Mujer ARIES Hombre PISCIS

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No quiero destruir ningún ensueño en el que figure la sandalia de cristal, pero generalmente esta combinación funciona mejor cuando la chica es el Pez y el hombre es el Carnero. La mujer ariana necesita un varón resuelto, invulnerable, que tenga la agresividad indispensable para decir: «Cállate y escucha», cuando haga falta. Y tratándose de esta chica seguramente hará falta, de vez en cuando. Desde luego hay, como siempre, excepciones que confirman la regla astrológica. Por ejemplo, un hombre Piscis, con la Luna o el ascendente en un signo de Fuego, como Aries, Sagitario o Leo, puede poseer la combinación justa de autoridad fogosa y dulzura de trato que se necesita para transformar a esta fierecilla en una mujer mansa como un cordero. Bueno, quizá no tan mansa, pero sí más dócil y manejable de lo que sería en su relación con la mayoría de los otros hombres. Hasta cierto punto, esto es lo que ella busca y anhela en secreto: alguien que la controle firmemente (y la haga sentir femenina) en algunas ocasiones. Alguien que le permita mandar (la mitad del tiempo) y que sea el príncipe tierno y encantador de sus sueños (el resto del tiempo, mucho o poco). Necesita un hermano grande y fuerte que la proteja, un compañero al que considere su par en inteligencia, un amante que la conquiste físicamente, un hombre sosegado que no intente aprisionar su personalidad briosa, ni dominarla. También la complacería que fuera poeta.

Y desde luego, él debe estar dispuesto a defenderla lealmente de sus enemigos, e incluso debe estar ansioso por ello (hasta que ella los disculpe, circunstancia ésta en que deberá amarlos), así como ella lo defenderá de los suyos (tanto si él desea que lo haga como si no lo desea). Y veamos… sí, también debe admirarla y respetarla, y decírselo con frecuencia, y debe ser el tipo de hombre al que le gusta reparar los objetos cuando se rompen (incluido el corazón de ella), y debe ser capaz de enfrentar una emergencia con aplomo y una crisis con mucho coraje. Debe tener, sin duda, una integridad impecable, y su lealtad sexual para con ella debe ser pura como un copo de nieve. (Pero no debe ser un felpudo, ni exageradamente modesto.)

Pensándolo bien, el hombre Piscis tiene tantas probabilidades como cualquier otro de estar a la altura de los ideales románticos de la chica Aries: Ninguna. Lo que significa que por lo menos parte en igualdad de condiciones. ¿Saben una cosa? Ciertamente el Pez no puede pedir mejores probabilidades que éstas. La chica Carnero es divertida y vivaz. Es bonita e impetuosa, desbordante de entusiasmo y chispeante y tierna y generosa… todo ello. Pero necesita que de vez en cuando la frenen, cuando su fuerza de voluntad marciana la induce a ser demasiado vivaracha y libre en perjuicio de su propio bienestar… o de la paz espiritual del hombre que la ama. Los hombres Piscis nunca son muy convincentes cuando dicen cosas como: «Cállate y escucha». El Pez está más en su elemento cuando lucubra sobre física abstracta o teorías matemáticas, cuando calcula la relatividad del tiempo respecto del espacio… o cuando recita poemas. Es posible que el Carnero y el Pez se encuentren, se unan y se murmure recíprocamente palabras sentimentales al oído, dichosamente, durante toda una vida. Puede suceder. No a menudo. Pero puede suceder. ¿Qué se ha hecho de su fe en los milagros?

El hombre Piscis es más propenso que cualquier otro a creer sinceramente en el tipo de hechizo en el cual vive sumida toda chica Aries, y que toda chica Aries reclama románticamente. Ella lo adorará por esto. Ella confiará en los sueños de él, tendrá fe en sus visiones… y reaccionará (por lo menos al principio) con sobresaltos de excitación ante sus manifestaciones de sensibilidad y dulzura. Después experimentará una necesidad irresistible de defenderlo de quienes lo acusan injustamente de ser un soñador ocioso sin futuro. (¡Sencillamente tendrá incontables oportunidades de desahogar esta necesidad!) La mayoría de las personas han sido sometidas a un lavado de cerebro tan descomunal por el exceso de simplificación astrológica, que creen que todo Piscis es un candidato pusilánime a asociarse a Alcohólicos Anónimos o a participar en sesiones de terapia de grupo (terapia de grupo desnudo, dada la era en que vivimos). Es cierto que nació bajo un signo solar complicado y difícil. Cuando nació las estrellas presagiaron que tendría que abrirse camino en medio de una bruma de quimeras. También fue predestinado a enredarse en los pegajosos tentáculos de los problemas ajenos a medida que nadaba por la vida… haciendo todo lo posible por ocuparse únicamente de sus asuntos (que pueden ser aún más intrincados y confusos).

