Mujer GÉMINIS Hombre PISCIS

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Nunca ha habido un Pez que no se sintiera un poco inseguro acerca del lugar que ocupa en la estima de la mujer Géminis que ama. Ésta le dará abundantes oportunidades para sentir celos, o los que pasan por serlo entre los Piscis, aunque en verdad se trata de una variante bastante atenuada. Pero a él no le servirá de nada, porque la aparente veleidad de las Gemelas es incorregible. (Supongo que ya saben que toda chica Géminis contiene dos-mujeres-en-una. Empezó a flirtear cuando estaba en la cuna o cuando la empujaban en su cochecito: arrojaba besos a los desconocidos, sonreía a cualquiera que se fijase en ella, conquistaba corazones con sus luminosos y titilantes ojos como estrellas.) Esta mujer nunca crecerá realmente. Parece una chiquilla traviesa, encantadora, que llora cuando la regañan, que ríe alegremente cuando está satisfecha, que halaga y provoca y engatusa hasta que se sale con la suya… y no es difícil que obtenga lo que desea de un Piscis. Este es esencialmente un hombre bondadoso, afectuoso y tolerante, no demasiado exigente. Por supuesto, los Piscis pueden tener sus arranques de irritación y mal humor, y cuando abusan de ellos más allá de su límite de resistencia, se convierten en auténticos cascarrabias. Pero durante la mayor parte del tiempo, el Piscis está dispuesto a esmerarse por satisfacer las necesidades de ella. Es posible que se desconcierte cuando sus necesidades cambien a cada rato, junto con sus deseos y ensueños, pero igualmente seguirá esmerándose. En verdad, él tampoco es un modelo de estabilidad. Ninguno de los dos recibió una dosis generosa de esta cualidad en la cuna. El Pez se impacienta rápidamente después de lidiar durante mucho tiempo con las algas de los obstáculos y demoras, y en cuanto a ella… bueno, las mujeres Géminis sólo tienen una pizca de paciencia, o ni siquiera eso.

Es innecesario aclarar que éste se convertirá en uno de los elementos que alterarán frecuentemente la placidez de su relación, típica de la configuración de signos solares 4-10. La paciencia es el principal ingrediente necesario en cualquier receta para lograr la felicidad y la armonía. Es posible que los ojos de un hombre Piscis parezcan extraviados. Los ojos de Géminis parecen buscar algo próximo a ser hallado. Cuando se trata de Piscis, Acuario, Escorpión y Géminis —los cuatro signos solares— los ojos reflejan la pauta de la personalidad y el cuño del alma. La mente de ella es como una casa de cristal desde cuyo interior contempla vida, con un panorama tridimensional en cualquier dirección hacia la que se puedan encauzar sus anhelos. Estas múltiples alternativas generan muchas manifestaciones en la personalidad exterior, pero sobre todo… versatilidad. Los estados de ánimo de la Géminis regida por Mercurio no se parecen a los océanos más profundos de los estados de ánimo de Piscis, regidos por Neptuno. Aquéllos son veloces como el rayo, mercuriales, y afloran en ella imprevisiblemente, como un cambio de la dirección del viento. La mente del Pez también parece una casa con muchas ventanas, pero sin cristales, ni persianas ni visillos para protegerlo de las estaciones… o de los caprichos de ella. El hombre Piscis es vulnerable y sensible, no sólo al trato que recibe de los demás, sino a los sentimientos y emociones de quienes lo rodean, cuyos problemas y síntomas asimila en su mente y su cuerpo. Ya ven entonces que en algunas oportunidades la relación con la chica Géminis, cambiante y frecuentemente alterada, que a veces proyecta dos emociones al mismo tiempo, puede ser bastante desquiciante para el hombre regido por Neptuno. Esta mujer nació chisporroteando energía mental y física como si se tratara de ondas sísmicas. Piscis nació cansado. No es raro que el Pez esté un poco cansado, en lo espiritual, si se toma en cuenta todo lo que ha visto durante sus muchas encarnaciones: todo el poder y la gloria, lo feo y lo bello, lo atrozmente innombrable… y lo estáticamente indescriptible. Es agotador. Sobre todo cuando sientes la tentación, mientras sueñas despierto, de compararlo con la actual existencia vulgar y mundana. Esto, por lo menos, lo entenderá su mujer Géminis. La necesidad que él experimenta de ver el mundo a través de un cristal de color suave hace vibrar una cuerda consonante en el corazón de ella. A ella también le gustaría que las cosas fueran distintas, más hermosas. Pero su naturaleza mercurial no rehúye analizar fría y claramente las cosas tal como son, mientras piensa en sueños cómo le gustaría que sean, en tanto que Piscis nunca quiere admitir la horrible verdad de nada. La forma en que ella desgarra constantemente la vida para verificar cómo se lo podría recomponer en condiciones más aceptables, lo alarma. Cuando ella inicia este proceso analítico con el amor, o sea con algo que según las arraigadas convicciones de Piscis es imposible analizar, porque existe el riesgo de lesionar su delicada estructura, hay señales de que empieza el conflicto, acá, allá o acullá.

