La relación TAURO-ESCORPIO

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Tauro y Escorpio se llevan a menudo muy bien, y a veces estupendamente. Si el signo lunar de uno está en conjunción, en sextil o en trígono con el Sol del otro, pueden explorar nuevos mundos de la mente o el espíritu, en el espacio o en la Tierra. Esta puede ser una relación bella y perdurable en el campo de la ciencia, la literatura, las artes… o en el de la simple contigüidad humana. Cuando tengan un aspecto negativo entre sus soles y sus lunas, seguirán enfrentados y convertidos en enemigos poderosos, hasta que uno de ellos, o ambos, evolucionen hacia los conceptos de tolerancia, compasión y desinterés. Como sucede en todas las configuraciones de signos solares 7-7, Escorpión y Tauro intuyen el uno en el otro las cualidades faltantes que lo (o la) convertirían en un ser cabal y completo. La polaridad magnética de su oposición en la rueda astrológica los tironea con bastante fuerza… para bien o para mal. Escorpión es todo lo que Tauro desea ser. Y Tauro es todo lo que a Escorpión le gustaría ser. Sin embargo, ambos preferirían casi literalmente morir antes que confesarlo. Escorpión no es un signo dual, pero las Águilas viven en dos mundos al mismo tiempo: el mundo de aquellos lugares adonde los lleva su compulsivo anhelo espiritual, y el mundo visible, material, en el que creen los mortales comunes.

Los Escorpión flotan entre ambos, sujetos a su propia ley, tan indescifrables como la Gran Pirámide de Gizeh. Para disfrazarse, y para evitar que la gente los vea oscilar en el aire en semejantes condiciones, la mayoría de los Escorpión usan una máscara. Puede ser una máscara de dulce afabilidad, de gélido desapego o de frío espíritu práctico. Pero debajo de ella son todos calderos quemantes, hirvientes, burbujeantes, de viva emoción. Tauro no tiene falsos rostros. A los Toros, como a los otros signos de Tierra, no los entusiasma la idea de disfrazarse en Carnaval… ni para engañar a la gente ni para asustarla. Sólo quieren hacerla reír (y hacerla comportar correctamente). Los Toros viven firme y tangiblemente asentados en un solo mundo: la Tierra. La buena, vieja, conocida y segura tierra firme. Son lo que son, y nada ni nadie conseguirá que dejen de ser aquello para lo cual nacieron: verdaderas montañas de fiabilidad, coraje, paciencia y empeño. Aunque el Tauro medio no nació con el poder de penetración y la voluntad de acero de Escorpión, ni con el asombroso poder de regeneración del Águila, encarna la auténtica y genuina serenidad interior que Escorpión ambiciona poseer, el absoluto control emocional que los hombres y mujeres regidos por Plutón sólo fingen tener.

Es por eso por lo que Escorpión envidia a los Tauro regidos por Venus. (De cuando en cuando, nace un Toro cuya Luna y ascendente están en Escorpión… ¡entonces cuidado! Quiero decir que este individuo es el súmmum de los generadores de energía.) En cuanto a los Toros típicos, ni siquiera se molestarían en cruzar pesadamente la calle para poseer o imitar la vehemencia emocional de Plutón, pero caminarían miles de kilómetros, e incluso saltarían vallas de alambre de espino —cuesta arriba, si fuera necesario (y si nadie mirara) — para apropiarse de la facultad que tiene Escorpión de saber sin ningún tipo de cálculo… simplemente de saber. Los Tauro darían todo su oro a cambio de poder escudriñar el alma de una persona y descubrir todos sus secretos, como lo hacen las Águilas. Si al menos pudieran adquirir esta facultad, los Toros lograrían edificar sus imperios más deprisa. Y si Escorpión pudiera adquirir, a su vez, la impasibilidad de Tauro frente a las tormentas magnéticas emocionales de la vida, podrían alcanzar sus objetivos misteriosos con mucho menos sacrificio de su psiquis interior. Naturalmente, cuando estos dos se reúnen en cualquier tipo de asociación —comercial, familiar, amistosa o amorosa— y resuelven facilitarse recíprocamente el uso de sus talentos y virtudes individuales, trabajando conjuntamente, pueden cambiar el destino.

