Hombre TAURO Mujer ACUARIO

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La Acuario es una mujer muy especial, que necesita a un hombre muy especial. Claro que también se podría decir que es una mujer rara, que necesita a un hombre excepcionalmente paciente. La mayoría de esos individuos deberían ser Toros, que se hacen autobombo recordándote que entre sus muchas virtudes se cuenta la paciencia excepcional. La personalidad de la Aguadora es singular, y para la mayoría de nosotros singular equivale a especial. Pero para un signo de Tierra, singular significa, normalmente, raro. Extraño. Inverosímil. Se trata sencillamente de un problema de definición. Lo importante para el Toro es recordar que esta dama es diferente. Intriga al Tauro masculino porque es misteriosa. No se trata del misterio que él intuye en torno de la mujer Escorpión… el misterio que le hace preguntarse si es perversa o pura, si es fría o ardiente. En el caso de la dama de Urano, el misterio consiste en preguntarse si existe realmente. Esto lo fascina. Y con razón. Ella tiene un talante deliciosamente ambiguo. Naturalmente. Nació bajo un signo de Aire. Es difícil de definir. Por ejemplo, cuando comienza una frase y la deja truncada flotando en el aire… cuando tiene la mirada perdida en lontananza mientras él le dice «Te amo»… y cuando le resulta difícil recordar cómo se llama él. Cosas por el estilo.

Más tarde, el Toro descubrirá que ella estaba más que presente y alerta en aquellas circunstancias en que creía que su atención andaba a la deriva. No se perdió ni un detalle. Su aparente distracción es sólo una señal de que anda vigilando mentalmente, esperando que la realidad se ponga a la par del punto al que ella ya ha llegado… adelantándose a todo. La mujer Acuario se siente tan aburrida cuando un hombre no puede viajar por su circuito eléctrico, que instantáneamente se desvanece o sintoniza otro canal. Puede estar aquí… o puede estar allá… pero aquí o allá siempre está muy distante. Como esta dama es tan individualista respecto del romance como respecto de todas las otras cosas, dicta, a medida que avanza, sus propias reglas sobre el amor. Cualesquiera que éstas sean, tanto si son puritanas como si son permisivas según las pautas de los demás, es fiel a ellas, y a sí misma. Es precisamente esta virtud de la honestidad y la integridad consigo misma la que hace que el Toro se sienta atraído por la Aguadora como por un imán, y la que lo induce a tolerar con asombrosa frecuencia sus reglas románticas, aunque éstas vayan contra la naturaleza del Tauro. Él la ve claramente como una de las pocas personas realmente honestas que quedan en el mundo. Una de las pocas personas éticas, formales, dignas de confianza… eh, alto, aguarden un poco. No sigas. Es honesta y ética. Pero te meterás en aprietos, Tauro, si crees absolutamente que esta mujer es formal y digna de confianza.

Es cierto que tiene intenciones y objetivos fijos, pues nació, como el Toro, bajo un signo fijo. También es una excelente organizadora (a pesar de su engañoso atolondramiento) y le gusta, como a él, economizar y acumular cosas. No porque sea ahorrativa… ni por ninguna de esas razones sensatas y prácticas (para los Toros). Economiza y acumula cosas que casualmente estimulan su fantasía. Es aficionada a las antigüedades y guardar toda clase de trivialidades, como su viejo sombrero de mosquetero, la pipa de su padre, la foto que una amiga le tomó cuando se bronceaba bajo el sol. Deja de piafar y bufar, he dicho una amiga y no un amigo… y la mayoría de las chicas regidas por Urano no son recatadas cuando están en compañía de personas de su mismo sexo, en el bosque, y no hay un alma cerca. Algunas de ellas tampoco son excesivamente recatadas en medio de las multitudes, pero no hablemos de estas Aguadoras… pueden apostar sus recuerditos a que el Toro no se ha enamorado de una de las que pertenecen a esta categoría. Es posible que su afición por las antigüedades (si se trata de una Acuario típica) fastidie al Toro hasta el punto de producirle una gran frustración y una tremenda exasperación. (Todo en el Tauro es grande o tremendo, nunca pequeño ni minúsculo.)

