Relación Aries-Aries

En primer término, quizá deberíamos analizar la cantidad de errores que dos Carneros pueden cometer cuando están estrechamente asociados. Es descomunal. Sencillamente descomunal. Igualmente, la cantidad de aciertos también puede ser abrumadora… y puesto que los Carneros se sienten a menudo obligados a zambullirse impulsivamente de cabeza en los charcos (Aries siempre embiste con la cabeza), no se sentirán tan solos cuando queden atascados patas arriba en el lodo, con la compañía de un alma afín. Cuando estas dos fuertes personalidades mezclan por primera vez sus auras particulares, despejen el terreno e inicien la cuenta atrás previa al estallido, que consiste generalmente en una eclosión de empatía espontánea. Es realmente regocijante descubrir una personalidad positiva, entusiasta y abierta, después de haber tenido que soportar a todos esos aguafiestas aburridos… los taciturnos y mezquinos, y sobre todo esos individuos fríos, inabordables, que te hacen el vacío cuando lo único que deseas es mostrarte cordial. ¡No es extraño que se produzca tamaña avalancha instantánea de admiración mutua! Ambos Carneros se sentirán maravillosamente aliviados de que el otro no adopte una actitud engreída respecto de cosas tales como la extravagancia, el comportamiento impulsivo, los discursos imprudentes y el retraso en las citas. No sólo esto: ahora contarán con alguien que los acompañará a la consulta del dentista sin acusarlos de «cobardía».

La mayoría de los arianos aborrecen dos cosas por igual: a) ir al dentista, y b) que les tomen una foto «espontánea» o de otro tipo. El hecho de quedarse quietos en sus asientos, posando, mientras el fotógrafo acomoda las luces del estudio, los fastidia casi tanto como el tener que someterse a la extracción de una muela o a un tratamiento de conducto, les preocupa más verse bien en esos momentos. Por lo general están desmedidamente preocupados por su imagen y son un poco vanidosos. (Astrológicamente, Aries rige el aspecto físico.) El miedo que el Carnero le tiene al dentista no menoscaba, empero, su coraje. Marte les suministra a estas personas todo el coraje que necesitan, y un poco más por añadidura cada vez que lo solicitan, incluso sin muchos preparativos previos. Su terror al torno es un trauma aislado, y no debe interpretarse como un testimonio de que los Carneros son cobardes. Sencillamente no les gusta que nadie se meta con su cabeza. Esto incluye normalmente las drogas. Incluye categóricamente los ojos, los oídos, la nariz y la boca… y también el cerebro, lo cual significa que tampoco hay que meterse con sus ideas. Por ejemplo, a la mayoría de las mujeres Aries les disgusta concurrir a los salones de belleza. Las expertas en belleza son muy prepotentes, y sencillamente no te peinan como les pides que lo hagan, o no marcan la raya donde les pides que la marquen. Al fin y al cabo, el cabello no es de ellas, sino tuyo, pero si les cedes un centímetro te cortarán cuatro. Es posible que la mujer Aries se corte el cabello drásticamente y lo deje demasiado corto, o disparejo, cosa que lamentará más tarde… pero si otra persona la convierte en una oveja esquilada se pondrá furiosa. Tan furiosa como se pondría consigo misma. (Aries no es nada selectivo a la hora de encolerizarse.)

Las chicas Carnero prefieren tomarse el trabajo extra de lavarse el pelo en casa con tal de no soportar a una peluquera que cree ser propietaria de sus cabezas. La sensibilidad de Aries respecto de todo lo que está asociado con la cabeza es realmente muy pronunciada. Usted también sería sensible si tuviera diseminadas por ésta y por la cara más o menos una docena de cicatrices que empezó a coleccionar en la infancia, a fuerza de embestir las cosas (y a las personas) a topetazos. En cuanto al «trabajo extra» de hacer algo por sí mismos, esto no es grave. A los Carneros casi nunca les molesta tomarse un «trabajo extra» por sí mismos o por los demás. Cuando se trata de los demás, el trabajo extra es producto del impulso generoso de las almas regidas por Marte que tienden a dar más de lo necesario de su tiempo, su dinero, su amor, su lealtad y todo lo demás. Cuando se trata de ellos mismos, generalmente se imponen el trabajo extra porque fomentan problemas que no existirían si dejaran todo como está. El Carnero considera que la máxima según la cual «lo mejor es enemigo de lo bueno» entraña una necedad. ¿Por qué habría de conformarse con lo «bueno»? ¿Qué clase de objetivo es éste cuando, con un poco de esfuerzo, se puede transformar lo bueno en mejor? (Aries nunca piensa que lo bueno puede transformarse en peor.)

