Mujer TAURO Hombre LEO

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Ella le había creído en aquella época, pero ahora que estaba casada y rebosante de sentido común, dudaba mucho que existiera semejante persona. Toda mujer Tauro tiene afinidad con la música. Su voz es sonora, musical. Algunos Tauro componen música, la dirigen o la cantan… y todos disfrutan de ello. Escuchar sus acordes sedantes apacigua a los Toros. ¿Cómo es posible, entonces, que se produzca una fricción cuando un hombre Leo, casado con una mujer Tauro, desea tocar una pieza musical? Pues sí, es posible. Y a esto se refiere la astrología cuando afirma que sus Soles natales están en cuadratura. Ésta es la difícil y tensa configuración de signos solares 4-10, que puede implicar un desafío, pero que es más rica en recompensas que todas las otras si uno enfrenta los desafíos con coraje y los vence. Episodios que nunca podrían asumir un cariz desagradable entre otras dos personas cualesquiera, fundados sobre situaciones que deberían ser armónicas por naturaleza, pueden entrar en erupción volcánica cuando se trata de un Leo y un Tauro, a menos que exista entre ellos un aspecto Sol-Luna inusitadamente favorable.

Hace un par de años, estaba visitando el hogar de una pareja, que había sido excepcionalmente leal y cariñosa durante muchos años. Ella es Tauro. El es Leo. Ella es profesora de karate. El es poeta y se dedica a la venta de obras de arte orientales. Aquella noche, después de disfrutar de una cena deliciosa que había preparado la esposa Tauro, los tres entablamos una discusión sobre temas musicales, y el León y yo descubrimos que a ambos nos encantaba una versión particular del «Ave María». Cuando él colocó la canción, observé que la esposa Tauro había desaparecido. Súbitamente, oí un portazo… violento. El hombre, ligeramente avergonzado, explicó: «Ella no soporta cuando coloco la música en alto, así que supongo que se ha ido a la cama». Esto me chocó tanto que no pude concentrarme en la música. ¿Que una Tauro normalmente cortés y hospitalaria fuera grosera con una invitada? ¿Que una mujer regida por Venus odiara la música? Astrológicamente imposible. A la mañana siguiente, a la hora del desayuno, la encontré tan cautivante y aplomada como de costumbre, y cuando le pregunté por qué aborrecía la música, respondió plácidamente: —Oh, si no la aborrezco. Adoro la música. Siempre la he adorado, desde que era niña. —¿Entonces por qué…? —empecé a preguntar. —Te refieres a lo que sucedió anoche —dijo fríamente—. Sencillamente no soporto estar presente cuando mi esposo pone la música tan alta. Insiste en levantar tanto el volumen que ahoga todos los otros tonos, y me lastima los oídos. Creo que levantar tanto el volumen es realmente desagradable, pero es imposible razonar con él, así que ahí termina la discusión. —La resignación de Tauro a lo inevitable—. Dime —añadió–, puesto que eres astróloga… ¿su horóscopo indica que es sordo? (El humor taurino, nunca sutil.)

No, él no es sordo. Sólo expresaba su anhelo leonino de hacerlo todo en gran escala, a pesar de que este León específico pertenece a la categoría del Gatito tímido. Cualquiera que sea su tipo, el hombre Leo no soporta hacer las cosas a medias, y esta compulsión está totalmente desvinculada de su idiosincrasia (si es un Leo con una personalidad exterior más plácida, menos extravagante). Si se trata de una casa, ha de ser vasta y lujosa, con una madriguera privada para él (la sala del trono, por así decir). Si se trata de una mujer, ha de ser simultáneamente bella e inteligente. Si se trata de una sortija debe ser deslumbrante, para que la vean desde el otro extremo de la habitación. Cuando el León llora, derrama torrentes copiosos de lágrimas. Cuando ríe, prorrumpe en largas y sonoras carcajadas. Cuando escucha música, necesita que ésta retumbe portentosamente, hasta llenar su corazón y su alma y sus oídos. Y cuando está herido, ruge dramáticamente, o se ruboriza furiosamente en un arrebato de bastante frecuencia mientras los visitaba a él y a su esposa Toro. Normalmente, una mujer Tauro nunca se opondrá a que su pareja la haga escuchar música, cualquiera que sea el volumen. Sin embargo, conozco a otra mujer Tauro que suspiraba extasiada cuando su León la cortejaba con música, mientras eran novios y concurrían a la universidad… hasta que empezó a aburrirse cada vez que él tocaba y cantaba para ella después de que se casaron.

