Hombre Aries Mujer Leo

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No es fácil vivir con la Leona, y a veces es sencillamente imposible manejarla. Puede ser orgullosa, retraída, vana, egocéntrica y arrogante. También puede ser una mujer fuerte, vital, cálida y generosa, si se reconoce y respeta su obvia superioridad. Aunque nunca capitula fácilmente, puede ser inesperadamente dócil con el hombre Aries que tiene la precaución de no destruir nunca su dignidad, y que expresa claramente cuánto la admira. Nadie que la conozca lo creerá posible, porque nunca la han visto someterse a los deseos ajenos tan gustosamente como a los de él. La astrología garantiza prácticamente la armonía y la dicha a esta relación de configuraciones de signos solares 5-9, abril-agosto, especialmente si existe un buen aspecto entre sus luminarias. En este caso, el amorío o el matrimonio casi podría estar forjado en el Cielo. Por supuesto, a las mujeres Leo no les gusta confesar que son derrochadoras. Te dirán que son muy ahorrativas, y hasta cierto punto algunas de ellas lo son. Los Leo pueden ser sensatos y prácticos en el contexto de los gastos normales, pero parecen entrar en trance cuando se trata de lujos, y a menudo escatiman en los gastos pequeños y después despilfarran en los grandes.

El hombre Aries generalmente despilfarra en los gastos pequeños y grandes. Es posible que todo esto no se aplique si uno de los dos tiene un signo lunar o un ascendente ahorrativo, pero aun así, tarde o temprano los dos exhibirán la esencia de su signo solar con arranques de generosidad. A ambos les encanta dar y recibir regalos. No es demasiado sorprendente que el hombre Aries que ama a una Leona la aliente a vivir a la altura de su orgullo y dignidad natales. Él piensa que una actitud majestuosa le sienta bien. (También le confiere a él la imagen de un auténtico triunfador, pues ha logrado conquistarla.) Aunque el Carnero pretende que las otras mujeres lo atiendan y vivan sólo para satisfacer sus deseos, a menudo exhibirá con esta mujer una faceta más tierna de su personalidad, y será más considerado con los deseos de ella. Quizá la coloca sobre un pedestal para ganar y conservar sus favores reales, pero es más probable que proceda así porque piensa sinceramente que ella merece un poco de veneración, dado que es tan especial… tan parecida a él (!).

Uno de los matrimonios más felices que conozco es el de una Leona y un Carnero, Durante años, él cocinó alegremente para ella, mantuvo la casa en orden y la mimó cariñosamente para asegurarse de que ella disfrutaba de un descanso suficiente, mientras completaba sin sobresaltos sus estudios de medicina, y después de postgrado, hasta convertirse en psiquiatra de mucho éxito. La experiencia sirvió para mitigar considerablemente su propensión ariana al «yo primero», sin lesionar su masculinidad. Como él adora a su bella Leona, ella lo trata con una afabilidad que no deja dudas acerca de quién es Tarzán y quién es Jane en su matrimonio. Cuando ella no trabaja, ella sirve las comidas. Cuando lo mira, sus ojos castaños irradian sincero afecto, y sus modales destilan la serena dulzura de una mujer que siente totalmente realizada su feminidad. Él la mira con franca admiración, e incluso permite orgullosamente que ella sea el centro de atención cuando reciben visitas, pero uno siempre tiene la clara impresión de que él es el hombre de la casa.

