Mujer GÉMINIS Hombre LEO

El hombre Leo negará a menudo su complejo de superioridad y procurará ocultar su exagerada necesidad de sentirse respetado, pero no podrá engañar a la espabilada mujer de Mercurio que lo ama. Una mujer Géminis que conozco juró una vez a un grupo de amigos congregados en la sala de su casa que su pareja Leo no tenía ninguna de las características de su signo solar.

—El no es vanidoso ni despótico —insistió ella—. Es un hombre modesto, que no se siente superior a nadie.

—No deseo dominar a la gente —murmuró parsimoniosamente el modesto Leo—. No soy más que un hombre común y corriente. Oído lo cual su esposa Géminis se apresuró a agregar:

—Es más que un hombre común y corriente. Es superespecial. Lo que quise decir es que no es autoritario, y ciertamente no es un exhibicionista egocéntrico.

Esto embaucó a todos los presentes. El anfitrión benévolo, afable, de modales corteses, no era, obviamente, un León rugiente. Reposaba discretamente en un rincón, despidiendo una irradiación suave, cálida, y no trataba de controlar la conversación. Por supuesto, yo podría haber desengañado a sus huéspedes. Pero para entonces mi amiga Géminis había acariciado tan inteligentemente a su enorme León hasta hacerlo ronronear complacido, que no me atreví a desenmascarar su juego típico de Mercurio. ¿Qué creen que hace este Gatito tímido durante todo el día, cuando no está relajándose lánguidamente en casa y aceptando los cumplidos de su cónyuge con aire humilde? Se dedica a una rama especial, intrincada, del derecho: contratos petroleros en otros países. Gasta muchísimo dinero, que gana invirtiendo su tiempo muy valioso en explicar a industrias de muchísima magnitud qué es lo que pueden y lo que no pueden hacer. Cuando impartes consejos a multimillonarios no necesitas vías de desahogo adicionales para el ego de Leo.

Un León que está en el proscenio de su trabajo, donde ejercita su vanidad y transmite su sabiduría, puede darse el lujo de ser un poco humilde en la vida social. Sobre todo si tiene una esposa Géminis, que sabe muy bien cómo regalarle bellas lisonjas, ya no necesita incurrir en jactancias respecto de sí mismo. Géminis y Leo vibran en una configuración de signos solares 3-11, así que a menudo su relación exige sacrificios, que a su vez rinden grandes beneficios, en razón del vínculo kármico que los une: el recuerdo de vidas pasadas. Como en todas las vibraciones 3-11, esta asociación suele estar predestinada, y es difícil de resistir, tanto en el ámbito de los lazos familiares o profesionales, como en el de la amistad y el romance. El hombre Leo se siente obligado a dictar a la chica Géminis lecciones que podrán modificar realmente la vida de ésta. Se siente más obligado a dictárselas a ella que a otras personas, y esto ya es mucho decir. Ella puede prepararse para que él le endilgue más discursos que los que habitualmente pronuncia Leo, pues se trata de un hombre que le señalará sin parar sus defectos y le dirá qué es lo que hace o piensa equivocadamente, ya sea en lo que concierne a su dieta y a su forma de vestir o a sus ideas políticas y sus conceptos religiosos.

Pero el mismo recuerdo kármico que lo impulsa a aleccionar a Géminis genera un sentimiento inconsciente de gratitud por antiguos favores recibidos, y determina que el León también desee proteger a la chica Géminis. Él comprende instintivamente las limitaciones de ella, incluso mientras procura corregirlas. Asimismo, la mujer Géminis sale en defensa de su León. Quiere salvaguardarlo del dolor que le causan los demás cuando hieren involuntariamente su gran vanidad. Dentro de su corazón sensible hay algo que le advierte qué es lo que debe decir y hacer, en el momento justo, para que afloren la cálida ternura y la generosidad de él. Ella lo ve como un refugio seguro y cariñoso dentro de un mundo de escépticos que no la entienden. Naturalmente, esto halaga el orgullo masculino del gran gato, orgullo que está más desarrollado en él que en el hombre medio, y aumenta la adoración que siente por ella. Así puede gestarse lentamente una sociedad de admiración mutua. Sin embargo, esta compatibilidad básica no evitará que ambas partes tengan accesos de rebeldía. La despreocupación etérea de ella puede inflamar el carácter de Leo, que tarda en entrar en combustión, pero que una vez excitado y ardiente es difícil de sofocar. Es posible que ella aproveche entonces la reyerta para practicar su sintaxis y su ironía, que producirán una herida muy profunda en el ego de Leo. Si las múltiples fascinaciones mercurianas y actividades externas de ella la distrajeran del culto diario al León, éste se preguntará lo que todo otro monarca se pregunta cuando sus súbditos están demasiado atareados para aclamarlo.

¿Acaso ya no son leales a su Rey? ¿Acaso ella ha encontrado a alguien a quien admira más que a él? La pobre chica sencillamente no imagina lo que arriesga. Todas las mujeres que él amó y abandonó, antes de conocerla a ella, quedaron francamente devastadas por la aflicción… tal como se lo explicó muchas veces. Será mejor que ella proceda con mucho tacto, porque si no Leo sacará su lista de ex-novias. Sí, la mayoría de sus antiguas enamoradas se han casado, aunque un par de ellas se recluyeron en un convento. Como Leo es más fijo, y por tanto más práctico que la mutable Géminis, la conducta inestable de ella puede provocar en el León algunos estallidos de cólera. Es posible que, excitada por la lectura de un nuevo libro, olvide prepararle la cena; o que se ponga a parlotear por teléfono cuando él necesita un auditorio; o que desista de ir al teatro cuando él ya ha reservado las butacas; o que olvide dónde ha parado el auto, o extravíe las llaves, o ahogue el motor. Él nunca incurrirá en semejante negligencia. (Realmente no.) Resulta irritante, pero Leo es, en verdad, inmensamente capaz, un hombre a carta cabal que enfrenta las emergencias con espontánea naturalidad, con un regio encogimiento de hombros, y con la pregunta tácita: «¿A quién no?».

