Hombre ARIES M u j er CAPRICORNIO

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El efecto que se hacen recíprocamente el hombre Aries y la mujer Capricornio depende sobre todo de la edad que ella tiene cuando se encuentran por primera vez. Si ella aún es adolescente, o tiene menos de treinta años, es posible que lo vea como un tipo bastante tosco, autoritario, troglodítico, sin futuro. Y es posible que él la vea como una avinagrada, o por lo menos como una reclusa, rara y con mentalidad de abuela. (Por supuesto, conozco a una chica Cabra que lleva una vida muy disipada, casi hasta llegar al colmo de la disipación pero tiene todos sus otros planetas en Acuario, bajo la influencia negativa de Marte. Aquí nos ocupamos de los tipos de signos solares esencialmente puros.) Si se conocen cuando la mujer tiene más de treinta años (cuanto más tarde, mejor), es posible que ella sea muy divertida, y que esté llena de ideas originales acerca de todas las cosas, desde la psicología hasta la ecología, y que tengan mucho más en común. Esto puede inducir al Carnero a pensar que ella es tan impulsiva y despreocupada como él, pero este no será más que otro de sus precipitados juicios arianos. Ella sigue siendo una capricorniana, bajo la férrea influencia de Saturno y su extravagante forma de envejecimiento invertido nunca será tan elástico como para destruir o deformar sus criterios básicos de seguridad. Nunca nada modificará el respeto de Capricornio por el éxito y por una sólida cuenta bancaria. Ahora bien, la mayoría de los hombres arianos irradian un potencial de éxito. Éste brilla en sus facciones como la luz de un faro, y se expresa en su andar y sus movimientos agresivos. Pero los Carneros no siempre exhiben una aptitud natural para forjar sólidas cuentas bancarias. Hasta que ellos pasan la barrera de los treinta. (Digamos cincuenta. Mejor aún… sesenta. Al fin y al cabo, con un lapso de vida potencial de trescientos a quinientos años, disponen de mucho tiempo para madurar.)

Las chicas Capricornio gravitan por instinto hacia quienes están en la cúspide. Después de todo, alguien tiene que saber quién es quién y qué es qué. ¿Acaso el sentido de responsabilidad es tan censurable? No, pero para los Aries puede ser enervante. Huele a cautela y prudencia, dos palabras que este hombre nunca aprendió siquiera a deletrear, porque tiene una especie de trauma freudiano en relación con ellas. Simbolizan lo que más teme: la represión de su entusiasmo marciano. Por eso es raro que se desarrolle una relación amorosa cuando estos dos se conocen en una situación de trabajo, en la cual, por ejemplo, el Carnero es el jefe y la chica Cabra es la secretaria. Él comprenderá que ella es una perfecta alhaja como secretaria, con un sex appeal cautivante, aunque ligeramente mitigado y controlado. Es una mujer capaz y eficiente, muy divertida (aunque oculta muy bien su humor en las horas de trabajo). El hecho de que ella comprenda que es una subordinada, y que las subordinadas deben aprender de sus superiores, halaga su ego marciano. Entonces él descubre (ojalá antes de que sea demasiado tarde), que ella está aprendiendo discretamente todo lo que necesita saber para sustituirlo como jefe.

Obviamente, un Carnero así amenazado olvidará su sex appeal y la despedirá en un santiamén. Pero aun entonces, es probable que él siempre la recuerde como una excelente secretaria, si bien su aterradora experiencia lo obligará a agregar una frase atemperante como «furtivamente ambiciosa». Sin embargo, la Cabra y el Carnero pueden formar una pareja interesante cuando no compiten entre sí. No he dicho deslumbrante ni fantástica, sino interesante. A esta altura ya saben que el símbolo de Capricornio es la cabra montés. Pero es posible que no sepan que el símbolo correspondiente de Capricornio en la mitología griega es Jano, el dios de dos caras. Antes de que se forjen una idea equivocada, dejenme explicar el significado de las dos caras de Jano: una de ellas está vuelta hacia el pasado, la otra hacia el futuro. Para Capricornio, el futuro sólo es importante en la medida en que se relaciona con el pasado. El Carnero no tardará en descubrir que si quiere impresionar a esta chica le conviene tener un árbol genealógico respetable, que se remonte por lo menos cinco o seis generaciones atrás. En cuanto a ella, bueno… una mujer Capricornio no necesita realmente un árbol genealógico. Se podría decir que los capricornianos son sus propios antepasados. Reflexionen sobre esto. Si conocen a algunas Cabras típicas, entenderán muy bien lo que quiero decir.