Verán, lo que exhibían estas dos mujeres Toro no era una hostilidad taurina a la música. En ambos casos, la música era sencillamente la vía de desahogo para la cuadratura de tensión que existía entre ellas y sus consortes Leo. Tanto cuando el Leo individual posee el aplomo emocional necesario para merecer su comparación astrológica con un rey, como cuando no lo posee, ésta es igualmente su ambición íntima: gobernar a quienes lo rodean, incluyendo categóricamente a la consorte del León. La chica Tauro desea instintivamente someterse a su hombre, acompañarlo fiel y lealmente contra viento y marea. Pero ser gobernada le suena sospechosamente a ser apremiada, y ningún Toro tolera que lo apremien. Aunque las mujeres Tauro son capaces de manifestar una devoción profunda y perdurable y un tierno amor, no reparten cumplidos infundados, son totalmente reacias a lisonjear, y piensan que la veneración es algo en lo que sólo incurren los débiles mentales. Como todos los Leones necesitan y reclaman cumplidos, lisonjas y veneración, está claro qué es lo que le falta a menudo a la relación entre ambos. Los Leo son seres vehementemente orgullosos, fogosos, que blanden sus propias batutas y se niegan a ser segundones de los demás. Incluso el Leo que pertenece a la categoría de los Gatitos tímidos se siente consumido por el rencor cuando le niegan el lugar que le corresponde al Sol, preferentemente unos kilómetros por delante y por encima de cualquier otro que pueda estar absorbiendo sus rayos.

Al fin y al cabo, el Sol es su regente, y por ello es tan noble y generoso, a pesar de que de cuando en cuando se muestra arrogante y exhibe una actitud chocante de superioridad. Para él, el Sol no es el centro del Universo, alrededor del cual giran todos los otros planetas. Leo es el centro del Universo, alrededor del cual giran su familia (y, ojalá, sus amigos)… o será mejor que giren, si no quieren que los petrifiquen y los ignoren por haber cometido el pecado de no tributar el debido respeto a la corte. Aunque el talante de este hombre es innegablemente imperioso, y por tanto a veces un poco despótico, después de una reyerta es un amante dulce y magnánimo. Su nobleza de espíritu leonina determina que le parezca natural querer besar y reconciliarse. No sabe enunciar elegantemente las disculpas verbales. Éstas destruyen su vanidad. Pero demostrará que está sinceramente compungido mediante diversas proposiciones románticas. He aquí la razón por la cual estos dos captan a menudo más empatía y armonía mutua en su relación sexual que cuando intentan tocar juntos.

Ella se mantendrá impasible e inmune a las palabras floridas y los argumentos persuasivos. Las largas conversaciones la aburren, porque sólo siente a través de los sentidos. Tauro quiere acción, no palabras. Así que ella responderá estupendamente a sus actos apasionados de amor, y todo saldrá a las mil maravillas. A menudo se reconciliarán después de una pelea sin que el orgulloso León deba perder su dignidad. Hacer el amor no está nunca por debajo de su dignidad, y poco importa que la riña con su amada haya sido muy violenta… o muy reciente. Él necesita una mujer capaz de aceptar y de abarcar el afecto y la pasión profundos que él está en condiciones de brindar, y ésta llena dicho requisito. Los talentos sensuales de ella para el erotismo ciertamente tampoco le desagradarán. Lo harán «sentir como un rey», expresión que muchos Leo emplean para describir su goce sexual con la mujer apropiada. Sin embargo, el laconismo de ella no es igualmente sedante para el León, fuera de la alcoba. Es posible que ella se muestre menos que estática cuando él se excite emocionalmente y necesite un público atento, aprobatorio. Es posible que ella incluso bostece en medio de sus arengas dramáticas, y nada puede destruir tan cruelmente el ego sensible de este hombre como el hecho de que un súbdito rebelde le dé una muestra evidente de aburrimiento… sobre todo cuando dicho súbdito es la mujer amada. Si ella realmente desea conservar a este hombre por siempre jamás (y toda mujer Tauro busca la certidumbre de la estabilidad romántica) le aconsejamos que beba jarras de café negro, y que tenga la precaución de mantenerse bien despierta mientras su León está en escena.

La queja más común del León contra la chica Tauro consiste en que ésta carece de entusiasmo. A menudo él siente ganas de sacudirla para que reaccione, y de gritarle: «¡Di algo! ¡Haz algo! Haz cualquier cosa. Pero no te quedes ahí sentada». La queja más común de ella contra él se puede resumir en cinco palabras shakespearianas de uso doméstico: «Mucho ruido y pocas nueces». A él le encantarán la forma en que ella puede transformar una tienda llena de filtraciones en un castillo confortable, su talento para estirar un dólar como si fuera masilla, y su humor fecundo… aunque no apreciará los chistes que pongan en ridículo su majestuosidad leonina o que socaven su ego. Ella se enternecerá con los abrazos de oso de su León, y admirará vehementemente la capacidad de él para organizar sus propios sueños en una realidad de mármol y alabastro. Por supuesto, a ella no la hará nada feliz su propensión al despilfarro, ni su necesidad de salir a pasar revista a las tropas cada vez que experimente deseos de sentirse aplaudido por la multitud. Siempre tendrán crisis periódicas de tensión. Al fin y al cabo, ambos son signos fijos. Sin embargo, el respeto secreto que sienten el uno por el otro despliega a veces una alfombra inesperadamente mullida, apaciguadora, bajo sus diferencias de opinión.

