La relación ARIES-CAPRICORNIO

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Los Capricornio a veces envidian la capacidad de Aries para volar dichosamente por la vida, con un estilo libre y despreocupado. Sin embargo, la Cabra no tiene por qué envidiar la aptitud del Carnero para ser insensible, porque la insensibilidad es sinónimo de egoísmo, una cualidad que Aries no monopoliza en absoluto. Los capricornianos la comparten con creces. El egoísmo de Aries es producto de la desconsideración del Carnero y de sus deseos a menudo infantiles. Lo que Aries ambiciona, de una manera u otra, lo consigue, siempre que él —o ella— aprenda a dominar el entusiasmo marciano y no arremeta con demasiada prisa. El egoísmo de capricornio se origina en el afán de la Cabra en no mirar atrás para ver quién resbaló y quedó rezagado, por miedo a que esto aplace su propia cita personal con el destino. De todas maneras, el egoísmo es el egoísmo, cualquiera que sea la base o la causa, y ambos incurren en él con bastante frecuencia. En cuanto a las otras dos condiciones para volar —la alegría y la inocencia— la Cabra tiene todas las razones del mundo para envidiar al Carnero. La palabra alegría no se asocia generalmente con los individuos regidos por Saturno. (Si por casualidad lo tuviera… pura fantasía, ya saben.)

La inocencia tampoco es una cualidad capricorniana. Los Capricornio nunca son inocentes, ni siquiera cuando son bebés o niños. Todos ellos, tanto cuando lucen botitas de color rosa como cuando las lucen de color azul, nacen, sin excepción, convertidos en pequeños sabios, con un sentido muy profundamente implantado de la sabiduría y la paciencia, que normalmente no se adquiere hasta aproximarse o pasar el jalón de los cien años, hablando en términos cronológicos. De modo que, como ven, existen pocas probabilidades de que la Cabra vuele por la vida con la ingenua alegría y la inocente candidez del Carnero, hasta muy pasada lo que se denomina falazmente «edad intermedia» (que en verdad es la flor de la juventud en un lapso de expectativa de vida de trescientos a quinientos años, viable aun ahora, para aquellos que se lo proponen seriamente). Es entonces cuando empezará el proceso de «envejecimiento hacia atrás» del Capricornio, con sus eclosiones de abandono total que a veces pueden remontar a la Cabra incluso por encima del Carnero. Por eso los Aries generalmente se sienten más cómodos en compañía de las Cabras mayores. Las más jóvenes los ponen nerviosos. Las razones que tienen los Aries para forjar cualquier tipo de relación o asociación humana son siempre impulsivas e idealistas, y están gobernadas por las emociones.

Los capricornianos tienen motivaciones más prácticas. Aunque es comprensible que a las Cabras las disguste la implicación astrológica de que tienden a «valerse del matrimonio para ascender en la escala social o económica», lo cierto es que esto se aplica con más frecuencia en el caso de los Capricornio que en el de los Aries. No se trata de que los Capricornio sean fríos y calculadores. Al fin y al cabo, sólo piensan en los hijos por nacer. Éstos no sólo tendrán zapatos, sino que los tendrán de primera. Y ciertamente no sufrirán en el futuro (los hijos) las consecuencias de un desvarío romántico presente. Es por ello que Capricornio se horroriza a menudo cuando oye la historia de una pareja de amigos que conviven felices sin casarse y que se proponen renunciar a sus empleos y recorrer Europa en bicicleta durante más o menos un año. Lo que alarma a la Cabra no es sólo la falta de un contrato de matrimonio. ¿Qué sucederá si ella queda embarazada durante el viaje? Y si él abandona un excelente empleo, ¿cómo se las apañarán para pagar el tratamiento de ortodoncia de los niños? Ahora bien, es posible que esto horrorice a algunos lectores capricornianos, y que los conmueva hasta el tuétano, pero entramos en la era de Acuario, queridos, y la chica de nuestro ejemplo, y su enamorado, están ensayando un matrimonio de prueba. Verán, no planean tener hijos con los dientes o los dedos de los pies torcidos mientras no estén seguros de que podrán soportarse recíprocamente durante el tiempo suficiente para criar una familia con un asomo de estabilidad.

Si la relación no prospera, se separarán amistosamente (en general)… más tristes, pero también considerablemente más sabios. La reacción típica de Aries ante un acuerdo de este tipo es casi conmovedoramente sentimental y románticamente optimista. Si los dos se aman realmente, piensa el Carnero, tienen que saber que su amor será eterno, ¿y entonces por qué no se casan desde el principio? La reacción típica de Capricornio frente a la misma situación también es casi conmovedoramente sentimental y románticamente optimista. La joven Cabra se hace eco de la pregunta del joven Carnero. Si los dos se aman de veras, deberían saber que su amor será eterno, ¿y entonces por qué no se casan desde el principio? Hasta aquí, la Cabra y el Carnero marchan a la par. Luego, Marte y Saturno se separan. Bruscamente. Después de deliberar adecuadamente y de reflexionar cuidadosamente —v una vez mitigado el horror inicial— Capricornio analizará el problema con la sagacidad propia de Saturno y por último llegará a la conclusión de que al fin y al cabo el acuerdo es sensato. (Como la Cabra es un realista inveterado, la moralidad de Capricornio está estrechamente entrelazada con su espíritu práctico.) Muy bien, olvidemos las flores de azahar y la cuestión moral, pero igualmente Capricornio se pregunta: «¿y quién pagará el alquiler?» Probablemente la chica. Verán, su amante anhela ser poeta, así que durante un tiempo ella tendrá que mantenerse y mantenerlo.

