La relación TAURO-PISCIS

Sí, son tres, porque Piscis es un signo de dualidad simbolizado por los dos Peces, que nadan en direcciones opuestas. En un sentido, este símbolo representa la poderosa polaridad de las cualidades espirituales y humanas de Piscis, que se disputan el control. En otro sentido, sugiere que los Piscis sienten la tentación de nadar sin esfuerzo aguas abajo a favor de la corriente, en lugar de realizar el viaje más dificultoso, aguas arriba, rumbo a las montañas del esclarecimiento. Los Piscis aspiran a trascender los límites del conocimiento terrenal, porque nacieron bajo un signo de Agua, y Neptuno (su planeta regente) les proyecta en el alma la luz de las vibraciones espirituales del Universo. El adicto, el genio y el santo Piscis buscan todos lo mismo. Lo que los separa es la magnitud de la experiencia que cada uno de ellos consigue extraerle a la vida. Tauro puede prestarle una gran ayuda a Piscis para que éste obtenga la experiencia en condiciones prácticas, mediante la realidad de lo tangible. Sin embargo, mientras no se conozcan mejor, es posible que el Toro piense que el Pez es un ser lelo que nada en ilusiones acuosas, con la cabeza embotada, persiguiendo vanas quimeras.

El Pez puede pensar que el Toro es un animal peligroso, que pisotea el maíz, con la cabeza llena de ideas obstinadas, persiguiendo el vil lucro. Vil porque la mayoría de los Piscis consideran (por lo menos subliminalmente) que la palabra dinero es una obscenidad. Odian tener que concentrarse en la forma de ganarlo, conservarlo, gastarlo, distribuirlo, administrarlo y ahorrarlo. Se sentirían mucho más felices si algún otro manejara el flujo del dinero y se ocupara de suministrarles alimentos, bebida, sueños, billetes para espectáculos y conciertos, un crucero de vacaciones por las refulgentes aguas azules… dejándoles mucho tiempo libre para dedicarlo a inventos, creaciones artísticas e investigaciones científicas. Lo que sobre puede ir a parar a un orfanato, un refugio para animales abandonados, un fondo de ayuda para actores retirados, una organización ecologista, el fisco o lo que sea. El Pez típico no ve la necesidad de que el dinero excedente junte polvo bajo el colchón o en el banco.

Todo el concepto del intercambio fiduciario desconcierta al Piscis medio, y cuando un Pez habla de dinero con un Toro (que entiende perfectamente el concepto de moneda) la conversación puede sonar como la del Principito de Antoine de Saint Exupéry, guiado por Neptuno, con un hombre de negocios taurino, que está atareado contando sus bienes, las estrellas, que considera suyas porque nunca nadie ha tenido el sentido común necesario para reclamarlas.

—Quinientos un millones, seiscientas veintidós mil, setecientas treinta y una… Estoy ocupado en asuntos de gran trascendencia…
— ¿… eres dueño de las estrellas?
—Sí…
—¿Y qué haces con ellas?
—Las administro. Las cuento y las recuento. Es difícil, pero soy un hombre que se interesa naturalmente por los asuntos de trascendencia…
—Pero no puedes desprender las estrellas del cielo.
—No, pero puedo guardarlas en el banco.
—¿Qué significa eso?.
—Eso significa que escribo la cantidad de mis estrellas en una hojita de papel. Y después guardo esta hojita en un cajón y le echo llave.
— ¿Y eso es todo?
— Ya es bastante.
Entonces el Principito suspira.
— Es entretenido… pero no es un asunto de gran trascendencia.

El Piscis típico sustenta ideas muy distintas de las del Tauro medio acerca de lo que se ha de entender por asuntos de gran trascendencia. Porque el Pez, como el Principito, viene de un planeta remoto, donde florece la rosa más bella de la creación, que él ha visto, y que ha amado con todo su ser, y que recuerda con ternura, y que echa de menos con mucha pena… y a la cual anhela volver. (O a quien anhela volver. El Pez varón o mujer que desea ansiosamente ese reencuentro no sabe muy bien cuál es el pronombre exacto. ¿Se trata de una persona? ¿O sólo de un concepto… de un ensueño?).

