Mujer TAURO Hombre CAPRICORNIO

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Creo que deberíamos dedicar gran parte de esta sección del capítulo Tauro-Capricornio a una lección indispensable para todos los hombres y mujeres de los signos de Tierra. Una lección, sí… pero quizá también una especie de advertencia kármica. ¿Han notado alguna vez cómo la gente se olvida de las cosas, y después procura fingir que lo olvidado no era, de todos modos, muy importante? Una mujer Tauro pocas veces recurrirá a esta simulación. No olvida muchas cosas, y para ella todo es importante. Todos los Toros tienen una memoria excepcional. Ciertamente ella no olvidará el día y la hora exactos en que conoció a un hombre Capricornio cuya Luna o ascendente estaba en un signo de Tierra o de Agua al nacer, sobre todo si la Luna o el ascendente de ella estaba en uno de esos mismos elementos cuando nació. Si se suma este tipo de armonía luminaria a la configuración de signos solares 5-9, poderosamente compatible, muy pocos Toros y Cabras no captarán instantáneamente el suave arrullo de la futura dicha conjunta. Es como hacer saltar la banca con los últimos céntimos de fe, cuando se han jugado y perdido incontables ensueños, y éste es un triunfo particularmente reconfortante para Tauro y Capricornio, que apuestan tan pocas veces. A lo que fuere.

Como los signos de Tierra no hablan mucho sobre sus vidas personales (estos dos amantes nacieron implantados en el elemento Tierra) mucha gente piensa que los únicos que viven la portentosa experiencia del destino entrelazado de las almas gemelas son quienes nacen bajo la influencia de los elementos Fuego, Aire o Agua. No es así. Estas fascinantes citas con el Destino también se producen entre Toros y Cabras (y Vírgenes de Virgo), y los dejan tan hondamente conmovidos como lo están cualesquiera otros terráqueos que han sido transportados a una sensación de asombro trémulo por el descubrimiento de que su encuentro ha sido planeado, y planeado ineludiblemente. Para probar este aserto a todas las mujeres Tauro y los hombres Capricornio que leen su propio capítulo, o a cualesquiera otras parejas curiosas de signos de Tierra, les ofrezco el siguiente ejemplo.

Conozco a un hombre Cabra y a una mujer Tauro. Al individuo medio le parecerá que forman sencillamente un joven matrimonio normal, común, feliz y satisfecho. Ciertamente son felices y están satisfechos, pero su relación ha sido más paranormal que normal, más extraordinaria que común. Desde el momento en que nació cada uno de ellos, se forjó un plan cósmico para hacerlos converger magnéticamente, como les sucede a muchos amantes de la experiencia vibratoria 5-9, cuyos aspectos luminarios y planetarios también son armoniosos. Nunca es fácil convencer a dos personas de signos de Tierra de que su amor —o cualquier otra cosa— está predestinado. Generalmente Tauro y Capricornio sólo creen lo que pueden oír, ver, oler y tocar, tangiblemente. Sin embargo, los ángeles supremos de dos seres cuya unión está cósmicamente programada, son muy tenaces, y nunca cejan en sus esfuerzos hasta que han cumplido la misión estelar. Hagan como si vivieran en Venus (regente de Tauro), o en Saturno (regente de Capricornio), observando los hechos siguientes que se desarrollan abajo, en la Tierra. El Capricornio, un bebé Cabra, nace. Aproximadamente en la misma época, la Tauro, una bebé Toro, nace en otro lugar. (A veces las almas gemelas, como los paracaidistas y astronautas, cometen un error de cálculo y nacen a unos kilómetros del punto estipulado por los astros.)