Aries no encuentra nada censurable en esto. La reacción típica de Aries ante un acuerdo de este tipo es casi conmovedoramente sentimental y románticamente optimista. Si los dos se aman realmente, piensa el Carnero, tienen que saber que su amor será eterno, ¿y entonces por qué no se casan desde el principio? La reacción típica de Capricornio frente a la misma situación también es casi conmovedoramente sentimental y románticamente optimista. La joven Cabra se hace eco de la pregunta del joven Carnero. Si los dos se aman de veras, deberían saber que su amor será eterno, ¿y entonces por qué no se casan desde el principio? Hasta aquí, la Cabra y el Carnero marchan a la par. Luego, Marte y Saturno se separan. Bruscamente. Después de deliberar adecuadamente y de reflexionar cuidadosamente —una vez mitigado el horror inicial— Capricornio analizará el problema con la sagacidad propia de Saturno y por último llegará a la conclusión de que al fin y al cabo el acuerdo es sensato. (Como la Cabra es un realista inveterado, la moralidad de Capricornio está estrechamente entrelazada con su espíritu práctico.)

Los Capricornio siempre se ofenden cuando los Aries los acusan de ser ambiciosos. Creen que nadie lo sabe. ¿Quiénes, ellos? ¿Ambiciosos? Sí, ellos… ambiciosos. Las Cabras son lerdas en descubrir en sí mismas algunos otros rasgos propios de Saturno, cómo esos accesos periódicos de lóbrego pesimismo, su avidez por aferrarse al peldaño más alto de la escala social, su renuencia a desafiar al sistema… y su sometimiento a menudo ciego a la tradición, la familia, la ley, el orden y todas las formas de autoridad. Los Carneros también son ambiciosos, pero sin ambages. En lugar de caer en el pesimismo, tienen accesos periódicos de optimismo francamente absurdo. La mayoría de los Aries no saben distinguir una escala social de una persiana, se deleitan en desafiar al Sistema, no sienten absolutamente ninguna obligación de respetar ningún tipo de autoridad… y en general sólo rinden ciega pleitesía a sí mismos, a sus propios deseos e ideas. Los capricornianos tienen la aptitud auténticamente maravillosa de enfrentar los hechos objetivamente, controlar sus defectos y usufructuar al máximo sus virtudes. A los Carneros les convendría imitarlos.

No es correcto imaginar a todas las Cabras como mujeres pacatas. Los Capricornio de sexo masculino tampoco son siempre tan remilgados y decorosos como podríamos suponer. Puesto que no están abrumados por el bagaje del idealismo ariano, pueden sobresaltar al Carnero con todo tipo de propuestas y actos inesperados… en privado. Sin embargo, en última instancia, la mentalidad capricorniana circula, al menos en públicos por carriles bastante conservadores. Aries acusa frecuentemente a Capricornio de falta de compasión, y sin embargo, la Cabra no está desprovista de tierno interés y misericordia por quienes verdaderamente los merecen. La cooperación entre el Carnero y la Cabra puede generar un éxito insospechado cuando apuntan conjuntamente sus cuernos contra el prejuicio y la falacia, en lugar de apuntarlos el uno contra el otro. Imaginen a la cabra montés, tímida pero robusta y de pisada firme, que pasa cuidadosamente de un risco a otro, con confianza y tesón… que se las apaña para encontrar suficiente alimento en las matas de pastos, y que incluso traga cartón y mastica latas cuando es necesario. Nada puede frenar su marcha lenta pero segura hacia la cumbre de la verdad, la sabiduría y la justicia que la convoca desde lo alto. Ahora imaginen al carnero de la montaña escabrosa, que necesita una dieta de hierba más sustanciosa. A diferencia de la cabra, el carnero no puede digerir plácidamente los clavos herrumbrosos de la crítica y las astillas de vidrio del desencanto… y cuando salta de risco en risco a menudo calcula mal la distancia, cae y se fractura los cuernos. Como la visión soñadora lo distrae en el sendero peñascoso de la Naturaleza, el carnero de grandes cuernos coge algunos atajos imprevistos. Ésta es la diferencia básica entre los hombres, mujeres y niños arianos y capricornianos. Ambos signos solares son robustos escaladores. Pero la meta final de la Cabra es la cima misma de la montaña, el único lugar donde ella (o él) se siente realmente segura. Para el raro Carnero, más gregario, que llega a tanta altura, la cima de la montaña es un lugar solitario, sin más desafíos… ¿y qué sentido tiene la vida sin la emoción del peligro? Para el Capricornio… es apacible. Para el Aries… es aburrida.

Adaptación de Linda Goodman

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