Aunque a la chica Géminis le encantarán su tenacidad, su lealtad, su inteligencia y su integridad, es posible que se ponga melancólica e inquieta en presencia del León y que lo distraiga cuando él procura trabajar, estudiar, o simplemente relajarse. Es posible que lo haga sentir inferior al suplicarle que le pague unas vacaciones costosas cuando él está temporalmente en bancarrota, aunque su exagerado orgullo no le permita confesarlo. Estas cosas lo harán rugir, pero probablemente la disculpará apenas ella saque a relucir sus zalamerías geminianas y sustituya rápidamente al Gemelo versátil, temerario y amargo, por el Gemelo sensible, femenino, cariñoso. En cuanto a las actividades externas de ella, a él no le molestará que tenga una carrera, que estudie danzas clásicas, que practique yoga, que coleccione momias o que cace mariposas… siempre que ninguno de sus empleos o hobbies asuma prioridad sobre él. Pero la chica Géminis nunca deberá provocar a su altivo hombre Leo recordándole que los grandes gatos machos de la naturaleza que viven en la jungla salvaje permiten que sus consortes salgan a cazar mientras ellos dormitan al sol… porque es posible que entonces él la retire de la cacería, la convoque a casa, y la recluya definitivamente al servicio de su vanidad. Además, esto vale para los leones-leonas, no para los Leones humanos. En su condición de Leo, él también tiene un derecho regio. ¿Acaso un rey permitiría que su reina se ocupara de los asuntos de Estado y manejara el Tesoro, allá en el castillo, mientras él sale de cacería o se hace probar una nueva corona?

Bueno, sí, probablemente lo permitiría… si ella se comportara con la debida humildad. Al fin y al cabo, ella debe tener un objetivo válido en la vida, como el de cuidar que él se sienta feliz y contento. De todas maneras, la favorita del rey ciertamente tiene sus recompensas. El León es muy divertido, generoso con su tiempo y su dinero, fuerte y valeroso, e incluso manso, cuando le acarician suavemente el ego en la dirección apropiada. Por último, pero ciertamente no porque ello sea menos importante, es un amante maravilloso. El talento geminiano de ella para la fantasía llenará de emoción sus relaciones físicas, y si continúa evocando en él la sensación de que es un conquistador sexual, Leo seguirá siendo un monarca satisfecho y monógamo. Es posible que un Leo cumpla todas sus promesas románticas bajo el toque ligero, nada egoísta, de la mujer Géminis, cuya actitud vivaz respecto del sexo estimulará los deseos más fogosos de él, por lo menos al principio. Sin embargo, es posible que él empiece a sentir gradualmente que falta algo. Mientras él hace el amor a un Gemelo, el otro observa fríamente la escena. Esta participación parcial puede traumatizar al hombre Leo. Para un León de corazón ardiente, la sexualidad es sinónimo de afecto y pasión. En el amor de Géminis hay un elemento de vago distanciamiento. Él puede seducirla desde el punto de vista emocional y físico, pero la mente de ella se resiste a entregarse por completo al éxtasis sensual. La incapacidad para conquistarla totalmente puede destruir la imagen de virilidad que el Leo necesita tener de sí mismo. Entonces ella se quejará de que él no pone interés en el acto amoroso, cuando la verdad es que el frío desapego y el comportamiento dual de Géminis ha generado en él un temor a su posible incompetencia sexual, que es muy renuente a exhibir, porque nada aflige tanto al hombre Leo como la sola sospecha de que puede no ser el amante perfecto.

Ella deberá recordar que este hombre es un idealista sexual, y deberá emplear su imaginación típica de Mercurio para inventar nuevas formas de saciar el anhelo de él por disfrutar del romance y el sentimentalismo como música de fondo de su intimidad física, en lugar de utilizarla para remontarse ella sola sobre una nube cuando él más necesita saber que la tienen cerca, descansando sobre su corazón. Puesto que Géminis es una lingüista nata, deberá saber traducir las órdenes arrogantes y regias de su León al lenguaje de la pasión y la necesidad. «Hablas demasiado. ¿Por qué no te callas un poco?», significa que la vanidad de él está herida, porque ella lo ha eclipsado nuevamente con sus talentos gemelos para mostrarse sagaz y espabilada. «Olvida la cena. Me voy a otra parte y cenaré solo», significa que ella lo ha descuidado más de lo debido, mientras corría sin parar en pos de ideas y personas interesantes, y que su orgullo necesita halagos. «Cancela el compromiso de asistir a la fiesta del sábado por la noche. Diles que no podemos ir. Inventa alguna excusa. Nos quedaremos en casa», significa que él prefiere estar a solas con ellas dos durante el fin de semana, en lugar de ponerse sus galas y solazarse con la admiración de la multitud. Y, señora, viniendo de un Leo, ¡esto sí que es amor!

Adaptación de Linda Goodman

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