La relación ARIES-SAGITARIO

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A ambos signos solares les gusta acostarse tarde. Temen perderse algo. Por eso son tan renuentes a irse temprano a la cama, a retirarse temprano de las fiestas… o a pasar de largo junto a dos desconocidos que pelean en la calle. Los amigos bien inspirados aconsejan constantemente a los Carneros y los Arqueros: «No te entrometas. Ocúpate de tus cosas. No es nada de tu incumbencia. Es una causa perdida». Esta última advertencia ha sido una metedura de pata. Estos dos caminarían mil kilómetros en aras de cualquier causa, y si se trata de una causa perdida, sencillamente no soportan quedarse a la expectativa sin tratar de salvarla. El hecho de que no sea de su incumbencia sólo la hace más tentadora, porque ambos signos están imbuidos de una dosis excesiva de curiosidad, así como de la certidumbre de que lo saben todo. En cuanto a «pedir vendajes», Aries y Sagitario son también los más propensos del Zodiaco a los accidentes (Acuario los sigue de cerca). Por motivos obvios. No sólo en razón de los rasgos que acabo de mencionar, sino también porque los hombres y mujeres Aries siempre meten los cuernos en lugares que los ángeles temen pisar… incluso de puntillas.

Los Sagitario (simbolizados por el Centauro, con el arco y la flecha) nacen, todos ellos, por naturaleza, un poco torpes. No resulta fácil equilibrar un cuerpo que es mitad hombre y mitad caballo. Aries y Sagitario se llevan bastante bien casi siempre, porque tienen mucho en común: por ejemplo, su notable cúmulo de idealismo. Nadie es más idealista que el ingenuo Carnero, con su fe infantil en el efecto mágico del deseo, excepto los Arqueros, que apuntan sus flechas en dirección a alguna galaxia que no ven los hombres y mujeres mortales. Por supuesto, hoy, cuando individuos menos idealistas envenenan la Tierra y su atmósfera, las flechas de Júpiter pueden quedarse atascadas en una masa de contaminación sólida antes de atravesar una nube baja. Los Carneros y los Arqueros no son los únicos con buenas intenciones, pero generalmente están tan ocupados, sobre todo en equipo, propugnando sus ideas utópicas (y corriendo a menudo en círculos concéntricos), que no tienen tiempo para dejarse descarriar por la ambición personal o política. Otro elemento que Aries y Sagitario tienen en común es su afición a los debates acalorados. Sólo Libra disfruta más que ellos cuando inicia una discusión. Pero al lógico Libra lo mueve el deseo de ser equitativo y de que se haga justicia. Los Carneros y los Arqueros, en cambio, son orgánicamente incapaces de eludir un desafío verbal, pero por otras razones. Los Aries discuten porque alguien se ha atrevido a decirles que están equivocados, cuando los Carneros saben que siempre son infalibles. Los Sagitario discuten porque se miente, y si hay algo que un Arquero no tolera es oír cómo deforman la verdad.

Un excelente ejemplo lo encontramos en la fábula sobre las ropas nuevas del Emperador. Allí estaban todos esos súbditos a los que les habían lavado el cerebro, millares de individuos crédulos, alineados a la vera del camino y aclamando al Emperador loco que se paseaba en su carruaje… totalmente desnudo. Como era su líder, y por tanto no podía hacer nada incorrecto, lo veían ataviado con lujosos rasos y terciopelos, irradiando destellos de piedras preciosas. «¡Mirad qué bellas son las ropas del Emperador!» Es imposible conjeturar lo que le habría ocurrido a aquel reino mítico, si una criatura (que sólo pudo haber sido una niñita Virgo con la Luna en Sagitario, o un joven Arquero con la Luna en Virgo), no hubiera disparado una flecha de veracidad en dirección a la muchedumbre, gritando (en lenguaje moderno): «¡Caray! ¡El rey está desnudo!». No recuerdo qué le sucedió al niño de la fábula, pero espero que los guardias del Emperador no lo hayan detenido para interrogarlo. Los guardias lo habrían pasado mal. Cualquiera que tenga un amigo Sagitario se ha visto sujeto a una cierta dosis de cirugía verbal. Este cachorrito juguetón y cordial se te acerca en la calle, te da una palmada en la espalda y te espeta: «¡Hola, cómo estás! Cuánto me alegro de volver a verte, pero casi no te reconocí. ¡Si pareces un esqueleto!».

