La relación TAURO- LEO


Los Toros necesitan mucha lealtad y mucho afecto para estar seguros de que los aman y aprecian. Los Leo necesitan mucha veneración y muchos halagos para estar seguros de que los aman y admiran. Ni los unos ni los otros reciben suficientes pruebas de que los adoran, nisiquiera de las personas compatibles que nacieron en sus propios elementos (Tauro es Tierra, Leo es Fuego), y cuando los unos les reclaman a los otros, a cada rato, que los «apapachen» emocionalmente, pueden terminar verdaderamente frustrados. Estos dos signos solares están en cuadratura, lo que significa que no armonizan muy bien, a menos que el Sol y la Luna de sus respectivas cartas estén en signos mutuamente bien avenidos. Como sucede en todas las configuraciones de signos solares 4-10, el aspecto en cuadratura (Tauro está a 90 grados de distancia de Leo) es un generador de tensiones. Sin embargo, la vibración 4-10 suministra colosales recompensas de paz y armonía cuando las dos personas implicadas han demostrado la paciencia y el desinterés necesarios para superar esta prueba kármica de almas en una relación de amor humano.

La tensión entre Tauro y Leo empieza así: Leo es demasiado egocéntrico para brindar a los fuertes y silenciosos Toros la devoción y la obediencia absolutas que éstos reclaman durante la mayor parte del tiempo. Tauro es demasiado testarudo para brindar a los vanidosos y altivos Leo la veneración incondicional que éstos reclaman constantemente. Ambos son signos fijos, de manera que los dos son buenos organizadores, y tanto el uno como el otro disfrutan de una dosis inusitada de fiabilidad emocional. Pero también son capaces de ser… bueno, fijos. En inglés, «fijo» (fixed) es sinónimo de «terco». (Para que conste, los otros dos signos fijos son Acuario y Escorpión.) A veces, el fogoso Leo recurrirá al Tauro más sereno y estable para enfrentar una situación desagradable, y después le quitará todo el mérito de la hazaña al Toro. Sin embargo, esto no fastidiará a Tauro tanto como fastidiaría a un signo más egoísta. Lo que menos les interesa a los Toros es la gloria personal. No le volverán sus anchas espaldas, si se la ofrecen, pero pueden vivir sin ella. A Tauro le interesa más la recompensa monetaria y el sosiego emocional. Conozco a un hombre Leo que estuvo tiernamente consagrado durante muchos años a su esposa Tauro inválida. Ésta sobrevivió a la mayoría de los médicos que pronosticaban su muerte más o menos cada seis meses, y siguió administrando su hogar desde el lecho durante un período que triplicó su expectativa de vida.

Fue al León a quien le atribuyeron el mérito de la formidable resistencia de su esposa. Al fin y al cabo, ¿no era él quien le suministraba los mejores cuidados posibles, cuidados tiernos, cariñosos y expertos, en condiciones que habrían abrumado a un hombre más débil, o le habrían provocado un colapso mental? Sí, era él. Pero la voluntad de hierro taurina también fue al menos parcialmente responsable del milagro médico. Curiosamente, aunque reñían y discutían constantemente por muchas otras cuestiones, ella aceptaba en silencio y sin un asomo de resentimiento que los méritos de su coraje los acaparara él. Sabía muy bien cuánto le debía a él, y también sabía cuántos esfuerzos le habían costado a ella, a lo largo de los años, su vigor y su vivacidad. Pero Tauro casi nunca protesta ni polemiza cuando lo eclipsa el ego de Leo. Ella le permitía monopolizar los aplausos, incluso lo alentaba a monopolizarlos, y sonreía para sus adentros. Sin embargo, se negaba a rendirle pleitesía, lo cual lo convertía en un monarca muy desdichado, que quizá nunca le perdonó esa reticencia. Pero los aplausos se los cedía.


