Relación Aries-Géminis

No era realmente la noche del sábado, al menos podría haberlo sido, porque hacía mucho que habían perdido la cuenta de los días; pero siempre que querían hacer algo especial decían que ésa era la noche del sábado, y lo hacían. Si trabajaran en equipo, esta combinación de signos solares podrían vender lo que quisieran. Como a Aries y Géminis les gustan las causas nobles, y como comparten el mismo talento para convertirse en vendedores creativos y perseverantes, pueden ejecutar juntos fabulosas hazañas de ingenio. También comparten una actitud displicente respecto de la acumulación de grandes cantidades de poder o dinero, y quizás esto explica por qué tan pocas veces tienen todo el éxito que deberían tener, si se considera la energía emocional (Aries) y mental (Géminis) que invierten en todo lo que les interesa… por el momento, quiero decir. Nada retiene el interés de ninguno de estos signos solares durante más de un minuto. Bueno, a veces durante dos o tres minutos. Puesto que Aries bulle con ingenua impetuosidad, y Géminis está resuelto a conquistar la independencia absoluta mediante la ruptura de todas las ataduras del espíritu, es raro que sus actividades recíprocas estén sustentadas por la madurez de pensamiento.

Se podría decir que las cualidades combinadas de la asociación entre esta configuración de signos solares 3-11 muestran una imagen de optimismo, salpicada por breves tramos (generalmente muy breves) de sensibilidad e inseguridades ocultas. Cuando Aries y Géminis fusionan sus naturalezas como vecinos, amigos, socios, parientes, amantes o consortes, se duplican sus afanes individuales por liberarse de todos quienes querrían inmovilizarlos en una ciénaga de normas convencionales y precauciones. Separados o juntos, parecen jóvenes, actúan como jóvenes… y por tanto, con la mayor naturalidad, a menudo tienen un comportamiento infantil. Ahora bien, los niños pueden ser cautivantes y cándidos, y pueden inspirar cariño. También pueden ser involuntariamente egoístas, irracionales y desconsiderados. Lo mismo vale para cualquier asociación concertada entre este equipo colocado bajo la influencia 3-11. Es preferible que ambos, o por lo menos uno de los dos, madure eventualmente, porque si no la mayor parte del tiempo que pasen juntos lo dedicarán a jugar en una montaña de arena, con un par de cubos de colores brillantes y grandes palas, en busca de lo que todos saben que ellos son especialistas en endilgarse recíprocamente y en endilgarle al resto del mundo.

Básicamente, tanto Aries como Géminis son honestos —especialmente los Carneros— pero ambos pueden embaucarse a sí mismos hasta olvidar dónde termina la honestidad y empieza el autoengaño. Esto se debe a que son inocentes o ignorantes —quién sabe cuál de las dos cosas— en lo que concierne a sus propias naturalezas individuales. En otras palabras, ambos son tan expertos cuando se trata de venderse algo a sí mismos como cuando se trata de vendérselo al público en general. Si el producto que venden no es genuino, casi siempre el Géminis será el primero en sospecharlo, con la mente aguzada y analítica de Mercurio, aunque también es capaz de embaucarse a sí mismo (o a sí misma), y seguirá imaginando que posiblemente el producto continúa siendo lo que él (ella) pensó originalmente que era. En cuanto a Aries, a este signo solar le resulta tremendamente difícil detectar la diferencia entre lo que brilla tan tentadoramente… y el oro auténtico. El Carnero sólo aprende a discriminar después de reiteradas y dramáticas desilusiones y desengaños.

He estado hablando de «ellos dos». En realidad, quizá debería referirme a «ellos tres», porque aunque Aries es evidentemente una sola persona, indivisible, «con libertad y justicia para todos», todo Géminis es netamente dos personas, aquella que él-ella es verdaderamente… y la persona que a él-ella le gustaría ser. Ya saben, los Gemelos. Sumen el ego del Carnero —un ente casi autónomo— y podría producirse una gran aglomeración, con todas estas auras que se mezclan, que se atraen y se repelen, que se fusionan y chocan, alternadamente. No será una mala idea que las personas con estos dos signos solares, no obstante su condición esencialmente compatible, se separen de vez en cuando y se miren con nuevos ojos desde lejos. Así se despejará parte de la espesa bruma que necesariamente se acumulará entre ellas. Aries arremete instintivamente, convencido de la sinceridad de su causa, así como del triunfo final, y tiene poco o ningún tiempo para reflexionar sobre los pros y contras de cualquier situación o problema dado. A la inversa Géminis sopesa, individualiza y desentraña todas las maniobras y conclusiones posibles con la objetividad y la lógica frías, informales, que son tan típicas de los tres signos de Aire (Acuario y Libra son los otros dos). Sin embargo, es posible que Géminis no tenga espíritu práctico, a pesar de todas sus acrobacias mentales. Géminis puede deducir rápidamente qué es lo que tal vez fallará, pero a menudo resuelve ganar en ingenio al hado o el destino, e incluso a sí mismo (o a sí misma), valiéndose de la inteligente estrategia mercurial. Hay otras diferencias de criterio entre estos dos.

