Mujer TAURO Hombre TAURO

 

El hombre Tauro marcha enérgicamente, en línea recta, rumbo a su meta, paso a paso, y no a saltos. Se conforma con recoger la cosecha de sus bien ganadas recompensas en la estación oportuna, y el infortunio o la mala suerte rara vez perturba su sosiego. Puede llevar sobre sus espaldas una pesada carga de responsabilidades y de deberes fatigosos, que acepta valerosamente, y su gran corazón puede estar abrumado casi hasta el límite de resistencia por el doloroso recuerdo de una miríada de desencantos pasados, pero el Toro robusto sigue marchando, como si nunca hubiera sucedido nada. La mayoría de las veces, el dulce éxito corona finalmente sus afanes sistemáticos y pacientes. Uno evoca al Toro de la Naturaleza, igualmente bravo y tenaz. Se planta allí, perplejo pero firme… enloquecido por el dolor y el hambre, enfrentando a los toreros sádicos… desdeñando cualquier manifestación de debilidad, negándose a caer aunque docenas de aguzadas banderillas le perforen el cuerpo… arremetiendo una y otra y otra vez contra la capa roja desafiante, con atónita confusión… enfurecido y al mismo tiempo aterrorizado por los gritos de la multitud… hasta que lo ejecutan misericordiosamente al final de la macabra ceremonia.

El típico Toro varón posee la misma fuerza de voluntad serena y silenciosa que su símbolo astrológico, si se trata de un Tauro espiritualmente evolucionado. Aunque sea un Tauro mutante, como Adolfo Hitler, la poderosa tenacidad se sigue manifestando. Sobre el hombre Tauro medio influyen visiblemente el coraje y la voluntad de hierro de su símbolo taurino, y él los aprovecha admirablemente. Este hombre sabe lo que quiere, y está dispuesto a sacrificar todo lo que sea necesario, sin gemir ni quejarse, con tal de alcanzar las verdes praderas que busca. Nada podría inspirarle más cariño a la mujer Tauro. Ésta se siente impresionada. No importa que las otras chicas se estremezcan en un rapto de éxtasis romántico ante los profetas descalzos que pasan todo el día tumbados en la hierba, dejando pasar ocasionalmente las horas, hilvanando cuentas de amor, y rasgueando sus guitarras. A ella denle un Toro práctico, que calza zapatos. Cuando él le cuelgue del cuello un rosario de cuentas de amor, éstas no consistirán en granos secos de café. Procederán de una auténtica joyería, y estarán totalmente pagadas. Si él rasguea una guitarra, será para ganarse el pan como músico, y no sólo para aullarle a la Luna en una noche cualquiera. Estos dos tienen mucho en común. Por ejemplo, ella no suelta su monedero, y él se aferra a su billetera con ambas manos. Como ambos son amantes de la Naturaleza, les enloquece plantar cosas verdes y ver cómo se multiplican… sobre todo si se trata de billetes de banco. Éste es otro elemento que tienen en común.

Es fácil caer en las celadas de los Toros, así que no se dejen engatusar. Por ejemplo, respecto de los clubes nocturnos. Tal vez crean que los Toros fascinantes que ven frecuentar lugares crepitantes, ruidosos, tumultuosos y belicosos—tan obviamente incompatibles con la imagen de los grillos que rechinan alegremente en el crepúsculo bucólico— son la negación viviente de sus signos solares terrenales. No saquen conclusiones apresuradas. Tauro nunca lo hace. Detrás del fulgor superficial de la ocupación o carrera (incluida la política) el Toro sigue su camino a la granja y oculta el sueño latente, cada vez más acuciante, de huir de la ciudad hacinada rumbo a la paz y la frescura bienaventuradas del campo aromático. El sueño puede aflorar en cualquier tramo de la vida del Tauro, pero lo que es seguro es que aflorará… aunque se aplace hasta lo que las compañías de seguros nos hacen creer engañosamente que es el último tercio del «presunto» ciclo vital. Si el hombre Tauro tarda un poco más de lo previsto en edificar las bases del futuro compartido, en la música, en el arte, en los negocios, en la banca, en la política o en lo que sea, la mujer Tauro será tan paciente como él. Probablemente a esta mujer no la fastidiará trabajar unos pocos años para mantener a su Toro, siempre que él esté fuera del hogar apilando simbólicamente el heno y esforzándose realmente por reverdecer la hierba de su evasión conjunta. Ella esperará, en general, sin quejarse. Todo lo cual suena muy bien, ¿no es cierto? Se trata de una pareja bien avenida… e indestructible.