Es importante que sean fieles a su signo solar, cualesquiera que sean las influencias planetarias encontradas que tironean de su psiquis interior, porque cada uno de los doce signos tiene su finalidad en el desarrollo del ser humano. Un Toro holgazán y despilfarrador es siempre un individuo inmensamente desdichado, así como un Pez circunspecto y mercenario es siempre un individuo triste y neurótico. Si estos dos se asociaran, cada uno podría hacer lo que le naciera espontáneamente de dentro. Los Piscis podrían enseñarles a los Tauro sistemas más imaginativos para ganar dinero, e inculcarles la alegría de compartirlo con los demás, todo ello junto con el axioma de la Ley Universal infalible en virtud de la cual cuanto más das, tanto más rápidamente se multiplica esto. A la inversa, los Tauro podrían inculcarles a los Piscis el debido respeto a un mínimo de seguridad, es decir, que es prudente ahorrar por lo menos algo de dinero, para el caso de que trascurran unos días de escasez antes de que entre en vigor aquella Ley Universal. Es muy desagradable tener que sentarse en la esquina bajo la lluvia, mendigando con un bote de lata en la mano. Esta sola idea le produce palpitaciones nerviosas al Toro, y le pone los pelos de punta.

Por supuesto, hay Piscis que, forzados por las circunstancias y por el recuerdo de la pobreza que pasaron en su infancia, se preocupan y se mortifican pensando que deberán turnarse con el bote de lata, de modo que retienen unos pocos centavos, pero se aborrecen interiormente por ser tan avaros. Sin embargo, cuando dejan de retener, el dinero con el que sustituyen lo gastado brota como por arte de magia de los lugares más imprevistos. Si estos Piscis escucharan los dictados de su corazón, superarían el trauma del bote de lata y al mismo tiempo pondrían fin a su pobreza.

Piscis no soporta las preguntas directas, ni que lo obliguen a tomar una posición concreta. La naturaleza del Pez consiste en entrar y salir de las situaciones, y en sortearlas, con un deslizamiento fluido, para observarlas desde todos los ángulos y asimilar sus diversas connotaciones… o en alejarse silenciosamente de una controversia que agita las aguas circundantes y amenaza su equilibrio. Las evasiones sigilosas no se han hecho para Tauro. Éste enfrenta lo que hay que enfrentar, con valor liso y llano, y se queda tercamente plantado donde está, hasta probar que tiene razón. Si no consigue probarlo, después de muchos esfuerzos, vuelve sus robustas patas y se va, pero no con un deslizamiento fluido. Marcha pesadamente hacia su punto de partida, con su opinión inicial fuertemente apretada entre sus brazos, contra su pecho carnoso.

Esto es más o menos lo que sucede cuando estos dos se enzarzan en una discusión. Pocas veces llegan a un acuerdo satisfactorio o definitivo. Pero pueden compensar con sus risas el tiempo perdido. El Toro tiene un sentido del humor vivo, delicioso, absolutamente maravilloso. No se trata de una comedia brillante, crepitante, sofisticada, de ingenio cáustico, sino de un humor cálido que emana de la realidad pintoresca de la vida cotidiana, Como el muy espabilado y a veces superinteligente Pez tiene un fino instinto para valorar el humor, de alguna manera, entre sonrisas, olvidarán sus diferencias o las resolverán mediante la transacción entre sus elementos Tierra y Agua, que en la astrología, como en la Naturaleza, son esencialmente compatibles. El Agua enriquece la Tierra, y la Tierra acoge al Agua, pero una combinación infortunada de los dos puede producir lodo o arenas movedizas. Puesto que ésta es una configuración vibratoria 3-11, el encuentro entre el Toro y el Pez casi nunca es fortuito, o un «encuentro de primera encarnación». Como todos los individuos de la configuración de signos solares 3-11, el Destino guía a estos dos para asegurar la devolución, el intercambio equitativo de la devoción o el daño que se tributaron o se causaron el uno al otro en encarnaciones pasadas… unas veces la primera, otras el segundo, pero más a menudo una combinación de ambos.

