Hombre GÉMINIS Mujer ESCORPIÓN

El hombre Géminis posee una cualidad inusitada y excepcionalmente atractiva en virtud de la cual parece conservarse eternamente joven… lo cual no es raro, supongo, para alguien que renace todos los días, pero sí lo es en la medida suficiente para atraer a la mujer Escorpión, normalmente circunspecta y cautelosa, y para inducirla a preguntarse qué es lo que lo hace centellear con tan diversos colores del espectro de humores. Ahora bien, cuando una chica Escorpión empieza a preguntarse algo, es imposible conformarla hasta que termine de satisfacer su curiosidad con un conocimiento completo. Esto implica acercarse a él más… y más… y más… hasta que de pronto ella mira con expresión alarmada en torno. Inesperadamente, se encuentra flanqueada por dos personas, tan diferentes como el día y la noche. ¿Cuál es el hombre al que ella se acercaba más y más? Los dos. Los dos son el mismo hombre. El hombre Géminis es víctima del síndrome de los Gemelos, como saben. Quizás ella también lo sabía. Quizá no. Pero sea como fuere, esto alterará y derrumbará su proyección aural natural, fría, aplomada, que parecía decir «Yo puedo afrontarlo todo». ¿Puede afrontar esto? ¿Puede lidiar con esta alma introvertida-extrovertida, este chiquillo regocijado y abatido, este hombre fríamente cruel y sin embargo sensible y tierno? El Géminis es un laberinto de falacias, contradicciones, negaciones y afirmaciones.

No importa. Sí, puede lidiar con él. Es una Escorpión, y puede afrontar, resolver, dominar, conquistar… la situación aparentemente imposible. ¿De veras puede? No estoy segura. Pero ella lo está. Al hombre Géminis no le importa realmente que pueda o no. El sólo pensar que esta criatura de los abismos y el misterio, encantadora, vehemente pero aplomada y femenina, está dispuesta a intentarlo implica una excitación suficiente para ponerlo eufórico y hacerle silbar una flamante melodía e impetrar un deseo deslumbrante a la primera estrella que ve. Para él, conjeturar el desenlace es mucho más emocionante que saberlo. El hecho de saber deja al Géminis sin ninguna razón para seguir viviendo. El hecho de no saber le deja a ella sin ninguna razón para seguir viviendo. ¡Ah, sí! Parafraseando al pobre Hamlet: «Saber o no saber, ése es el problema». Ése es segura y categóricamente el problema que se interpone entre estos dos en todo momento, el problema que debe ser resuelto, finalmente, antes de concebir la esperanza de que puedan disfrutar de una felicidad recíproca perdurable. Tendrán que comprender, o mejor dicho, ella tendrá que comprender que el hombre Géminis es orgánica y congénitamente incapaz de comprender el amor como una pasión eterna y voraz, tal como lo entiende ella. Quizá haya hombres Géminis que aman a una mujer totalmente y para siempre (en verdad, una vez yo misma conocí a uno), pero estos Gemelos son casos muy raros y aislados, e incluso a ellos los obsesiona a veces el brumoso ensueño de otra cara, que fluctúa por los límites de su relación amorosa estable, o puede producirse una ruptura, antes de que vuelvan a su auténtica compañera-del-alma, en estos casos… o por lo menos, es posible que se pregunte, interiormente, de qué experiencias se habrán privado por el hecho de ser monógamos.

El Géminis más típico disfruta el cosquilleo de elegir entre varias mujeres a las que preferirá, y se queda alelado cuando una de sus pequeñas alondras inofensivas resulta ser un águila, sobre todo si se trata de un Águila de Escorpión. En la Naturaleza, el águila es un ave monógama. También lo son la mayoría de las Águilas de Escorpión, por naturaleza. (No todas, sólo la mayoría. Cuando nos ocupamos de los signos solares, y no de todo el horóscopo, debemos tomar en cuenta los promedios y los porcentajes generales.) Venus es el planeta del amor, y a los Géminis los rige el planeta Mercurio, cuya influencia sobre Venus en la natividad determina que las emociones sean dispersas y frívolas. Plutón es el regente de Escorpión y el efecto que este planeta produce sobre Venus consiste en hacer que su influencia sea muy seria, poderosa, pero secreta y oculta. Notarán las obvias diferencias que existen en este trato de Venus, Diosa del Amor. Venus también las nota, y se desconcierta cuando las dos fuerzas vibratorias de Mercurio y Plutón mezclan sus rayos. Es posible que el hombre Géminis y la mujer Escorpión no las noten enseguida, porque están totalmente consagrados a dejarse fascinar por sus respectivas rarezas. A él le parecerán” francamente raros los celos de Plutón, muy implantados en ella. A veces los celos de Escorpión son una pasión aún más devoradora que el amor que los originó. A Géminis le resulta difícil entender todas las formas de celos. Por supuesto, él es debidamente susceptible, como todo hombre medio, a los pequeños ramalazos normales de miedo ante el peligro de que otro hombre le quite su mujer, pero le resultan incomprensibles las tempestades arrolladoras que desencadena una chica Escorpión que se siente amenazada.