A menudo, una chica capricorniana se encontrará implicada en lo que sólo se puede definir como una situación romántica «imposible». Y existe una buena razón para ello. La mujer que se cree, en secreto, una persona imposible, buscará inconscientemente una relación amorosa imposible para justificar la opinión que tiene de sí misma… y para autocastigarse. Eso es precisamente lo que merece, piensa ella. Una relación imposible para una persona imposible. Yo. Pero a menudo esta chica es mucho más tierna y digna de ser amada de lo que ella misma se permite imaginar, y siempre es mucho más atractiva y llamativa, físicamente, de lo que ella cree. Además, tiene la cabeza bien puesta (excepto cuando el Sol o Mercurio está «mal aspectado») y no es caprichosa. Al Carnero le toca convencerla de que es una mujer muy deseable. Con su talento para la valoración entusiasta y con su tendencia a colocar a la mujer amada sobre un pedestal de marfil, es posible que consiga sacar con bastante limpieza de su caparazón a la capricorniana tímida o insegura. Aries tiene más posibilidades que la mayoría de los otros signos solares de hacer pasar a la chica Cabra de la subestimación personal a un justo orgullo por su sexualidad femenina.

Sin embargo, aunque finalmente logre ejecutar este pequeño milagro, tal vez no consiga tomerla en sus brazos enseguida y para siempre. Queda su familia. A menos que sus padres hayan ultrajado de alguna manera el sentimiento de decoro típico de Saturno, dejándole crueles cicatrices, la capricorniana media les es fanáticamente leal. Si su familia no aprueba al Carnero, es posible que ella tampoco lo apruebe. Si sus padres sí lo aprueban, es posible que estén enfermos o en aprietos económicos, y entonces ella pensará que tiene el deber de permanecer a su lado mientras la necesiten, aunque deba sacrificar el amor. Les digo que hay una sola solución para esta obsesión capricorniana por la familia. Ofrezcan llevar a papá y mamá a compartir su vida conyugal, busquen una casa o un apartamento espacioso con muchos dormitorios disponibles… y hagan de tripas corazón. De lo contrario, si el Carnero la exhorta a abandonar a sus parientes cuando éstos la necesitan, o a dejarlos lidiando con sus propios problemas, ella se pondrá melancólica, se culpará y tendrá a cada rato sobresaltos de remordimiento. Es desconcertante tratar de hacerle el amor a una mujer que tiene continuamente escalofríos de melancolía y sobresaltos de remordimiento. Sobre todo para un hombre Aries, que necesita y exige, en todo momento, una atención vehemente y concentrada… dirigida hacia él.

Si el Carnero estudia con más detenimiento las connotaciones astrológicas de la naturaleza emocional de Saturno, su vida sexual podrá mejorar mucho. A veces, cuando la chica capricorniana luce una máscara de despreocupada indiferencia, ésta puede ocultar las pasiones más torturantes. Si ella reprime las expresiones físicas de afecto, esto se debe únicamente a que Saturno no cesa de advertirle silenciosamente: Atención. Mucho cuidado. No te dejes engañar por tus sentidos. Éstos no son de fiar y pueden engatusarte. Escuchar esta voz, mientras una arde de deseos de consumar físicamente una atracción emocional y mental, puede acumular frustraciones…. y las frustraciones pueden asumir muchas formas extrañas. En el caso de los capricornianos, puede inducir a llenar el vacío interior con la ambición de poder, con una excesiva seguridad económica… o incluso con colecciones de antigüedades. Algunos se convierten en seres maniáticos y malhumorados, y unos pocos aceptan su destino y simulan creer que la soledad es un signo de perfeccionamiento espiritual. El Carnero valeroso no temerá arrancar la frígida máscara de indiferencia de la Cabra, para dejar al descubierto su pasión oculta. El problema consiste en que el Carnero insensible puede no darse cuenta de que se trata sólo de una máscara, puede no adivinar nunca la profundidad de los sentimientos que se ocultan atrás, y puede desistir antes de empezar la lucha.