Así como aquellas personas cuyo día de nacimiento (sin incluir el mes o el año) suma 4 u 8 estarán estrechamente asociadas a la vida de otras personas 4 u 8, les guste o no, sea ello agradable o desagradable… así también quienes se encuentran bajo la influencia de esta configuración de signos solares comprobarán que no están en condiciones de elegir cuándo se encontrarán ni cuándo se separarán. No tienen opción. Existe una atracción magnética que los une, para completar el equilibrio de acción y reacción, bajo la dirección de los mismos ángeles supremos… el supraconsciente de cada uno. La numerología y la astrología son hermanas o hermanos, como prefieran. Los Tauro y los Piscis tendrán, como todas las otras personas influidas por la configuración 3-11 (y también como todas las nacidas en un día que suman 4 u 8), abundantes oportunidades para vivir felices y en armonía durante su actual existencia en común, si están dispuestos a aceptar las responsabilidades y los deberes recíprocos de sus anteriores obligaciones kármicas, o sea, los aspectos frecuentemente tensos de su asociación, así como las fatigosas cargas del otro. Las recompensas para quienes asumen estos deberes sin quejarse son, empero, muy grandes. Un ejemplo de una inexorable configuración de signos solares 3-11, Tauro-Piscis, que incluye la luz y las sombras del indispensable sacrificio recíproco… y del éxtasis recíproco…

Básicamente, Tauro y Piscis son tolerantes con sus respectivas debilidades. Pero Tauro está muy preocupado por la necesidad de enfrentar la realidad… incluido el ocasional Toro Maestro-Avatar que de cuando en cuando transita entre nosotros (sí, también ahora), como el muy Tauro conde de St. Germain, alquimista singularmente ilustrado y esotéricamente esclarecido. Estos Maestros específicos están aquí con el fin de enseñar que «la conciencia de la realidad» es indispensable para el desarrollo humano, aunque ellos mismos estén espiritualmente muy adelantados. Piscis tiene aquí una misión docente muy distinta. Todos los Peces son almas muy viejas, ya sea que naden río arriba o río abajo. Los Piscis han viajado por horizontes de belleza tan sobrecogedora que a Neptuno se le desgarra el corazón cuando vuelve a visitarlos en sueños. Y por tanto el Pez no soporta enfrentar la realidad, tal como ésta se presenta en Tierra. Ellos saben que el verdadero «pecado original» consiste en ver, en reconocer, la tristeza y la fealdad, cuando nuestros Co-Creadores sólo concibieron y manifestaron armonía y belleza. En su inconsciente, el Piscis oye el antiguo clamor de los monjes tibetanos cuyo cántico reverbera en el techo abovedado de sus monasterios: Éste es el mundo de la ilusión… éste es el mundo de la ilusión.

Tauro, el Toro, considera que para lograr el esclarecimiento del alma y la salvación final es necesario reconocer un pecado de otra naturaleza. Por tanto, el Toro se siente constreñido a obligar al Pez a confesarse culpable de caer en el autoengaño y la fantasía y a ver las cosas como son. El espíritu práctico de los Tauro vigilantes determina que los torrentes de visiones de Piscis, claros y refulgentes, vuelvan por la fuerza a la Tierra sustanciosa y estable. Ese no es tu verdadero nombre. Estás fingiendo y fantaseando nuevamente —lo regaña el Tauro, sin sospechar jamás que las lágrimas que derrama en ese momento el Piscis reprendido no las vierte por las trasgresiones de Neptuno a la realidad taurina… sino por todas las almas extraviadas y solitarias de este mundo de ilusión.

Adaptación de Linda Goodman

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