Cuando esta mujer ha sido agraviada, o sospecha que tal vez la han agraviado, su aguijón de Escorpión puede asestar una picadura mortal al ego del hombre Géminis que es inocente de las acusaciones proferidas contra él, o que es tan culpable como se pensaba, tanto da. La venganza es en verdad dulce para la mayoría de las mujeres regidas por Plutón. Por tanto, si la engañan, o si sospecha que la engañan, la represalia será rápida y cruel, incluso vengativa, si su Sol tenía un aspecto adverso con planetas importantes a la hora de su nacimiento. Enterado de esto, el hombre Géminis, cuya naturaleza no puede dejar de ser ligeramente voluble e inconstante, deberá comprender a qué se expone si comete el error de intentar entablar un romance frívolo con esta chica, para la que no existe nada parecido al romance frívolo, sino sólo la pasión devoradora y eterna. Exceptuando a la mujer Aries, no puede haber otra tan celosa como la Escorpión. Pero Aries no experimenta la misma necesidad de vengarse del amante o el marido que experimenta Escorpión. ¿Tauro y Cáncer celosos? No, la palabra que se aplica a estos signos solares es «posesivo». Lloran mucho y sufren profundamente. Pero es raro que monten escenas violentas. Posesivo y celoso no son sinónimos. Cualquier hombre que haya amado a una Escorpión conocerá muy bien la diferencia.

Ésta es una configuración de signos solares 6-8, pues Escorpión es la sexta casa respecto de Géminis, y Géminis es la octava casa respecto de Escorpión, de modo que en la relación habrá una magnitud notable de servicios y de devoción desinteresada al deber, más un fuerte magnetismo sexual (que sólo se experimenta cuando las dos personas implicadas son amantes o consortes; cuando la relación implica a parientes, amigos o socios, pondrán énfasis, entre ellos, a otras cuestiones de la octava casa, ajenas al sexo.) Generalmente los servicios se los ofrecerá Escorpión a Géminis. La vibración sexual es la atracción que Géminis siente por Escorpión. Sin embargo, curiosamente, lo que el Géminis típico menos puede ofrecer es sexualidad. El sexo no reviste una importancia superlativa para este hombre, a menos que venga acompañado por la poesía, por la experimentación, por ideales exaltados o por intrincadas partidas de ajedrez y damas mentales. Es posible que él exude toneladas de apostura, simpatía, masculinidad, inteligencia y romance, pero normalmente no exuda demasiada sexualidad (para alguien que no sea Escorpión). En consecuencia, parece extraño que ella lo encuentre tan irresistible, desde el punto de vista físico; y a menudo él la encuentra irresistible a ella (aunque esto no es tan difícil de entender).

Quizás es su aire de chiquillo esquivo, la miríada de trucos de sus imágenes reflejas que pasan de un estado de ánimo a otro ante los ojos de ella, lo que despierta en Escorpión esa obstinación por penetrar hasta la médula de su corazón y su alma mediante la unión sexual. Él parece guardar un secreto, muy despreocupadamente —pero de todos modos, es un secreto—, y un secreto o un misterio que nos desafía a elucidarlo atrae a Escorpión como la llama atrae a la polilla. Ella debe o conocerlo – conocerlo real, auténticamente— para sátisfacer su intelecto y colmar su corazón. Por consiguiente, la expresión física de su amor recíproco la magnetizará, a veces durante muchos años, hasta que ella comprenda finalmente que nunca nadie conocerá todas las facetas de este hombre. Ni siquiera una Escorpión. Aproximadamente al mismo tiempo, él se dará cuenta de que nunca podrá jugar con ella, hasta las últimas consecuencias, su juego favorito del «adivina quién» y el «adivina qué soy». Ella no descubrirá hasta el último fragmento de los sueños privados de Géminis, pero devanará suficientes fibras de la tela del alma de él como para crearle la sensación alarmante de que lo están conociendo, en forma lenta pero segura, mejor de lo que él querría que lo conozcan. Y así su fusión física, aunque haya sido al principio un elemento estimulante de su amor, puede ir enfriándose progresivamente, hasta convertirse por fin en la ruina de su romance, a menos que cada uno de ellos esté dispuesto a enfrentar sinceramente lo que los ofusca a ambos… y a comunicarse auténticamente.