Las llamas de la pasión también pueden congelarse si la mujer Cabra utiliza su capa protectora, elegida por su propia iniciativa, para destruir la confianza del ariano en su pericia de amante. Apenas él intuya que sus actos sexuales no generan en ella una reacción igualmente vehemente, sufrirá el tormento de la inferioridad. Poco importa que su desdicha descanse sobre una falacia, y que en verdad ella anhele devolverle su pasión con igual fogosidad, a pesar de lo cual no puede confiar en sus propios sentimientos y emociones. Es posible que él no tenga la perspicacia necesaria para comprender que ella alimenta el deseo secreto de retribuirle su pasión, y así es como otra relación Aries-Capricornio termina antes de que haya tenido la oportunidad de desarrollarse y convertirse en la profunda experiencia emocional que podría haber sido. La regla general, entre estos signos solares, debería consistir en verificar mutuamente sus signos lunares. Si el Sol y la Luna de sus respectivas cartas son armoniosos, el Carnero podrá trasmutar mágicamente el plomo frío y gris de Saturno en los diamantes refulgentes de Marte, mediante la pura alquimia del amor.

Pero si al nacer uno de ellos su Luna y su ascendente estaban en mala posición respecto del signo solar del otro, y viceversa, es posible que estos dos deban esperar, y reencontrarse la próxima vez, en una encarnación futura, cuando se hayan corregido algunas configuraciones kármicas. Sin embargo, estas desavenencias recíprocas son raras, y la mayoría de los Carneros y las Cabras pueden conquistar finalmente la armonía, si lo intentan, aunque al principio el sendero haya sido muy escabroso. Siempre es más difícil escalar montañas cuando se empieza, pero a medida que uno se acerca a la cumbre la marcha es más fácil, el aire es más fresco, el Sol es más brillante… y el espíritu brinca de júbilo al aproximarse la materialización del sueño. La secuencia lógica de Capricornio nunca puede descarriarse. Por consiguiente, la chica Cabra se ofusca cuando algo inesperado o poco ortodoxo amenaza con desquiciar el plácido statu quo, y es posible que el Carnero provoque involuntariamente estos desquiciamientos. Cuando la capricorniana está ofuscada, puede hacer que el ariano se sienta algo más que un poco tenso. Normalmente esta mujer tiene nervios de acero, ojos de halcón y la paciencia del mismísimo Job. Es posible que el Carnero impaciente se sienta, de alguna manera, por debajo del autocontrol de ella. No debería ser así. Porque ese autocontrol no es más que la cadena que ella emplea para amarrar su espíritu y evitar que se remonte demasiado lejos, donde no habría nadie para sostenerla, si tuviera la mala suerte de caer. Los brazos de él son suficientemente fuertes para sostenerla. Y él es suficientemente persuasivo, suficientemente tesonero, para convencerla de esto… si tiene paciencia.

Este hombre corre en pos del amanecer, y se siente agraviado cuando la capricorniana que ama no lo acompaña. Ella es dulce y tierna, y cuando bromea hace sonreír su corazón. Sin embargo, en su talante hay algo que dice: «No te acerques demasiado». ¿Es necesario que la astrología le traduzca este mensaje al ariano inteligente? Lo que ella quiere decir en realidad es: «Deseo que te acerques más, pero temo que lo que ambiciones sólo sea mi estabilidad, que no me necesites realmente a mí… como mujer». Seguramente el Carnero sabrá contestar semejante súplica silenciosa reflejada en los ojos solitarios y mansos de esta chica. Más tarde, ella se aproximará a él, y tal vez no murmurará palabras románticas, pero si él la observa atentamente, verá esa tierna sonrisita secreta capricorniana de hondo placer. Si no mira deprisa, se la perderá. Pero igualmente estará allí, reflejada desde el sol interior… el sol de saberse amada. Es en verdad un Carnero muy afortunado. Ahora es muy bella, pero Saturno ha prometido hacerla más hermosa a medida que pasan los años. Es posible que gobierne implacablemente sus emociones, pero Saturno nunca viola una promesa. Y ella tampoco. Por fin, el ariano ha encontrado un amor en el que puede confiar, un amor para poseer y retener. Ciertamente esto vale el desafío de combatir con unos pocos dragones de egoísmo… y de redondear sus Soles discordantes en un círculo de comprensión.

Adaptación de Linda Goodman

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