La fusión de sus cualidades mediante una estrecha relación nunca es insustancial. Puede trepidar y sacudirse con altibajos. Tengo un amigo Tauro con un hermano Escorpión y ambos aman por igual a su madre Piscis. Pero cuando el Toro se mudó a su casa nueva, las presiones de diversas crisis financieras lo tuvieron tan atareado que no pudo comunicarse enseguida con su madre regida por Neptuno. Además, no quería preocuparla con sus problemas personales. Una noche, el Toro y su esposa invitaron a cenar al hermano Escorpión, y éste aceptó. Le prepararon sus platos favoritos, y los niños estaban lavados y cepillados y excitados por la perspectiva de ver a su tío… pero éste no apareció. Cuando le telefonearon a su casa, estaba ausente. El enigmático silencio de Plutón se perpetuó durante varios días, hasta que una mañana llegó por correo una nota del «desaparecido”. Nuestra madre ha estado muy sola, hace mucho que no tiene noticias tuyas. Después de que te comuniques con ella, tendré mucho gusto en ir a cenar». El Toro franco y llano se puso tan furioso como si le hubieran mostrado un trapo rojo indignado por la conducta innegablemente tortuosa de su hermano. ¿Por qué cuando lo habían invitado inicialmente a la casa no había dicho sin eufemismos que estaba enfadado, en lugar de recurrir a subterfugios misteriosos y campañas de silencio?

¿Por qué? Porque era un Escorpión, y los Escorpión son así. La franqueza pura simple carece de aguijón, y aquella Águila estaba resuelta a clavarle el aguijón a su hermano. El elemento sorpresa es indispensable para la represalia totalmente eficaz de Plutón. Sin embargo, poco tiempo después, cuando las penurias económicas del Toro llegaron al punto crítico, el Escorpión le ofreció en préstamo a su hermano el dinero que necesitaba, sin que se lo pidiese siquiera. Los Escorpión son también así. Una de las cualidades que posee Tauro, y que generalmente le falta a Escorpión, es el sentido del humor. Hay Águilas que tienen un refinado sentido del humor, pero poco éste sigue los carriles del absurdo. El humor es el gran generador de equilibrio que hay en la Naturaleza. Suministra una sana perspectiva de la vida, y les ahorra a los Toros las influencias destructivas gemelas (¡sin parentesco con Géminis!) de la autocompasión y el egocentrismo. Cuando te ríes, estás rodeado de individuos afectuosos, felices. Un chiste atrae a la multitud. Y cuando te ríes de ti mismo, todos te adoran… porque te muestras tan humano y falible como ellos saben que lo son a su vez, y porque les permites olvidar fugazmente su propia vulnerabilidad. Quizá los Escorpión prefieren viajar a menudo solos y de incógnito porque carecen de ese humor natural y espontáneo que atrae a la multitud. A los individuos regidos por Plutón les resulta difícil fingir falibilidad. Además, no necesitan que los adoren.

Es posible que un Toro aborde a un Escorpión con un estado de ánimo típicamente juguetón (e inusitadamente locuaz) y exclame: «¡Eh! ¿Por qué te ocultas detrás de esa barba enmarañada y esos lentes oscuros? ¿Temes que la gente descubra que en realidad eres un Vampiro? ¡Ya entiendo! barba y lentes hacen que te sientas seguro, ¿no es verdad?» «¿No es así, Vampy? Escorpión no lo tomará a risa. El Escorpión se limitará a murmurar en voz baja, sin que se le mueva un pelo del bigote: «Quizá.» Pero Tauro insiste: «¿De veras? ¿Te sientes seguro? Oído lo cual, Escorpión esbozará la tenue sonrisa de advertencia propia de Plutón, previa al ataque letal, y comentará con una voz profunda y untuosa: «¿Estás celoso, eh? Celoso porque yo tengo barba y tú no. ¿Acaso la explicación reside en que la barba simboliza la virilidad y eso hiere tu sensibilidad, por algún motivo?»