Sin embargo, ella no debe tratar de analizar exageradamente su relación. Tal vez él sea proclive a criticarla y analizarla a ella, porque está colmada de una intriga silenciosa, que ciertamente no es superficial. Sin embargo, es posible que al proceder así él se interne en aguas más profundas de lo que imagina. Escorpión no se somete de buen grado al análisis, y los tenaces interrogatorios del curioso Géminis pueden inducirla a encerrarse en una cólera hosca, o a arremeter con una violenta reacción emocional. La intimidad personal es tan sagrada para ella como para él, y quizás aún más. Los dos deberán reconocer este rasgo el uno en el otro, y cada uno de ellos deberá desistir de explorar lo que le intriga en su pareja si no quieren que el resentimiento se levante entre ambos como un muro alto y macizo. Para derribar el muro, él ensayará su simpatía, sus antiguos chistes, sus formas más imaginativas de hacer el amor, sus múltiples técnicas románticas. Ella ensayará sus modales más sensuales, su objetividad más fría y su dulzura más sosegante. Ambos probarán todos los trucos que llevan ocultos en la manga, y entre los dos sumarán bastantes trucos (entre los tres, si contamos al Gemelo de él). Sin embargo, el muro crecerá y se ensanchará cada vez más. A veces, lo único que no ensayan, cuando tratan de escalar el muro que los separa, es dejar un poco más de espacio despejado entre sus corazones para que el amor pueda respirar libremente. Él está dispuesto, pero es posible que ella le tema a un espacio nuevo y desacostumbrado entre su persona y la de su compañero tanto como le temería a un abismo oscuro y desconocido abierto delante.

El espacio está compuesto esencialmente de aire, y como él es del elemento Aire, se siente más cómodo cuando tiene mucho espacio alrededor. Pero ella es del elemento Agua y necesita estar rodeada por una corriente fluida de contigüidad, pues de lo contrario no podrá respirar. Siempre es triste que el hombre Géminis y la mujer Escorpión que antaño se amaron descubran que han perdido el rumbo de la dicha, porque él cree en cosas invisibles, totalmente mágicas y maravillosas, a pesar de su equipo mental cibernético. Ella también. Ella cree en mundos invisibles aún más extraños y prodigiosos que aquellos en los que cree él. Pero las fuerzas herméticas, inexplicables, de Plutón, la hacen callar, le sellan los labios y el corazón, y le prohíben hablar de esos mundos con la franqueza con que lo hace él. Ella nunca podrá expresar sus ensueños más íntimos con tanta facilidad como el locuaz Géminis. Y esto es lo triste. Si por lo menos el hombre Géminis fuera más paciente con las vehementes pasiones y los abismos emocionales de ella. Si por lo menos la mujer Escorpión pudiera encontrar la forma de susurrarle al espíritu andariego de él que ella también anhela resolver todos los misterios que se alojan allá lejos entre las estrellas y los cometas; que ella también ansía respirar libremente, correr carreras con el viento y buscar 10 milagros de la infancia, parcialmente olvidados… y sin embargo, también parcialmente recordados.

El aire frío de la noche es infinitamente más refrescante que la rancia oscuridad de las húmedas cavernas de la ansiedad, por donde Plutón les ordena a los Escorpión que se desplacen cuando están preocupados. Ocurre con demasiada frecuencia que este hombre y esta mujer se tienden los brazos, sin terminar de tocarse. Se llaman el uno al otro, pero él sólo oye la melodía de la brisa primaveral, y ella sólo oye el ruido de las olas que rompen contra la costa. Si se detuvieran durante el tiempo suficiente para oír sus respectivos gritos secretos, tal vez se remontarían juntos hasta la altura apropiada para verlo todo, incluso su relación, desde una perspectiva distinta. Sus planetas regentes podrían ayudarlos, si escucharan. Al fin y al cabo, Mercurio y Plutón, junto con Urano, son los que le enseñaron a Merlín todo lo que éste sabía, y también guiaron secretamente al ariano Houdini. Ciertamente pueden enseñarles a Géminis y Escorpión cómo prepara su filtro de la felicidad a una bruja blanca.

Adaptación de Linda Goodman

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