Mujer Aries Hombre Leo

El romance entre un León y un Carnero, si bien puede representar una experiencia cálida y maravillosa, también producirá frecuentes tempestades emocionales… especialmente cuando ellos hayan congelado su considerable orgullo. Las tormentas sirven para despejar la atmósfera, de manera que después todo vuelve a parecer fresco y verde. A menudo las cosas empiezan así: él promete telefonearle a las cinco, después no la llama hasta medianoche y se niega a pedir disculpas. Le dice a ella que no sabe escribir correctamente y que usa demasiado maquillaje. Después le ordena que se calle y que, para variar, lo escuche a él. ¿Cómo? Bueno, esto colma la medida. Ella ya está harta de su despótica arrogancia y resuelve impulsivamente que lo arrojará fuera de su vida. ¿Al fin y al cabo quién lo necesita, con esa autoritaria política napoleónica? Ella lo necesita. No obstante sus aires independientes de «yo puedo arreglármelas sola», por fin ha tropezado con alguien que sabe que no es así, y que la desenmascara. De nada sirve decirle que «desaparezca de su vida». Esto es precisamente lo que él no hará. Luego ella recordará cuán cálida sonó su voz cuando le telefoneó finalmente, aunque fuera muy tarde. Recordará con cuánto afecto la regañó porque usaba una sombra de ojos purpúrea y porque había escrito «hacer» sin hache. Quizá sólo pretendía ser tiernamente protector y no insufriblemente condescendiente y… quizá debería perdonarlo. (Esto es lo mejor que puede hacer. Ha sido conquistada.

No pasará mucho tiempo antes de que él le enseñe toda clase de cosas que ella ni siquiera sabía que desconocía hasta que él apareció para hacerle notar su ignorancia. Más aún, se asombrará al descubrir que se siente muy feliz y disfruta mucho con esa situación. Por supuesto, después de que pase la novedad, ella bajará de las nubes y lo aventajará unas cuantas veces, sólo para evitar que se desequilibre la balanza… y su Gran Gato descubrirá cómo se siente un León cuando está en la jaula con el domador. Primeramente sorprendido, luego resentido… después indignado. y finalmente sojuzgado. O por lo menos, finalmente dispuesto a suavizar las aristas ásperas de su complejo de superioridad. En realidad, el temperamento fogoso de ella no le desagrada, mientras no llegue al punto en que se interfiera con el suyo o lo eclipse. Esto no ocurrirá nunca. En realidad él se preocupa injustificadamente. ¿Desde cuándo Marte puede eclipsar al Sol? Que lo interfiera es harina de otro costal.

Ésta es la configuración de signos solares 5-9, poderosamente magnética, de modo que cuando estos dos signos de Fuego ven juntos a Venus, la escena romántica es explosiva, pero también actúa como una luz cegadora enfocada sobre un jardín hechizado. Quizás aquellos viejos sueños que él archivó no son tan imposibles, después de todo. Son sus sueños, ¿verdad? Esto basta para convencerla a ella de que se materializarán… ¡y la fe de Marte mueve montañas! En cuanto a los modales autoritarios y la llamativa independencia de ella, no son más que señales de socorro con las que pide que alguien la guíe en la dirección correcta. ¿Acaso no es ésta la especialidad de los Leones: organizar vidas ajenas y salvarlas de sus propios errores? Ciertamente ella implica un desafío, ¿pero cuándo rehuyó Leo un desafío? Es posible que ella aseste algunos fuertes golpes a su masculinidad, pero los Leones no son blandengues. Él deberá limitarse a devolvérselos (figuradamente) y le hará saber que es él quien lleva la batuta. Después de enderezar la energía marciana de ella hacia su propio canal, él podrá descansar, mientras ella le suministra toda la energía que necesita, cuando la necesita… y claro que la necesita.

