Mujer GÉMINIS Hombre GÉMINIS

A veces este hombre y esta mujer —aunque sería más apropiado llamarlos chico y chica, cualquiera que sea su edad cronológica ilusoria— se sienten atraídos mutuamente sin ninguna razón- más concreta que la de que es divertido que alguien te acompañe en tus aventuras. Como todos los Géminis típicos son por naturaleza conversadores locuaces y brillantes, es posible que cuando se encuentren dos de ellos ambos hablen hasta por los codos, lo cual produce la impresión de que no piensan seriamente el uno en el otro. Sin embargo, detrás de toda esa cháchara, sí piensan… más seriamente de lo que cualquiera de ellos confesaría al otro. Normalmente, el diálogo entre los dos lanzará destellos de ingenio y chispas de imaginación. Les dará tiempo a ambos para estudiarse recíprocamente, mientras todas esas cintas de conversación ondean encima y alrededor de ellos. Pero éstos dos nunca se dirán todo lo que piensan, ni siquiera años más tarde, cuando se hayan amado durante el tiempo suficiente para convencerse de que pueden confiar el uno en el otro. Siempre se ocultarán algo. Es posible que ella piense para sus adentros: «Es curioso que cuando amas tanto a alguien, y has tenido tanta intimidad, tengas que reprimirte y recordar que hay cosas que no le debes decir, cosas que realmente no puedes compartir hasta el fin». Bueno, cuando él ignora tanto acerca de ella, es justo que haya cosas que él también le oculta. ¿Acaso imaginan que cuando los Géminis charlan, vierten en una cascada de palabras todo lo que sienten? Oh, no. Si eso es lo que piensas, no entiendes a este hombre y esta mujer… este muchacho y esta chica.

Sin el talento de Géminis para expresar las ideas con vívidas imágenes verbales, la gente disfrutaría de mucha menos magia en este mundo sórdido y gris, mucho menos dinero cambiaría de manos, se soñarían menos sueños… o serían menos numerosos los sueños que se materializarían. Cada vez que los Géminis tocan alguna maravilla, Mercurio sólo les permite absorberla y disfrutarla muy fugazmente. Sólo hasta que su personalidad gemela secreta susurra seductoramente: «¡Ah, sí! ¿Pero qué otra cosa, aun más perfecta, podríamos descubrir? El deleite que experimentas actualmente no es más que la prueba de que allá lejos aguarda un goce aún mayor… un goce más auténtico, más emocionante, más satisfactorio, siempre que tengas el coraje necesario para correr en pos de él.

¿Cómo sabes qué es lo que puede haber a la vuelta de la próxima esquina, del próximo beso, del próximo ensueño, de la próxima promesa? ¡No te detengas ahora, no te vuelvas aún! Sigue adelante…», Ésta es una llamada muy tentadora, y embruja a todos los corazones regidos por Mercurio. La chica Géminis ríe durante la mayor parte del tiempo. De cuando en cuando, con menos frecuencia, llora. Esto último se debe a que el nudo de soledad que lleva en la garganta se ha vuelto tan asfixiante que debe trocarlo en lágrimas, porque de lo contrario tal vez ese sentimiento sencillamente la mataría. ¡Ah, personalidad gemela! ¿Dónde estás ahora, cuando te necesitan? ¿Persiguiendo estrellas y corriendo carreras con el viento? El hombre Géminis entenderá su fugaz acceso de tristeza, con una sensibilidad delicada que sorprende en alguien a quien siempre lo acusan de ser frío e indiferente. No obstante su naturaleza curiosa e inquisitiva, no formulará preguntas cuando intuya que la mujer Géminis que él ama languidece víctima de su tremenda soledad inexpresable e inexpresada (incluso a él) porque su Gemelo la ha abandonado temporalmente. Probablemente él, fingirá no notarlo, y disimulará su preocupación con un comentario frívolo como… «¡Arrojémonos nosotros en el pozo de los deseos, en lugar de echar monedas, y veamos qué sucede!» quizá… «¡Vamos, compraremos dos billetes de ida y vuelta a cualquier lugar, y nos haremos el amor». Entonces le besará suavemente la mejilla y le dirá, en voz muy baja: No te preocupes. Aquí estoy. Sí, en parte se debe a que él entiende el pánico repentino que experimenta su chica Géminis cuando su Gemelo desaparece y la deja para que se apañe sola, como si fuera media persona, porque su propio Gemelo también le hace esta trastada. Pero si procede con tanto tacto y ternura en semejantes circunstancias ello no se debe sólo al hecho de que sabe lo que siente una persona nacida bajo su mismo signo. Se trata de que él… Oh, acaba de ocurrírseme la palabra exacta.