En un abrir y cerrar de ojos, están muy enamorados. Y antes de que tengan tiempo de reponerse de la sorpresa, ya están plantados frente a un cura, pastor, rabino o Registro Civil, mirándose plácidamente a sus ojos serenos y murmurando: Sí, quiero. Inmediatamente a continuación, la luna de miel ha terminado y ambos han empezado a decir: No quiero. En diversos contextos. Ella desea tener hijos, pero él piensa que es más prudente aplazar la ampliación de la familia hasta que su cuenta bancaria sea más abultada… así que ella engendra un bebé o dos, igualmente, sólo para demostrar que él no puede manejarla a ella. Ella quiere comprar un costoso órgano electrónico porque le gusta tocar y cantar, y él dice: «No. Sencillamente no podemos darnos ese lujo». Si ella lo halaga, él dira: ¡NO!, en voz un poco más alta. Entonces, ella abre una cuenta de crédito (después de calcular cuidadosamente la forma de acomodar las cuotas mensuales en el presupuesto familiar) y se hace enviar el órgano, a pesar de todo. Al día siguiente él lo manda de vuelta a la tienda, sólo para demostrar que ella no puede manejarlo a él. (A veces se trata de un costoso mueble. Tanto da.) Quizás ella desea ver determinada película. Entonces le planta unos besos en la mejilla y le susurra unas zalamerías íntimas en sus orejas de Toro, pegadas al cráneo, aunque las tenga realmente gachas y aplastadas

por la cólera. «Oye, mi dulce-encanto-mimoso-de mamá, ¿vamos esta noche al cine? Te lo pido por favor, cuchi-cuchi-gatito-mío.» (No todos los amantes Tauro, pero sí la mayoría, tienden a utilizar un lenguaje infantil, como los amantes Libra. Esto es producto de la influencia de Venus sobre ambos signos.)

ÉL: No.

ELLA: ¿Por qué no, mi bichito adorado?

ÉL: Porque no quiero.

Esto pone punto final a la discusión, durante el resto de la tarde. Más tarde, después de que se han metido en la cama y apagado las luces, él exclama: «¡Eh! Has olvidado darme el beso de las buenas noches. Me siento muy romántico, gatita mía. Bésame, y verás lo que pasa». (La mayoría de los Toros no se valen de eufemismos para hablar de asuntos sexuales… en privado, claro está.)

ELLA: (dulce, melodiosamente) No.

ÉL: ¿Por qué no, conejita?

ELLA: Porque no quiero. (unos minutos de abrumador silencio… y entonces)

ÉL: Me voy a un hotel.

ELLA: (súbitamente alarmada) ¿Por qué?

ÉL: Porque quiero.

Y se cierra otro capítulo. A veces por esa noche, cuando él se aleja coléricamente y pisando fuerte, envuelto en su manta favorita, no más allá de la sala de estar. A veces durante varias semanas o varios meses, si se instala realmente en un hotel, como amenazó hacerlo (¡y es posible que lo haga!). Todo depende.