Como él es más práctico y sensato (recuerden que Leo es un signo fijo) ella lo acusará a veces de ser tedioso y remilgado. Finalmente, ella lo distenderá, y él la frenará, de modo que saldrán equilibrados y ambos progresarán. De todas maneras la mayoría de sus reyertas serán instigadas deliberadamente, en un nivel inconsciente (a veces consciente), por el solo placer de reconciliarse y de ratificarse su amor. Las reconciliaciones suministrarán la emoción reiterada de sentir nuevamente el hechizo. Es posible que sus amigos se pregunten por qué viven juntos, riñendo como riñen, pero ellos sabrán el porqué. Para empezar, no ocupan en disputas todo el tiempo que pasan juntos. Influidos como están por la vibración 5-9, disfrutarán de muchos momentos maravillosos y delirantes, jubilosos y mágicos, llenos de lilas y gotas de lluvia, de polvo druida, de violetas y de carruseles embrujados. La auténtica candidez de ella lo conmueve extrañamente, y hace vibrar las cuerda consonante en su propio corazón idealista. La chispeante excitación de ella es contagiosa, y concuerda con sus propios entusiasmos solares. Aries es el recién nacido simbólico del Zodiaco, y por consiguiente su ingenuidad y su aire de inocencia activan en él una recóndita reserva de ternura. Él se siente obligado a proteger a este espíritu rutilante, valeroso, que, como el verdadero recién nacido, no tiene la menor noción de los múltiples abismos que acechan a su paso, esperando que caiga en ellos… en las tinieblas. Él la ayudará a eludirlos, afectuosamente, con su juicio más sensato, más maduro, porque Leo está delante de Aries en la rueda kármica de la vida.

Una vez que ella haya experimentado la cálida seguridad que le suministra la devoción del León, dejará de exigir la satisfacción de sus necesidades y perderá el miedo a caer sin que nadie la coja en sus brazos… ciñéndose así a la «esencia infantil» de su signo solar. Los robustos brazos de él la sostendrán si cae, y evidentemente está en condiciones de satisfacer… cualquiera de sus necesidades… que ella pueda experimentar. Entonces ella se relaja, se siente más serena, más tranquila… plácidamente apaciguada por el amor leal del León. Una mujer regida por Marte admira la fuerza, tanto moral como física, y a este hombre no le falta. Ella no depositará su confianza en ningún otro tipo de hombre, por mucho que se resista a la sumisión. Aries y Leo activan una vibración poderosa de respuesta física recíproca, intensificada por el constante estímulo emocional. Su mutua expresión sexual puede ser prodigiosamente terapéutica. porque cada uno de ellos suministra lo que el otro reclama de la unión: pasión, combinada con afecto. Ésta no es una necesidad tan común como podrían pensar. La mayoría de las personas desean —y están en condiciones de brindar— sólo una de las dos cosas, y no ambas. El corolario podría ser un despertar de sentimientos que los dos creían definitivamente sepultados junto con los ideales perdidos de la infancia.

Este es un elemento muy embriagante, el tipo de felicidad que ambos perseguirán juntos casi a cualquier precio a la hora de las lágrimas o de las aflicciones temporales… o del orgullo herido. Pero Leo no pagará por ello el precio de dejarse subyugar. Desea rondar por la jungla, sin que lo aprisionen las cadenas de los celos. Y otro tanto le sucede a ella. Por consiguiente, ¿la «libertad» es un bien del que disfrutan el uno y el otro? No. Ella tendrá que aflojarle mucho la cuerda, en tanto que él sólo se la aflojará lo justo para que se ahorque. Aunque a la mujer Aries le resulte muy frustrante volver la otra mejilla a su amante o pareja Leo, al orgulloso León le resulta infinitamente más doloroso tener que humillarse. La humildad es una virtud que él predica constantemente pero jamás practica. Ella tendrá que perdonar primero, y deberá esforzarse por entender. Le deseo suerte y coraje. Los necesitará. Su compatibilidad sexual no se desarrollará sin fuertes dolores de crecimiento. La chica Carnero tiene -un extraño capricho. Sabe que es muy difícil encontrar un hombre virgen, pero esto sólo lo comprende con la cabeza. Su corazón regido por Marte alimenta otras ideas. Aunque parezca increíble, le gustaría pensar que es la primera mujer que él ha tocado, a la que le ha susurrado, o que ha conquistado sexualmente.

