Hombre ARIES Mujer CÁNCER

El hombre Aries se siente atraído al principio por la chica Cáncer en razón de que ésta parece seductoramente indefensa y femenina. (Nota: He dicho que parece indefensa. Volveremos sobre este tema más adelante. Es categóricamente seductora y femenina. Esto no se discute.). Parece necesitar su fuerte hombro masculino para llorar sobre él, y su fogoso apoyo emocional. Cuando la doncella lunar le consagra al Carnero su atención halagadora, total, él toma este hecho como una prueba de lo que siempre ha sospechado: a saber, que ninguna mujer se le puede resistir. Ella cocinará para él, lo mimará, se reirá de sus chistes, los complementará con otros muy graciosos de su propia cosecha, y transformará su vida, en general, en una larga y dulce melodía de reconfortante serenidad, con letra cómica. Pero la música que él escucha puede ser el preludio de la creciente sensación de que lo están sofocando. Como bien saben, si están familiarizados con la astrología, a los Carneros no les gusta que los sofoquen, con mantas, con autoridad ni con restricciones de ningún tipo… y ni siquiera con amor. Está bien que a uno lo sofoquen con cuidados, pero el hombre Aries no tolera que le expriman su libertad. Ahora bien, es cierto que nadie puede exprimir la libertad de un hombre en condiciones más indoloras y placenteras que una chica Cáncer. Si ésta actúa con sutileza, como la mayoría de las doncellas lunares, es posible que el viaje en su romántica alfombra voladora se convierta en una experiencia emocionante para el Carnero (deben saber que detrás de las virtudes domésticas de ella se oculta una arraigada pasión de viajar). Sin embargo, si el Cangrejo da muestras de que empieza a prenderse con demasiada saña, es posible que el ariano salte de la alfombra. Sin paracaídas, si es necesario.

Respecto de su condición de mujer indefensa: Más tarde o más temprano él descubrirá que es algo así como una ilusión… tal vez el día en que ella constituya la sociedad de su propio banco, redecore la casa de una amiga, presente su candidatura a diputada o rescate a un niño que se está ahogando en el océano, adelantándose al socorrista. Cáncer es un signo cardinal, y estas mujeres poseen un vigor y una tenacidad asombrosos, junto con toda esa fragilidad lunar. Es probable que una vez disipados los efectos de la primera conmoción, él la admire por ello. Admira todo tipo de fuerza, y ella es más fuerte de lo que parecerían indicar las tímidas lágrimas que derrama cuando él ofende sus sentimientos (cosa que puede ocurrir con frecuencia). Incluso es posible que se enamore aún más de ella cuando descubra que no es toda «azúcar y canela», porque esencialmente necesita una mujer capaz de enfrentarlo de cuando en cuando. Pero otras notas discordantes pueden amenazar con desquiciar el concierto de amor entre estos dos signos solares. El dinero, por ejemplo. Ella tiene una marcada compulsión a acumularlo, quizás incluso a utilizarlo para empapelar las paredes del dormitorio, la cocina y el cuarto de los niños (sus tres habitaciones favoritas). Para ella, la seguridad financiera equivale a la seguridad emocional. Las dos son inseparables. A él también le gusta el dinero, y se le pueden ocurrir cien formas excitantes de usarlo, pero la idea de atesorarlo en un viejo cofre herrumbroso relegado al desván, o en la caja de caudales de un banco, para precaverse contra posibles penurias, no figura a la cabeza de su lista. Aries piensa que el dinero ha sido hecho para gastarlo (o regalarlo). Su lema es: «El dinero no compra la felicidad».

Puesto que ambos están enamorados y son dichosos, ¿a quién le preocupa el dinero? A ella. A ella le preocupa. Porque, verán, su lema es: «La felicidad no compra el dinero». El hombre Aries que planea forjar un romance con una doncella lunar debe pensar en ello. Cuidadosamente. Igualmente no se pondrán de acuerdo, pero debe pensarlo. No pasará mucho tiempo antes de que él observe que ella está melancólica. Claro que él también lo está, pero su caso es distinto y comprensible. Cuando se trata de los Aries, todo lo que ellos hacen es distinto y comprensible… y también es justificable y permisible, así como disculpable. (Recuerden que Aries es el recién nacido simbólico del Zodiaco, adorable pero totalmente egocéntrico.) Él considera que los abatimientos de ella son gratuitos y húmedos calabozos de pesadumbre, y hay que confesar que son más profundos, oscuros y perdurables que los de él. A veces sucede que un Carnero saca a una chica Cangrejo de su periódica melancolía lunar con su puro optimismo. Esto lo hace sentirse fuerte y masculino, y le suministra a ella la estabilidad emocional que necesita. Pero existe el riesgo de que él se rebele eventualmente contra una depresión fluctuante que no puede sondear, aunque sólo sea porque ésta lo asusta y le hace pensar que quizá sus milagros marcianos de invención casera no tienen el poder de modificar el Universo, como él creía.