A menos que uno de los Carneros, o ambos, tengan un signo lunar o ascendente Capricornio, Tauro o Cáncer, probablemente les resultará fácil obtener dinero prestado el uno del otro, y es difícil que alguno de ellos reclame destempladamente que se lo devuelvan pronto… lo cual crea otra área de empatía entre los dos. Ambos proceden con rectitud en todos los órdenes de la vida, incluido el financiero. Nunca se les ocurre engañar a nadie. En verdad, no saben hacerlo. Es posible que de vez en cuando sobreestimen su capacidad para pagar, o incluso que se olviden de una deuda cuando están comprometidos en algo nuevo y muy emocionante que consume toda su atención, pero nunca son deshonestos, y jamás son taimados. Nada lastima y encoleriza tanto a un Carnero como el hecho de que desconfíen o sospechen injustamente de él. Al hombre o la mujer Aries típico lo mortificaría decepcionar a cualquier persona a la que le haya dado su palabra, y esto incluye a los acreedores. Es posible que los arianos sean olvidadizos o morosos, pero finalmente pagarán íntegras todas sus deudas, y a menudo en exceso… porque los Carneros no son exageradamente desconfiados, ni cautos, cuando se trata de gastar, así que es fácil que les vendan y les cobren de más. No importa. Marte piensa que cuando el dinero desaparece, ya aparecerá más, de una manera u otra. (¿Acaso el recién nacido se preocupa pensando de dónde vendrá el próximo pañal seco o el próximo biberón con leche? Claro que no. Aparecerá por arte de magia cuando lo necesite. ¡Esto lo saben todos!).

Cada persona Aries implicada en esta asociación de la configuración de signos solares 1-1 se sentirá conmovedoramente agradecida por la confianza de la otra. No sólo los dos Carneros casi siempre confiarán instintivamente el uno en el otro, sino que no se aprovecharán el uno del otro, y si se piensa en el trato que generalmente les dispensa a ambos el resto del mundo, esto puede producir una sensación cálida y maravillosa. Al principio todo es un carrusel de dicha entre Aries y Aries, pero cuando se derritan los rosados filamentos de azúcar, pueden aflorar trances de desilusión. ¿Saben lo que sucede cuando el Fuego se encuentra con el Fuego? Se elevan llamas más altas y más ardientes. Esto debería presagiar las ramificaciones posibles de una asociación entre dos Carneros ya sea de naturaleza comercial, romántica, amistosa o de otro tipo. Podría ser de otra manera, si ambos se empeñaran en emprender a cabezazos la imposible tarea de quebrantar recíprocamente su espíritu vulnerable pero indomable e inconquistable. Entre los arianos extrovertidos más típicos están dispersos otros menos comunes, semejantes a ovejas, cuyas personalidades marcianas han sido tristemente pulverizadas en la infancia, y que por consiguiente controlan su exuberancia natural detrás de una introversión muy antinatural. Si los dos Aries comprometidos entre sí pertenecen a este grupo, tal vez no parezcan capaces, exteriormente, de provocar sus respectivas cóleras, pero las apariencias engañan. Es seguro que en algún momento, de alguna manera, entrechocarán sus cuernos.

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Cuando Marte choca con Marte, el resultado puede ser una guerra en gran escala, con un heroico y pintoresco flamear de banderas. Es inevitable que se produzcan estallidos ocasionales cuando estos dos viven en estrecha proximidad cotidiana, sin que algún alejamiento mitigue su asociación. Pero también habrá algunas gloriosas euforias que compensarán estas depresiones. Durante la mayor parte del tiempo, el carácter franco y enérgico de Marte creará una corriente de simpatía entre los dos Aries. Es previsible que las crisis se produzcan cuando se superpongan sus respectivas necesidades de satisfacer las tendencias egocéntricas. He aquí una posible solución para el problema: un Carnero puede salirse con la suya los lunes, miércoles y viernes, y el otro manda los domingos, martes y jueves. Los sábados sencillamente entablan batalla y dejan que el Carnero con cuernos más fuertes gane… y cure las heridas del perdedor con la instantánea contrición y la tierna generosidad que son típicas de Aries. Ésta es una fórmula que dará buenos resultados en la mayoría de los casos, porque a ninguno de los dos le molestará quedar relegado periódicamente a segundo plano si sabe que al día siguiente podrá volver a llevar la batuta.