¿Y cómo reaccionará esta mujer del signo de Aire Acuario ante los furiosos arrebatos de su Toro? Es muy probable que le pregunte: «Escucha, ¿cuál es la palabra de seis letras que rima con cerda?». (Ella está resolviendo un crucigrama en la sección del periódico que él no lee.) Sulfurado como está, es posible que él le conteste una grosería. De pronto a ella se le ilumina el rosto y exclama: «¡Ya lo tengo! ¡Cuerda! Debo usar una `C’ porque en la vertical tiene que resultar ‘Cascarrabias’. Entre paréntesis, ¿sabes lo que significa ‘cascarrabias’? Es una palabra que se aplica a la persona que se encoleriza por poco motivo. Me gusta. Creo que a partir de ahora te llamaré así, en lugar de tu nombre. Cascarrabias». Él la mira en silencio, sin saber qué decir. Entonces, súbitamente, sin aviso previo, cae un rayo típico de Urano, y ella le arroja el periódico a la cara, mientras aúlla: «Mañana me iré a hacer camping, sola… y tardaré una semana o más en volver. No me llames, te llamaré yo si tengo ganas, ¡y probablemente NO LAS TENDRÉ!». Ella da un portazo, monta en su carro, arranca y sale disparada calle abajo, rumbo a ninguna parte, para ir a reflexionar «serenamente».

Estas son las reacciones que hay que prever cuando dos personalidades fijas tienen una desavenencia y una de las dos (la de ella) es susceptible de tener esos súbitos e inesperados estallidos de Urano. Recordemos que a éstos dos los gobierna la tensa influencia de la configuración de signos solares 4-10, y esta energía vibratoria perturbadora los agita a menudo, enfrentándolos entre sí. Ambos deben tener conciencia de que pueden perder los estribos cuando menos lo esperan. El Toro siempre nos sorprende y nos horroriza cuando se enoja de veras, sencillamente porque sus accesos de ira son muy esporádicos. La mujer Acuario también es proclive a sorprender y horrorizar a su amante con su cólera, sencillamente porque está regida por Urano, y casi todo lo que la induce a hacer su planeta lo hace sin aviso previo. Volverá a casa más o menos al cabo de quince minutos, sosegada, y le traerá un regalo, una ofrenda de paz… quizás un cachorrillo que encontró merodeando, sin hogar. Si el cachorrillo es tibio, suave y mimoso, probablemente su hombre Tauro se ablandará, y lo abrazará —y la abrazará a ella— y le dirá que pueden conservarlo, siempre que ella prometa educarlo. Ella lo prometerá, dulcemente… y volverá a reinar la paz. Pero es posible que ésta sea sólo una tregua temporal, a menos que exista un aspecto armonioso entre los Soles y Lunas ascendentes de sus cartas natales. Si no es así, ambos tendrán que aprender a autocontrolarse y deberán comprender que «inestable» no es una palabra de nueve letras que rima con felicidad.

Volvamos a sus respectivas propensiones a acumular cosas. (La explosión 4-10 suele desquiciar la ilación de los pensamientos.) Al igual que ella, el Toro es aficionado a atesorar viejos recuerdos, en forma de trastos, si bien argüirá, ruborosa y tercamente, que tienen una aplicación práctica. No la tienen, pero ella debe permitir que él piense que sí. (Los Cangrejos también se complacen en atesorar objetos, pero por otras razones. En parte por sentimentalismo, sí, pero sobre todo porque se les atascan las pinzas y no pueden soltarlos.) Pues bien. Ella y él tienen signos fijos, así que los dos son buenos organizadores y tienden a acumular cosas. Sin embargo, cuando se trata de la virtud de la fiabilidad, Acuario es la oveja negra de la familia de los fijos. (Oveja negra no es un término peyorativo… se trata de las ovejas que tienen la audacia de ser distintas, como saben.) Los otros tres signos fijos —Tauro, Leo y Escorpión— son debidamente fiables, pero es aquí donde Acuario salta de la barca.

Ella hará lo imposible por cumplir una promesa, y desarrollará un esfuerzo hercúleo para llegar puntualmente a las citas. Raramente se retractará de algo que ha dicho, si lo sentía de corazón en el momento de decirlo, y todo esto es admirable. Pero las excentricidades de su indumentaria y sus modales, los súbitos zigzagueos de su conducta tan propios de Urano, sus cambios inesperados y las sorpresas que se deleita en dar, no se pueden describir como fiables. Sólo se pueden describir como desconcertantes. El hombre Tauro es generalmente convencional, su comportamiento es previsible, no le gusta zigzaguear, y ni siquiera su peor enemigo podría llamarlo excéntrico. El Toro es un conformista de alma, y es por ello que la era de Acuario le produce una ofuscación silenciosa pero desesperante. ¿Quién puede lidiar con estos jóvenes enloquecidos, con la revolución sexual, los tumultos, las protestas contra el Gobierno, la gente que corre desnuda y las mujeres que tienen la temeridad de pensar que son iguales a los hombres, cuando cualquier buen curso de anatomía prueba que esto es ridículo?

