La relación ARIES-LEO

Casi todos saben que a Leo lo simboliza el León. En cuanto a los Carneros arianos, una vez que se les ha enseñado (Leo) los plácidos goces de la sumisión, se convierten en perfectos corderos. Ahora bien, la Biblia insinúa que cuando «el cordero more con el león» deberemos esperar ya sea el fin del mundo… o mil años de paz. Los teólogos y metafísicos discuten si la profecía tendrá un final feliz o trágico. Tal vez haya un poco de lo uno y de lo otro. Así ocurre en la mayoría de los casos. Esperemos, sin embargo, que el hecho de que el cordero more con el león traiga la paz permanente y no el Gótterdiimmerung (fin del mundo). Por supuesto, se podría argüir que una tregua en las peleas entre estos dos parecería el fin del mundo. Una relación mansa, somnolienta, entre ellos implicaría el fin concreto… de algo. Quizá de lo mucho que se divierten incitándose a correr hasta la meta, y compitiendo por las aclamaciones de los animales menores. Los Carneros son triunfadores. Indiscutiblemente. Su ocupación primordial consiste en triunfar. Así figura en sus currículums. Ocupación: ¡TRIUNFAR! Cualquiera que sea el juego —el del amor, el de la amistad, el de los negocios o el- de la vida familiar—triunfarán en él. Esto coloca a Aries en la cúspide. Los Leo no pierden su tiempo valioso esforzándose por triunfar en algo. No necesitan competir. Nacen superiores a todos los demás, y son evidentemente los más importantes en cualquier competición amorosa, comercial, amistosa o familiar. Esto también coloca a Leo en la cúspide… con mucho menos esfuerzo y energía. El interrogante es: ¿habrá espacio en la cúspide?

Bueno, sí… en un vasto estadio con mucha capacidad, cada uno de ellos podría apropiarse de una parte de los focos y de las reconfortantes salvas de aplausos. Pero en un escenario de menores dimensiones, como el que suministra un despacho, un aula, un apartamento o una casa… podrían estar un poco hacinados. Algo debería ceder. Concretamente, el ego descomunal de uno de los dos. No andaré con rodeos ni con tacto. El mensaje dolerá menos si es directo y rápido. Es el ego del Carnero el que debe doblegarse y rendirse a la majestuosidad de Leo, porque el León y la Leona han nacido para dirigir, han nacido para mandar, han nacido para ser los primeros… ¡HAN NACIDO LIBRES! O sea libres de la dominación de cualquiera, incluidos el gobierno, los recaudadores de impuestos, los astrólogos… y sobre todo los agresivos Carneros. El Aries que forma la mitad de este equipo deberá conformarse con saber que él o ella puede combatir con cualquiera de los otros signos solares y triunfar… (bueno, quizá no con Escorpión). Pero no todo está perdido. (Aries considera que nada se pierde, sino que sólo se extravía temporalmente.) Cuando dije que Aries no puede triunfar sobre Leo, lo dije en el sentido de ganar trofeos frente a un auditorio. En privado, el Carnero puede ganarle prácticamente cualquier torneo al Gran Gato, con sólo escuchar respetuosamente esas largas disertaciones del León, cubriéndolo de lisonjas… y reservándose sus intenciones y opiniones personales. La primera parte es fácil. A Aries le encanta levantar el ánimo de la gente y elogiar pródigamente a cualquiera que estimule la admiración de Marte por el poder y la fuerza (dos elementos que Leo tiene en abundancia). Sin embargo, a la mayoría de los Carneros les resulta difícil silenciar sus objetivos últimos.

A los Aries les gusta presumir cuando ganan una elección, una muñeca en un parque de diversiones, o una discusión. Hay un exceso de jactancia en esta doble combinación de signos solares, y es posible que la mitad felina del equipo se retire con la dignidad herida cuando salte a la vista que a él (o a ella) lo están manipulando o eclipsando sobre el escenario, dos alternativas que quebrantan su orgullo. No es por coincidencia que, en inglés, a un grupo de leones se lo denomina, técnicamente, pride, o sea, «orgullo». Si un León o Leona se encuentra en una posición en la que no puede alejarse con su dignidad herida (por ejemplo, si es un menor de edad o un cónyuge legal), se sentará enfurruñado en un rincón, y mirará desde allí con expresión de reproche, triste, mientras acaricia su vanidad. También existe siempre la posibilidad de que Leo ruja como el León de la M.G.M. y que denuncie ferozmente la injusticia perpetrada por un simple plebeyo. Esto puede ser tremendamente estruendoso. El Carnero estará más seguro si deja que el Leo de uno u otro sexo piense que ha ganado la partida que los dos pueden haber estado jugando. Nadie, dentro o fuera de la jungla, puede ser tan magnánimo, alegre y sencillamente digno de un abrazo como un Leo al que han halagado emocional y físicamente. Sin embargo, el Aries no sobresale en absoluto por su talento para las lisonjas. En sus fábulas, Esopo destaca cuán fácil es que un animal de menor cuantía, el chacal, maneje al León. Cuando el León se enfurece con él y ruge coléricamente, el astuto chacal recupera sin ningún esfuerzo la buena voluntad del soberano. Le basta con recordarle al León, en el trance culminante de su ira, que él es el Rey de la Jungla, el Monarca de Todas las Bestias, y que por tanto no debe esperar demasiado de un vil chacal. Esto es tan eficaz como un embrujo.