Conozco a una pareja enamorada (y ésta, doy mi palabra de druida, es una historia absolutamente veraz, en la que sólo introduje un par de cambios secundarios para proteger a los inocentes… o a los culpables). Ambos son Tauro. Él es compositor de piezas musicales, de canciones y de partituras. Ella trabajó como reportera, hasta que abandonó su carrera. Cuando «convivían», el Toro se negó reiteradamente a casarse con ella. Pensaba que antes de dar un paso tan drástico debían poner a prueba la estabilidad de su amor durante un lapso «razonable» (que se prolongó durante varios años). Su dama Tauro lloraba, suplicaba, rogaba, se encolerizaba… y procuraba razonar con él. Él no cedía. «¿No piensas en mí?». Sí. Pensaba en ella, apasionadamente. Pero el Toro sencillamente no estaba preparado para asumir un compromiso matrimonial, y punto. Ahora (al escribir estas líneas) han transcurrido más de diez años. Siguen muy enamorados y tienen cuatro hijos: dos varones y una pareja de mellizas. Aún no se han casado legalmente. Él ha llorado, suplicado, rogado, se ha encolerizado… y ha procurado razonar con ella. Ella no ha cedido ni un ápice. Él incluso le ha pedido a su «suegra» que hable con ella, que razone con ella y que trate de vencer el empecinamiento de la actual madre de sus hijos… lo cual para un Toro implica una concesión gigantesca.

ELLA: Los chicos utilizan legalmente tu apellido, tienen dos padres cariñosos, figuran en tu testamento y en tu póliza de seguros, nosotros tenemos un hermoso hogar y ésta es una familia cariñosa, unida y feliz. No necesitamos un trozo de papel para legalizarla.

ÉL: ¿Me amas, cariño?

ELLA: Claro que te amo. Muchísimo.

ÉL: Pero querida, si tú me amas y yo te amo a ti, si somos tan felices juntos, y si tú sabes que esto es definitivo, y si tenemos cuatro hijos que necesitan la seguridad emocional que sólo pueden darles unos padres casados, ¿por qué no te casas conmigo?

ELLA: Porque no quiero.

Por supuesto, no todas las parejas Tauro llegan a semejantes extremos, pero la posibilidad siempre existe porque, como les he dicho, la situación que acabo de describir ha sido copiada de la vida real. El hombre y la mujer Tauro comunes exigirán habitualmente un respaldo legal antes de asociarse en una empresa conjunta, ya sea comercial o matrimonial, y la mayoría de los Toros ven una franca similitud entre la una y la otra. En una relación amorosa entre Tauro y Tauro, habrá muchas oportunidades en que su obstinación recíproca y la negativa a contemplar la versión de la otra parte los encauzará por los callejones cerrados del prejuicio mental y emocional, y les resultará difícil comunicarse. Igualmente, una de las cualidades maravillosas de los Toros consiste en que tienen la aptitud de despreocuparse de la frustración y aprender de la experiencia. Lo que Tauro aprende finalmente, no lo olvida nunca. Nunca. Jamás. Si estos dos se, esmeran por aprender a perdonar (lo que nunca es fácil para los Toros) podrán cogerse fuertemente de la mano el uno al otro (los Toros lo hacen todo fuertemente) y encontrarán la forma de escabullirse de esos oscuros callejones sin salida. Conozco a una mujer Tauro cuya filosofía favorita es: «Toda experiencia es una buena experiencia». Ésta es una actitud admirable, pero he observado que tiene algunas dificultades para olvidar las malas.

Aprende de ellas, es cierto, pero a veces la lección que aprende consiste simplemente en volverle la espalda a la persona o la situación, sin repetir nunca más la tentativa, y semejantes lecciones no le enseñan nada al corazón. El sexo, desde luego, no es más que otra experiencia humana, pero inmensamente importante para los amantes o consortes Tauro. Casi siempre su atracción inicial es fuertemente física, y la fusión mental y emocional viene después, como la capa de miel cristalizada sobre una torta. Normalmente, éste no es el orden, ideal de prioridades para abordar el amor total, pero cuando se trata de una pareja de Toros, el resultado es sorprendentemente bueno. O quizá no tan sorprendentemente. Como para la persona Tauro media o típica el sexo es un ejercicio de sensualidad total, la expresión física del amor entre este hombre y esta mujer puede transformarse gradualmente en un experimento casi psicodélico… aunque la mayoría de los Toros (no todos, pero sí la mayoría) ponen mala cara apenas oyen mencionar las drogas. Nadie que emplee una droga destinada a estimular la expansión mental, con el fin de aumentar sus sensaciones, se aproximará ni remotamente al apogeo de la expresión y la experiencia sensual que alcanzan dos Tauro que son almas gemelas (no todos lo son) al hacer el amor.

