Hombre ARIES Mujer ESCORPIÓN

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¿Puedo formularle una sugerencia astrológica útil al Carnero que está a punto de unirse con una mujer Escorpión? Que se prepare psicológicamente. En su fría, silenciosa y enigmática mística femenina, se intercalan súbitos accesos de frenesí violento, que son desconcertantes, cuando menos, por provenir de una mujer normalmente tan apacible y autónoma. Los Escorpión pueden hacer toda clase de cosas, extrañas y alarmantes o excéntricas y maravillosas… y nunca te advierten por anticipado de cuáles son sus intenciones. Puede que te desinflen los cauchos cuando él no le permita conducir el carro, o sólo se limite a cortar informalmente la llamada del teléfono cuando él llama a otra chica, el Carnero que conozca por anticipado la proclividad del Escorpión a la rebelión secreta, seguida por la represalia súbita, encontrará considerablemente menos traumática la convivencia con esta chica.

Es la rebelión secreta, más que la represalia súbita, la que puede generar tensiones entre estos dos amantes. A un Aries puede ponerlo frenético un acto que, aunque fácil de perdonar en sí mismo, es producto de una premeditación que él desconocía. Como ella suele ser reservada cuando no está en acción, sus inexplicables arranques de venganza colérica pueden enfurecerlo. A los Carneros no les gustan las sorpresas desagradables, y sencillamente no soportan ignorar secretos. Pueden enfrentar los estallidos normales de mal humor, con la experiencia que les han dado sus propios impulsos tempestuosos. Pero ella no le dio el menor indicio de que se proponía quemarle sus zapatos o su ropa. El lunes por la mañana, a la hora del desayuno, ella le habló con voz fría y serena, sus ojos lo miraron ardientemente y le expresaron la habitual devoción vehemente, y su beso de despedida fue tan apasionado como siempre. Y todo porque el domingo le había dicho que no la llevaría al cine, pues preferiría salir con unos viejos amigos de la universidad a los que no veía desde hacía muchos años. ¿Cómo se ATREVIÓ a maltratarlo y sobresaltarlo con una maniobra sorpresiva como ésa, retroactivamente? ¡Él le daría una buena lección!

Pero cuando se dispone a darle la lección, ella se desentiende de su indignación furibunda, porque ya ha retomado su displicencia silenciosa. Se ha desconectado. Desapegada y despreocupada. También indiferente. Las escenas de este tipo pueden sacudir al Carnero hasta las raíces de sus cuernos. Lo que ella hace lo indigna, sencillamente porque obra con tanto sigilo y de una manera tan… bueno, tan indignante. Súmese a esto el talento de ella para desconectarse fríamente, antes siquiera de que el pueda contraatacar para defenderse, y comprenderán por qué es posible que el Aries se convierta en un boxeador agresivo, frenético, que pelea con su sombra y reparte golpes a ciegas, sin tener nunca la satisfacción de asestar un puñetazo victorioso (simbólicamente) en la mandíbula (también simbólica) de su dama Águila. El hecho de sorprenderlo así, después de que él ya ha olvidado jubilosamente el incidente que tanto la enfureció, para replegarse luego y negarse a prestarle siquiera atención y a escuchar sus imprecaciones coléricas, no es una forma de conducta programada para ganar —ella— todas las confrontaciones, en el recuento final. Es posible que ella pierda la última mano de su partida… al perderlo a él. En realidad, si el Carnero se limita a dejarla ganar, o si le permite creer que ha ganado, le ahorrará muchos disgustos a su ego, porque eludirá un montón de conflictos emocionales infructuosos con esta mujer, conflictos éstos que, según lo han prefijado los astros, no llevarán a ninguna parte. Ésta es realmente la única forma de entenderse con una dama Escorpión: permitir sencillamente que ella se convenza de que ha devuelto el agravio o la ofensa recibida, y no decir nada más al respecto.