Así que Tauro se queda pacientemente sentado, cavilando y preocupándose interiormente, protegiendo su propiedad de los maníacos desorbitados y anónimos que corren por las calles, y buscando desesperadamente, como Diógenes, a un hombre honesto. O por lo menos a una mujer honesta. Entonces aparece la chica Acuario, que enarbola el coraje refulgente de sus convicciones, y él piensa que la búsqueda ha terminado. ¿Pero, y sus excentricidades? ¿Y esas ropas extravagantes que usa, su peinado peculiar, sus extraños asertos y su simpatía por esos maníacos peligrosos y alucinados? ¿Acaso no tiene el sentido común suficiente para alarmarse por lo que sucede en el mundo circundante sólo porque no es más que una mujer? Quizá necesita que él la proteja. No niego que tal vez necesita protección. Pero la razón por la cual no se alarma es otra: al fin y al cabo, la era de Acuario es su era, y como ella misma es Acuario, sabe que nunca es indispensable adaptarse a nada, a menos que lo desees. Ella siempre se ha conformado con vivir junto al mar, sin atacar a quienes prefieren las montañas. Siempre se ha peinado como a ella le gusta sin que la preocupara si sus amigos eran calvos o usaban trenzas. ¿Qué tiene de malo el hecho de ir el domingo a la iglesia y comer inmediatamente después con un ateo? Si al menos pudiera hacerle entender a él que no tiene por qué ofuscarse tanto por lo que sucede… y que sólo se trata del comienzo de una fabulosa era nueva en la que cada cual podrá desarrollar su propia personalidad, y ser conservador o liberal, andar descalzo o con botas, usar melena o cortarse el pelo al rape.

Sencillamente se trata de vivir, y dejar vivir. Bueno, Tauro entenderá esto último. Él está muy dispuesto a vivir y dejar vivir, siempre que pueda refunfuñar un poco cuando algo no le place. Ambos son propensos a «ser tolerantes», pero deberían aplicarse ‘esta filosofía a sí mismos, además de aplicársela al mundo. Como sucede en todas las parejas 4-10, cada uno de ellos coarta un poco la idiosincrasia del otro, y esto duele. La propensión acuariana de ella a lo abstracto se extiende a su sexualidad, y como las necesidades sexuales del Toro no tienen nada de abstracto, esto puede provocarles un poco de insomnio. Ella no está obsesionada por la sensualidad y el erotismo, aunque ambos pueden inspirarle bastante curiosidad. Su actitud respecto del acto amoroso es etérea y complicada; la de él es simple y terrenal. El deseo físico nunca es tan fuerte ni tan profundo en Acuario como lo es en Tauro. Sin embargo, en la naturaleza cálida y afectuosa del Toro hay algo que a ella le toca el corazón, y le hace sentir deseos de complacerlo. Y en las pasiones poco convencionales de ella, tan honestas y francas, hay algo que despierta en el hombre Tauro una mansa tolerancia, una especie de arrebato protector, que ciertamente no mitigará su virilidad. Es posible que una noche ella lo abrume con su vehemente sed de amar, y que la noche siguiente parezca alejarse flotando de su contacto. Tal vez él no se dé cuenta de que el deseo físico de ella pudo ser estimulado por la forma graciosa en que él silbaba mientras pelaba torpemente una naranja para el desayuno (horas antes de acostarse), y pudo ser sofocado por una noticia que oyó, inmediatamente antes de cenar, sobre los muchos millones de niños y de recién nacidos que mueren de hambre a toda hora, en todo el mundo.

Y tal vez ella no se dé cuenta de que su Toro necesita algo más que unas pocas palmadas y abrazos para quedarse conforme. Necesita que le rasquen la cabeza (literalmente), que le tomen la mano, que le besen la nariz y le llenen los oídos de palabras dulces, tiernas… con mucha regularidad. Aunque el hombre Tauro esté rodeado de mucho amor, siempre quiere más. Sin embargo, aunque la chica Acuario le tenga veneración, se siente obligada a compartir su amor con sus amistades y con toda la humanidad, en general. A veces, a estos dos puede parecerles que no hay suficiente amor para seguir subsistiendo. Nunca lo hay, cuando lo recibes. Sólo cuando lo das. La reserva es inagotable.

Adaptación de Linda Goodman

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13 Comentarios

  1. es casi exactamente lo que sucede con mi esposa.. siempre falta amor en nuestra relación, sin embargo hay algo que no se, que nos hace tener paciencia y tolerar nuestro mal carácter…normalmente siempre me fijo un camino hacia donde quiero llegar pero con mi pareja es casi incierto pero allí vamos

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  2. Bueno soy acuariana y a veces siento que me asfixió con mi esposo de Tauro yo lo amaba en serio pero ahora siento que el es posesivo queire que lo atienda en todo pero cuando el dice que necesita un día sin mi me hace sentir utilizada para mi eso es egoísmo con el carácter que tengo mucho cedí y siempre le digo tu no me dominas lo que hago contigo es por convicción espero eso de el pero el siempre me da la contraria y todavía dice si ya no me quieres hace rato era que nos separemos pareciera que el busca calmar mi paciencia terminarle para que el se haga la víctima

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