A esto lo sigue la habitual petición de disculpas de Sagitario por la descortesía, porque estos invitados tienen básicamente buen corazón, y sólo unos pocos Arqueros subdesarrollados te ofenderían deliberadamente. «Oh, no, he vuelto a meter la pata. Probablemente no te gusta que te digan que estás flaco, ¿verdad?» O la escena puede ser esta otra: «¿Cómo marchan las cosas, viejo? Normalmente, Aries admira y defiende la veracidad de Sagitario, porque los Carneros también se jactan de decir la verdad. Pero no toleran oír las verdades que les conciernen a ellos. Ésta es una marcada diferencia entre Aries y Sagitario. El Arquero es casi tan despiadado cuando se habla a sí mismo como cuando le habla a los demás. El Carnero es el paladín de la verdad sólo hasta que ésta empieza a dolerle o a tocarlo de cerca. Los Aries no se caracterizan por su tendencia a reconocer o aceptar fácilmente sus debilidades y defectos. Aunque Sagitario dispara la mayoría de sus flechas de buena fe, sin auténtica malicia, de cuando en cuando un Centauro poco evolucionado y esclarecido le asestará a un Carnero un comentario cortante y cruel totalmente ajeno a la verdad, e inspirado sólo por el deseo de hacer daño. (Todos los rasgos de los doce signos solares se pueden expresar, a veces, a través de su polo negativo.)

Si bien es posible que este Sagitario brutal se salga con la suya en la mayoría de los casos, también descubrirá que no es muy sensato ensañarse con un Carnero de uno u otro sexo. Le devolverán la flecha, con el ímpetu marciano adicional de la indignación virtuosa, y si bien aquella no siempre dará inmediatamente en el blanco (Aries no tiene tan buena puntería como el Arquero), finalmente terminará su flamígera trayectoria en el lugar exacto. Júpiter es un astro de gran magnitud y poderoso, pero incluso en el cielo se mantiene a saludable distancia del belicoso Marte, regente de Aries. Si Marte no se defendiera del ataque, echaría a perder su reputación de arrojo, y toda la estructura astrológica se vendría abajo. Esto jamás sucederá. Pero ésta es una asociación de vibraciones 5-9, y el rápido arrepentimiento y la franca clemencia que ambos signos solares son capaces de demostrar cuando han sido torpes o crueles el uno con el otro, suavizará las frecuentes fricciones mutuas. Ni Sagitario ni Aries pueden alimentar su cólera durante mucho tiempo, y ninguno de los dos signos solares puede prolongar su rencor más allá de la pasión del momento… a menos que uno de ellos tenga un signo lunar Escorpión.

Entonces es posible que recuerden el agravio durante algo más que unos pocos días. Aun así, el Sol es más poderoso que la Luna, con su ligera influencia, y finalmente las idiosincrasias solares del Carnero y el Centauro restaurarán la armonía entre ellos. Muchas carreras y actividades atraen al Sagitario andariego e inquieto, desde los safaris por la jungla hasta la Bolsa; desde la cría de caballos o el adiestramiento de perros hasta la religión; desde la medicina y el derecho hasta la educación superior… todo ello mientras el Arquero disponga de libertad para ir de un lado a otro, para hablar, para correr riesgos y para encontrar emociones. Al gregario Aries también lo atraen muchas carreras y actividades. Elijan una profesión, y el Carnero se complacerá en seguirla para darles el gusto. No son selectivos, mientras puedan mandar. Aries es un signo cardinal de liderazgo. Sagitario es un signo mutable, y menos propenso a buscar la autoridad. Intuitivamente, el Arquero sabe que el jefe está atado al escritorio, que a menudo no puede tornarse tantas vacaciones como sus empleados… ¡y a Sagitario le encantan las vacaciones! En realidad, ambos prefieren ser sus propios jefes, y gravitan hacia las ocupaciones o profesiones en las que nadie les dice lo que deben hacer, ni cuándo deben hacerlo.