Venus se inquieta, pero Saturno dice sabiamente: aguarda. Pasa un par de décadas, y los amantes crecen, alejados, hasta que el niño y la niña se transforman en un hombre y una mujer. Entonces llega el momento de encontrarse y de leer el sentido de la vida en sus respectivos ojos. Pero no… el adusto y restrictivo viejo Saturno sigue aplazando su unión. Ella siempre se pregunta «¿De qué sirve formular peticiones a las estrellas? Éstas carecen de poder para convertir los deseos en realidad». Se equivoca. Tienen ese poder. Porque Venus ha introducido una variante sagaz. Ha entonado una bella canción en el oído aletargado de él, el hombre Cabra, que lo embruja… y lo persuade a aceptar un empleo donde trabajará a las órdenes del padre de ella. ¡Seguramente ahora los amantes de la mala estrella habrán de encontrarse! Ay, no… Saturno está dispuesto a imponer la más cruel de sus pruebas kármicas. Después de aplazar el encuentro entre los dos durante casi un año más (cómo habría de saber él que su jefe es su futuro suegro?), Saturno influye sobre él para que éste parta. La Cabra, cuyos peregrinajes la han acercado tanto al objeto de sus anhelos, escucha la orden de Saturno, se harta de su empleo y renuncia (después de dar el aviso previo como corresponde a Capricornio, desde luego) para aceptar otro puesto, a muchos kilómetros de allí. Esta vez Saturno incluso intenta persuadirlo para que se traslade definitivamente a otro lugar. Pero lo frustra el libre albedrío de la personalidad superior de la Cabra, confabulada con la Venus de ella. Finalmente vuelve a trabajar a las órdenes del padre de la Tauro. ¡La victoria del amor está a la vista!

No. Aún no. El cauto Saturno ha decretado que los amantes deben esperar tres años más a ciegas, en razón de lo cual Venus derrama lágrimas de frustración, pero después se enjuaga el llanto y empieza a influir sobre los vívidos sueños del padre de ella (con la ayuda de la regente de él, la romántica y sentimental Luna). Por fin, cuando el tiempo terrenal se acerca a la misteriosa época de la Navidad, el padre de ella, que está conversando con él sobre el próximo festejo para los empleados menciona «casualmente» que a su hija no la entusiasma la idea de asistir porque carece de acompañante (Venus ha organizado esto muy bien), y como él tampoco tiene acompañante, se ofrece para llevarla consigo (saben que las Cabras y los Toros son muy circunspectos en lo que se refiere a las convenciones sociales)… como si tuvieran alguna opción en este drama kármico, que por supuesto no la tienen en absoluto.

Entonces la madre de ella invita al chico a cenar pocos días antes de la fiesta, y él conoce finalmente a la chica Tauro que es su otra mitad. Esa noche Saturno da sólo una última y tibia muestra de rigor al correr un velo sobre los ojos de la Cabra y el Toro, para que éstos no se reconozcan más que como seres comunes que entablan una conversación común en circunstancias comunes. Hasta que llega la velada mágica de Nochebuena, y la fiesta. Ya es hora. Aproximadamente a medianoche, el Toro y la Cabra se miran el uno al otro, al fondo de sus ojos, con los que se sienten súbitamente familiarizados, y comprenden… al tiempo que los arrebata uno de esos trances deslumbrantes de eternidad. Sí, ya es hora. «Nacerán dos… separados por todo el ancho del mundo…», cantan sus mismos ángeles supremos, alegremente y al unísono… mientras billones de estrellitas titilantes gorjean en el espacio… la Luna sonríe, detrás de una única lágrima… incluso el viejo Saturno sonríe… y Venus se tumba sobre una nube mullida, para descansar un rato, exhausta. Realmente es portentoso contemplar los acontecimientos que se desarrollan abajo, en la Tierra, desde el atalaya de las estrellas… y observar cómo el destino despliega sus alas de oro y plata. Un astrólogo esotérico que hubiera estudiado minuciosamente ambos horóscopos, podría haberles pronosticado aquella inesperada Nochebuena a la Cabra y el Toro, cuando él nació,… y cuando ella nació. Esto es lo que convierte a la astrología en un arte y una ciencia tan feliz. Porque ninguno de nosotros disfruta de un auténtico libre albedrío, en este nivel de conciencia… excepto en lo q u e concierne a la reacción por la que optamos respecto de los dramas predestinados de la vida.