Una de las recompensas más valiosas que cosechará merced a este control y madurez emocional, consistirá en que se hará acreedor a un respeto gradual, seguro y profundo. Puesto que el modelo de contienda que acabo de describir es el único que reconocen los Escorpión también es el único suficientemente poderoso como para salvaguardar su relación sobre una base equitativa. Ella tiene la baza: el autocontrol. Evidentemente, la forma de manejar y conservar a una mujer como ésta consiste en no perder el control de uno mismo. Él siempre podrá recordar, en sus momentos de mayor desaliento, que esta mujer es tan leal al hombre que ama como tenaz en su empeño de no dejarse pisar por él su cola de Escorpión. Cuando una dama con un signo solar, signo lunar o ascendente Escorpión se enamora, nada más cuenta para ella: ni sus amigos, ni su familia, ni su carrera, ni su reputación, ni sus sufrimientos. No vacilará ni un segundo en escarnecer abiertamente a cualquiera que amenace con interponerse en el camino de su dicha conjunta, con proyectar una sombra sobre su amor o con perjudicar de alguna manera a su hombre. Una devoción de tanta magnitud debería ayudarlo a pasar por alto la forma en que ella vuelve ocasionalmente contra él sus reyertas personales. Los Carneros necesitan que los amen ilimitadamente… o nada. Y así es precisamente como ama Escorpión. Ilimitadamente… o nada.

Un hombre Aries que acabe de entablar una relación emocional con esta chica (digamos mujer… las Escorpión no son nunca chicas, todas nacieron mujeres) pensará tal vez que ésta es una reseña injusta del carácter, los rasgos y la personalidad de su amada. Y lo pensará porque imagina los ataques de represalia, seguidos por el repliegue instantáneo, que acabo de describir, como la operación de una araña viuda negra. ¿Cómo es posible que una mujer con una voz tan susurrante, y dulces modales femeninos, sea una araña viuda negra encubierta? No lo es, desde luego. En ello reside la clave. Sus tácticas vengativas de Plutón no han de parecerse necesariamente a algo copiado de una película de vampiros. Ella es sencillamente una dama tierna, un poco tímida, sensible, que tiene sus momentos de sosiego. Después de la boda, él aprenderá. Recibirá una lección acelerada de astrología cuando le diga: «Quiero que vayas al salón de belleza y te hagas peinar antes de que mi socio [mi jefe, mi agente, o quien sea] y su esposa, vengan a cenar esta noche. Tu peinado actual es muy anticuado y no te sienta bien.» (Aries gobierna la primera casa astrológica del aspecto físico, y los Carneros son muy vanidosos cuando se trata de su figura y de la de sus seres queridos. Casi tanto como Leo.) La mujer Escorpión no le gritará indignada, porque él ha criticado su encanto. Se limitará a sonreír dulcemente y dirá: «Por supuesto, cariño». Seguirá siendo un perfecto ángel de feminidad cuando él llegue esa noche a su casa, en compañía del señor Cascarrabias y su enjoyada esposa.

La voz de su consorte Escorpión será cálida, aterciopelada y sensual cuando le susurre en la habitación: —Cariño, tú se lo explicarás a los Cascarrabias, ¿verdad? Tengo una jaqueca espantosa, y esta noche sencillamente no estoy en condiciones de recibir a nadie. —¿Qué dices? —vocifera él—. ¿Cómo podría explicárselo? ¿Ellos te están esperando en la sala, y tú sigues en bata y ni siquiera has empezado a preparar la cena? ¡Esto podría arruinar todo mi futuro! ¿Te das cuenta de lo que me has hecho? Su furia no surte el menor efecto. Ella ya ha cerrado los ojos y se ha colocado la bolsa de hielo sobre la cabeza, siempre con la dulce sonrisa en los labios, y ha dejado que él se encargue de lidiar con los hambrientos invitados. ¿Ven? ¡Ninguna semejanza con las películas de vampiros! Sólo una simpática señora, con jaqueca, que siente mucho causarle semejante contratiempo. (La próxima vez él no menospreciará su peinado.) El hombre Aries es competente y valeroso cuando está implicado en una situación que comprende, pero no sabe enfrentar con éxito aquellos razonamientos que no le entran en la cabeza. Cuando ella se niegue a combatir con las armas que él ha elegido, se sentirá desconcertado, pero esta experiencia lo sosegará, a la larga, y es posible que también contribuya a fomentar su maduración emocional. Aunque amar a un Escorpión y convivir con él puede ser un poco accidentado, la experiencia aplacará la personalidad fogosa del Carnero, y le hará ver como ninguna otra sus defectos marcianos: el egoísmo, la imprudencia y la retórica impulsiva.