Como para los hombres Leo el romance es tan natural como la respiración, semejante ideal no pasa de ser una vana esperanza. Ella así lo entenderá cuando lo instigue a confesar todos los suspiros apasionados que exhaló en su pasado, incluyendo nombres, fechas y lugares. Está bien, así que ha hecho el amor a otras mujeres. Ella lo aceptará, aunque le duela. (Los Carneros siempre enfrentan las verdades desagradables con valor, una vez que las han aceptado como inevitables.) Pero otro radiante ensueño ariano debe someterse a las frías y duras realidades de la naturaleza humana. No se infiere necesariamente que él lo haya disfrutado, ¿verdad? Quizá lo sedujeron. Quizás una mala mujer lo maniató mientras él se resistía desesperadamente, y él aún tiene pesadillas en las que aparecen todos aquellos horrores. Bueno, es inútil pretender que un hombre Leo alegue frigidez. Es demasiado orgulloso y veraz. No, no lo ataron a la cabecera de la cama con nudos marineros, ni lo esposaron. (Recuerden que hablamos de experiencias románticas previas a su encuentro, en tiempo pasado. Ella jamás podrá aceptar o perdonar una infidelidad en tiempo presente o futuro, no después de haberse entregado el uno al otro y de haber concertado un compromiso. No se trata de que ella no perdone, sino de que no puede perdonar. Así es Aries.

Sea como fuere, después de que ella lo haya engatusado e inducido a narrar sus amoríos anteriores, tocando su vanidad henchida, él se apresurará a explicarle que no le entregó su corazón a ninguna de esas chicas, antes de haberla conocido a ella. Pero es posible que ella no lo escuche. Estará demasiado ocupada imaginando orgías desenfrenadas. El no le pertenece realmente, como dijo. Todo fue una ilusión. Su caballero de armadura deslumbrante tiene los pies enlodados; su corcel blanco se ha convertido en un asno salpicado y gris. Estos ensueños de pureza brumosa que se descalabran son los que pueden destruir la armonía sexual entre la idealista Aries y un León con una larga historia romántica a sus espaldas. ¿Y la vida amorosa pasada de ella? Esto es distinto. La racionalizará con una docena de excusas distintas. Ella no la disfrutó, verás. (No me canso de repetirles que los Carneros son involuntariamente egoístas.) Hay dos soluciones posibles. La primera consiste en que ella madure emocionalmente y comprenda que el ayer, ya pasado y olvidado, no puede ensuciar el presente, si éste es sólido y bello y bueno. Sin embargo, a la luz del temperamento marciano típico, esta solución es muy improbable. Choca con su naturaleza básica, a menos que ella tenga un signo lunar o ascendente más desapegado y objetivo, como Géminis o Libra. (Una Luna o ascendente Acuario también servirá, pero probablemente la hará demasiado desapegada y objetiva para el gusto de él, y creará otros problemas.)

La mejor solución será que el León le repita frecuente y periódicamente que sus experiencias sexuales pasadas y desechadas le produjeron reacciones negativas (hasta que ella sienta que ya no corre peligro de precipitarse en las tinieblas de la soledad)… y que después le enumere todos los aspectos de la dicha sexual que experimenta con ella, aspectos éstos que son no sólo superiores a los otros sino también «originales», compartidos únicamente entre ellos dos. No es necesario explicar aquí el significado de la palabra «originales». Cualquier pareja Aries-Leo lo entenderá inmediatamente. La franca admiración de ella por el coraje y la confianza y la sabiduría de él estimula toda la masculinidad del Leo (aunque también es posible que ella la amortigüe considerablemente, de cuando en cuando, con sus otras cualidades). La categórica negativa de él a dejarse dominar aviva en ella una feminidad latente que nunca imaginó tener, y que quizá no tenía… hasta que apareció él. Sin embargo, aunque es posible que se someta emocional y sexualmente a su León, nunca renunciará a su individualidad e independencia, ni siquiera por él. Él necesita una cuantiosa devoción para alimentar su ego hambriento, y para ella la devoción es análoga a la mansedumbre, cualidad ésta que nunca adquirió. Leo le dará multiples oportunidades para cultivarla. Ella sabe que él es más fuerte, y esto la excita. Pero si él utiliza esta fuerza para hacer valer su autoridad como un machista arrogante, ella volverá a enfriarse inmediatamente.