No se trata de que estos dos no tengan su cuota de desacuerdos. Los psiquiatras no son inmunes a las tensiones emocionales esporádicas, así como los dentistas no lo son al dolor de muelas. Pero un choque circunstancial de personalidades entre signos de Fuego pone el condimento de la excitación… y genera la muy anhelada reanimación que acompaña a la reconciliación. Una reyerta ocasional evita que Aries y Leo den por supuesto el amor, lo cual puede ser aburrido y soso. Estos amantes experimentan la necesidad básica de recargar periódicamente su pasión inicial. Los hombres Aries siempre corren activamente en pos de una meta, y existe la posibilidad de que el Carnero esté tan obsesionado por llegar allí que olvide alabar suficientemente a su compañera. Cuando la mujer Leo intuye que no la valoran como corresponde, se torna fría, indiferente… incluso perezosa. Descuida su feminidad, y no se interesa por su aspecto (un triste y serio síntoma premonitorio de su sufrimiento interior), o experimenta la reacción diametralmente opuesta: pone excesivo énfasis en su belleza y busca sin disimulo las atenciones de otros hombres.

Aún no ha nacido el Aries que acepte los coqueteos o una relación concreta de su mujer con otro hombre. La menor insinuación de infidelidad generará una feroz escena de celos. A la larga, esto puede resultar útil, si lo induce a comprender que ha omitido rendirle el homenaje romántico que ella siempre anhelará mientras viva. En realidad, no se puede decir que ninguno de estos dos sea inmune a los celos. De cuando en cuando, a uno de ellos se le puede ocurrir la idea de que tal vez sería «divertido» azuzar un poco a su pareja fingiendo interés por otra persona. La batalla campal resultante, entre estos dos signos de Fuego, es generalmente tan «divertida» como hacer cosquillas debajo del mentón a un gorila furioso, con una pluma. La mujer Leo necesita que le digan frecuentemente cuánto —y por qué— la aman. Entonces no desconfiará tanto del tiempo que él pasa fuera. El Carnero que malcríe a su majestuosa consorte no lo lamentará. Es posible que ella sea un poco exigente, pero esto no es tan difícil de soportar como el mal carácter que exhibe cuando la descuidan. Cuando esta mujer sospecha que la desatienden, empieza a conceder una importancia desorbitada a las trivialidades. La misma reacción se puede esperar del Carnero. Cuando piensa que no lo aman o atienden como corresponde, basta una provocación mínima, real o imaginaria, para que formule exigencias casi infantiles, y para que el resentimiento lo haga adoptar una actitud francamente petulante.

La ingratitud lo sumirá a él en una cólera furibunda… y la sumirá a ella en un gélido rencor. Los dos tienen un apetito exagerado de adulación, y necesitan de ésta para salvaguardar su amor propio. Cuando no encuentran una dosis suficiente en el mundo exterior —y casi nunca la encuentran— pueden concederse recíprocamente este valioso don, para compensar su carencia en otras partes. Desde el punto de vista sexual, generalmente están bien avenidos. Su necesidad compartida de afecto tierno atempera sus respectivas tendencias instintivas a hacer el amor con pasión desenfrenada. Aunque los dos son amantes, en el sentido más cálido de la palabra, también son idealistas. Un beso cariñoso en la mejilla es tan importante para ella. y para él, como las expresiones más eróticas de la unidad sexual. La personalidad del hombre Aries encierra una plétora de sentimientos y de pasión, que nunca dejan de arrancar una respuesta a la Leona. Cuando se trata de la satisfacción física, lo que ambos buscan es la delirante entrega de Lady Chatterley y su amante, mezclada —por partes iguales— con ternura poética. Existen muchas más posibilidades de que encuentren esta rara amalgama emocional entre ellos que con la mayoría de los otros seres.