Antes que enfrentar esta horrible hipótesis, él preferirá separarse. Es posible que no llegue muy lejos. Es bastante agradable reencontrarse —y reconciliarse—con ella… ¿y qué otra mujer podría bañar su ego en tan seductoras tonalidades de color lavanda y verde claro, con tan plateada sinceridad? Ella es graciosa y tierna al mismo tiempo, y eternamente capaz de sacarlo de esos fosos donde él se arroja de cabeza. Además, prepara unos estupendos pasteles… y la atracción química que los une es una virtud adicional. Quizá no fue lo que los unió al principio, porque el interés inicial pudo descansar sobre otras bases… pero después de un tiempo se transformó en un aspecto positivo de su relación, muy digno de tomar en cuenta. La imaginación lunar de ella enciende enseguida la llama de la sexualidad marciana, y la forma entusiasta, idealista, en que él hace el amor, puede extraerla de su caparazón tímido (o arisco) y proyectarla a una bella materialización de la pasión latente. La actitud de Aries respecto del sexo contiene un elemento afectuoso capaz de llegar a una parte de la naturaleza de ella que se ha ocultado tímidamente detrás de su risa delirante de Pájaro Loco, hasta que el hombre apropiado venga a descubrirla.

Afortunadamente, sin embargo, el sentimiento práctico de Cáncer, muy arraigado en esta mujer, no tarda en advertirle que «no sólo de flores vive el hombre… también necesita pan». (A veces Cáncer se las ingenia para retorcer los axiomas, o para ponerlos patas arriba, con el fin de subrayar lo negativo y eliminar lo positivo.) Es entonces cuando puede empezar el verdadero conflicto económico: cuando ella menciona el dinero en medio de un interludio romántico, en el preciso instante en que los dos están a punto de convertirse en «uno». Súbitamente un estallido emocional sustituye a la intimidad sexual. Toda relación entre Aries y Cáncer está sujeta habitualmente a un generoso surtido de peleas por dinero: cómo conseguirlo y cómo gastarlo. Él es dispendioso, ella es ahorrativa. Por lo menos, ella es normalmente económica, hasta que cae en uno de sus múltiples estados depresivos, generados por las fases lunares, y se da el gusto de comprar un cúmulo de frivolidades femeninas para apuntalar su ego menoscabado. Sin embargo, en la mayoría de las otras oportunidades, es renuente a desprenderse del dinero, para decirlo con términos benévolos. Si consiguen superar el punto crítico de las finanzas, mediante concesiones mutuas, Aries y Cáncer tienen el potencial necesario para construir juntos algunos sólidos castillos de ensueños, especialmente si existe un aspecto trígono o sextil, o una conjunción, entre el Sol de él y la Luna de ella, o viceversa.

La combinación entre los arranques creativos de fantasía y la actitud prudente respecto del dinero, típicos de ella (una extraña contradicción de los Cáncer), y la audacia y la determinación marciana, típicas de él, generalmente inmunizarán a esta pareja de signos solares contra la necesidad de recurrir a la asistencia social del gobierno. Igualmente, los problemas no se han agotado. Los accesos de melancolía de ella continúan hostigándolos. Es posible que él no entienda que las necesidades emocionales de Cáncer son muy delicadas, y que se sienta totalmente desconcertado por sus cambios de humor. La agudeza de percepción no se cuenta entre las virtudes de Aries. Lo que sucede puede dejarlo perplejo. ¿Qué torpeza habrá cometido él? (Ninguna. Es la Luna, les repito.) Hacía apenas un momento ella andaba dando saltitos como un pájaro bobo, parloteando y riendo y tarareando una melodía, mientras alimentaba al gatito… toda sonrisas. Y ahora,

las lágrimas. ¿Qué pasó? Hay que consultar el almanaque o el diario vespertino. Puede ser la Luna llena. O tal vez algo que él dijo sin siquiera darse cuenta, lastimó sus sentimientos. Posiblemente omitió fijarse en su vestido nuevo, u olvidó decirle que su comida estaba delicioso. Desde su infancia, esta chica ha temido que nadie la amara. Él deberá enseñarle afablemente que la mejor forma de obtener cariño… consiste en darlo. (Lo cual no será fácil, porque ésta es una lección que él también necesita aprender, desesperadamente.) El hombre Aries debería recordar que la forma de mantener contenta a una doncella lunar consiste en cuidar que ella reciba montones de cariño, montones de alimentos y montones de dinero. No es voraz sino que sencillamente tiene apetito de seguridad, y esto no es ni remotamente lo mismo.