Aunque el Carnero y el Arquero son esencialmente extrovertidos, nacidos ambos bajo las fuerzas diurnas positivas, masculinas, conocerán más Arqueros lacónicos que Carneros lacónicos. Quizás esto se debe a que los Sagitario más aficionados a la filosofía han descubierto por las malas —y digo por las malas— que aprendes más cuando escuchas que cuando hablas. Al fin y al cabo. Júpiter gobierna la educación superior (entre otras cosas), y es muy natural que el individuo regido por Júpiter se aficione gradualmente a educarse a sí mismo. Los Arqueros son intuitivos por naturaleza, e «intuición» significa «enseñar desde dentro». Para entender la diferencia básica entre Sagitario y Aries es necesario entender las diferencias entre los dos planetas que los rigen: Júpiter y Marte. Estas dos personas son tan semejantes, por fuera, que puede resultar difícil descubrir las diferencias, pero las hay. Júpiter influye sobre el hombre, niño, mujer, muchacho o chica Sagitario, y lo induce a ser expansivo (a menudo a exagerar las experiencias y los sentimientos, pero rara vez los hechos), a ser brutalmente sincero y muy propenso a la experimentación, en todas las áreas de la vida. La vibración de Júpiter también genera en el Sagitario una intensa pasión por los viajes y dota a los Arqueros de chispazos ocasionales de visión profética. El Arquero, simbolizado por el Centauro, que es mitad caballo y mitad hombre, disfruta de una mayor confianza y seguridad personal que el Carnero (poco importa la temeridad superficial de Aries) porque Sagitario contiene la experiencia total del ser humano y la bestia.

Marte influye sobre el hombre, niño, mujer, muchacho o chica Aries, y lo induce a ser enérgico y franco en todo, a defenderse ferozmente si lo atacan, y a ser muy valeroso en casos de emergencia o crisis. El ariano necesita esta defensa que procede de la vibración de Marte, porque a Aries lo simboliza el recién nacido, y al igual que el recién nacido humano, Aries moriría, literalmente, sin afecto y cuidados, si no lo protegiera Marte. Aunque Aries no es tan sabiamente profético como Sagitario, ve sin embargo el meollo de todas las cosas, porque está dotado de una combinación entre la visión penetrante de Marte y la inocencia e ingenuidad del recién nacido, que es la sabiduría más pura que existe. La diferencia más vital entre estos dos reside, empero, en el hecho de que el Carnero es mucho más vulnerable a la crueldad y la dejadez. Además, la intención de Aries siempre está desprovista de malicia, porque Aries, como el recién nacido, sólo entiende, esencialmente, la bondad… mientras que Sagitario ha vivido tanto (desde el punto de vista del alma) que ha desarrollado más cinismo y más actitudes mundanas.

En Sagitario encontramos un gran idealismo y una gran perseverancia, pero casi nunca la inocencia. Sagitario ha aprendido a pensar, a usar el intelecto, a profetizar y a filosofar. Aries no comprende ningún camino a la felicidad que no sea el de la reacción emocional instintiva del recién nacido ante el amor y la bondad. Sólo la encarnizada protección de Marte impide que el Carnero esté totalmente inerme en manos de los más fuertes. ¿No es verdad que nuestros Co-Creadores fueron sabios cuando resolvieron conservar el orden del plan kármico mediante la astrología, para garantizar que el leal guerrero (y amante de Venus) Marte, velara sobre el recién nacido de la rueda kármica y lo protegiera? Ésta es la configuración de signos solares 5-9, agraciada por los dioses, merced a la cual es relativamente fácil lograr la compatibilidad entre el Carnero y el Arquero. Tanto los raros arianos y sagitarios introvertidos, como los más comunes y típicos extrovertidos, se sienten mucho más felices cuando están mental y físicamente activos, aprendiendo. Como los proverbiales profetas, a menudo Sagitario prospera mucho más cuando está lejos de su tierra natal, y disfruta viajando para llegar a los nuevos horizontes (sin sentir mucha nostalgia por las «raíces» que dejó atrás).

Aries siente que el recuerdo de la «seguridad» que dejó atrás tironea dolorosamente de su corazón, pero a pesar de ello se suma valerosamente al Arquero, y trata de marchar a la par del Centauro, que galopa más deprisa. Cuando el Carnero se une al Sagitario y viajan juntos, la expedición puede ser un poco bulliciosa, pero nunca aburrida, y se defenderán enérgicamente el uno al otro de los malvados que los amenazan. No obstante sus frecuentes peleas, el insaciable idealismo de Sagitario fomentará permanentemente el afecto espontáneo y la desusada compasión de Aries… así como el Arquero se sentirá permanentemente conmovido por la ingenuidad y la honestidad de Aries, seguro de que puede fiarse de que éste nunca será hipócrita ni desleal. Cuando se haya despejado todo el humo, estos dos seguirán plantados allí, sonriéndose recíprocamente de todo corazón. Se podría decir que el Carnero y el Arquero son combustibles, pero compatibles.

Adaptación de Linda Goodman

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