Hombre TAURO Mujer PISCIS

¿Recuedan cómo en la infancia contemplaban a un mago, y se maravillaban con la forma en que hacía desaparecer delante de sus ojos conejos blancos, rosas de seda y cintas de color? Al hombre Tauro que se enamora de una chica Piscis, y que no estudia la magia de la astrología, quizá se le presentará una oportunidad para revivir aquella experiencia. Es posible que ella tarde meses o años en dominar el arte del discutir. Y cuando lo domine no lo anunciará por anticipado, porque Piscis aborrece la idea de trabarse en una controversia enojosa o en vociferaciones y recriminaciones interminables. Es posible que suceda un día —o una noche— como muchos otros, en que ella dirá afablemente:

— Querido, esta noche me han invitado a asistir a una lectura de poesías. ¿Quieres dejarme allí, ir al cine y pasar a recogerme más tarde?

— No. No quiero ir al cine solo.

—¿Entonces te gustaría venir conmigo, porque…?

—No, no me gustaría. Sabes que no congenio con esas cuestiones místicas.

—Está bien. No asistiré a la lectura de poesías. Iré al cine contigo. ¿Te agrada mi vestido nuevo?

— Es demasiado corto.

— Sí, cariño. Lo haré. Pero todas usan…

—Por supuesto. Pero a mí no me gusta que otros te vean.

— No, claro que no. Tienes razón, cariño. Sólo pensé…

—Ven, o llegaremos tarde al… ¡eh! ¿Dónde estás? ¿A dónde te has ido?

Ella ha desparecido, tan súbita y sutilmente como los conejos blancos, las rosas de seda y las cintas de colores. Finalmente se ha hartado de él: de su ceguera para con los delicados sentimientos de ella, de su negativa a hacer concesiones mutuas, de sus ideas obstinadas que no dejan margen para las transacciones. Quizá sólo partió sigilosamente para reflexionar a solas durante un tiempo, y volverá renovada, si lo ama de veras. En todas las mujeres regidas por Neptuno hay una pequeña dosis de masoquismo. Pero también es posible que un día desaparezca definitivamente, sobre todo si tiene un signo lunar o ascendente agresivo… así que el Toro deberá prever esta posibilidad, ya que tiene tanto espíritu práctico cuando se trata de prepararse con anticipación para los contratiempos. Por supuesto, no todas las parejas Tauro-Piscis están tan desmedidamente polarizadas por la terca superioridad masculina de él y por la docilidad femenina de ella. Ésta es sólo una advertencia para el Toro y el Pez que tienen un aspecto Sol-Luna antagónico entre sus horóscopos. Si sus luminarias armonizan, pueden tener una relación amorosa excepcional y satisfactoria, porque son compatibles en muchos sentidos y se prestan un gran consuelo el uno al otro cuando la vida se torna demasiado estrepitosa y frenética para él… o demasiado escabrosa y fea para ella.

Todo hombre valora el hecho de tener un oído comprensivo donde verter sus problemas, especialmente si está adosado a una mujer atenta, semejante a una geisha, con voz suave y modales afables. Pero dadas las peculiaridades de la naturaleza humana, cuando una chica es tan tolerante y comprensiva, todo hombre también procura salirse con la suya hasta donde puede. Ciertamente el hombre Tauro no es la excepción a la regla. Así que la chica Piscis que se enamora de un Toro enérgico debe reforzar su ego si quiere aprender el truco mágico que lo convierte en un adorado osito de juguete Tauro. Sin embargo, ella tiene una ventaja interesante. Detrás de su fachada dulcemente sumisa se oculta una mente muy ágil, espabilada y sensible. Ella lo pillará en el momento en que él menos lo espera, si cuando cree que podrá salirse con la suya lo que hace es flirtear con otra mujer, aunque es posible que lo perdone casi demasiado deprisa, por lo menos la primera vez.