Un área de acuerdo potencial entre Tauro y Leo es la de la promoción y la construcción. Leo se complace en promover planes grandiosos e ideas descomunales, y a todos los Toros les encanta contemplar los beneficios económicos de las que podrían ser las simientes del imperio taurino que siempre están edificando en sus mentes. La marcha de Tauro es estable, perseverante, implacable. Los obstáculos no turban ni ofuscan a los Toros como a Leo, porque los Tauro aceptan que la limitación y la demora forman parte del precio que deben pagar por el éxito final. Uno de los lemas favoritos de los Toros es: Si hay algo que merece ser hecho, merece que lo hagamos bien… Los Leo, que son amantes fanáticos de la libertad, se niegan a aceptar, o incluso a reconocer, las limitaciones. Su actitud es siempre optimista y resuelta. Ni siquiera se les ocurre pensar que no pueden ganar todas las fichas con un majestuoso y glorioso tiro de dados, ya sea que el León o la Leona esté jugando a los negocios, la amistad, el romance, el matrimonio… o a un juego de azar. Los grandes felinos casi siempre correrán un albur: «Juntarán todas sus ganancias, y las arriesgarán a cara o cruz / y perderán, y volverán a empezar desde el principio / sin soltar jamás una palabra que delate su pérdida».

Los Leo nunca sueltan una palabra que delate su pérdida porque se convencen a sí mismos de que no han perdido. Todo es un espejismo. Tauro, para decirlo con circunspección, no es ni remotamente tan propenso a correr un riesgo, ya sea que esté en juego su dinero o su corazón. Y cuando pierde, el recuerdo de la perdida lo acompaña durante mucho, mucho tiempo… el suficiente para que el Tauro le saque provecho a la experiencia. Sin embargo, si la suerte no los acompaña, el Toro y el León o la Leona dan muestras análogas de desdén por su infortunio. Ninguno de ellos suele hacer mucha alharaca, aunque es posible que ambos derramen en privado algunas lágrimas de angustia. A Leo y a Tauro les disgusta por igual llorar en público o confesar francamente sus fracasos. A la larga, el Toro opina que el sistema más seguro para doblar el dinero consiste en hacerle un pliegue y volver a guardarlo en el bolsillo. Esta actitud sintetiza bastante bien la filosofía taurina sobre los juegos de azar, ya sea en el plano romántico o en el monetario. Cuando los Toros son jóvenes, piensan que lo más importante y vital de la existencia es la seguridad de tener fondos en el banco, asociados con el amor leal de una persona del sexo opuesto. Cuando maduran, están convencidos de ello.

De lo único que están convencidos los Leo es de su propia capacidad para materializar este fenómeno. No es extraño que cuando la ternura y la nobleza espiritual de los Leo se fusionan con la fe de éstos en sí mismos, atraigan a los demás, incluida la diosa Fortuna, que a menudo los cubre con una plétora de amor y oro. Todos los Leo son grandes felinos, dotados de enormes corazones y de una fuerza prodigiosa, que a veces se ven a sí mismos como gatitos abandonados cuando los demás no les devuelven constantemente el reflejo de las imágenes de sus propios egos, y cuando no los alimentan con halagos desmedidos. (Pero los halagos deben ser sinceros: excepto cuando tiene un Sol natal «mal aspectado», Leo desenmascara las falsas lisonjas con tanta perspicacia como cualquier monarca al que pretenden embaucarlo con zalamerías.) Aunque Leo quiera mandar, y aunque a veces los Leones o Leonas pongan involuntariamente a prueba la paciencia de los Toros, a estas personas orgullosas también les complace proteger a los seres amados, y cubrirlos de obsequios y de afecto. ¿No es ésta la actitud de todos los buenos reyes y reinas respecto de sus súbditos? A Tauro lo (o la) complacerán secreta y profundamente este talante protector y este afecto y la bondad y el afecto más que los hombres, mujeres y niños Tauro. Sus corazones leales, fiables, están ávidos de la una y el otro. Ésta es otra hermosa similitud entre los dos. Los corazones de Leo y de Tauro son igualmente leales. A menudo, la cálida cordialidad y el interés que demuestra Leo harán que Tauro se sienta abrigado y seguro. Por ello ambos gravitan hacia el mismo círculo de empatía.

El conflicto sólo se desencadena cuando Leo comienza a dar esas órdenes majestuosas que Tauro interpreta como un abuso. Después de un tiempo, el Fuego refulgente de Leo puede chamuscar la resistencia del Toro, hasta que el Tauro sepulta al León o la Leona bajo una tonelada de terquedad terrena y de reacciones negativas. Pero Leo es gobernado por el Sol, que simboliza el calor y la luz, la gran fuerza vivificante del Universo. Los Tauro son mansamente gobernados por Venus, que simboliza la paz, el amor y la armonía musical de las esferas. Estos dos cuerpos celestes hacen girar el mundo, entre ambos. Los demás sólo prestan una función de apoyo. El Sol es vida. Venus es amor. ¿Hay algo más?

Adaptación de Linda Goodman

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