Si él la ama, es mucho lo que ella podrá enseñarle… así como él a ella. Una vez conocí una fascinante mujer Escorpión que acababa de separarse de su pareja Aries. Ninguno de los dos tenía suficientes conocimientos de astrología como para entender, y por tanto tolerar, sus respectivas personalidades. Pero tuve la impresión de que tal vez aún se amaban. Su matrimonio le inculcó por lo menos a ella una lección de astrología que nunca olvidará. (Los Escorpión siempre saben aprovechar la experiencia.) «Los hombres se intimidan cuando conocen a una Escorpión —me dijo—. Creen que somos todas mortales y peligrosas. De modo que ahora, cuando me preguntan mi signo solar, me limito a agitar las pestañas y les contesto que soy Piscis. ¡El efecto es milagroso!» Es imposible saber cuántas chicas de noviembre andan por el mundo fingiendo ser Peces… pero ya están advertidos. Es una vergüenza que el desconocimiento de la astrología obligue a usar este disfraz. Las mujeres Escorpión cuando se las comprende, son personas encantadoras, con una ternura insuperada y una inmensa capacidad para amar.

La atracción sexual entre un hombre Aries y una mujer Escorpión es instantánea y magnética, y puede producir una satisfacción permanente. Su relación física nunca será indiferente o fortuita. El sexo, combinado con el amor, es un componente básico de la búsqueda de salvación personal de Escorpión, y equivale a la gloria que el Carnero anhela para satisfacer su brumoso ideal. Él necesita conquistar sexualmente, y ella se lo permitirá, pero no será pasiva sino que saldrá a su encuentro recorriendo más de la mitad del camino de la expresión erótica. La apasionada respuesta de ella a la posesión sexual de él, fusionada con su buena disposición para someterse físicamente al ariano, representa la apoteosis de la unión extática para este hombre que busca una mujer auténtica, y nunca una compañera pasiva, ni tampoco una consorte dominante que intente subyugarlo. En lo más recóndito de su corazón, él es el Adán original y viril, pero puro e inocente… y en lo más recóndito de su corazón, ella es la Eva original, tentadora y misteriosa. A menos que alguno de ellos tenga una grave tara de Marte o Venus en la carta natal (que puede degenerar. tratándose de estos dos, en diversas formas de sadismo o masoquismo), a la hora de acostarse no quedarán dudas acerca de cuál es el hombre y cuál la mujer… y, con el debido respeto al movimiento de liberación femenina, así fue como lo planearon nuestros Co-Creadores.

La mujer Escorpión no puede disculpar que no la amen debidamente, dentro o fuera de la habitación, y si él la ha agraviado involuntariamente, es posible que ella se vengue de cuando en cuando utilizando como arma la negación de la unidad sexual, lo cual implicará un grave’ error de su parte, porque es muy posible que lo convierta en un amante inseguro, y por tanto egoísta. Él debe ratificar su dominio desde el principio. El Escorpión se siente obligado a irrumpir en lo desconocido, para saber, y una vez que sabe, guarda el secreto. Aries arremete temerariamente, para descubrir la verdad y la felicidad, y después las comparte con entusiasmo y desenvoltura. Ésta es una diferencia esencial entre ambos, que sólo se pueden superar cada vez que aflora, mediante la confianza mutua y la clemencia. Cuando él exhibe sus emociones desconsideradamente, puede generar en el corazón de ella un dolor que le resultará difícil olvidar, y aunque su respuesta exterior a los fuegos de artificio de Marte puede consistir simplemente en un suave: «¿No te parece que exageras, cariño?», es imposible detectar qué ocurre dentro de ella, detrás de su fría máscara. Hay una sola respuesta a esta pregunta. «No, no exagero. No hago más que ser como soy. Nací bajo un astro distinto del tuyo, y debo expresar mis sentimientos. ¿No quieres que sea sincero conmigo mismo?» Sí, esto es lo que ella quiere.

Adaptación de Linda Goodman

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