Hombre TAURO Mujer GÉMINIS

 

Alguien escribió alguna vez un poema acerca de un hombre al que nada podía detener: «ni la lluvia, ni la tormenta, ni las tinieblas de la noche podían disuadirlo de recorrer el trayecto estipulado». La cita ha sido aplicada a un cartero. Pero ciertamente debía de tratarse de un cartero Tauro, que probablemente iba a entregar una misiva romántica. La pasión lenta, devoradora, del Toro, no se estimula fácil ni rápidamente. Crece en él, podría decirse, casi insidiosamente, infiltrándose poco a poco, y acumulando una gran fuerza a medida que prosigue su desarrollo furtivo. Una vez que los sentidos de este hombre han sido cautivados, o que se ha conmovido su corazón gobernado por Venus, raramente, o nunca, se retractará de su elección (a menos que su Luna o ascendente esté en Géminis, Sagitario o Piscis). Su actitud instintiva respecto al compromiso es de consagración total, y perseverará hasta el amargo (o dulce) final, afrontando la lluvia, la nieve… e incluso, a menudo, los inesperados huracanes de cólera o los tornados de emoción de la chica Géminis. El hombre Tauro funciona, por sí solo, como los antiguos servicios de diligencias. Nada ni nadie, ni los reparos por su reputación (que normalmente es lo que más le preocupa), ni las opiniones negativas de parientes o amigos, detendrán o harán vacilar aunque sólo sea ligeramente a este hombre, en general sensato, cuando se ha enamorado. Apenas un Tauro normalmente práctico cae en una red romántica, su sentido común queda sepultado bajo el nuevo sentido que acaba de descubrir, el sentido de tocar, oír, oler y ver a la chica de sus mansos pero no por ello menos profundos ensueños.

Es capaz de formular promesas de fidelidad eterna, y de cumplirlas: fiel, estable y leal casi hasta lo inverosímil. Una vez enamorado en serio, Tauro lo está para siempre. Si la relación no se encamina hacia un final feliz, es posible que el Toro languidezca con el corazón destrozado, o que se ahogue en otras experiencias sensuales. Esto suena como la materialización del ensueño romántico imaginario de toda chica. Menos de la chica Géminis, cuyos ensueños de amor no son tan omnímodos ni tan mundanos. Géminis es etérea. Géminis vuela libremente, como una cometa, zarandeada a veces por el viento, cayendo, para volver a levantarse luego merced al capricho de una brisa pasajera… pero remontándose siempre maravillosamente, captando el sol que se filtra entre las nubes y devolviendo su reflejo. Una vez alguien describió con mucha precisión a una chica Géminis que conocía. Le preguntó: «¿Cuándo cae el cumpleaños de tu pareja?». Y ella exclamó inmediatamente: «¡Cielo santo! No tengo pareja». «Lo dices como si no te gustaran los hombres», comentó él entonces, sorprendido. «¡Adoro a los hombres! A los que no soporto es a los esposos.» El insistió: «¿Pero por qué? ¿Qué tienen de malo?». Géminis reflexionó durante sólo un segundo, antes de responder: «Bueno, son tan condenadamente posesivos. Por ejemplo, pretenden saber con quién estás citada, y… ». Su voz se apagó progresivamente.

Ahora bien, a la persona media que lea esto, y seguramente a los Toros que lo lean, la respuesta de la chica Géminis les parecerá el testimonio de una atroz promiscuidad sexual. No así al astrólogo. Yo analizo su contestación desde otra perspectiva, porque entiendo las ambigüedades de Mercurio. Verán, ella era leal a su personalidad gemela, nada más. Para Géminis, una «cita» puede implicar una sesión inocente con la peluquera, una entrevista con el maquillador, una visita al dentista para hacerse colocar una corona, una consulta con el psiquiatra o un encuentro con su cuñado. Esta mujer siempre está concertando citas para entrevistarse con los demás, y después llega tarde o las olvida por completo. No se trata que busque un amorío o un enredo sexual fortuito, sino sólo el encuentro con alguien cuya compañía sea amena, y con quien sea interesante conversar. Con alguien que estimule su imaginación. Por lo menos, así es como empieza, y generalmente no pasa de allí, si la entienden bien. Recuerden que, a veces, ella se desdobla, ¿y cómo es posible que un hombre tenga conformes a dos chicas a toda hora del día y la noche? Verán, después de un tiempo esto se convierte en una especie de problema matemático. (Tal vez Tauro no lo vea.)

No es inevitable que su necesidad de ir de un lado a otro, y de alternar en compañía de personas de ambos sexos, destruya una relación. Géminis puede estar profundamente entregada a un hombre, aunque necesite, de cuando en cuando, la compañía de varias docenas de ellos. Pero no pretendan hacerle entender esta necesidad a un Toro posesivo. Quiero decir que ella podrá intentarlo, pero correrá un riesgo. Será mejor que le explique todo esto antes de casarse, cuando lo único que él podrá hacer será consumirse a fuego lento y alejarse enfurecido. Si lo deja para más tarde, o sea hasta que él piense que ella le pertenece para toda la vida, exclusivamente, en todo sentido… y sólo entonces le informa que sencillamente necesita salir de casa y brincar con los acróbatas y dar vueltas en la noria gigante de vez en cuando porque se aburre a menudo, y porque de lo contrario perderá la cabeza… es posible que la reacción de él sea la misma, pero que su cólera no sea tan controlada. El hombre Tauro típico no tomará de buen talante el descubrimiento de que su mujer quiere correr más o menos cada quince días al parque de atracciones. Denlo por seguro.