Se ha dicho que los Aries tienen personalidad. Es cierto. Una personalidad caprichosa. Pero, no obstante la fachada marciana, a veces hostil, intuyen sus respectivas necesidades desesperadas de hacerse acreedores al aprecio y la estima de los demás. Cuando se juntan, es posible que se disputen el liderazgo, pero la experiencia les suministrará algunas merecidas lecciones. Seguramente la conmoción de convivir con alguien —o de estar próximo a alguien— que es tan inocentemente desaprensivo, egoísta y agresivo como uno mismo, ablandará a cualquier Carnero topador, aunque queden algunas cicatrices como testimonio de las lecciones de convivencia así aprendidas. El corazón de los Aries siempre tiene más cicatrices que las que los Carneros exhiben o discuten abiertamente. Será necesario que ambos comprendan que Aries es el recién nacido del Zodíaco, que simboliza el despuntar de la conciencia de la personalidad, o la Aurora. Aries representa al Este, a las fuerzas diurnas, y ésta es la razón por la cual la mayoría de ellos combaten con tanto vigor el sueño, la tranquilidad, el descanso y la resignación al destino.

La intromisión negativa de la crítica o el pesimismo, cualquiera que sea su magnitud, oscurece el horizonte «oriental» del Carnero, y aplasta considerablemente el espíritu de Aries, especialmente cuando quien machaca vigorosamente la inocencia y la fe naciente es otro Carnero. Sin embargo, es raro que el resentimiento temporal perdure hasta convertirse en un rencor permanente, porque Aries alimenta una fe infantil en el hecho de que el problema se puede resolver de algún modo y de que la relación se puede enmendar cada vez que se rompe. Al Carnero le parece inconcebible que una situación específica pueda ser distinta de como él (o ella) la ve en un momento dado. Sin embargo, nadie (excepto un Sagitario y un Géminis) puede corregir con más rapidez un enfoque equivocado, ni sepultar más cabalmente la desdicha y el agravio de ayer. que un hombre, mujer o niño Aries al que se lo trata con dulzura. Para un Aries de uno u otro sexo, o de cualquier edad cronológica (exceptuando la presencia de un signo lunar y/o un ascendente más pesimista), cada amanecer trae un nuevo pacto de resurrección… la resurrección de una idea, de un objetivo o de una amistad desquiciados. ¿Por qué mirar atrás, o preocuparse por lo pasado e irremediable, cuando el hoy está tan preñado de promesas?

El problema consiste en que, si bien los Carneros necesitan que los traten con dulzura, ellos no son propensos a tratarse entre sí (ni a tratar a nadie más) con dulzura. Los arianos no parecen captar el sentido profundo de la regla áurea. Comprenden, e incluso personifican, su generosidad y clemencia, pero no son capaces de interpretar cabalmente lo que significa tratar a los demás con la misma ternura con que ellos necesitan ser tratados. No dejan que nadie los lleve de las narices, los empuje ni los coaccione, ni siquiera quienes son obviamente más fuertes que ellos, y ciertamente tampoco los otros Aries. (Un Aries típico enfrentaría literalmente a un criminal que le apuntara con una pistola cargada, y le replicaría temerariamente.) Los Carneros esperan que los demás satisfagan sus deseos y obedezcan sus órdenes sin chistar, lo más rápidamente posible (a menos que en su horóscopo se manifieste la influencia moderadora de varios planetas o de los signos Piscis o Libra). Este es el instinto de rebelión de Marte. En algunos hombres, mujeres y niños regidos por Marte, el deseo de tomar la iniciativa y de conducir es tan fuerte que a veces interpretan como una intromisión insoportable incluso una sugerencia cordial, para no hablar de las órdenes vehementes de un pariente, vecino, amigo, socio, consorte o amante nacido bajo el mismo signo solar, inconscientemente imperativo.