El planeta que lo rige, Neptuno, parece encaminarlo constantemente hacia situaciones tan misteriosas, tan entretejidas con intrigas y verdades parciales que ni siquiera una tabla de escritura espiritista podría llegar al fondo de la maraña. Esto vale para los Piscis de ambos sexos. La chica ariana que se siente ofuscada por la naturaleza evasiva de su hombre Piscis debería preguntarse cómo reaccionaría ella si formara parte de lo que algunos astrólogos petulantes denominan «el basurero del Zodiaco». No es muy divertido cargar con el peso de saber que eres la corporización de todos los otros once signos solares. Y este hombre soporta el lastre adicional de los frecuentes pantallazos precognitivos que pueblan su conciencia. Para colmo, su compasión propia de Neptuno puede seducirlo y arrastrarlo a algunas situaciones que sólo se pueden definir como extravagantes. Esto lo obliga a ocultar tras una serie de falsas fachadas el hecho de que es el individuo más vulnerable de la ciudad. Dichas fachadas puede abarcar desde la excentricidad y el mal genio hasta la ebriedad… o un viaje psicodélico sin igual (y disparado de este mundo cruel). Pero muchos escritores creativos, artistas imaginativos y pensadores abstractos (como Einstein) también han sido Piscis, y han aprendido a manejar sus vibraciones de Neptuno. Este hombre puede optar entre una serie de corrientes, ¿saben? Esto les sucede a todos los Peces, cuando se apartan de los remolinos caóticos. El peligro implícito en una relación entre una mujer Aries y un hombre Piscis consiste en que los sexos tienden a mezclarse. El hombre Pez puede ser tan masculino, viril y musculoso como el que más. Pero también es demasiado sensible… para su condición de hombre. La mujer Carnero puede ser tan femenina, tierna y seductora como la que más. Pero también es obstinada, empecinada e independiente… para su condición de mujer. En razón de su tendencia instintiva a rehuir los conflictos, es posible que el hombre Piscis prefiera replegarse antes que enfrentar el Fuego de la chica Aries. Esto no le gustará a ella.

Los Carneros se sienten impotentes, e incluso se encolerizan aún más, cuando los obligan a boxear con su propia sombra para zafarse de una desavenencia. El hecho de que no le hagan caso puede poner frenética a la ariana, y los Piscis son expertos en la técnica de la no resistencia pasiva. También es posible que a ella le disguste la renuencia de él a lidiar con los demás. Ella no entiende cómo una persona puede soportar tantas cosas sin inmutarse. Y él tampoco entiende cómo una persona puede estar constantemente alerta, luchando y atacando y contraatacando y derrochando tanta energía. La mansedumbre de él, llevada a extremos, puede hacer que ella pierda finalmente la paciencia y lo agreda con algunos comentarios hirientes y crueles que no reflejan sus verdaderos pensamientos pero que igual pueden lastimarlo profundamente. Prácticamente cualquier incidente de poca monta puede desencadenar una escena como ésta:

PISCIS: La próxima semana exhibirán mis cuadros en la Exposición de Arte del Museo. ¿Ves? Aquí está el programa. Dice: «Muestra especial de nuevas formas artísticas».

ARIES: ¿Hablan de un artista o de un animal? Ése no puedes ser tú.

PISCIS: Supongo que no entendieron bien mi apellido, y quizá «Guan» es un error de imprenta. Me he estado preguntando qué es lo que haré…

ARIES: No me digas qué es lo que harás. No me lo digas, déjame adivinar. ¿Vas a cambiarte el nombre, verdad?

PISCIS: Bueno, no había pensado llegar tan lejos. ¿Crees que eso es lo que debería hacer?

ARIES: Creo que deberías encarar al director de arte de ese museo y decirle: «Oye, lelo, han escrito mal mi nombre. Si no imprimen nuevos programas, retiraré mis cuadros de la muestra».

PISCIS: Oh, no podría injuriarlo así. Tal vez se ofendería y entonces perdería la gran oportunidad de exhibir mis cuadros.

ARIES: Bueno, si no lo haces, perderás la gran oportunidad de exhibirme como tu esposa. NO PERMITIRÉ QUE EN EL MUSEO ME PRESENTEN COMO LA «SEÑORA DE GUANACO», ASÍ QUE O ENCARAS AL DIRECTOR DE ARTE Y REIVINDICAS HOY MISMO TU DERECHO… O MAÑANA DESAPARECERÉ DE TU VIDA. ¿ME ENTIENDES?