Una chica Aries nunca se someterá a ninguna forma de servidumbre femenina feudal. Sin embargo, será mejor que proceda con tacto si quiere que este Amo y Señor la deje en libertad. Cuando ella reivindique sus derechos, él rugirá, frustrado, una «gran y poderosa verdad»: «¡Sólo podré permitir que seas mi igual si tú reconoces antes mi superioridad!». A una chica Aries inteligente no le resultará difícil interpretar esta orden. Sólo implica que un orgulloso rey Leo, cuya soberanía suprema ha sido formal y debidamente reconocida, tendrá entonces la confianza y el poder necesarios para sentar a su reina Aries en un trono tan alto como el suyo, y para permitirle reinar a su lado. (Ella podrá lucir la tiara de diamantes, pero él retendrá el cetro.) Ella lo admirará, respetará y amará vehementemente. También seguirá muy aficionada a sí misma, y a hacer lo suyo… aunque tal vez permita que él le enseñe a hacerlo. Habrá momentos en que él sofocará su entusiasmo y la regañará con espíritu práctico para hacerla desistir de sus esperanzas. Habrá otras circunstancias en que ella lastimará su orgullo al interrumpirlo, o al olvidarse de pedirle consejo. Entonces él la dejará helada con su solemnidad mayestática, y ella lo ultrajará con su cólera tempestuosa. Pero cuando se derrita la gélida soberbia de él, y se aplaque la furia de ella, los dos siempre volverán a sumirse en la dicha. Después de que las llamas de la indignación hayan fulgurado y se hayan consumido, la necesidad abrumadora de volver a echarse el uno en los brazos clementes del otro creará el milagro de la primavera… la magia eterna.

Como les sucede a todas las parejas con la configuración de signos solares 5-9, el Carnero y el León descubrirán que su devoción recíproca se expande en un amor y una compasión de mayor envergadura, porque sobre la poderosa vibración de sus soles trígonos influye la benevolencia del regente de la novena casa, Júpiter. Toda asociación de signos solares 5-9 en la cual las dos personas implicadas actúan realmente en serio, experimenta en su relación, hasta cierto punto, el efecto de los rayos benéficos de Júpiter. Cuando realmente aman a alguien sin reservas, o sea cuando lo aman tanto que todo parece formar parte de todo lo demás, entienden mejor cómo se sienten los otros. Saben lo que le pasa a la gente cuando está dolorida, cuando está sola. Inexplicablemente, desean compartir con los demás su propia paz y alegría. Y de alguna manera encuentran la forma de lograrlo, juntos. El amor es una bendición para Aries y Leo en razón de lo que ven cuando se miran recíprocamente al fondo de los ojos. Él ve a una mujer suficientemente vulnerable como para necesitar de su sabiduría, pero suficientemente independiente como para desafiarlo y estimularlo. Ella ve a un hombre suficientemente afable como para tratarla con ternura, pero suficientemente fuerte como para protegerla y conquistarla. Y ambos ven… algo más… un misterio del ayer, una promesa para el mañana… algo que no pueden definir, acompañado por la música de la memoria. Entre Aries y Leo existe una relación química correcta. Cuando se tocan, y después le formulan juntos un deseo a Venus que flota en el firmamento matutino, las galaxias de estrellas expectantes los contemplan con portentoso regocijo, y les formulan un deseo a ellos… previendo que el nacimiento del amor entre estos dos puede ser el presagio de las lejanas profecías de paz prometidas al mundo… «cuando el cordero more con el león».

Adaptación de Linda Goodman

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4 Comments

  1. Un estudio magistral gracias por tam sabias y tan tacticas palabras. Es justo lo que estoy viviendo algo tan hermoso y magico a la vez que quiero permenecer a su lado pase lo que pase hasta siempre juntos

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