Las parejas Géminis-Piscis suelen cambiar de residencia más a menudo que cualquier otra combinación de signos solares (exceptuando Géminis-Sagitario, el doble Géminis o el doble Sagitario). En realidad, éste es un factor francamente positivo, porque la excitación de la mudanza no deja mucho tiempo para las peleas menudas. Como todas las configuraciones de signos solares 4-10, Géminis y Piscis deben lidiar con la vibración de tensión. Sus naturalezas son totalmente distintas, sus motivaciones les resultan mutuamente inexplicables durante la mayor parte del tiempo. Las situaciones dolorosas asociadas con sus familiares, con los padres de uno u otro, o con sus carreras individuales, pueden servir de marco a los estallidos de desavenencia. Con un intercambio armonioso del Sol y la Luna en sus natividades o con Lunas en conjunción) unos hilos de comprensión los acercarán aún más. Sin estos primeros auxilios planetarios, ambos sufrirán múltiples heridas, que podrán tardar mucho en cicatrizar. Si él se queda charlando demasiado tiempo con un vecino, ella es capaz de dejarlo fuera de casa durante toda la noche. Entonces es posible que él masculle: «¿Y qué falta me hace?», y que se vaya a ahogar sus penas en la taberna de la esquina, en razón de lo cual ella vuelve a dejarlo fuera de casa, en razón de lo cual él necesidad que ella experimenta de que no la sofoquen ni la subyuguen demasiado, y es probable que ella pueda suministrarle las variadas muestras de afecto que él necesita para no aburrirse. Ni a Géminis ni a Piscis les hace falta una pasión fogosa para que el acto amoroso les proporcione la satisfacción de la auténtica intimidad, y ambos son capaces de adaptarse inmediatamente a los caprichos y deseos efímeros del otro. Sin embargo, es posible que a su unión le falte una fusión física realmente profunda. ¿Acaso ello se debe a que el amor nunca basta por sí solo para satisfacer los anhelos innominados de Piscis o Géminis? ¿O se debe a que rara vez los signos de Aire y Agua experimentan, como los de Tierra y Fuego, una necesidad arrolladora de consumar sexualmente su afinidad mental y emocional primigenia? Cualesquiera que sean las razones, a estos dos nunca les resulta fácil convertirse en «una sola carne» o «conocerse» sexualmente, en el sentido bíblico. Quizá la unidad hombre-mujer no se pueda lograr sin desprendimiento, cualidad ésta que es tan indispensable en la sexualidad como en otros aspectos del amor y la amistad.

Si bien Piscis casi siempre lo comprende cabalmente, a veces no ocurre lo mismo con la mujer Géminis más infantil. Es probable que sus momentos de intimidad sean dictados por los deseos impulsivos de ella, en lugar de responder a los instintos de ambos. Si ella permite que él le enseñe con el ejemplo el significado de la entrega desinteresada —tanto en lo físico como en lo mental y emocional— su contigüidad física se convertirá en una renovación reiterada de su amor, seguida por una comunión más profunda que la anterior, en razón de un intercambio de sus naturalezas interiores, que lo hará a él más espontáneo, como ella… y la hará a ella más sosegada, como él. Como he dicho, se parecen por algunas de sus actitudes. Ambos prefieren que sus números de teléfono no figuren en la guía, y valoran la intimidad y la libertad. Ambos disfrutan generalmente de la poesía, la música, el arte o la danza. Y ambos aborrecen vehementemente la rutina. El aburrimiento es su enemigo común. Sin embargo, no es tan afortunado que ambos sean proclives a abusar de la verdad, partiendo desde las pequeñas mentiras inocentes hasta llegar al engaño premeditado, justificado con una miríada de excusas.

Frecuentemente, cuando Géminis acusa a Piscis de distorsionar la verdad (o viceversa), el muerto se ríe del degollado. A la mujer Géminis le resulta imposible comprender la vida y el amor sólo con los sentidos. Su regente, Mercurio, le exige que emplee el intelecto para resolver el enigma. Quizá podría elucidarlo todo si alguien escuchara real y auténticamente sus dudas y angustias, sus éxtasis e ideas. El hombre Piscis puede prestarle este servicio si lo desea: escucharla paciente y comprensivamente, esperando que ella complete sus tortuosos circuitos lógicos hasta encontrar finalmente la vuelta justa del camino que conduce a la dicha. Después de un tiempo, ella le tomará la mano mientras marchan juntos, y los ojos de él ya no tendrán esa expresión tan extraviada. ¿Cómo podría estar extraviado un hombre cuando lleva consigo no a una, sino a dos encantadoras y deliciosas acompañantes de sexo femenino? El hecho de estar enamorado de unas Gemelas puede ser a veces turbador y desconcertante, pero nadie ha dicho nunca que sea monótono. Para el hombre Piscis, el amor no es más que otro sueño, en el cual él, el soñador, controla jubilosamente el mundo que ha creado en su imaginación mediante percepciones sensoriales intuitivas… coloreándolo con tonos pasteles, frágiles y cambiables. A menudo, las insatisfacciones que expresa constantemente su dama Géminis abren grandes desgarrones en su sueño, y él intenta emparcharlo, volver a dejarlo como nuevo.

Pero los sueños no se remiendan fácilmente, una vez rasgados. Están hechos de un material muy etéreo. Si ella habla con dulzura, si se mueve delicada, lentamente, es posible que consiga entrar con él en su mundo de ensueño, y que vea el amor como lo ve él: como un elemento de sosiego y belleza. Bastará que ella se ponga de cuando en cuando, como buena Géminis, en el lugar de él, y así terminará por llegar rectamente al corazón del Pez, justo el cobijo que ella ha buscado durante tanto tiempo y que ya creía que no podría hallar jamás: ese jardín mágico donde las rosas crecen sin necesidad de espinas protectoras.

Adaptación de Linda Goodman

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2 Comments

  1. Soy astrologa y me gusta mucho el signo del zodiaco y la interpretación del horóscopo. Aunque suelo informarme no suelo darle veracidad a las palabras suelo escuchar. Pero este escrito es una obra de arte. No he leído nada me acertado. Mi pareja es un hombre Piscis y yo soy Géminis y es tal cual dices en el blog. Muchas gracias por compartir algo tan útil.

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