Sólo nuestras personalidades superiores disfrutan de un libre albedrío total sobre el control de los hechos, que podemos alcanzar… tocar fugazmente… únicamente cuando tomamos contacto, y posteriormente nos comunicamos con… el superconsciente. Confío en que este ejemplo veraz avive un poco la sensibilidad esotérica de las mujeres Tauro y los hombres Capricornio de todo el mundo que alimentan esta extraña teoría de que pueden ejercer algún tipo de control sensato, terrenal, sobre su amor —su alfa y su omega— sin hacer caso de sus sueños, que son la auténtica realidad, y sin escuchar atentamente la sinfonía de las estrellas. La afinidad química natural que existe entre la Cabra y el Toro, como entre todos los amantes influidos por la ibración 5-9, hace pensar que su romance será suave como el terciopelo y estará libre de estática. Pero esto no es necesariamente así. La bienaventuranza de la vibración 5-9 sólo confiere el don de una relación que soporta más tiranteces y tensiones que la mayoría de las otras, en razón de la afinidad mutua de los signos solares. Es posible que las tensiones se resuelvan con más facilidad y menos resentimiento, que los agravios ocasionalmente intercambiados sean menos dolorosos, y que las reconciliaciones sean generalmente más frecuentes y exitosas.

Tendrán su cuota de problemas, pero hará falta un conflicto verdaderamente grave para producir una ruptura definitiva entre dos seres agraciados por la configuración de signos solares 5-9, una vez que se hayan comprometido en serio el uno con el otro. Tauro y Capricornio tienen la misma motivación: la seguridad. La seguridad emocional y financiera. A menos que la Luna o ascendente de uno de ellos haya estado en un signo de Aire o Agua a la hora de nacer, éstos carecen normalmente de la imaginación arrebatadora que los poetas y soñadores juzgan indispensable para el romance. Sin embargo, sí comparten una cualidad que es muy necesaria para reforzar cualquier relación humana: la cualidad de la paciencia. Y la paciencia es una virtud que casi siempre engendra, al fin, trillizos: devoción, fe y lealtad, esas tres palabras mágicas que pueden trasmutar una pasión circunstancial, asentada exclusivamente sobre la química, en la emoción más profunda y perdurable del amor. Otro ingrediente que los poetas y soñadores consideran necesario para que florezca un romance duradero es… el sentimentalismo. A primera vista, puede parecer que la chica Tauro no desborda sentimentalismo, pero éste se acumula dentro de ella en cisternas rutilantes, que descubrirá el hombre indicado. No obstante su fachada práctica, el sentimentalismo se refleja claramente en su vehemente apego al hogar, a sus bienes materiales, a sus viejas cartas de amor, a sus hijos y a su pareja. Se resistirá tercamente a los grandes cambios, aunque parezca aceptarlos.

Tampoco se adaptará fácilmente a las pequeñas modificaciones de los hábitos personales. Pues, ¿qué es el deseo de cambio sino una falta de apego sentimental a lo que ya existe? Por tanto, su resistencia al cambio significa lo opuesto: un exceso de emoción por lo que ya existe, y por lo que ha existido. Y ésta es la cualidad de la que está conformado el sentimentalismo. Muy bien, así que es sentimental. También es benévola. Pero no dócil. Sabe lo que quiere, y procurará conseguirlo, con su conducta tenaz aunque aparentemente parsimoniosa y serena. La mujer Tauro está muy dispuesta a esperar, y a no urgir los resultados prematuramente, rasgo éste que al hombre Capricornio le parece irresistiblemente femenino. Corporiza el súmmum de la sexualidad femenina —la pasividad— que le insinúa a él el sutil misterio de la sumisión a la fuerza masculina dominante. Esto nunca dejará de complacer y «excitar» emocionalmente al capricorniano que siempre es ligeramente machista. Y así es posible que no note que ella tiene la cabeza dura, pues la dulzura de sus modales y su afabilidad lo cautivarán y lo harán verse a sí mismo como si fuera un conquistador viril. Para no hablar de su voz profunda, gangosa, musical… ni de sus curvas enigmáticas, todas bellamente redondeadas donde corresponde, y diseñadas para el mimo. Además, esta dama es generalmente una cocinera estupenda y tiene un maravilloso sentido del humor. A veces puede parecer que estos dos seres se parecen tanto que es imposible distinguirlos.