Aries, influido por un signo cardinal, insistirá en marchar a la cabeza, en conducir, en desafiar, en iniciar e inspirar siempre, con entusiasmo y audacia. El Carnero aceptará prácticamente cualquier idea, sensata o insensata, que cautive y estimule sus emociones… y a la que su ego pueda asociarse de manera personal. El Géminis inconstante prefiere asociarse de manera impersonal, y aceptará las ideas que sean afines con el proceso mental deductivo. Se comunicará mediante la lógica y la sagacidad de la razón de Mercurio, mientras su auténtica personalidad permanece en segundo plano, atenta, sin que quienes son hipnotizados por el encanto de Géminis sospechen su presencia. A Aries le gusta cabalgar en el elefante que encabeza la columna y saludar a la multitud, pero los Gemelos no alimentan el deseo devorador de convertirse en héroes o heroínas. Géminis preferiría delegar en otros todos los deberes y obligaciones constrictivos del liderazgo, y mantenerse libre de responsabilidades, libre para ensayar el mérito de nuevas ideas… para explorar a nuevas personas, nuevos lugares o cosas.

El análisis geminiano es menos vehemente que el de Aries, porque la computadora mental lo examina todo serenamente en busca de posibles defectos… o virtudes. Aunque el enfoque de Géminis es esencialmente intelectual, los Gemelos simpatizan con la actitud emocional del Carnero, al mismo tiempo que conservan su independencia respecto de este compromiso exagerado. Los hombres y mujeres regidos por Mercurio comprenden los impulsos temerarios de Marte. Sin embargo, se dan cuenta de que a ellos les conviene evitar las complicaciones emocionales, siempre que ello sea posible. Los Géminis desconfían de las estrechas relaciones humanas que amenazan con sofocarlos, de los empleos a largo plazo sin cambios ni estímulos… de cualquier cosa que inmovilice sus sueños o corte las alas de Mercurio, porque temen que su propio espíritu quede apresado. El signo de Aire de Géminis anhela remontarse por encima de las llamas que arden alrededor del signo de Fuego de Aries. Al mantenerse retraído y ligeramente apartado, Géminis se las apaña más a menudo para conquistar el tipo de libertad que Aries también desea pero no siempre consigue. Por supuesto, un exceso de libertad mental y emocional puede generar sus propias confusiones, y cuando los Gemelos quedan atrapados en la red de sus propios vericuetos mentales, a veces la misma desenvoltura del Carnero puede ayudar a desatar los nudos.

Afortunadamente, el Aries típico no sólo intuye la dualidad de Géminis sino que además está dispuesto a concederle espacio para que exista. Por ello esta asociación es a menudo beneficiosa para el geminiano, porque la comprensión —o la incomprensión—respecto de sus sueños, influye mucho para determinar si éstos se materializan, sencillamente se enrumban, o se convierten sólo en quimeras que Géminis siempre persigue pero nunca alcanza. El Géminis soñará desde su más temprana infancia hasta pasado el límite del siglo. La mayoría de las personas interpretan la curiosidad y las ansias de experimentación de Mercurio como un mosaico de afanes excéntricos y volubles, pero el Carnero parece entender que esta miríada de intereses sólo representa el esfuerzo de Géminis por integrar la multifacética personalidad mercurial, que tanto fascina a Aries. Es más difícil que a Aries le disguste que Géminis revolotee de un tema a otro, buscando todas las respuestas, mientras descarga un torrente continuo de imaginación y energía estática. Interrumpir a un ave mercurial mientras se expresa verbalmente es como tratar de capturar una luciérnaga y, curiosamente, los Carneros (que a su vez son relativamente expertos en interrupciones) así lo entienden. Estos dos se interrumpen continuamente, con una recíproca falta de resentimiento, y éste es un detalle muy simpático de su asociación.

Si en sus cartas natales existe un aspecto negativo entre el Sol y la Luna o el ascendente. es posible que Aries acuse a Géminis de fantasear demasiado y de no hacer suficientes cosas concretas, y que intente acorralarlo para obligarlo a formular respuestas directas. Tal vez entonces la lengua cáustica de Géminis lastimará el ego ultrasensible del Carnero, y estallará una batalla feroz en cuyo transcurso saltarán chispas en todas direcciones a medida que la actitud insustancial de Géminis avive las llamas de la cólera de Marte. Sin embargo, los vientos cambiarán, al cabo de un tiempo, incluso después de las escenas más tempestuosas… y casi nunca alguno de ellos dejará perdurar el resentimiento. Como sucede con todas las configuraciones de vibraciones 3-11, Aries y Géminis son básicamente buenos amigos, y casi siempre continúan siéndolo. Además, son capaces de comunicarse verbalmente sus diferencias de opinión tanto como haga falta para despejar la atmósfera y reanudar la relación armónica.

La mente mercurial de Géminis, aunque a veces se disfrace inteligentemente tras una máscara de aplomo y simpatía, es muy inquieta. Gira continuamente. Aries montará alegremente en ella, y probablemente disfrutará de la vertiginosa experiencia. Mientras el Carnero no intente aprisionar el espíritu libre de Géminis con demasiadas preguntas y exigencias, los dos se entenderán bastante bien. (Los cuatro, si contamos al Carnero, los Gemelos y el ego de Marte). Aries y Géminis pueden construir, con el éter multicolor de sus imágenes mentales combinadas, castillos de arena suficientemente altos como para llegar a las estrellas. Pero los cimientos deberán ser sólidos y estables, porque de lo contrario se derrumbarán. Si construyen sólidamente desde el principio, el producto final podrá ser realmente portentoso: una suma de arco iris, mariposas y duendes. La paciencia es la llave secreta para pasar al otro lado de la valla, donde la hierba siempre les parece más verde y fresca a Aries y Géminis, los jóvenes eternos, que andan en busca de sitios mágicos. Juntos, tienen más posibilidades que la mayoría de las personas de encontrar esos lugares… e incluso más posibilidades que ellos mismos si hubieran emprendido la búsqueda aisladamente.

Adaptación de Linda Goodman

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