Un Toro de uno u otro sexo puede pasar horas y horas infinitas tumbado sobre la Tierra fecunda y fragante, contemplando estáticamente el aroma de la piel del ser amado; el intrincado, delicado, mágico mapa sideral de las líneas de la mano del ser amado; el tacto cantante del cabello suave; el sabor delicioso del lóbulo de la oreja… o el atronador crescendo del corazón palpitante del ser amado. Los Tauro no suelen ponerse a recitar poesías (aunque frecuentemente rompen a cantar) mientras hacen el amor, y no son desmedidamente sensibles a las connotaciones emocionales más delicadas del sexo, pero ciertamente son receptivos a sus posibilidades sensuales. El Toro no experimenta la carencia de un sexto sentido tanto como la mayoría de las otras personas, porque es muy consciente a los otros cinco y está muy concentrado en ellos. Entre dos Toros bien avenidos pocas veces se producen discrepancias serias en el contexto de la unión sexual, excepto quizá cuando uno de ellos se niega a hacer el amor porque está enfurruñado (o enfurruñada) por algún motivo. Es entonces cuando le vendría bien el sexto sentido. Éste ayudaría a uno de los Toros a desarrollar una mayor sensibilidad telepática acerca de la razón por la cual el otro se muestra tan testarudo, utilizando su percepción extrasensorial para identificar lo que desea realmente el temporalmente frígido… algo que yo puedo decirles que no se debe descuidar, cualesquiera sean las apariencias. (Probablemente sólo se trata de un deseo secreto de hacerse rogar.)

En otras áreas de su relación, el hombre y la mujer Tauro tienen el potencial necesario para acumular una cantidad apreciable de dinero y bienes materiales… que, creánme, se las ingeniarán para conservar. Ambos son sentimentales, cálidos y cariñosos, y su comportamiento emocional es guiado apaciblemente por su regente adoptivo, Venus, que influye sobre su naturaleza con mucha ternura y mansedumbre, aunque ocasionalmente también los tienta y los induce a todo tipo de exceso, incluso en la alimentación, en la bebida, en la avidez de dinero, en el sexo y en cualquier otro contexto que puedan imaginar.

Estos dos son igualmente fuertes, pacientes y emocionalmente estables… excepto durante aquellos muy esporádicos accesos de furia ciega, que normalmente sólo se producen más o menos cada década, accesos en los cuales los Toros se excitan realmente… ¡y entonces mucho cuidado! Como dije en un párrafo anterior, el hombre y la mujer Tauro forman una pareja perfecta. En cuanto a los problemas de comunicación que puedan producirse de cuando en cuando entre ellos, el Toro sabe perfectamente cómo decir «Lo siento» y «Te necesito» mediante el lenguaje de signos taurinos… y su mujer Tauro sabe exactamente cómo interpretarlo. Tratándose de estos dos, un contacto de manos en la oscuridad basta para eliminar la necesidad de pronunciar una sola palabra.

Adaptación de Linda Goodman

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3 Comments

  1. Me gusta un Tauro igual que soy el
    Mismo signo pero me lleva 6 años menos no sé cómo lidiar con eso me parece q tiene cosas infantiles y aparte que cuando discutimos no se si debo doblegarme yo o esperar que sea el quien lo haga ya que al parecer cada uno tiene sus razones y las defiende.

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