Pero el astrólogo tiene medios para reconocerlos. He aquí uno. La chica Tauro casi nunca quemará sus energías cuidadosamente conservadas para buscar la aclamación pública o la aprobación privada. Cuando ha resuelto que tiene razón en algo, lo único que pide es que la dejen en paz, y que quienes sustentan ideas distintas no la fastidien., Díganle a la mujer Tauro típica que la gente habla mal de ella a sus espaldas, o que alguien no la quiere, y se limitará a encogerse de hombros y a comentar: «Qué me importa. ¿Acaso no se les ocurre nada mejor que vivir mi vida por mí? ¿No tienen sus propias vidas? Deben de ser personas muy frustradas y solitarias». Después seguirá ocupándose de lo suyo, conforme con el respeto que se inspira a sí misma. A la inversa, al hombre Capricornio le preocupan mucho la aclamación pública y la aprobación privada. Secretamente, desea llegar a la cúspide de su meta o ensueño, y asumir luego un puesto de mando, suficientemente alejado de las multitudes vociferantes como para que no lo fastidie ni contamine la conducta infantil que observa en torno. Cuanto más calle el hombre Cabra, tanto más estará anhelando interiormente llegar allí… con toda el alma. Díganle que alguien lo desaprueba y es posible que se encoja de hombros, como la mujer Toro. Incluso es posible que murmure también algo así como «Nada podría importarme menos». Pero íntimamente fruncirá el ceño, y quizás incluso se sentirá tan frustrado que lo atacará un buen dolor de muelas o de estómago, que se golpeará la rótula varias veces por semana, o que se dará un montón de porrazos nerviosos.

Intentará mejorar la opinión que tienen de él quienes lo desaprueban, apenas pueda hacerlo sin despertar la sospecha de que esto lo preocupa. El respeto y la admiración de sus compañeros de trabajo, amigos, parientes y vecinos tienen una importancia vital para el hombre Cabra. La mujer Toro también valora las flores del prado que le arrojan, pero a diferencia del hombre Capricornio, no se sentirá abrumada cuando reciba de cuando en cuando la cebolla de la crítica o el fango del chismorreo hostil. Es posible que ella adivine el secreto de él, pero normalmente es tan bondadosa y tiene tanto tacto que no le demostrará que capta el dolor que experimenta cuando los demás no lo valoran cabalmente. Este hombre y esta mujer se intercambian muchas emociones silenciosamente…. tácitamente, sin que por ello sean menos profundos y forjen menos vínculos… utilizando medios de comunicación que el corazón escucha. Es posible que en su realidad sexual recíproca, ella proyecte a veces, inconscientemente, una actitud un poco condescenciente respecto de él. La mujer Tauro está mejor preparada que el hombre Cabra medio para la intimidad de la unión sexual, porque sus sentidos muy desarrollados de la audición, la vista, el olfato, el gusto y el tacto, en todas las áreas de la existencia, también aumentan su capacidad para expresar físicamente su amor, por medios sutiles. Ella tiene asimismo más aptitudes que él para manifestar su afecto mediante palabras y gestos sentimentales (aunque no exagerará), y puede haber algunas circunstancias esporádicas, sobre todo al comienzo, en que el talento superior de ella para la pura sensualidad erótica tal vez hará que el hombre Cabra se sienta en inferioridad de condiciones como amante.

Él expresa su amor, físicamente, de manera vehemente y directa, y esto puede determinar que el deseo sexual del capricorniano sea fulminante e incontrolado, y que esté desprovisto de delicadeza. Él tiende a buscar la pasión, sin refinamientos, y aunque no le falta ternura, de cuando en cuando puede parecerle a ella que carece de ésta. Pero la ternura se puede ensefrar cuando está latente, como siempre lo está, en el capricorniano. Quizás esté sepultada bajo toneladas de idiosincrasia práctica, pero se trata de un tesoro que vale la pena exhumar, con perseverancia. Si ella emplea sus grandes reservas de paciencia y dulzura para guiarlo, él se mostrará ansioso por satisfacer, mediante su fusión sexual, todas las necesidades de su compañera, que no son menos intensas que las suyas propias. Al hombre Cabra nunca le resulta fácil expresar sus anhelos más vehementes. La mujer Tauro, cuando obedece a sus instintos, puede ayudarlo a liberar las emociones que experimenta tímidamente, y que tanto desea desahogar.