El problema consiste en que el Carnero no es un chacal. Es más probable que Aries le ordene a Leo, en el apogeo de la batalla (¡y vaya si habrá batallas!), que capitule… o se vaya. Esto creará inmediatamente una situación emocional sin salida. Puesto que es absolutamente imposible que un Leo se rinda… y puesto que irse es un acto de cobardía, indigno de un monarca (¿qué rey auténtico se retira jamás?), al León o la Leona no le queda otra alternativa que rugir con más fuerza, con creciente arrogancia. Finalmente, cuando el Aries descubra que ni siquiera los duros cuernos de un Carnero pueden con el espléndido coraje y vigor del León (emocional, mental y físico), todo terminará menos la vociferación, que podrá prolongarse durante un lapso agotador, porque estos dos signos solares son bastante aficionados a los discursos y posturas teatrales. «¡Cómo te atreves!» «¡A mí no me levantes la voz!» «¡No me des órdenes!» «¡No te saldrás con la tuya!» «¡No haré lo que me mandas!» «¡Oh, claro que lo harás!» «¡Esto ya ha durado demasiado!» «¿Sabes con quién te has metido? «¡Harás lo que te digo!» «¡Nunca! ¿Me oyes? ¡NUNCA!» Esto continúa… y continúa… y continúa. Si vendieran entradas, habría un lleno total. Ninguna de las obras que se representan dentro o fuera de Broadway tiene el impacto dramático, el suspense y la acción que estos dos consiguen insuflar en cada acto de la teatralización de sus egos… y el final reclama inevitablemente un bis. Conozco a una pareja Aries-Leo que se turna para levantar el volumen de su música y fraccionar así sus turbulentas sesiones.

Sin embargo, aunque Leo deba triunfar en última instancia, este signo solar no es un conquistador que inspire miedo, listo para apoderarse del botín de guerra y para triturar al vencido (o la vencida) bajo sus botas. Tanto los Leones como las Leonas se destacan por su generosidad y por la nobleza de su actitud respecto de los derrotados. Por supuesto, hay que admitir que los Carneros no son buenos perdedores. Pero si existe la posibilidad de que los Aries pierdan alguna vez decorosamente, ello ocurrirá en un enfrentamiento con un Leo. Estos signos solares son astrológicamente trígonos (armoniosos) y están influidos por la configuración mágica de signos solares 5-9 (véase la sección de configuraciones de signos solares en el final de este libro). Por consiguiente, cada uno de ellos intuye las cualidades superiores del otro, cuando las compara con las de cualquier persona conocida. Puesto que pocas veces dejan de experimentar una auténtica admiración recíproca, cuando se concierta la paz y se firma el armisticio, éste se halla a menudo lleno de juramentos Sin embargo, aunque Leo deba triunfar en última instancia, este signo solar no es un conquistador que inspire miedo, listo para apoderarse del botín de guerra y para triturar al vencido (o la vencida) bajo sus botas. Tanto los Leones como las Leonas se destacan por su generosidad y por la nobleza de su actitud respecto de los derrotados. Por supuesto, hay que admitir que los Carneros no son buenos perdedores. Pero si existe la posibilidad de que los Aries pierdan alguna vez decorosamente, ello ocurrirá en un enfrentamiento con un Leo.

Estos signos solares son astrológicamente trígonos (armoniosos) y están influidos por la configuración mágica de signos solares 5-9 (véase la sección de configuraciones de signos solares en el final de este libro). Por consiguiente, cada uno de ellos intuye las cualidades superiores del otro, cuando las compara con las de cualquier persona conocida. Puesto que pocas veces dejan de experimentar una auténtica admiración recíproca, cuando se concierta la paz y se firma el armisticio, éste se halla a menudo lleno de juramentos (dramáticos, por supuesto) de lealtad y devoción eternas. Hasta la próxima batalla. Entonces todo vuelve a empezar. En el círculo familiar, en el aula o la oficina, o entre amantes o cónyuges legales, la relación puede ser tierna y feliz, siempre que Aries esté dispuesto a aceptar a Leo como guía, preceptor, consejero o maestro… y siempre que Leo continúe envolviendo a Aries en la confortable tibieza de esa benevolencia y esa protección cariñosas que quienes están regidos por el Sol pueden suministrar con tanta naturalidad. En general, ésta será una asociación afortunada, aunque no siempre tranquila, porque la relación Aries-Leo está agraciada por la vibración mágica de la configuración de signos solares 5-9.

