Hombre ARIES Mujer ACUARIO

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Es el cumpleaños de él. Corre a los brazos de la chica Acuario que ama. Entra precipitadamente, la abraza con vehemencia, le estampa un beso apasionado en la mejilla, y dice algo más o menos como esto: «Se me ha ocurrido una idea fabulosa para celebrar mi cumpleaños esta noche. Iremos a un pequeño restaurante italiano, y después veremos una película. La chica Acuario mira con expresión soñadora un punto situado por encima del hombro izquierdo de él, y murmura: «Me pregunto cómo apareció en el techo esa mancha. Quizá podría pintar algunas flores y símbolos de la paz para cubrirla. Sensacional. Un mural en el techo, como el de la Capilla Sixtina…».

ARIES: ¿Qué tiene que ver eso con mi cumpleaños?

ACUARIO: Lo siento, cariño. Habría jurado que Miguel Angel nació en Italia… quizá fue en Francia…

Verán, la única palabra que ella captó de su exuberante discurso fue «italiano». Cualquier astrológo competente podría decirles que esa noche habrá una pelea. Sin embargo, es un error suponer que una Aguadora no está siempre alerta, sólo porque parece ambigua y distante. En realidad, a ella no se le escapó nada. Si quieren una prueba, volvamos…

ACUARIO: ¿Qué pasa, cariño? Pareces preocupado.

ARIES: No estoy preocupado. Estoy furioso.

ACUARIO: Tiene un ascendente Tauro.

ARIES: ¿Quién tiene qué?

ACUARIO: Alguien que conozco.

ARIES: Ahora me has desorientado. Me has desorientado por completo.

ACUARIO: ¿Qué puedes decir de un chica de veintiún años que ha muerto?

ARIES: ¿Piensas suicidarte? Nena, no estoy tan furioso… ¡te lo juro!

ACUARIO: Estoy ansiosa por ver la película. Quiero regalarte para tu cumpleaños una botella de vino. Tendré que anotarlo, para no olvidarme. ¿Es el próximo mes, verdad? ¿Por qué me miras así? ¿Fue el mes pasado? Bueno, a ella se le pueden escapar algunas cosas…ella vive en otro mundo.

La chica Acuario tiene un extraño aire de distraída abstracción. Algunas personas interpretan que sueña despierta. La abuela lo habría definido como un ensimismamiento. El Carnero lo considera un agravio imperdonable. Para el Aries, que como recordarán nació bajo un signo cardinal, el pecado cardinal consiste en desentenderse de él. Ella no se desentiende de él, exactamente. Y por otro lado, eso es lo que hace. Pero no más de lo que se desentiende de cualquier cosa que pueda encadenarla a un hecho específico cuando ella se concentra en algo que no está ni remotamente relacionado con lo que sucede delante de sus narices. El ariano medio se enamora impetuosa y totalmente. y exige una respuesta inmediata. Si no la obtiene pronto, muy pronto, entra en acción su mecanismo interior de defensa contra todo lo que pueda lesionarlo, y se pregunta: «¿Pero quién la necesita?» Él la necesita, quizá, mucho, pero Aries no es un signo que se arriesgue a no ser correspondido en el amor, si puede evitarlo.

A una chica Acuario nunca le resulta tan fácil sentirse segura de que está enamorada, aunque un hombre le interese mucho. Ello es producto de que pesa sobre ella la maldición —o bendición— de la amistad, propia de Urano. (Puede ser lo uno o lo otro, por turno. Depende.) Ella encuentra algún rasgo fascinante y cautivante en casi todos los desconocidos con los que se cruza, para no hablar de todos sus conocidos. ¿Cómo distinguir esa fascinación del amor? A esta chica le resulta verdaderamente difícil contestar la pregunta: «¿Es amor o amistad?». Lo único que sabe con certeza es que el amor debe empezar por la amistad. No es para ella la química exclusivamente corporal que consume a algunas parejas y les hace pensar equivocadamente que están hechos el uno para el otro. Esta mujer nunca interpreta que las diferencias anatómicas entre el hombre y la mujer constituyen una razón suficiente para comprometerse emocionalmente. Su esencia es el Aire, nació bajo un signo mental… y debe sentirse intelectualmente atraída por el hombre antes de que le parezca sensato contemplar la posibilidad de entablar una relación sexual o romántica. No se trata de que no sea capaz de olvidar un error circunstancial. Al fin y al cabo, no es una casta mojigata. Pero comete menos errores de juicio que sus hermanas de signo solar que sólo buscan una sensación de compenetración física junto al hombre.