Él no se negará. Se pondrá de acuerdo con ella y partirá rumbo al museo. Pero es posible que no vuelva. Preferirá ser Guan Aco antes que una mosca atrapada en la telaraña de Marte. Por supuesto, éste es un caso extremo. Igualmente, ilustra los conflictos y obstáculos que hay que afrontar cuando se produce una inversión de los papeles dominador-pasivo entre dos amantes. Si existe un aspecto compatible Sol-Luna-ascendente entre sus cartas natales, su relación podrá funcionar en condiciones ideales. Ella tendrá suficiente Fuego para inflamarlo e impulsarlo a grandes logros, para infundirle fe en sí mismo y en sus sueños… y él tendrá la cantidad justa de Agua para aplacar y sosegar los temores de ella, para sumistrarle seguridad emocional. Los hilos con los que está urdida la mujer Aries son más finos de lo que sospechan quienes sólo ven su confianza superficial. Es mucho más que una bola de fuego cargada de impulso. Es el poema que el hombre Piscis intentó escribir, pero no pudo completar íntegramente… aunque podría completarlo, si dejara que ella lo ayudase a escribir el último verso. La relación sexual entre ellos será la eterna y hermosa atracción recíproca entre la actividad explosiva y la fría inmovilidad. Pero también puede ser la atracción que un conquistador potencial ejerce sobre una víctima potencial, si existen graves desavenencias planetarias en sus respectivos horóscopos. Sin embargo, con intercambios planetarios favorables en sus natividades, el Carnero y el Pez pueden disfrutar de una química interpersonal excepcionalmente feliz y capaz de sobrevivir a las peleas periódicas o a los sentimientos heridos. Sus enfoques filosóficos de la vida pueden ser distintos, pero sus metas románticas son idénticas. Ambos buscan desesperadamente una experiencia sexual muy intensa… y ambos son sentimentales e imaginativos. Al expresar su amor mediante la unión sexual, pueden materializar sus respectivas fantasías secretas, pueden refugiarse en su propio mundo quimérico privado, y pueden cerrarle la puerta al resto del mundo.

El Piscis que desea enseñarle a la chica Aries a flotar plácidamente en su estanque debe tomar la decisión de ser franco con ella en todo, y después debe cumplirla. Su afición a guardar secretos y a decir verdades a medias para no ofender sus sentimientos (los de ella o los de él), es algo que esta mujer no soportará jamás. Ella coloca todas sus cartas sobre la mesa, y no puede confiar en un jugador que esconde algunos ases en la manga. A menos que el Pez esté dispuesto a ser cien por ciento veraz con ella, en todo sentido, será mejor que se busque otra compañera. Si algún día él descubre que no puede ocultarle nada, ni siquiera sus sentimientos más íntimos, y que está obligado a confesarle todos sus anhelos secretos… es porque la ama. Éste es el primer signo de capitulación del hombre Piscis. No es, empero, una garantía de que capitulará hasta el fin y llegará al matrimonio. Este hombre es muy renuente a asumir las complicaciones del compromiso emocional y legal. Por lo que a él concierne, lidiar con el primero ya es suficientemente complicado, sin necesidad de cargarse con el segundo. La definición del matrimonio que da habitualmente Neptuno es: «una amistad íntima, reconocida por la policía». Eventualmente tragará el cebo y se dejará recoger con el sedal, pero forcejeará menos en la red conyugal si la mujer Aries simula que aún tienen un amorío que la policía no reconoce. Conozco a un hombre Piscis de carne y hueso, .que vive y respira que sustituyó .a la familia por una gata siamesa. El Pez de la Gatita tiene un lema que repite a menudo: «El alimento para gatos es más económico que los pañales». La chica Carnero deberá hacerle creer a su Pez que sólo se hallan implicados en una unión emocional, y nada más, aun después de que estén formalmente casados (ella nunca deberá emplear delante de él el término «casado», al que basta cambiarle una s por una z para darle una acepción muy distinta). Si esta ficción hace que se sienta más romántico, feliz y libre, ¿por qué no permitirle vivir la quimera de su soltería? Es posible que él alterne entre dejarla y volver una vez más, sin saber muy bien cómo convencerla de su devoción. Pero lo único que ella desea es que la amen y la comprendan, que nunca la interroguen… que la acepten tal como es. En verdad, esto también es lo que él desea. Los únicos dragones que se alzan entre Aries y Piscis son, por un lado, las ilusiones de Neptuno que sustenta él, ilusiones que, para él, son realidad… y, por otro lado, la realidad marciana de ella, que es, por cierto, una ilusión. A ello se suman los problemas de la pasividad de él y la impaciencia de ella… y sus naturalezas recíprocamente sensibles, vulnerables. Ningún extraño podrá ayudarlos matando a esos dragones. Deberán matarlos desde dentro. Así se hace siempre en los cuentos de hadas. Por lo menos en los que tienen un final feliz.

Adaptación Linda Goodman

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