Si uno de los dos Aries es más fuerte en razón de las posiciones planetarias a la hora del nacimiento (no más sabio y más paciente, lo cual sería beneficioso, sino más fuerte), el resultado de la asociación podría consistir en la transformación gradual del Carnero «más débil» en una oveja neurótica, que casi se disculparía constante y patéticamente por su misma existencia… o que racionalizaría todas sus palabras y sus actos por temor a ofender o a ser mal interpretado. Esta situación es muy triste, porque el hecho de ver la fuerza orgullosa de un brioso «animal» astrológico como el Carnero reducida a la debilidad y el llanto, mientras se esmera constantemente por aplacar a la personalidad más dominante aunque se sienta interiormente frustrado y emocionalmente reprimido, contraría la primera ley de la astrología: Sé fiel a la esencia de tu propio signo solar, o prepárate para perder el poderoso potencial que te corresponde por derecho de nacimiento.

Nunca es fácil que dos Carneros coexistan en plácida armonía (aunque puede ser innegablemente emocionante!). Una probabilidad feliz consiste en que ambos se sientan habitualmente inclinados a perdonarlo y olvidarlo todo con excepción de los encontronazos más crueles. En cuanto a estos últimos, habrá que realizar un gran esfuerzo para evitarlos, porque Aries los recordará durante mucho tiempo… por la misma razón por la cual los recién nacidos, que olvidan instantáneamente, con una sonrisa confiada, las lesiones y dolores más comunes, habrán de recordar, con terror inconsciente, las experiencias más profundas de rechazo traumático… a veces para siempre. Dos Carneros tendrán que tratar de controlar su tendencia a agredirse mutuamente mientras aún están exasperados. Asestarán un golpe, poco después experimentarán un ramalazo de remordimiento por su apresurada crueldad, y entonces tratarán de compensar impulsivamente su cólera con recíprocas muestras de afecto, o mediante un obsequio exorbitante que hará las veces de prenda de paz. Entre paréntesis, los obsequios son el recurso del que se vale el Carnero para decir «me gustas» o «te amo»… y ocasionalmente los entregan para decir, compungidos: «lo siento». Pero los Aries nunca hacen regalos para «comprar la amistad». Los regidos por Marte desprecian la idea de recurrir a la compra para obtener lo que desean (están acostumbrados a exigirlo). De modo que aborrecen esas insinuaciones o acusaciones falsas, y también se sienten profundamente agraviados por ellas. Los obsequios de Aries siempre nacen del corazón, y son entregados como un testimonio franco y honesto de buena voluntad. Sin embargo, quienes son tan materialistas que no comprenden que se pueda regalar algo sin propósitos ulteriores (puesto que ésta es su propia pauta de conducta creen que todos son iguales a ellos). interpretan a menudo equivocadamente las motivaciones de los Aries.

Afortunadamente, éste es otro tipo de agravio que probablemente dos Carneros no se infligirán el uno al otro. Todo Aries entiende el síndrome del reparto de obsequios que forma parte de la naturaleza de Marte (y que sólo se repite en los otros dos signos de Fuego) y, por tanto, generalmente ambos darán y recibirán con júbilo, intercambiándose regalos. Al Carnero le produce el mismo deleite recibir un obsequio que poder darlo. El saber que tiene tanta importancia recibir afablemente como dar generosamente forma parte de la inocente sagacidad de Aries. Porque si nadie recibiera dichosamente, no podría existir la entrega feliz. Por consiguiente, el Carnero típico reaccionará con júbilo infantil al recibir un «obsequio sorpresivo», y dos arianos podrán vivir permanentemente en bancarrota (pero eufóricos y contentos) en razón de su mutuo anhelo de expresar sus entusiasmos mediante regalos. Nunca es fácil que dos Carneros coexistan en plácida armonía (aunque puede ser innegablemente emocionante!). Una probabilidad feliz consiste en que ambos se sientan habitualmente inclinados a perdonarlo y olvidarlo todo con excepción de los encontronazos más crueles. En cuanto a estos últimos, habrá que realizar un gran esfuerzo para evitarlos, porque Aries los recordará durante mucho tiempo… por la misma razón por la cual los recién nacidos, que olvidan instantáneamente, con una sonrisa confiada, las lesiones y dolores más comunes, habrán de recordar, con terror inconsciente, las experiencias más profundas de rechazo traumático… a veces para siempre.