La tenacidad aprendida le resultará indispensable cuando él pretenda salirse con la suya a la hora de ahogarle los sueños y de acomodar la naturaleza fluida de ella a la rígida de él. No se trata de que todos sus conflictos sean producto del énfasis exagerado que él pone en la dominación masculina. Es posible que ella provoque algunos con su morosidad (oh, más tarde nos ocuparemos de esto…), con su evasividad exasperante (no sé exactamente a dónde voy, ni cuándo volveré; ¿es que tienes que controlarme constantemente?), con su discreción impenetrable (eso no te lo puedo contestar; por favor no te entrometas en mis sentimientos personales); su dependencia exagerada (no puedo decidir por mí misma qué hacer); o su falta de confianza en sí misma, acompañada por cataratas de lágrimas (no soy suficientemente guapa, ni suficientemente espabilada para ti). Él puede repetirle un millar de veces que a su juicio es perfecta, pero si se trata de una chica Pez con un Sol natal «mal aspectado» o un ascendente y signo lunar también mutables, igualmente seguirá preocupándose y dudando por dentro, y sospechará que él le sigue la corriente para conformarla.

Al hombre Tauro le resultará más fácil entender a la chica Piscis si recuerda que ella no sólo refleja y devuelve todas las vibraciones emocionales de su entorno inmediato (incluidas las de él), sino que además las absorbe en su interior, como una esponja, merced a su compenetración espiritual típica de Neptuno. ¿Qué opinaría él si un planeta regente lo obligara a andar por el mundo enjuagando las lágrimas de todos los demás, embebiéndose en sus temores, reflejando y absorbiendo la gama íntegra de emociones, desde la hilaridad hasta la histeria? Esto dejaría a cualquiera un poco inseguro y tembloroso a ratos. Pero dadas las peculiaridades de la naturaleza humana, cuando una chica es tan tolerante y comprensiva, todo hombre también procura salirse con la suya hasta donde puede. Ciertamente el hombre Tauro no es la excepción a la regla. Así que la chica Piscis que se enamora de un Toro enérgico debe reforzar su ego si quiere aprender el truco mágico que lo convierte en un adorado osito de juguete Tauro. Sin embargo, ella tiene una ventaja interesante. Detrás de su fachada dulcemente sumisa se oculta una mente muy ágil, espabilada y sensible. Ella lo pillará en el momento en que él menos lo espera, si cuando cree que podrá salirse con la suya lo que hace es flirtear con otra mujer, aunque es posible que lo perdone casi demasiado deprisa, por lo menos la primera vez. La tenacidad aprendida le resultará indispensable cuando él pretenda salirse con la suya a la hora de ahogarle los sueños y de acomodar la naturaleza fluida de ella a la rígida de él.

Una de las cosas que pueden perturbar al hombre Tauro es el criterio neptuniano que utiliza la mujer Piscis para enfocar la verdad. Para ella la verdad es lo que siente en el momento, y lo que siente en el momento siempre es vulnerable a la sugerencia y susceptible de cambio, a medida que las personas, la situación y el punto de vista lo diluyen o lo refuerzan. Piscis no ve la verdad como algo estático, sino como algo que se altera constantemente y que depende de muchas interpretaciones. El Toro ve la verdad como un hecho eterno e inmutable. Ahora bien, esto es lo que se llama polaridad de opiniones. ¿Quién tiene razón? En realidad, ambos la tienen, en diferentes circunstancias, y todo depende del tipo de verdad al que se refieren. Algunas verdades son universales y no cambian nunca. Otras son multifacéticas e individuales. Otras más se encuentran en un estado de fluidez constante, porque están relacionadas con los sentimientos y emociones que alimentan las personas en ese momento… o con la opinión pública que impera en esas circunstancias. Y algunas verdades, fundadas sobre hechos indiscutibles —por ejemplo: ¿Estabas en la ducha hace una hora?—, evidentemente sólo tienen una respuesta: sí o no. Puesto que en el cosmos todo es relativo, ¿por qué la verdad habría de ser una excepción? La pregunta acerca de la ducha se refiere al pasado inmediato. Las preguntas sobre hechos que conciernen a un pasado más lejano, como por ejemplo: ¿Lincoln fue asesinado? ¿Napoleón perdió su última batalla?, y así sucesivamente… entran en una categoría esotérica y metafísico-espiritual más profunda, que se relaciona con el problema abrumador del tiempo einsteniano. Si el pasado, el presente y el futuro son simultáneos, y no independientes, como sospechaba el «abstracto Albert», entonces, dado que uno puede modificar el futuro mediante actos del presente, ¿no podría cambiar también el pasado, mediante actos del presente? Este tipo de verdad corresponde al estudio de la meta-física, no de la física, y la respuesta yace sepultada en el enigma del «cuán atrás en el tiempo», y en el del uso del singular, como en: «¿puede uno cambiar el pasado mediante…?», y así sucesivamente.