Por supuesto, si su Luna ascendente está casualmente en Géminis, Libra, Acuario, Leo o Aries —o si su Marte o Venus natal está en Géminis, en conjunción con el Sol de ella— es posible que todo salga a pedir de boca. Él tendrá la estabilidad y la sosegada influencia apaciguadora de su signo solar Tauro para bajarle afectuosamente los humos a ella cuando lo necesite, pero también el «aire» suficiente para avivarle los entusiasmos, o el «fuego» justo para captar él mismo la chispa de la libertad de ella. En cuanto a ella, si su Luna o ascendente está en Tauro, Virgo, Capricornio, Piscis o Cáncer (ayudará que su Marte o Venus esté en Tauro), se conformará con pasar gran parte del tiempo (no todo) mimosamente sentada a sus pies, dejando que él le rasque la cabeza. De lo contrario, a él le resultará difícil comunicarse con ella, y a ella le resultará difícil lidiar con él. Por ejemplo, en el área económica. A ella le encanta gastar el dinero, y él es francamente partidario de ahorrarlo.

En el área de los alimentos. A él lo obsesiona la idea de consumirlos (aunque generalmente no en exceso, lo cual depende de las circunstancias), y ella probablemente aborrece cocinarlos. Las ensaladas las puede preparar con una mano atada detrás de la espalda. Cualquier plato más complejo preferiría dejarlo por cuenta del chef de su restaurante favorito. A él le resultará muy difícil entender los cambios de humor mercuriales de ella, esta chica puede cambiar de humor como algunos cambian de camisa en una zona tropical. Todo empezó cuando era niña. Primero quiso ser monja. Después quiso ser cura. Cosas por el estilo. Ahora pasa fulminantemente de la alegría a la depresión, de la generosidad a la avaricia. Primeramente anhela ser actriz, después desea graduarse de antropólogo. Es comprensible que el Toro se ponga nervioso cuando ella practica uno de sus rápidos cambios. Una tarde él llega a casa, le da un fuerte y afectuoso abrazo de oso, y ella lo sobresalta cuando casi se le desmaya en los brazos. (Pasan cinco segundos de reloj.)

TAURO: ¿Qué te sucede, cariño? Estás blanca como una sábana.

GÉMINIS: Oh, me siento tan débil, querido. Por favor, ayúdame a llegar hasta el mueble.

TAURO: ¿Pero qué te pasa, nena?

GÉMINIS: Veo manchas de colores delante de los ojos y la habitación da vueltas. Estoy tan mareada. Y siento un dolor agudo en la cabeza. Tengo los dedos y los brazos entumecidos. Mira… no puedo moverlos.

TAURO: ¡Dios mío! Llamaré inmediatamente al médico. Ahora quédate acostada y quieta. No te muevas.

GÉMINIS: ¿Puedo apoyar la cabeza sobre tu hombro?

TAURO: Por supuesto.

TAURO: ¿Cómo te sientes, tesoro? (Busca el teléfono y se dispone a marcar el número del médico.)

GÉMINIS: ¡Estupendamente! ¡Vamos a nadar! ¡Hagamos una carrera hasta la piscina!

Oh, no sé. Supongo que quizá, después de todo, un Tauro está en mejores condiciones que la mayoría de los otros hombres para lidiar con este comportamiento. Hay que reconocer que se necesitan nervios de acero para enfrentar una escena como ésta, varias veces por día. Y la mayoría de los Toros tienen nervios de acero.

Su relación sexual puede ser igualmente cambiante. Una noche ella se acurrucará contra él, inmediatamente después de cenar, y le susurrará: «Esta noche quiero que nos acostemos temprano y que simulemos que estamos en nuestra luna de miel, en aquella cabañita de las montañas”. Bueno, ciertamente después de semejante insinuación no hay que darle al Toro un mazazo en la cabeza.

TAURO: (con pasión palpitante). Espera que apague las luces, cariño. Enseguida estaré contigo.

GÉMINIS: (ya en la habitación). ¡Date prisa, querido, date prisa! ¡Oh, pero mira la Luna! Es tan hermosa y las estrellas están tan brillantes. Creo que le haré llegar un deseo a una de ellas…

TAURO: (que ya está metido bajo sus mantas favoritas). Tesoro, ¿quieres hacer el favor de apartarte de esa ventana y de venir aquí, cerca de mí?

GÉMINIS: Está bien ¿pero sabes dónde está el metro? Quiero medir algo inmediatamente.

TAURO: ¿Qué es lo que quieres hacer?

GÉMINIS: Quiero medir esta pared, para comprobar si hay espacio suficiente para hacer instalar aquí una chimenea ¿No sería romántico?

Alcánzame el teléfono, ¿quieres? Sé bueno. Voy a llamar a los carpinteros ahora mismo, antes de que cierren el taller. Enciende la luz, por amor de Dios. Sí, hay que tener nervios de acero. Los Tauro son amantes sensuales, con proclividades eróticas y muy apasionados. Géminis aborda el sexo como si sólo fuera otra aventura excitante que transporta al mágico mundo de hadas de la imaginación. Todos los Toros tienen un sentido del humor bastante elemental respecto al sexo, pero es posible que él no le encuentre nada de gracioso al hecho de que ella se evada a cada rato de sus intimidades compartidas para sumirse en su propio mundo privado de fantasía. Este hombre desea estrujar a una mujer de carne y hueso, no a un hada vaporosa ni a un cuerpo astral. La mente de ella es su propio campo de juegos, poblado de imágenes fascinantes, pero estas cosas son demasiado intangibles para un Toro, que tiene los pies firmemente plantados en la realidad. Deberán ponerse de acuerdo. Lo que más confundirá al hombre Tauro en la relación con su amada Géminis puede resumirse en una acuerdo. ¿Es realmente la mujer que le pertenece, la que durante muchísimo tiempo ha esperado poseer… o es sólo el producto de sus quimeras?

Adaptación de Linda Goodman

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