He omitido algo. Si se trata de una dama lunar típica agregad a la lista: montones de hijos. Bueno, por lo menos unos cuantos. Al Carnero casi siempre lo entusiasma la idea de la próxima paternidad, y ella adorará esta cualidad suya. Pero cuando a los niños les crezcan las alas, es posible que él y ella empiecen a tirar del carro parental en direcciones opuestas. Él es partidario de inculcar a los jóvenes el espíritu de independencia. Aunque puede ser autoritario y exigente con ellos, es proclive por naturaleza dejarles mucha libertad para desarrollarse. Ella se toma la maternidad en serio, y quiero decir muy en serio. Vigilará atentamente su alimentación, su indumentaria, sus romances, sus carreras y su salud. Los atiborrará de sopa de lentejas, los mimará, los consentirá y los controlará… todo con un aire de cordial persuasión, desde luego. Nadie sabe mejor que mamá lo que conviene Comer, cómo conviene vestir, y a quién no hay que amar y con quién no hay que casarse. Por todo lo cual el Carnero podría acusarla de asfixiar sus individualidades… y ella podría acusarlo de ser demasiado hosco y demasiado indiferente, alternadamente. Es posible que los vástagos sientan a veces que están siendo triturados lentamente entre dos paredes de cemento. Es indispensable que lleguen a una transacción acerca de la forma de criar a los hijos, porque de lo contrario la relación se resquebrajará irreparablemente.

La capacidad del Carnero para dar y recibir cariño depende de que se vea a sí mismo como el más fuerte. Necesita disfrutar de una libertad constante de expresión y de acción. Su mujer deberá tener una fe absoluta en la aptitud de él para mover montañas. De lo contrario es posible que sus emociones frustradas forjen extrañas configuraciones neuróticas, y conviertan al Carnero valeroso en una oveja mansa y desdichada. Como si estuviera bajo los efectos de un embrujo maléfico. Ella nunca deberá recordarle que es más hábil que él para hacer malabarismos con la cuenta bancaria (aunque lo sea), ni deberá formular ningún otro comentario que pueda obrar en detrimento de su masculinidad. Si ella se abstiene de robar sus ensueños, él se quedará a la vera del hogar, satisfecho. Si ella le permite ponerse a la cabeza del desfile, sin empañar sus esperanzas, él se las arreglará para hacer desaparecer definitivamente el cúmulo de preocupaciones y temores que ella alimenta en secreto. Pero siempre existe la posibilidad de que los silencios exasperantes de ella, su humor huraño y sus ataques ocasionales de histeria lo hagan trepar por las paredes de la casa, empapeladas de dinero, y lo empujen a partir… y también existe la posibilidad de que las palabras agrias y el comportamiento impulsivo del Carnero hagan bullir la naturaleza acuosa de ella, que terminará por desbordarse y por ahogar la iniciativa de él.

Cuando ella se eche a llorar y él no sepa por qué, no deberá irse impacientemente de la habitación. En cambio, deberá cogerla en sus brazos y arrullarla con tiernas palabras de consuelo, para contener las mareas de miedo y soledad que se levantan en ella, susurrándole suavemente: «Por favor, no llores, y no te preocupes. Todos te aman porque eres muy lista y muy bella, y porque cuentas unas historias divertidísimas. Además, es casi seguro que algún día seremos ricos. En cuanto a mí, te amo más que el resto de la gente, o sea realmente mucho. No somos tan pobres y nunca lo seremos. Ahora quiero que te laves la cara, que te cepilles el pelo, que te suenes la nariz, y que te pongas un lindo vestido, porque te llevaré a cenar fuera». En ese momento deberá mencionar el nombre del restaurante más caro y sofisticado de la ciudad. Ella dejará de moquear inmediatamente.

—¿Pediremos los nueve platos, incluida la bandeja de postres? —preguntará, entonces,

experimentalmente, con un nuevo fulgor en los ojos. —Sí, cariño, los nueve platos, incluida la bandeja de postres… y después iremos a ver una película, la que tú prefieras. La última promesa surtirá el efecto deseado. Posiblemente ésta es la primera vez en muchos años en que el Carnero desconsiderado y egoísta le invitará a ver una película.

Adaptación de Linda Goodman

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