Esta dama no se da el lujo de exhibir a menudo una cólera visible. Es paciente, alegre, y está dispuesta a soportar una fuerte dosis de necedad, junto con las aflicciones de la vida sin demostrar un exceso de emoción. Pero cuando se encoleriza de veras, sin medias tintas, es mejor no cruzarse en su camino. Conviene irse, por ejemplo, al otro extremo de la ciudad. O quizás incluso a otra ciudad o Estado, hasta que se sosiegue y se calme… cosa que nunca dejará de ocurrir, finalmente. La mujer Tauro siempre se avergüenza tremendamente de su propia debilidad, después de haberse dejado arrastrar por una pataleta emocional (durante la cual su voz de Venus, «cremosa y suave», se asemejará más a la de un sargento instructor que cuando era joven tomó clases para convertirse en cantante de ópera: potente y enérgica), y por ello es posible que más tarde se comporte como una amante excepcionalmente tímida y afectuosa, con el fin de compensar su berrinche. Pero el León no deberá dejarse engañar por la dulzura que seguirá a la pelea. Ella recuerda qué fue lo que él hizo para exacerbar su cólera taurina, y seguirá recordándoselo durante años… y años… y años. Los Tauro sólo tienen accesos muy esporádicos de ira desenfrenada y furibunda… a veces no más de una o dos veces en toda la vida. Pero lo que importa no es la cantidad sino la calidad. Volcánica.

La dama Toro saca a relucir su temperamento más a menudo de lo previsto sólo cuando se siente constante y continuamente azuzada por los modales autoritarios de un Leo que la sermonea y regaña periódicamente, y que después, cuando ella no acata todos sus caprichos, le vuelve la espalda y está enfurruñado durante largas temporadas. Semejante conducta puede producirle una furiosa frustración a cualquier signo de Tierra, si se prolonga durante mucho tiempo. Esta mujer tiene algo más que su temperamento y su obstinación taurinas. Sus otros componentes son la entereza, el coraje, la ternura, la devoción inconmovible, la placidez, la serenidad y unas emociones profundas, muy profundas. Es inmensamente afectuosa y generosa, y su aptitud natural para reírse de sí misma es una de sus cualidades más cautivantes (a menos que tenga un signo lunar o ascendente Leo, Escorpión o Capricornio… en cuyo caso le resultará difícil forzar una risita cuando ella sea el blanco del chiste). Ésta es una mujer a la que hay que tomar en serio. Es sensata, práctica y nunca finge ser lo que no es.

Es auténtica, genuina, veraz y de fiar… y vale la pena conservarla. En cuanto a él, tiene algo más que su orgullo, su vanidad y su egocentrismo. Sus otros componentes son el brillo del Sol, la esperanza y la confianza. Su sabiduría y su benevolencia no tienen par, cuando siente que lo necesitan de veras. El León enfrentará valerosamente a un ejército para defender lo que en el fondo del alma considera justo y verídico… así como luchará contra cualquier fuerza que amenace a la mujer que ama, aunque la batalla parezca desigual y aunque él no parezca tener ninguna probabilidad de triunfo. Cualquiera que sea el dolor que ella experimente —físico o emocional— dicho dolor es el enemigo jurado del Leo, algo que debe derrotar para demostrarle a su dama lo que él vale. Más o menos como los caballeros que combatían a las órdenes del Rey Arturo. Con la diferencia de que el Leo es al mismo tiempo caballero y rey.

En su imaginación, vive en la Época de la Caballería Andante, en la Era del Romance. Pertenece a otro siglo, a otro tiempo… en que aún quedaban mundos por conquistar, visiones en pos de las cuales marchar, y sueños para soñar. Se esfuerza por acomodarse de la mejor manera posible al hecho de haberse extraviado en algún tramo de la secuencia cronológica, en un país extraño donde no necesitan su liderazgo y donde no aclaman sus ideales. Incluso su blanco corcel ha desaparecido. Y el Santo Grial es sólo un recuerdo muy lejano. Leo, el Corazón de León, está por tanto más herido y más espiritualmente solo de lo que podrían sospechar quienes sólo ven su armadura superficial de arrogancia. Aunque este hombre y esta mujer enfrenten muchos obstáculos para alcanzar la armonía emocional en su convivencia, se ayudarán el uno al otro, contra todo el mundo si ello es necesario. Cuando el destino les depare aflicciones o tragedias, ninguno de los dos fallará la prueba de lealtad. Y ésta puede ser la canción más perdurable de la vida… con o sin música de fondo.

Adaptación de Linda Goodman

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