Ella busca algo más. No sabe con mucha certeza qué es… pero indudablemente es otra cosa. Una vez que la encuentra se interesará apasionadamente por el juego corporal, pero hasta entonces no se dejará seducir por el jugador común que sólo busca el placer sensual. Tampoco se dejará apabullar fácilmente por las insistentes declaraciones de amor idealista que le formulará el ariano, fundadas únicamente sobre la emoción impulsiva. Pero tampoco es en absoluto vergonzosa, y apenas se convenza de que será intelectualmente excitante, estimulante y valioso intimar más a fondo con el Carnero que la atrae, no se molestará en recurrir a las tretas de la coquetería para tenerlo sobre ascuas. Lo más probable es que anuncie, súbita e inesperadamente, cuando él esté menos preparado para semejante noticia bomba: «Creo que te amo. ¿Por qué no pasas la noche conmigo?», o tal vez: «¿Por qué no vivimos juntos?». Esto lo sobresaltará por un momento. Un momento fugaz. Pero puesto que él es tan veraz y sincero como ella (ambos desprecian la hipocresía y a ninguno de los dos les importa un rábano lo que opinan los vecinos… hacen lo que se les antoja y les encanta transgredir las convenciones y desafiar las estúpidas reglas de la sociedad), se recuperará enseguida y aceptará su sugerencia. Cuando esta iniciativa emana de un hombre, es una proposición. Cuando proviene de una mujer, no es más que una sugerencia amistosa.

Estas sutilezas se cuentan entre las ventajas de la condición femenina a las que es difícil renunciar a cambio de los beneficios de la equidad sexual propuestos por la Ley de Igualdad de Derechos. La mención de la equidad sexual nos trae a lo que quizás es el aspecto más importante, y más amenazante, de una relación entre estos dos. Ella ha nacido bajo un signo solar masculino, y el planeta también masculino Urano guía agresivamente sus actitudes y sus actos. El Carnero ha nacido asimismo bajo un signo solar masculino, y sus actitudes y actos también son guiados agresivamente por el planeta Marte, igualmente masculino. Para rematar este empate astrológico, ella es fija (testaruda) y él es cardinal (decidido). Esto puede parecer muy desalentador, como el juego infantil en que un niño traza una raya y desafía a otro para que la traspase… o como un enfrentamiento, cañón a cañón. Pero entre estos dos no todo es tira y afloja. También hay una buena dosis de toma y dame, principalmente gracias a la benéfica influencia kármica de su configuración de signos solares 3-11. Ésta introduce en su relación toda clase de bellos dividendos y de estímulos para la dicha y la armonía. El más benéfico de todos es el aspecto amistoso de la vibración 3-11, que permite que las parejas influidas por ella sean amigas, además de amantes.

Ya ven cómo esto puede resolver muchos de los problemas del Carnero respecto del fetichismo de ella por la amistad, propio de Urano. Además, esta influencia genera la atmósfera apropiada para la comunicación libre y fluida entre ambos… durante la mayor parte del tiempo. Les resultará más fácil que a la mayoría de las parejas conversar acerca de sus desacuerdos… y comunicarse recíprocamente sus sentimientos. Ambos se beneficiarán más o menos por partes iguales de esta virtud peculiar de la vibración personal de su configuración de signos solares porque ella es un signo de Aire y a todos los signos de Aire les gusta hablar. Él es un Aries, y le gusta aún más. Todas estas ventajas diluyen un poco el efecto negativo del enfrentamiento entre el fijo y el cardinal y del empate entre los dos signos masculinos. Lo cual no implica que esto último se pueda desestimar por completo. Seguirá siendo necesario lidiar hasta cierto punto con dichos problemas, pero no resultará difícil —ni imposible, por cierto— encontrarles solución.

Una vez que ella ha resuelto que esta relación merece su entrega total, la compatibilidad sexual entre el Carnero y la chica Aguadora (que, entre paréntesis, no obstante su nombre de Aguadora no tiene la esencia del Agua, sino la del Aire… en razón de una de sus muchas contradicciones), encierra el potencial para una rara y bella fusión. Pero el potencial necesita estímulo para desarrollarse. Es posible que ella se sienta intrigada por la vehemencia del deseo de él y por la abrumadora pasión con que le hace el amor. Igualmente, siempre es positivo que una mujer Acuario se sienta intrigada por algo, porque es curiosa y generalmente no descansará hasta haber resuelto cualquier enigma que le planteé la vida o el amor. Sin embargo, he aquí una advertencia para el Carnero. La Aguadora se aburre rápidamente después de haber armado el rompecabezas y satisfecho su curiosidad. Así que el mejor sistema para garantizar que la unión física seguirá produciéndoles el mismo éxtasis maravilloso del comienzo, consistirá en que el hombre Aries encare siempre su acoplamiento sexual como algo especial, diferente, y de alguna manera inusitado. De vez en cuando deberá modificar la forma de abordar sus intimidades. A ella no le molestará que las variaciones impliquen una profunda y silenciosa comunión física después de una pelea, de modo que la súbita satisfacción del apetito amoroso se convierta en una elocuente disculpa mutua sin palabras… o que impliquen la elección de una circunstancia insólita para consumar sus necesidades eróticas a una hora extravagante del día, de manera que éste no sea siempre un ritual nocturno… o que él decida poner música clásica durante su contacto, y que ponga el estéreo a todo volumen hasta hacer imposible el intercambio de palabras tiernas (e innecesario, porque la música tiene un exultante efecto afrodisíaco)… o que susurren y hablen constantemente durante la expresión física de su amor… y que él le recite poesías o le cuente historias… o que él sea dulce y delicado o violento y feroz… con tal que la sexualidad no sea nunca monótona y aburrida, ni un ritual repetitivo.