A lo largo de los siglos, el Carnero ha sido un símbolo de sacrificio para los fanáticos religiosos espiritualmente ciegos, emocionalmente retorcidos y mentalmente necios. El Antiguo Testamento está lleno de cruentos ejemplos de los «holocaustos» que perpetraron estos «santos» descarriados. El patriarca Abraham no se ciñó en absoluto a los deseos ni a los dictámenes de «Dios» cuando se manifestó primeramente dispuesto a asesinar a su propio hijo para complacer al Todopoderoso, y cuando después «oyó» que la voz de Dios le concedía un indulto de último momento y le ordenaba inmolar en cambio a una oveja indefensa. Lamentablemente, Abraham sólo oyó la voz de sus propios desvaríos y no la voz de Dios. Ninguno de nuestros Co-creadores infinitamente sabios y misericordiosos sería tan sádico como para ordenar el asesinato de niños, o de los más ínfimos de nuestros hermanos o hermanas animales, para Su mayor gloria particular, convirtiendo este acto en una insensata prueba de fe y obediencia. La Tierra necesitaba urgentemente el ejemplo que dio el dulce Nazareno. Jesús, a quien se lo representa a menudo abrazando el «cordero», utilizó a las ovejas en una parábola tras otra para ilustrar el amor y la bondad, y trajo al mundo la imagen del Buen Pastor, con el fin de rectificar los retorcimientos de la mente tortuosa de estos «siervos de Dios», que con sus crueles sacrificios de animales servían inconscientemente a Satán, no obstante sus actitudes por demás piadosas y humildes. En leyendas como la de Jasón y el Vellocino de Oro se ha repetido el triste destino del Carnero, a lo largo de toda la mitología, al igual que en la historia bíblica. El infortunado Carnero que intentó atravesar mares peligrosos y rescatar a un hermano y una hermana de los perversos designios de su madrastra celosa, con gran despliegue de coraje, no pudo evitar que la hermana se ahogara. Cuando llegó a la costa y depositó allí al hermano ileso, se lo agradecieron asesinándolo por haber permitido que. la hermana muriera, a pesar de que había hecho esfuerzos desesperados por salvarla.

Éste es el destino simbólico, en diversos grados, y en todo tipo de empresas, de muchos Aries. No obstante sus esfuerzos entusiastas y la sinceridad de sus impulsos, los Carneros humanos son ignorados o desdeñados en razón de sus tribulaciones por las mismas personas a las que intentaron ayudar. Los más cínicos del mundo no siempre reciben con beneplácito la sencillez de intenciones y el comportamiento inequívoco de los arianos. Así, la unión de dos arianos puede ser beneficiosa si consiguen ayudarse el uno al otro para que no los conviertan en un «holocausto», o para que no los sacrifiquen las maniobras premeditadas de los más mundanos que se complacerían en «desollarlos». Se brindan protección recíproca contra quienes de otra manera sacarían provecho de sus instintos altruistas. Siempre hay individuos autoritarios que esperan el momento oportuno para atacar a los indefensos. Claro que es difícil imaginar a los Carneros exuberantes, fogosos y habitualmente sin pelos en la lengua como personas «indefensas». Pero en última instancia, son inmensamente vulnerables a la acción de quienes están dispuestos a volver contra ellos su candidez y su falta de sofisticación naturales.

En cualquier asociación entre dos Aries, dentro del ámbito familiar, en la oficina o a ambos lados del puente del amor y la amistad, hay algo seguro: las emociones entrarán periódicamente en ebullición y aflorarán cerca de la superficie. Cátulo describió perfectamente la actitud de este signo solar respecto de su propia inmadurez emocional, cuando escribió: Odio y amo. Entre dos Carneros pocas veces habrá engaños, simulaciones o hipocresías, pero tampoco se observará una gran dosis de cautela, razonamiento o espíritu práctico. Habrá pocos elementos neutrales en esta vibración de la configuración de signos solares 1-1 con doble participación de Marte. Estos dos seres son capaces de llegar al cenit de la felicidad o de consumirse en manifestaciones infantiles de cólera, resentimiento y egoísmo desaprensivo. Sin embargo, nunca dejarán de entender y comprender recíprocamente sus sueños rojos refulgentes, rociados con polvo de diamantes, sobre todo cuando se trata de sueños que no terminaron de materializarse, por un motivo u otro. Quizá juntos podrán volver a intentarlo. Y de alguna manera, tal vez, algún día… triunfarán. Los soñadores tenaces siempre triunfan.

Adaptación de Linda Goodman

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