombre cáncer; naturalmente estoy atraída por él, pero me huye, o eso siento, soy ascendente cáncer. No sé como acercarme sin verme tonta y sin orgullo

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