El ansia de variación de ella es algo que él deberá entender. Ella deberá entender que este hombre se siente herido más profundamente de lo que jamás dejará traslucir cuando la esporádica indiferencia sexual de ella lo induzca a pensar que no lo necesita realmente. Ella nunca deberá reaccionar ante sus arranques sexuales con algo que no sea un entusiasmo sincero y devorador, y siempre deberá recibir sus abrazos con júbilo y una expectación inconfundibles. De lo contrario él quedará temporalmente impotente y no podrá expresarle su amor físico, en razón de un sentimiento inconfesado de resentimiento, que ella tal vez ni siquiera note, porque para la Acuario la sexualidad, como todo lo demás, no es sino otra faceta de su variada existencia. Es posible que un sábado por la mañana ella esté poniendo a punto alegremente el motor de su carro, o que esté dedicada a sus cosas, durante uno de estos períodos de enfriamiento, sin sospechar ni remotamente por qué él está tan frustrado. Ella deberá exhortarse a estar más atenta a sus estados de ánimo y deberá murmurarle al oído que necesita descansar un rato (en sus brazos, por supuesto), pero cuidando que no parezca que ella es la iniciadora del acoplamiento que sugiere y complacerlo en todo.

Para mantener sexualmente satisfecho y feliz al Carnero hay que proceder con mucha consideración, y esta mujer, si bien no es deliberada o intencionalmente desconsiderada, puede dejarse absorber por una multitud de actividades e intereses maniáticos, mientras descuida la única actividad importante: su amor recíproco. A veces los anhelos de experimentación y la conducta imprevisible de la mujer Acuario, propios de Urano, le caen al Carnero que la ama sinceramente como un amasijo de humores desordenados, cambiantes, y de chispazos de atención desquiciantemente breves. Tiene la impresión de que no puede atraparla… como si fuera una mariposa o una alondra. Pero si no intenta dominar su personalidad y le concede la libertad que necesita para desarrollar su individualidad, un día todas sus múltiples vocaciones se integrarán espontáneamente en el conjunto de su ser fascinante, que lo hará vivir momentos sublimes cada vez que hagan el amor.

A veces, la ambición arrolladora, la energía infinita y la profusión de ensueños que se disparan como cometas por el aura vibrante del hombre Aries, determinarán que la mujer Acuario que lo ama sinceramente se sienta como si estuviera viviendo en compañía de un saco lleno de fuegos artificiales, prontos a estallar al solo contacto con un fósforo. Aparentemente ella no puede convencerlo de que reduzca la marcha y se acomode a su enfoque de la vida, complicado e intrincado, pero más lento y soñador. Pero si cuando él tropieza y cae, ella siempre se acuerda de comunicarle que lo ama de todo corazón tanto como cuando está eufórico por la victoria (y quizás aun más, en razón de su vulnerabilidad), sus emociones madurarán gradualmente y su confianza crecerá hasta convertirse en un árbol descomunal de estabilidad. Entonces ella deseará que vuelva a ser un niño impulsivo, porque echará de menos su espontaneidad. Verán, es que la gobierna Urano, el planeta del cambio. Así que arrojará perversamente un fósforo dentro de su saco marciano de explosivos sólo para verificar si sigue siendo el hombre que la hizo reír por primera vez cuando estaba triste y llorar cuando estaba contenta. Sus dudas no durarán mucho. Las luces de Bengala siguen siendo inflamables…

Él sólo fingía ser maduro y estable. Y esto la hará muy, muy feliz, a la manera de Acuario, o sea demencialmente y patas arriba. Tan feliz, que le dará la sorpresa de regalarle una botella del vino. Más tarde, cuando ambos estén «descansando» (la idea fue sólo de él), él mirará el cielo raso y comentará: «Sabes, cariño, el mural que pintaste para cubrir la mancha me recuerda a un cuadro de Miguel Angel». «¡Hurra! —exclamará ella, jubilosa—. ¿Cómo supiste que quería ir a Italia?» ¿Cómo lo supo? Muy fácil. El dominó por fin la modulación de alta frecuencia y sintonizó la onda de Urano. Además, él también siempre quiso visitar la Capilla Sixtina. Quizá podrán ir allí para celebrar el cumpleaños de ella, le dirá… Ella sonreirá y dirá que es una idea estupenda. Entonces entablarán una batalla con almohadas. Triunfará ella. Plumas por todas partes. A él no le disgustará haber perdido. Sí, finalmente están sintonizados.

Adaptación de Linda Goodman

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