Leo brindará una plétora de halagos sinceros y extravagantes, cosa que Aries necesita como las flores necesitan de la lluvia. Y viceversa. Totalmente viceversa. Aries y Leo no sólo buscan estima, la reclaman perentoriamente. Si uno de ellos tiene un signo lunar o ascendente en un aspecto adverso, es posible que sus reyertas sean más crueles y agraviantes. Sin embargo, aun en estos casos, el desenlace final consiste generalmente en un acto de magnanimidad. Un motivo de fricción serán esas largas disertaciones sabihondas de Leo que empiezan a menudo con la frase: «Ahora escúchame, y te explicaré cuán equivocado estás». Como el Carnero tiene suficientes dificultades para lidiar con otra gente autoritaria en su vida cotidiana, es posible que la obligación de soportar el mismo sermón todas las noches a la hora de la cena inflame la mecha muy corta de la ira marciana… Pero les confiaré un secreto. En realidad, Aries le reconocerá muchos méritos a Leo, en privado, y respetará sinceramente —mucho más de lo que dejará entrever— los consejos que le da con tanta prodigalidad y frecuencia. Quizás esto se explica por el hecho de que los consejos que un Leo le da a un Aries están amortiguados muy a menudo por un afecto y una consideración muy sinceros. Los Carneros necesitan desesperadamente de una orientación cariñosa, y existe una probabilidad mayor que la media de que la reciban del León… o la Leona. Siempre que sea netamente «cariñosa» y no arrogantemente autoritaria.

Si por lo menos el Carnero pudiera aprender a pedirle a Leo que haga las cosas, en lugar de ordenárselo — «Hazlo ahora, sin chistar»— la relación entre ambos sería más apacible. Nadie da semejantes órdenes a los monarcas, ni siquiera los primeros ministros. El Carnero regido por Marte deberá hacer grandes esfuerzos para comportarse con más cortesía cuando quiera que Leo haga algo, pero valdrá la pena que los haga, porque si no la lucha por la hegemonía degenerará en una contienda permanente. Cuando se tratan con consideración mutua, ésta puede ser una relación singular y extraordinaria, porque Leo intuye las inseguridades y la dependencia que se ocultan detrás de la personalidad espectacular y valerosa de Aries, y sabe que la fachada de certidumbre del Carnero no está respaldada por la convicción interior… en tanto que Aries se acostumbrará a depender de Leo, que le aportará no sólo su mente bien organizada y su equilibrio en horas de tormenta, sino también la capacidad de su naturaleza soleada para impartir calor y significado a cada momento de la vida. El Carnero sabe que en realidad el corazón de Leo es trémulo y sensible, a pesar de que se oculta tras una máscara de superioridad y jactancia. Entre estos dos existe una gran simpatía natural, que salta a la vista cuando se sonríen. Se trata de una sonrisa extrañamente íntima, una sonrisa reconocida que dice: «Gracias por entenderme… yo también te entiendo a ti».

Aries y Leo encontrarán el uno en el otro la emoción que buscan continuamente. Ambos tienen personalidades esencialmente dinámicas, impulsadas por el deseo de vivir plenamente la vida, sin perderse nada. Saben que las estrellas se alborotan, como un campo de margaritas, en las alturas, más allá de lo trivial y mundano. Y aunque sus metas puedan diferir, a menos que al nacer uno de ellos haya tenido la Luna o el ascendente en un signo de mayor cautela financiera, como Cáncer, Escorpión o uno de los tres signos de Tierra, ambos serán partidarios de llegar a destino viajando en primera clase, no sólo en el sentido material sino en todos los otros. Es posible que para entender esto haya que reflexionar cuidadosamente. Podemos aceptar el mundo que crearon otros o imaginar un mundo nuevo. Aries y Leo preferirían materializar uno nuevo con su imaginación, quizá semejante a los que soñaban cuando eran niños. Tal vez sea éste, musitan cuando se encuentran. O por lo menos el germen de ese nuevo mundo. Nadie sabe a dónde llevará… pero no será aburrido.

Adaptación de Linda Goodman

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