Géminis nunca es torpe. Cualquiera que sea el trance por el que pasa el ser amado —regocijante o trágico, relajado o tenso— el Géminis (o la Géminis) típico puede controlar la situación, cuando quiere, con mucha desenvoltura, manejando el bochorno, el miedo o la cólera con increíble sutileza. Ejecuta escamoteos de prestidigitación, y en verdad muchos Géminis son magos profesionales, junto con los Acuario, Piscis y Escorpión. Sin embargo, estadísticamente, hay más magos Géminis, porque éstos son asombrosamente diestros con las manos. También lo son con la mente… y en cuanto al corazón de Géminis, éste contiene muchos pequeños compartimientos en los que oculta compasión, dulzura, sorpresas, humor, esperanzas y rayos de sol. Algunos de ellos permanecen cerrados durante toda la vida, y sólo otro Gemelo tiene la llave maestra. Es posible que dos Géminis enamorados se pregunten, el uno respecto del otro: ¿alguno de esos compartimientos contiene una cualidad llamada «lealtad» o «fidelidad»? Sí. Pero la puerta de este compartimiento específico del corazón de Géminis está herméticamente cerrada, y se necesita algo más que una llave maestra para abrirla. Hace falta confianza. Y hace falta tiempo. Dos tipos de confianza: la total, que cada uno debe depositar en el otro… y la indispensable para creer en ti mismo, en el hecho de que lo que amas es realmente lo que necesitas y lo único que siempre necesitarás. (Para esto es para lo que hace falta tiempo.) Pero el tiempo no cuesta nada. Ambos podrán utilizar todo el que deseen para encontrar esta respuesta dentro de ellos mismos… y una vez que la encuentren y que la puerta se abra, Géminis será eternamente leal y fiel.

Sin embargo, probablemente es exagerado pretender que él —o ella— renuncie definitivamente a flirtear, fascinar, provocar, persuadir o sólo a hablar con miembros del sexo opuesto (o del suyo propio). Pero Géminis vive en el plano mental, esencialmente en el reino de la imaginación, y por tanto es posible que se conforme a menudo con mantener las relaciones humanas en ese mismo plano. Y así, a veces a estos dos les resulta más fácil ser técnicamente fieles el uno al otro que evitar las fantasías periódicas. Igualmente, es posible que la chica de las fantasías de él sea en verdad ella… y que el chico de las fantasías de ella sea en verdad él. Es divertido urdir quimeras de tiempo en tiempo, nada más. Cuanto más versátiles sean como individuos, en su vida personal o en su carrera, tanta menos necesidad experimentarán de imaginar: «Me pregunto que pasaría si ella…» o «Me pregunto qué pasaría, para variar, si él…». ¿Si ella qué? ¿Si él qué? Cualquier cosa. Absolutamente cualquiera. Algunos Géminis incluso imaginan un agravio o un enfado, y después se separan porque se preguntan qué sensación les producirá la ruptura. Cuando lo averiguan, vuelven corriendo el uno al otro para redescubrir la realidad del amor. No, no fue un sueño. ¡FABULOSO! ¡Qué delirio! El amor es auténtico. Es auténticamente auténtico. Casi puedes confiar realmente en él. ¡Sí, casi, realmente! Es posible que semejante descubrimiento deje atónito al individuo medio, pero deben recordar que los Gemelos pasan su vida íntegra separando lo posible y lo probable de lo seguro… y el amor les suministra una eufórica vislumbre del Shangri-la.

Estos dos se asocian físicamente, mediante el amor sexual, con la configuración calidoscópica que es lógico esperar cuando el Aire se une al Aire, bajo la supervisión del versátil Mercurio. Es un amor ligero, a menudo tempestuoso, que unas veces se exacerba hasta trocarse en huracanes de pasión, y otras se mitiga hasta trocarse en un afecto manso y afable. Las formas en que expresan su amor en el plano físico son tan multifacéticas, sensibles y cambiantes como las formas en que lo expresan en los planos mental y emocional, y esto puede transportar su comportamiento sexual por lugares inimaginados. Cualquier deseo que pueda experimentar un Géminis, el otro puede satisfacerlo, con el fresco roce de una brisa primaveral o con el cálido azote tropical de un monzón. Si dos Géminis que contemplan la posibilidad de entablar una relación desean comprender el potencial de su compatibilidad física, les bastará con usar la imaginación. Prácticamente las únicas palabras que no se aplicarán a sus posibles pautas de experiencia sexual serán: profundas, terrenales y sensuales. Pero Géminis y Géminis pueden imaginar juntos algunas palabras satisfactorias para sustituirlas. Mágicas es una de ellas. Algunas mujeres Géminis están ansiosas, perdidas y corren en pos de un arco iris que siempre parece eludirlas. Otras son vivaces y optimistas. Algunos hombres Géminis se sienten desorientados e interiormente inseguros y otros son audaces y confiados. No es fácil distinguirlos, porque las chicas Géminis ansiosas y perdidas tienen arranques de vivacidad y optimismo… así como hay momentos en que las vivaces y optimistas se sienten ansiosas, perdidas y solas. El hombre Géminis desorientado puede virar repentinamente a la estabilidad… y los confiados pueden sentirse circunstancialmente inseguros.

Temo que la astrología no tenga una respuesta definitiva. Quizás el chico y la chica Géminis enamorados deberán limitarse a olvidar la fórmula de la compenetración romántica que habla de «convertirse en uno», porque ellos siempre serán cuatro. Pero esto también cuadruplica sus posibilidades de ser felices. Así que llevan las de ganar si complementan sus apuestas con mucha confianza… y mucha paciencia.

Adaptación de Linda Goodman

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