Uno de los defectos infortunados de muchos capricornianos regidos por Saturno (de uno y otro sexo) consiste en su tendencia a esperar que el amor sea triste, de alguna manera… en razón de antiguos desencantos románticos. Como sus deseos físicos son tan fuertes como los de cualquier hombre, esto puede inducir a uno que otro capricorniano a separar el sexo del amor, con lo que para él es una tentativa práctica de satisfacer las apetencias carnales del primero, al mismo tiempo que eluden los tormentos del segundo. Como a ella la rige Venus, la mujer Tauro tiene la responsabilidad de enseñarle a su Cabra tímida, graciosa y afectuosa, la verdad eterna, o sea que no es posible desglosar estas necesidades si lo que se desea es satisfacerlas cabalmente a ambas. El sexo sin amor deja el cuerpo frío. El amor sin sexo deja vacía el alma.

De cuando en cuando nos encontramos con un capricorniano que parece estar totalmente compuesto por esos elementos terrenales que son el egoísmo, la frialdad, el espíritu práctico y la ambición. De cuando en cuando nos encontramos con una mujer Tauro que parece estar totalmente compuesta por esos elementos terrenales que son el sentido común, la tozudez, la ambición y el hábito rutinario. Pero en ambos casos, sólo se trata de fachadas que sirven para mantener el amor a distancia, tal como a ellos les gusta. ¿Por qué habrían de exhibir sus corazones o de ofrecerlos en venta al mejor postor? Este hombre y esta mujer valoran tanto su corazón que no pueden arrojarlo despreocupadamente sobre la mesa de subastas del amor. Pero cuando la chica Tauro se acerque para tocarle tiernamente la mano, y para mirarlo al fondo de los ojos, silenciosamente… el hombre Cabra le entregará su corazón, de buen grado. Así como ella le entregará el suyo cuando descubra que él ha adivinado el secreto que guarda más celosamente (tan celosamente como él guarda el suyo): que ella también es una soñadora romántica. Espero que las Cabras y los Toros que están leyendo este capítulo hayan aprendido a no burlarse del Destino y el Hado, sólo porque se trata de fuerzas intangibles, invisibles. La negativa a sintonizar la conciencia superior del propio ser puede determinar que la senda del destino se desvíe en una dirección equivocada, desgraciadamente, en algún punto del trayecto. Y. éste es demasiado a menudo el sino de los hombres y mujeres dogmáticos de los signos de Tierra, cuando siguen la ruta que conduce a la dicha.

Quizá les resulte útil meditar acerca del poema íntegro que los ángeles supremos de les cantaron en aquella mágica Nochebuena… y que Venus encauzó por primera vez, hace mucho tiempo, mediante la sensibilidad de un poeta llamado Rossetti.

Nacerán dos seres… separados por todo el ancho del mundo y hablarán

lenguas distintas… y ninguno tendrá idea

de la existencia del otro… y no se escucharán

y estos dos mismos seres

por mares desconocidos, a tierras ignotas, cruzarán escapando de la

hecatombe, desafiando la muerte

e inconscientemente

forjarán cada acto, y desviarán cada paso de su peregrinación con un único fin…

en virtud del cual un día, saliendo de las tinieblas

habrán de encontrarse

y leerán el sentido de la Vida en sus respectivos ojos.

Adaptación de Linda Goodman

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5 Comments

  1. Soy capricornio y me enamoré de una chica tauro, nunca pensé llegar a sentimientos tan pero tan profundos, ella es mi vida y sè q vamos a estar juntos hasta q la muerte nos separe, ella es lo mejor q me ha pasado

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  2. Soy Mujer Capricornio y encantadisima con tu escrito.
    Aunq mi enamorado Tauro este aun perdido en sus inseguridades, trabajo y escondiendo su corazon. Quisiera q fuera el.

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