Ahora bien, no hay nada, en el cielo o el infierno, que pueda herir más cruelmente al Toro que una insinuación de esta naturaleza, hecha en serio o en broma. El Escorpión ha vuelto a atacar, ya se llame Vampy o como sea. El Águila ha hecho correr sangre. Tauro se repliega, ofendido y desconcertado por el hecho de que una simple broma amable haya sido retribuida con lo que para cualquier Toro es un agravio descomunal. Por supuesto, cuando se los acosa demasiado, los Tauro no se repliegan. Piafan, bufan… y arremeten, destruyendo por completo al Escorpión que entonces, en sus últimos momentos, hace girar la cola, clava el aguijón fatal… y ambos caen muertos. Claro que lo que describo es una escena imaginaria entre los símbolos de la Naturaleza que representan a los dos signos solares. En un choque análogo entre seres humanos, pueden traducir la alegoría como les plazca. Y hablando de los símbolos de la Naturaleza, confío en que al lector o la lectora no lo confundirá, que designe indistintamente a las personas regidas por Plutón como «Escorpión» o «Águila». El Águila es un Escorpión regenerado en la octava superior de su propio superconsciente, capaz de proyectar todas las cualidades más refinadas y positivas del signo solar. Como una especie de reencarnación dentro de una reencarnación, por así decir.

Todos los individuos Escorpión son Águilas durante parte del tiempo. Si perseveran, pueden mantenerse permanentemente en este nivel superior, disparados desde las arenas del Escorpión hasta los cielos de esclarecimiento del Águila, todo ello merced a su voluntad, cabalgando en las alas del repudio de la venganza, sublimados en la misión de defender a los inermes. Muchos Escorpión valoran el humor, pero normalmente sólo cuando pueden verlo o proyectarlo en un sentido impersonal. Por ejemplo en un escenario o una pantalla, o entre amigos… mirando. A muy pocos Escorpión los divierte que la gente se ría a sus expensas, y tampoco son aficionados a palmear alegremente las espaldas de los demás, como suelen hacerlo los Toros en sus momentos de especial regocijo. El Escorpión típico sólo soltará una risita sincera al oír los chistes en compañía de buenos amigos dignos de su confianza.

Escorpión y Tauro tienen algunas cosas en común. Ambos son propensos a mostrarse reservados con los extraños. Ni el uno ni el otro es charlatán ni se complace en pronunciar largos discursos a menos que deba decir algo importante. Y a los dos les disgusta por igual que los entremetidos los interroguen groseramente. Pero reaccionan de manera muy distinta frente a estas intromisiones. Escorpión empleará tácticas sutiles para guardar sus secretos. Cuando le falle la sutileza, Escorpión se limitará a mentir, y justificará su comportamiento definiéndolo como un derecho inalienable en el trato con quienes pretenden violar su sagrada intimidad. (Sin embargo, en cualquier otra circunstancia, los Escorpión son modelos de integridad.) La connotación tácita es la siguiente: «Has husmeado en mis asuntos personales y te has ganado lo que merecías». (El indiscreto debe darse por conforme con la mentira. Peor habría sido que el Escorpión le clavara el aguijón de su cola. A veces emplea sus dos armas defensivas simultáneamente.) Los Toros también son celosos de su intimidad, y se muestran tan renuentes como los Escorpión a contar todo lo que saben. Pero no son sutiles, y rara vez se molestan en mentir. El Tauro espantará al importuno sin pelos en la lengua, con una frase descarnada como ésta: «No te metas en lo que no te importa, infeliz, y lárgate de aquí».

Nadie puede decir «no» más enfática y sinceramente que el Tauro y el Escorpión se lo dicen el uno al otro, ahí termina todo. Pero cuando se dicen «sí» recíprocamente, desarrollará una amistad sólida y perdurable. Porque los Toros y las Águilas tienen algo más en común. La lealtad. Moverán montañas por aquellos que aman y que les inspiran confianza, y no los arredrará ninguna dificultad. Ambos consideran que un favor equivale a un préstamo bancario.

Adaptación de Linda Goodman

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