Igualmente, he aquí un asunto interesante acerca del cual los amantes o consortes Tauro-Piscis pueden intercambiar opiniones. La verdad, en sus diversos estados y formas, no preocupará tanto a este hombre y esta mujer en la expresión sexual de su amor. Éste es un ámbito en el que la única verdad es el sosiego de la satisfacción que se suministran el uno al otro. A menos que existan graves discordancias luminarias entre sus cartas natales, otras dificultades que deban superar en aspectos planetarios recíprocos, la armonía sexual entre el hombre Tauro y su mujer Piscis será un elemento de veracidad y belleza innegables: la fuerte atracción de la Tierra para el Agua, y viceversa. Sobre todo si la relación Sol-Luna entre ellos es fuerte y positiva, estos dos pueden vivir prácticamente en un mundo aparte, cohesionados por una comunión de los sentidos que supera todo lo que podría imaginar un signo de Aire o Fuego. Pocas experiencias humanas en las que se comparta algo son más reconfortantes que la demostración física de amor entre un Toro y un Pez que se han entregado el uno al otro, sin cuestionar su necesidad recíproca, y con el único deseo de satisfacerla. Lo que convierte su unión en una intimidad tan completa y apaciguadora no es la pasión explosiva de las parejas de otros signos solares, sino la ternura y ‘el afecto singulares que se dispensan tan calurosamente y que reciben con tanta placidez. Siempre hay un atisbo de misterio que flota encima y alrededor de la relación sexual entre Tauro y Piscis, y generalmente estos dos se conforman con dejarlo como está, pues tal vez intuyen que si corrieran el velo del secreto silencioso mitigarían de alguna manera la emoción.

Si él tratara de imponerle al amor de ella una forma definida, posiblemente el Pez se alejaría, o peor aún, se quedaría merodeando en torno, lo cual provocaría la cólera del Toro y despertaría sus instintos posesivos taurinos. Es posible que a ratos la mujer Piscis se sienta sola, cuando él está demasiado atareado o preocupado para compartir con ella lo que ella siente, y oye, y ve. Pero el Agua fecunda la Tierra, y la Tierra recibe complacida el Agua que penetra en el humus de la seguridad, así que ambos pueden desarrollarse merced a sus diferencias, al mismo tiempo que encuentran solaz en sus semejanzas… si ella le brinda suficientes señales sólidas y tangibles de afecto, y él le facilita su estabilidad para que ella pueda encontrar apoyo cuando sus ensueños se le escapan y sus añoranzas la afligen. Es posible que una noche estén fuera, juntos, marchando de regreso a casa desde algún lugar, y que ella levante la vista y susurre:

—Escucha.

Entonces él le preguntará:

—¿Qué quieres que escuche? —¡A las estrellas! Escucha cómo asoman las estrellas… ¿no te parece que su sonido es maravilloso? En lugar de mirarla con el ceño fruncido, fastidiado y perplejo porque confunde la visión con el sonido, él debería estrecharla con más fuerza contra su cuerpo, y escuchar con ella. Porque la música que generan es mágica y Piscis puede enseñársela a Tauro

Adaptación de Linda Goodman

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2 Comments

  1. Yo amo a mi Torito pero esta casado y veo que el no piensa dejarla así que me hago a un lado a pesar de que muero por el y descubrí el amor algo que jamás sentí. Me gustaría escuchar a un Tauro que me diga si hay una probabilidad de que luche por nosotros se y siento que me ama tambien pero quiero que tome la iniciativa de dejar o quedarse por el mismo ayuda!!!!!!

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