Lo único que puede perturbar su relación sexual idílica es el resentimiento de él contra los antiguos amoríos de ella. Cuando se trata de una mujer Leo, los rescoldos de dichos amoríos no se extinguen nunca. Las brasas siguen incandescentes, muchos años después, no porque ella desee reavivarlas sino porque se resiste a desprenderse de los recuerdos de la veneración y la adoración pasadas. Estas remembranzas nunca se opacan en su mente. Si el Carnero llega a tropezar con alguna de las viejas cartas de amor que posiblemente ella ha guardado, y que relee periódicamente para nutrir su apetito romántico, probablemente se sentirá tan agraviado y furioso como si la sorprendiera en un acto flagrante de infidelidad. También es probable que la interrogue en tono de reproche acerca de sus amores pasados, haya guardado o no los mensajes románticos. Como ella ciertamente se jactará un poco, y quizás incluso exagerará respecto de todo lo ocurrido, él perderá la acariciada ilusión de que fue el único hombre que estuvo próximo a conquistarla… y la pérdida de esta ilusión puede perjudicar seriamente la armonía sexual de la pareja. Aries debe ser el primero (y el último) en el juego del amor, como en todos aquellos otros en los que participa. También le gusta ser el primero al que le prestan atención en las fiestas y por tanto es posible que no se desentienda de las mujeres que lo miran a él con admiración e interés. (Los Carneros no son egoístas, sino sólo imprudentes, a veces.)

¿Qué sucede entonces? ¿Cómo podéis preguntarlo? Recordad que la Leona quiere que todos sepan que es adorada por el hombre al que le ha permitido que la ame. El cometería una insensatez si la humillara así delante de los demás, por muy inocentes que fueran sus intenciones, porque esta mujer no tolerará semejante afrenta a su dignidad. Tal vez confíe suficientemente en sus propios encantos como para sentirse segura de que su amante o marido la adora, pero para ella es importante que los otros lo sepan igualmente. Si él hace algo por otra mujer en público, verá cómo su consorte espabilada, radiante y afectuosa se transforma delante de sus ojos en una gata agresiva… o peor aún, en una estatua de mármol, imagen de la fría desaprobación. Más tarde, cuando estén a solas, se producirá un estallido emocional. Pero se reconciliarán, casi antes de que las lágrimas de ella se hayan secado… y él tendrá otro motivo para decirle cuánto la ama, y para decirlo en serio. Ella, a su vez, tendrá otra oportunidad para confesarle cuánto lo necesita. Y ambos tendrán otra oportunidad para asegurarse recíprocamente que encuentran muy superficiales a las demás personas después de haber experimentado la hondura de su propia variante del amor y la amistad. Porque el Carnero y el León han sido agraciados con la más deseable de todas las bendiciones de los dioses: la aptitud para ser amigos, además de amantes.

Es posible que se turnen para infligirse agravios emocionales involuntarios, pero en todo lo demás confían el uno en el otro más que en cualquier extraño. Cuando concluye el desacuerdo entre ellos, quedan más convencidos que nunca de esta dichosa verdad. Esto es lo que tienen de hermoso las peleas entre Aries y Leo, a diferencia de las que se producen entre los otros signos solares. Así como cuando la frialdad del aire convierte en un milagro portentoso el advenimiento de la primavera, así también la desolación producida por el orgullo herido determina que la felicidad de reencontrarse después de haber estado a punto de perderse el uno al otro sea aún más deliciosa que antes. El Carnero impulsivo e impetuoso encontrará un cálido hogar en el corazón de la mujer Leo, y ésta pondrá por las nubes a su consorte Aries. Como recompensa, él la hará el precioso don de sí mismo, de todo su ser, y esto es algo que nunca le concedió a nadie… hasta que la conoció a ella.

Adaptación de Linda Goodman

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4 Comments

  1. Yo no puedo decir lo mismo,soy mujer leo nacida el 13/08/79 y el 23/03/77 aries,nunca nos llevamos bien y aún así aún vivimos juntos,estamos apunto de un divorcio,duramos 15 años más 2 años de noviazgo,No tuvimos hijos.El es narcisicista,autoritario y controlador y excesivamente sensible,perfeccionista.No funcionamos y ambos somos necios y tercos supongo por eso aguantamos….Me siento muy triste y solitaria pero veo que a el poco le importa,sólo piensa en so mismo,apesar de eso yo lo quiero mucho y siempre cedi,pues bien puede ser que nuestros planetas están mal alineados por eso nunca nos entendimos.

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